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martes, 31 de diciembre de 2024

La revolución de los claveles: Portugal, 25 de abril de 1974


Algunas consideraciones previas. 

 A mediados de los años setenta del siglo pasado, en un movimiento que aparentaba una sincronía extraordinaria, las tres dictaduras existentes en Europa Occidental –Portugal, España y Grecia– desaparecieron y dieron lugar a regímenes democráticos homologables en el marco europeo. 

Existen entre ellos más elementos divergentes que comunes. Entre las diferencias podemos indicar su origen, su duración y su contexto internacional. Entre las semejanzas aparece la vinculación existente entre los procesos de descomposición de esos regímenes y las crisis coloniales o las aventuras exteriores: guerras africanas de Portugal –especialmente en Angola y Mozambique–, la crisis del Sahara Occidental en el caso español y la aventura chipriota, fallida, de los coroneles griegos. 

Las causas de la aparición de estos regímenes dictatoriales son muy distintas. Los casos de Portugal y España se remontarían a la eclosión autoritaria que se produjo en el período de entreguerras; la dictadura griega, por su parte, se inscribiría en el contexto de la Guerra Fría y en la intención de las fuerzas conservadoras y anticomunistas de evitar, a cualquier precio, un régimen comunista o simplemente izquierdista en la Hélade. Por esa misma razón, su duración también fue distinta: mientras que las dictaduras portuguesa y española durarían decenas de años, la griega fue más breve, solamente siete años –1967-1974–. 

El papel internacional de estos países también era diferente. Aunque ninguno de los tres era miembro de la entonces Comunidad Económica Europea –ninguno cumplía los estándares democráticos exigidos–, tanto Portugal como Grecia sí eran miembros de la OTAN, obviándose para ello su calidad no democrática. España también estaba fuera del club militar, aunque mantenía fuertes lazos militares con los Estados Unidos.

Cronología

A pesar de las divergencias señaladas, Nicos Poulantzas intentó realizar un análisis conjunto de la crisis de estas dictaduras desde una perspectiva marxista. Como elementos comunes de los tres regímenes, apuntaba su posición subordinada respecto de las grandes potencias capitalistas, una estructura social comparable y un papel de suministradores de mano de obra a los países europeos más industrializados. Señalaba también una supremacía de los factores internos en el desencadenamiento de las crisis; en concreto, expone que sectores de las burguesías nacionales, al recamar más ayuda del Estado, entraron en contradicción con los grupos dominantes de las burguesías, vinculados a la internacionalización del capital. Estas contradicciones abrieron la posibilidad de la participación de los sectores populares en las crisis, impulsando los cambios hacia procesos democratizadores. 

Gestación de la dictadura. 

La monarquía portuguesa fue suprimida por una revolución poco cruenta en 1910, estableciéndose una república que pretendió corregir los vicios del caduco constitucionalismo monárquico, un régimen propio del siglo XIX incapaz de asimilar los nuevos cambios políticos y sociales. No obstante, la nueva República se caracterizó por la inestabilidad política y la mala gestión. Desde un principio, los sectores conservadores y católicos se opusieron abiertamente al nuevo régimen, produciéndose, incluso, una breve guerra civil entre monárquicos y republicanos –una minoría de clases medias urbanas, en un país aún mayoritariamente rural– a principios de 1919. Este clima de enfrentamiento profundizó la debilidad de la República; paralelamente, la idea de un golpe que estabilizase la vida política del país fue ganando peso y así, el 28 de mayo de 1926, un movimiento militar puso fin, sin apenas oposición, al régimen republicano en Portugal. 

El movimiento militar, diseñado para acabar con la República y no para establecer una política de futuro, fue dividiéndose entre los que pretendían reformar el régimen republicano y los que pretendían implantar otro régimen de tipo antiliberal y fascista, modelo en auge en la Europa de entreguerras, y que contaba con el apoyo de la burguesía y de la Iglesia. En este contexto cobró prestigio la figura de Antonio de Oliverira Salazar, un católico antiliberal que diseñó un programa político basado en tres puntos: un Estado autoritario, un modelo social corporativo y la exaltación nacionalista concretada en la defensa del Portugal ultramarino.  Desde 1930 se convirtió en el hombre fuerte del emergente Estado Novo. En 1932 se le nombró presidente del Consejo de Ministros, cargo que ocuparía hasta 1968. 

