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sábado, 25 de enero de 2025

Conflictos en el Mar de China Meridional

El traslado del centro neurálgico mundial desde el Atlántico al Pacífico explica que todo lo que ocurre en este segundo océano cobre una importancia destacable. Una de las zonas que más potencial de conflictividad tiene actualmente es la del Mar de China Meridionaluna extensión de 3,5 millones de km2  cuyas aguas se las disputan seis países: Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei, Taiwán y China. Pero en segundo plano aparecen otros actores involucrados como Estados Unidos, Japón y Taiwán. Japón, por ejemplo, también mantiene un contencioso con China por las islas Senkaku (Ver Mapa 1). En realidad, estas rivalidades esconden una lucha por el control del este del Pacífico, zona vital para las comunicaciones marítimas –por ella navega la mitad del tráfico comercial mundial– y que posee buenas perspectivas en cuanto a la posible existencia de yacimientos de petróleo y gas. Cuenta también con abundantes recursos pesqueros. 


El conflicto se polariza en el enfrentamiento de intereses entre China y EE.UU. que es el fundamento que mantiene la tensión en la zona.  China reclama lo que considera que le pertenece por derecho histórico -aproximadamente el ochenta por ciento de las aguas del Mar Meridional, sus islotes, arrecifes y rocas-, lo que equivale a casi tres millones de kilómetros cuadrados. Este derecho histórico nunca ha estado bien definido, pues el dominio de las aguas ha ido variando con el tiempo, no obstante sí que parece probado que el interés chino por estas islas se remonta al siglo XVII, cuando la dinastía Qing impulsó diversas expediciones navales por la zona.

El eje de las actuaciones chinas se centra en afianzar su presencia en los archipiélagos de Paracelso y Spratly porque, de acuerdo con las leyes marítimas internacionales, el país que ostente la soberanía de cada isla dispone de los 370 kilómetros de las aguas que la rodean y los recursos existentes en ellas y en el fondo marino (Ver mapa 2)Los países antes mencionados disputan a China parte del espacio marítimo que esta pretende controlar y la gran potencia asiática dice estar dispuesta a negociar con cada uno de ellos por separado, pero no en foros conjuntos como pretende EE.UU. 

Para afianzar su reclamación, China ha construido algunas islas artificiales y ampliado atolones en los ha que ha instalado baterías de misiles antiaéreos y antibuque, aeropuertos y puertos. Pretende, a partir de ellas, consolidar sus derechos sobre la zona marítima en disputa. 

Mapa 2. Reivindicaciones chinas y zonas en conflicto en el Pacífico. Fuente: periodismointernacional.org

Ismael Arana clarifica bien las posiciones de cada una de las partes: Para sostener sus derechos, Pekín alega que su derecho a la zona se remonta siglos atrás, y que en 1947 ya publicó un mapa detallando sus reivindicaciones. Desde 2012, China ha incluido estas islas como parte de sus "intereses nacionales básicos".

Por su parte, Vietnam rechaza la versión histórica china alegando que su vecino nunca había reclamado la soberanía sobre las islas antes de los años 40, y afirma que tienen documentos que prueban que desde el siglo XVII ellos han gobernado las islas. Mientras tanto, Filipinas invoca su proximidad geográfica como base principal de su demanda.

Finalmente, Malasia y Brunei también reclaman una parte que dicen está dentro de sus zonas económicas exclusivas definidas en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Taiwán reclama lo mismo que China.

El desacuerdo principal aparece en la cuestión de la pertenencia de los islotes de  Paracelso y Spratley. Su valor intrínseco es escaso o nulo, pero son fundamentales para establecer las demarcaciones internacionales sobre las zonas marítimas y las zonas de exclusividad  económica (ZEE). China y Vietnam se disputan el archipiélago de las Paracelso; estas islas fueron ocupadas por China en 1974 y, desde entonces, ha ido reforzando su presencia militar y su explotación económica, especialmente turística. 

Posible despliegue de misiles chinos en la isla Woody (archipiélago de las Paracelso). Fuente: bbc.com

Las Islas Spratly constituyen el segundo  archipiélago en disputa, pero la situación es más complicada, puesto que son varios los países que las reclaman –China, Vietnam, Filipinas, Malasia, Brunei y Taiwán–. Las tensiones en estas islas han sido más significativas y en 1988 se llegaron a producir enfrentamientos navales entre China y Vietnam, saldados con varios barcos vietnamitas hundidos. Los incidentes armados se repitieron en 2011 cuando barcos de guerra chinos dispararon contra barcos vietnamitas.

