Fuente: BBC Mundo
Europa,
o mejor la Unión Europea, se asemeja cada vez más a un fortín asediado
por multitudes que pretenden entrar en él. Valga el símil para
referirse a los inmigrantes que pretenden arribar a los países del sur
de la Unión; un flujo incesante de personas de toda condición -incluidos
niños, mujeres y ancianos- que hacen de su llegada a nuestro continente
el objetivo fundamental de su vida. Hasta el punto de perderla, a
veces, en el intento.
Empleando una referencia histórica, que no
tiene más valor que la imagen que produce, podríamos comparar el
fenómeno con el proceso de inclusión primero y de invasión después que
llevaron a cabo los pueblos bárbaros en el Imperio romano. Los muros,
como el de Adriano en Gran Bretaña, las fronteras fortificadas, como la
del Rin, y la presencia de las legiones, como en el Danubio, se
mostraron instrumentos ineficaces ante la enorme fuerza con la que los
pueblos bárbaros -sajones, francos, vándalos, visigodos, etc.-
presionaban al Imperio. Presionados ellos, a su vez, por los hunos.
Esta
comparación nos puede hacer considerar que los impedimentos físicos o
militares no logran detener los flujos masivos de población. Es una
lección histórica con más ejemplos disponibles. Pueden reducirlos
durante un tiempo o desviarlos hacia otras rutas, pero no impedirlos.
Muchas personas esperan a las puertas de Europa para entrar en ella,
solamente queda por definir la ruta que seguirán.
Europa tiene un
grave problema: es un área de desarrollo económico, social y político
rodeada de zonas económicamente subdesarrolladas -África negra-, de
zonas muy inestables políticamente hablando -todo el norte de África en
una secuela inesperada de las “primaveras árabes”-, y de zonas envueltas
en el conflicto sin fin que supone el Oriente Próximo. En suma, el Mar
Negro y el Mediterráneo, se convierten en las fronteras entre una vida
decente y digna, y la miseria, la violencia, la indignidad e incluso la
muerte. No hay que buscar más razones para comprender dos cosas: las
causas de estos flujos inmigratorios y que estos no van a cesar, al
menos próximamente.
Tres son las rutas a través de las cuales
estos refugiados pretenden acercarse a Europa. La del oeste, en estos
momentos la menos utilizada, es la del estrecho de Gibraltar; la del
sur, la más importante cuantitativamente hablando en la actualidad, que
parte de Libia; y la del este que parte de Turquía, Siria y Líbano.
Mapa 1. Fuente: Real Instituto Elcano
La del oeste se
localiza en el estrecho de Gibraltar y su final se halla en las costas
del sur de la península Ibérica, situándose los puntos de acceso en las
costas de Marruecos y Argelia básicamente, con los pivotes de Ceuta y
Melilla -que son territorios europeos en el norte de África- como
núcleos de interés para estos flujos. Esta ruta recoge principalmente
inmigrantes y refugiados de lo que eufemísticamente se llama “África
subsahariana”, gentes procedentes en su gran mayoría del África del
oeste: Mauritania, Senegal, Mali, Niger, Nigeria, Guinea, etc.
Tradicionalmente también se había utilizado la ruta de las islas
Canarias, aunque en la actualidad casi no se usa por el mayor control
marítimo y los acuerdos con los países emisores, en especial Senegal.
¿Por
qué estos países expulsan población? El mapa nº 2 nos permite
comprender la geopolítica del Sahara: conflictos internos que se
transforman en guerras civiles -Malí, Niger-, presencia de grupos
islamistas fanatizados -Argelia, Nigeria,…-, a lo que hay que sumar la
persistente falta de oportunidades económicas para una población en
crecimiento, a pesar de que muchos de estos países son ricos en energía y
minerales.

Mapa 2. Fuente: Le Monde Diplomatique. Sahara-Sahel:movimientos y rutas.
La ruta del sur
tiene su final en las islas del sur de Italia. Esta ruta recoge los
movimientos migratorios procedentes en primer lugar de Libia y Túnez,
países con graves problemas de inestabilidad política y frecuentes
brotes de violencia. En el caso de Libia se puede hablar perfectamente
de un estado fallido, asolado por los enfrentamientos entre diversos
grupos políticos armados. Esta situación explica que sea desde su
litoral desde donde surge el flujo de embarcaciones que pretenden llegar
a las costas italianas. Trayecto que tantas víctimas deja en el mar
Mediterráneo.
Los emigrantes que utilizan esta ruta, además de los ya
citados, proceden de la región del Sahel, de Sudán, de Etiopía, de
Eritrea y de Somalia. Las razones que impulsan estos movimientos son las
mismas que hemos citado en la primera ruta: huida de la violencia y de
la pobreza casi absoluta.
Mapa 3. Fuente ABC.
La ruta del este
surge desde las costas de Siria, Líbano y Turquía y tiene en las costas
griegas su destino principal. Es la ruta que utilizan los inmigrantes
procedentes de Siria, Irak, Afganistán, etc. Sin duda, los flujos que
utilizan esta ruta han aumentado vertiginosamente en los últimos años y
las razones tampoco son difíciles de explicar: la guerra civil siria, el
inacabable conflicto en Irak, la inestabilidad afgana,… son situaciones
violentas que inciden principalmente en la población civil, que hace de
la huida su única posibilidad de supervivencia. La ola de refugiados
provocada por el conflicto sirio alimenta el principal flujo migratorio
en este sector (ver mapa 4).
Mapa 4. Fuente: Cruz Roja.
El
objetivo primordial de la mayor parte de estos inmigrantes es acceder a
la Unión Europea, pero especialmente a los países del norte: Alemania,
países nórdicos, Gran Bretaña, Francia, etc. . Para poder acceder a los
países del norte, estas rutas se enfrentan a otros filtros pues no
olvidemos que se trata de inmigrantes indocumentados o en situación
ilegal con lo que , a pesar de encontrarse en el espacio Schengen, no
pueden atravesar legalmente ninguna frontera. Surgen así “cuellos de
botella” como los del paso de Calais (Francia), el muro que ha levantado
Hungría para impedir el paso del flujo inmigratorio procedente de los
países balcánicos o los problemas actuales en la frontera entre
Macedonia y Grecia.
¿Y cómo
reacciona Europa ante esta avalancha migratoria? La verdad es que no
ofrece una respuesta unívoca y su política, a veces, es incoherente. La
primera respuesta en cerrar el fortín: controles, muros, mayor
vigilancia. La segunda es aumentar el presupuesto para mejorar la
vigilancia. Pero no ha sido capaz de ir más allá; continúan los
problemas para la distribución de los inmigrantes y refugiados y tampoco
se ha establecido ninguna actuación política o económica para controlar
las causas de estos movimientos en los países de origen, ni siquiera
para atacar a las mafias que trafican con el dolor humano fomentando el
traslado ilegal al territorio europeo.
Ignorar el problema es la
peor de las soluciones. Mientras los desequilibrios entre la UE y sus
vecinos sean tan abismales y mientras la principal zona de conflictos
del planeta esté tan próxima a nuestras fronteras los flujos no se
detendrán, por muchos obstáculos que pongamos.