La dictadura portuguesa y la guerra colonial. 

El nuevo régimen portugués fue sorteando crisis importantes –su papel en la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, ...– hasta que el problema colonial apareció en escena. Las primeras manifestaciones de dicha cuestión fueron las reivindicaciones de la India, recién independizada, sobre los enclaves portugueses de Goa y Damán y Diu, enclaves que fueron invadidos por dicho país en 1961. Paralelamente, el anticolonialismo aparecía en los territorios africanos en forma de guerrillas insurgentes. Por estas razones, a principios de los años sesenta, el Estado Novo padeció una de sus crisis más graves al iniciarse una guerra colonial. 


El conflicto obligó a un gasto militar desmesurado –casi un 50 % de su PIB en 1973, mientras que España gastaba un 2,35 %– y a una creciente movilización de tropas –de 49.000 soldados en 1961 a 150.000 en 1973–. No obstante, la guerra favoreció la modernización económica del país, que se abrió al capital internacional en busca de recursos. 

La política colonial del gobierno contaba con el respaldo claro de Francia y Alemania, y, menos evidentemente, de Estados Unidos. También era apoyada por los regímenes blancos africanos –Rhodesia y Sudáfrica–. La situación militar no era idéntica en todas las colonias: muy complicada en Guinea y Cabo Verde, estancada en Mozambique y era favorable en Angola, donde los movimientos guerrilleros estaban divididos. Era, pues, un fenómeno que provocaba una sangría económica y cierto descontento popular, pero no fue el elemento fundamental del hundimiento de la dictadura. 


En septiembre de 1968, Oliveira Salazar, enfermo, se retiró del poder. Le sustituyó Marcelo Caetano, que pronto defraudó las esperanzas de los sectores reformistas y tampoco pudo cerrar los conflictos bélicos. Su fracaso fue provocando un creciente aislamiento interno del Gobierno, así como la paulatina pérdida del apoyo de las Fuerzas Armadas.  

El creciente desgaste y la posibilidad de una derrota, cuya responsabilidad el poder político endosaría a las Fuerzas Armadas, acrecentaba el malestar militar. El descontento, favorecido también por la oposición a algunas reformas que afectaban a aspectos laborales del Ejército, se organizó en torno dos núcleos: el del general Spinola y el Movimiento de los capitanes. Ambos grupos confluyeron en la necesidad de un golpe militar.  

Soldados portugueses en Mozambique. Fuente: https://ar.pinterest.com/pin/364369426083486625/

La revolución de abril. 

Las tres de la madrugada del 25 de abril de 1974 fue la hora designada para que el movimiento militar asentase el golpe definitivo al régimen dictatorial. Las unidades participantes tomaron los principales enclaves de Lisboa –aeropuerto, nudos de comunicaciones, medios de comunicación, Cuartel General, …–. Por la mañana se puso sitio a la sede de la Guardia Nacional Republicana, un cuerpo policial partidario del régimen, y a las 17:30 el presidente de Gobierno se rindió ante el general Spínola. En pocas horas, el golpe había triunfado. Solamente se produjeron cuatro muertos, todos ellos en el asalto a la sede de la policía política (PIDE).

Una vez destruido el Estado Novo, las divergencias entre los sectores que apoyaron el golpe reaparecieron. Todos estaban de acuerdo en acabar la guerra colonial e implantar la democracia. Pero los plazos y la forma de llevarlo a cabo variaban. El proceso de formación del Estado democrático fue conflictivo y largo –entre abril de 1974 y noviembre de 1975–; en él desempeñó un papel clave el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), auténtico líder del proceso de cambio. Tras él estaba la movilización social. 

 Tropas en las calles de Lisboa. Fuente: https://www.pinterest.fr/pin/710231803707356347/

 La caída de la dictadura introdujo enormes cambios en Portugal. La institucionalización de las libertades públicas eliminó la censura, liberó a los presos políticos, legalizó a partidos de izquierda, como el Socialista o el Comunista, lo mismo que a los sindicatos de clase.  Pero siguieron existiendo dos modelos políticos sobre lo que se pretendía implantar: por un lado, Spínola con algunos oficiales, grupos conservadores y los restos del régimen, partidarios de una solución federal para el problema colonial y de una democracia restrictiva; por otro, el MFA y las fuerzas de izquierda, que pretendían una democratización plena y la concesión de la independencia a las colonias. La situación se decantó definitivamente hacia esta segunda opción, lo que significó que el MFA pasó a controlar los nuevos órganos de poder –Gobierno, Consejo de Estado, Comando Operacional del Continente (COPCON), el órgano clave del poder militar–, alineándose con las posiciones revolucionarias del Partido Comunista de Portugal, dirigido por Álvaro Cunhal, y de la extrema izquierda.  

La deriva izquierdista del MFA provocó que el 11 de marzo de 1975 tuviera lugar un intento de golpe de Estado dirigido por el general Spinola, con el apoyo de la Fuerza Aérea. A pesar de que fue rápidamente desarticulado, el intento sirvió para radicalizar las posiciones izquierdistas dentro del Gobierno y del MFA. Así, el presidente Vasco Gonçalves amplió el programa nacionalizador y la expropiación de los latifundios, al tiempo que pretendió consagrar en la futura Constitución los principios revolucionarios sostenidos por el MFA. Sin embargo, en las elecciones del 25 de abril para la Asamblea Constituyente triunfó el Partido Socialista, partidario de un modelo democrático de corte occidental. 

La consecuencia de este resultado fue el desplazamiento del poder del ala filocomunista dentro del MFA, lo mismo que ocurrió en la formación del nuevo gobierno, donde los comunistas solamente obtuvieron un ministerio, de acuerdo con los resultados obtenidos en las elecciones. A pesar de las presiones populares –manifestaciones, huelgas, …–, el Gobierno logró desplazar del COPCON a los sectores más radicalizados –Otelo Saraiva de Carvalho–. Las protestas de algunas unidades fueron frenadas con la detención de los oficiales más izquierdistas. 

La Constitución de abril de 1976 asentaba un modelo político democrático que reconocía además algunos de los logros económicos y sociales obtenidos en el curso del proceso revolucionario. La tutela militar, fundamental en el desarrollo del nuevo régimen, se mantuvo aún unos años –mediante la existencia del Consejo de la Revolución–  para luego desaparecer y dar lugar a un régimen constitucional perfectamente asimilable a las democracias liberales europeas. 

La revolución de los claveles fue un golpe de Estado contra una dictadura que, después, adoptó la forma de una revolución. Resultó un fenómeno inédito en la Europa occidental de la segunda mitad del siglo XX. ¿Cómo unas fuerzas armadas integradas en la OTAN y formadas en el marco de una dictadura fueron capaces de convertirse en adalides de un cambio revolucionario de signo izquierdista? No existe una respuesta fácil, pero fue un elemento importante el cambio en la extracción social de los oficiales; la duración de la guerra y sus duras condiciones apartaron de la carrera militar a los sectores procedentes de la aristocracia y la burguesía de las grandes ciudades, sus puestos fueron ocupados por jóvenes de la clase media baja. De ahí su mayor receptividad al pensamiento de la izquierda. 

Ese modelo fascinó durante un tiempo a sectores de la izquierda europea, incluso a la Unión Soviética, que vio en ello un modelo para que la izquierda revolucionaria pudiera llegar al poder en las sociedades relativamente desarrolladas de Occidente. Para algunos autores fue también el aldabonazo final de un ciclo «revolucionario» que habría comenzado con el mayo de 1968. La izquierda y los demócratas españoles, por su parte, aspiraban a que el fenómeno influyera positivamente en la desaparición del franquismo.

Publicada originariamente el 24 de abril de 2018

Bibliografía.

Carcedo, D. (s.2017). La revolución de los claveles. Historia y Vida, 553. Recuperado de partir de http://www.lavanguardia.com/historiayvida/la-revolucion-de-los-claveles_11311_102.html

Caranci, C. (1985). El Imperio portugués. Cuadernos Historia 16, 215.

De la Torre, Hipólito (1994). Portugal, 1974. Cuadernos del Mundo Actual, 62

Leguineche, Manuel (1976). Portugal, la revolución rota. Madrid: Ediciones Felmar

Poulantzas, Nicos (1976). La crisis de las dictaduras. Portugal, Grecia y España. Madrid: Siglo XXI.

Sánchez, Josep (1997). La Revolución de los claveles en Portugal. Madrid: Arco Libros.

Sobrehistoria. (2016). La revolución de los claveles en Portugal o la última revolución romántica. Sobrehistoria. Recuperado de https://sobrehistoria.com/la-revolucion-de-los-claveles-en-portugal-o-la-ultima-revolucion-romantica/

Vadillo, J. (2014). La Revolución de los Claveles 40 años después. Periódico Diagonal. Recuperado de https://www.diagonalperiodico.net/saberes/22702-la-revolucion-claveles-40-anos-despues.html

 

sábado, 2 de julio de 2016

El Brexit y la Unión Europea

La victoria de los partidarios de la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea tiene una serie de consecuencias muy relevantes para el futuro de la Unión. Estas consecuencias, con el tiempo, pueden ser positivas o negativas según la administración que de las mismas hagan los políticos europeos.
El país más afectado es Gran Bretaña. Un somero análisis del resultado muestra una clara división sociológica del voto. Los jóvenes y las clases medias y altas urbanas han votado a favor de la permanencia mientras que las zonas rurales y las zonas obreras han optado por la salida. También denota una seria división territorial pues mientras Inglaterra y Gales han votado por la salida, Escocia e Irlanda del Norte lo han hecho por quedarse. En suma la sociedad británica ha quedado seriamente dividida, división acentuada además por la escasa diferencia en votos que separa ambas opciones. 

Mapa 1. Fuente: EL PAÍS, 25/06/2016

A la hora de analizar las causas, algunas interpretaciones de los resultados hacen hincapié en atribuirlos a la animadversión de numerosos sectores de la población hacia las políticas de austeridad de la UE. Pero pensamos que esta posición, que existe, es muy minoritaria en el caso británico. Las políticas de austeridad que están padeciendo los británicos se deben más a sus propios gobiernos -desde el mandato de Margaret Thatcher hasta hoy- y no pueden ser atribuidas en exclusiva a la UE en cuanto que Gran Bretaña posee su propia moneda y no está integrada en el BCE. No es esta la razón principal.
Es cierto que existe una animadversión hacia la UE, pero esta tiene su origen en un nacionalismo antieuropeo y xenófobo muy arraigado en la sociedad británica; sus mismas especificidades en la hora de la adhesión lo muestran. Ese nacionalismo ha revivido actualmente por varias razones:
  • el miedo irracional a la llegada de inmigrantes (tanto europeos comunitarios como extraeuropeos). La gestión de las llegadas masivas de inmigrantes procedentes del Oriente Próximo no ha sido la más afortunada, ni tampoco se ha hecho una buena pedagogía explicativa del fenómenoy de la integración de los imigrantes.
  • el deseo de castigar a unas élites cosmopolitas vinculadas a la globalización -prensa, universidades, funcionarios, multinacionales- y que se asocian a los dirigentes de la UE.
  • la oposición de buena parte del partido Conservador al europeismo, heredada de las  viejas ínfulas imperiales. Esta división es la que impulsó la decisión de Cameron para convocar el referéndum.
  • la oposición de sectores de las clases trabajadoras tradicionales que ven con temor la globalización, la llegada de trabajadores extranjeros que representan una competencia tanto para obtener trabajo como para acceder a las ayudas públicas, así como un deterioro progresivo de sus derechos socio-laborales.
Los resultados del referéndum pueden provocar graves consecuecnias, tanto para Gran Bretaña como para la UE
  • Para Gran Bretaña representa una dura crisis política y un proceso de adaptación económica importante marcado además por la incertidumbre.
  • Para la UE el peligro es la amenaza que surge desde los populismos derechistas y xenófobos que gobiernan o tienen un peso electoral relevante en algunos países de la Unión. Estos movimientos han encontrado un ejemplo en el referéndum británico y ahora lo reivindican para sus países porque su nacionalismo los hace incompatibles con el proyecto de la Unión.
No deja de ser paradójico que la principal amenaza para la Unión Europea proceda actualmente de los populismos derechistas que se extienden por bastantes países; exacerbando el miedo al inmigrante encuentran un instrumento de difusión de sus ideas y de su descontento con las políticas sociales de la UE. 
Mapa 2. Fuente: El Períodico, 22/04/2016

La desigualdad creada por la crisis económica ha promovido un gran descontento político que ha sido hábilmente dirigido, por el nacionalismo xenófobo, contra los inmigrantes a los que se les culpabiliza del deterioro de la situación de las clases trabajadoras europeas. De esta manera, las élites antieuropeas, también privilegiadas económicamente, hallan la respuesta a la crisis en el ataque a la inmigración. Estas políticas calan por su sencillez y por su aparente defensa de las clases trabajadoras pero entrañan peligros muy conocidos por los europeos. Aún así su difusión por el espacio de la UE es significativa [véase mapa 2].
Por el contrario, la respuesta desde la izquierda crítica con las políticas de austeridad promovidas por el gobierno de la UE ha sido más débil: ha triunfando electoralmente en Portugal y Grecia y logrado un importante peso electoral en España. Con ese peso político no ha logrado variar la política económica comunitaria.

martes, 23 de junio de 2015

¿Hacia una nueva guerra fría en el este de Europa?

El secretario de Defensa norteamericano, Asthon Carter, visita Tallin. Fuente. EL PAÍS

Noticias recientes confirman que EE.UU. va a desplegar en algunos países de Europa del este (ver mapa) unos 250 tanques y más de un millar de vehículos blindados de infantería. La razón para este desplazamiento es la amenaza que algunos de estos estados dicen sentir tras la independencia y la posterior anexión de Crimea por parte de Rusia, así como también por el intervencionismo del gigante ruso en el conflicto del este de Ucrania.

Elaboración propia a partir de Google Earth

Es cierto que la intervención rusa, directa e indirecta, se ha producido en las anteriormente citadas regiones de Ucrania. Pero esta reacción fue una respuesta a los acontecimientos ocurridos en Ucrania y que pueden repasarse en el siguiente eje cronológico:


Pero ahora nos ocupa la trascendencia de este despliegue de tropas. La actuación rusa en Ucrania puede considerarse una respuesta a los cambios de gobierno en Kiev -y es curioso como la UE y EE UU, tan poco proclives a reconocer experiencias revolucionarias en otros lugares, se apresuraron a legitimar lo que había sido un derrocamiento ilegal en toda regla-. Lo que Rusia estaba haciendo era marcar su hinterland irrenunciable: el Cáucaso, Ucrania y Bielorrusia. Zonas todas ellas con abundante población de origen ruso.
Ya estuvo clara esta política durante el conflicto de Georgia, cuyo gobierno también pretendió entrar en la UE y en la OTAN con el beneplácito americano, provocando un conflicto civil, en el que intervino Rusia, y durante el cual se escindieron algunas regiones georgianas.
La UE no ha mantenido una posición clara con Rusia y no tiene una política muy definida sobre este país, importante suministrador de energía a Europa, oscilando entre los intentos de acercamiento y el alejamiento crítico. Un planteamiento competitivo por la hegemonía de esos territorios no puede sino desembocar en un conflicto. Su principal objetivo debería ser estabilizar las fronteras orientales de la UE y para ello es fundamental el actor ruso.
La política de escalada bélica, ante una amenaza que no existe y cuya invocación responde más a criterios de política interior de estos países, no puede ser la solución a los problemas de esta región. La intervención norteamericana, aunque sea bajo el paraguas de la OTAN, se debe interpretar como una advertencia a Rusia; cosa que no parece necesaria en estos momentos.
La respuesta a la pregunta que da el título a la entrada es claramente que no. La Guerra Fría fue un conflicto delimitado temporalmente y cuyas causas ya han desparecido. Se trata de un conflicto de otro tipo, aunque tenga  los mismo protagonistas: dos actores (Rusia y EEUU) y un escenario (Europa).

sábado, 25 de enero de 2014

Ucrania en el ajedrez geopolítico: el hinterland ruso y la expansión de la Unión Europea

Fuente: RT Television

Los graves enfrentamientos y protestas  que se están produciendo en Ucrania (mapa 1) son la expresión de una lucha soterrada entre Rusia y la Unión Europea por controlar el hinterland (zona de seguridad e influencia de un Estado) exsoviético europeo (mapa 2). La Unión Europea logró la integración de las repúblicas bálticas y perdió la batalla en Bielorrusia, cuyo régimen autoritario sigue estrechamente vinculado a Rusia. El siguiente territorio en disputa es Ucrania.
El origen y desarrollo del conflicto actual aparece perfectamente explicado en el podscat y en la bibliografía citada en la entrada. Pero, aún así, conviene resaltar algunas cuestiones:
  • La Unión Europea parece no tener una política clara con respecto a eta zona: por un lado intenta aproximarse a Ucrania, envuelta en la bandera de la democracia y la libertad, pero por otro lado teme un enfrentamiento directo con Rusia, de la que depende energéticamente buena parte del este de la Unión. No olvidemos que la propuesta europea era de una mera asociación económica no del inicio de un proceso de adhesión.
  • El interés de la UE por la zona obedece básicamente al impuso de Alemania y de los antiguos países del Este ahora integrados en la Unión. Y su intención es tanto el debilitamiento internacional de Rusia como la consecución de una nueva área de inversión para sus empresas.
  • Rusia no contempla con buenos ojos la pérdida de un aliado estratégico y el acercamiento de la influencia europea por su flanco sur.
  • Ucrania se halla dividida en sus intereses y sentimientos (mapa 3). La parte occidental es claramente proeuropea, por historia y por vecindad, pero la parte oriental -donde obtuvo sus mejores resultados el actual presidente- es prorrusa por las mismas razones. También la dependencia energética y económica de Rusia es un factor relevante, al igual que el elevado grado de corrupción del país. El anterior intento de acercamiento a la UE y de denuncia del fraude electoral se produjo durante la llamada Revolución Naranja en 2004-2005. 
  • La oposición al gobierno de Yanukóvich es muy heterogénea pero en ella desempeñan un destacado  papel los nacionalistas antirrusos, considerados de extrema derecha y herederos culturales de los colaboracionistas nazis durante la IIª Guerra Mundial.
Mapa 1: Ucrania. Fuente: Biblioteca Perry Castaneda.

Mapa 2: Áreas de influencia. Fuente: The Guardian.

Mapa 3: Resultados electorales para la presidencia de Ucrania en 2010. Fuente: ScienciesPo.



BIBLIOGRAFIA:

domingo, 6 de marzo de 2011

Las revueltas en el mundo árabe y Europa

Ya hemos dedicado varias entradas a las revueltas que se están produciendo en el mundo árabe. Se trata de procesos históricos positivos porque pretender implantar regímenes democráticos allá donde antes había dictaduras o autocracias. Pero como ya hemos señalado, estos fenómenos también pueden significar un empeoramiento de la situación económica de Europa . Su proximidad geográfica y su dependencia del petróleo y del gas de esta zona la hace especialmente vulnerable.
Algunos analistas ya han hecho previsiones sobre lo que podría ocurrir en caso de que la inestabilidad de la zona se prolongase más tiempo. Y aunque la historia es el análisis del pasado, también nos puede mostrar aquello que es previsible que ocurra. Es solamente una posibilidad pero la prospectiva debe servirnos para prevenir. Cicerón ya lo sabía cuando escribió aquello de Historia magistra vita est en el siglo I antes de Cristo.
El siguiente mapa conceptual sintetiza varias informaciones para esbozar una prospectiva de la situación.

Las elecciones celebradas durante la Segunda República

El régimen político de la Segunda República española (1931-1939) significó la ruptura con la preponderancia secular del conservadurismo soci...