Aunque China tiene una de las costas más largas del mundo –más de 14.000 kilómetros–, el país ha sido tradicionalmente un poder más preocupado por lograr la hegemonía terrestre que la marítima. Por ello no había dispuesto, hasta ahora, de una marina de guerra potente. Esta situación ha cambiado en la actualidad, cuando sus intereses de gran potencia económica dependen en un grado elevado de los suministros de energía y de otros recursos naturales imprescindibles para su desarrollo. De la misma manera, el control de las rutas marítimas es crucial para un país que realiza la mayor parte de sus exportaciones por mar. En este contexto, disponer de unas líneas de suministro seguras es una de sus mayores necesidades, y, para ello, ha emprendido un proceso de modernización y ampliación de su armada.

Otro objetivo que a ojos chinos justifica este rearme naval es la posición de EE.UU. en la región. La potencia americana es aliada de casi todos los enemigos tradicionales de China en el Pacífico occidental  –Japón, Filipinas, Taiwán, Indonesia, Corea del Sur, …– y está creando nuevos vínculos con Vietnam. Mantiene también bases militares en Japón, SingapurCorea del Sur y Filipinas. Con ello se ha tejido una gran red marítima que podría aislar a China. De hecho, los encontronazos entre ambas potencias han sido frecuentes en el último año y siempre han tenido el mismo guion: buques de guerra norteamericanos navegan cerca de las islas reclamadas por China, que inmediatamente responde enviando sus buques a la zona. 

Portaaviones chino con su escolta. Fuente: 

La administración Obama ya manifestó que sus alianzas en Asia eran una prioridad estratégica. La apertura hacia Vietnam, la venta de buques de guerra a Filipinas y la ampliación de su presencia militar en Australia fueron la plasmación de esta doctrina. Estados Unidos explica su actitud como una forma de afianzar la libertad de navegación, desafiada por las pretensiones chinas.

Un enfrentamiento a mayor escala entre ambas potencias no parece probable a corto y medio plazo. China todavía no posee una fuerza marítima capaz de proyectarse en escenarios alejados de sus costas, pero ya es perfectamente capaz de defender sus zonas próximas y de salir libremente al Pacífico central y al Índico. Para ello ha elaborado una doctrina naval basada en la creación de grupos navales en torno a portaaviones, de los cuales, por ahora, solo dispone de uno, aunque hay dos más en distintas fases de construcción. También ha impulsado las fuerzas anfibias y las submarinas, que incluyen unos catorce submarinos nucleares.

Esta entrada se publicó originariamente el 2 de abril de 2017.

 Bibliografía.

Arana, I. (2015). Las cinco claves de la disputa territorial por el Mar de China Meridional. EL MUNDO. Retrieved from http://www.elmundo.es/internacional/2015/10/27/562f84e746163f59648b4689.html

BBC, R. (2016). El despliegue de misiles de China que calienta las tensiones internacionales en un disputado mar. BBC Mundo. Retrieved from http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160217_mar_meridional_china_islas_misiles_amv

Bregolat, E. (2016). Carta de China: el contencioso del mar del Sur. Estudios de Política Exterior, 174.

Cervera, P. (2017). Alta tensión entre EEUU y China: este es el arsenal militar de ambas potencias. El Confidencial. Retrieved from http://www.elconfidencial.com/tecnologia/2017-01-23/eeuu-china-tecnologia-militar-trump_1320150/

Dávila, E. (2015). Proyección exterior de China en el siglo XXI. El Orden Mundial en el siglo XXI.  Retrieved from http://elordenmundial.com/2015/02/07/proyeccion-exterior-de-china-en-el-s-xxi/

Schaeffer, D. (2014). Prétentions chinoises en Mer de Chine du sud et routes commerciales européennes. Diploweb.com La revue géopolitique. Retrieved from http://www.diploweb.com/Pretentions-chinoises-en-Mer-de.html

VV.AA. (2013). El Atlas geopolítico de China. Valencia: Cybermonde.

 

sábado, 4 de enero de 2025

Las empresas tecnológicas: poder y geopolítica

El poder de las grandes empresas tecnológicas. 

En la actualidad, el mundo se mueve en torno a la información. Hasta hace poco, los motores económicos principales habían sido la industria y el comercio,  y más antiguamente aún, las actividades agrarias. Hoy son la obtención y el procesamiento de la información los elementos fundamentales. Y, lógicamente, quien controle esos procesos está en condiciones de establecer un nuevo dominio.

En este papel de obtención y procesamiento tienen una enorme ventaja las grandes compañías tecnológicas que dominan el mercado de internet y de los útiles informáticos, especialmente el software, aunque no solo. La gran mayoría son estadounidenses: Alphabet (Google), Meta (Facebook, Instagram, Whatsapp...), Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia, etc. Otras son chinas (Tencent) o taiwanesas (TSMC). Sus actuaciones están cambiando el mundo y creando un nuevo orden económico, social  y cultural.



Como algún especialista ya ha señalado, estas empresas son el principal factor de cambio social. Antes, ese papel lo han tenido las ideologías –liberalismo, comunismo, fascismo, …– pero ahora, desacreditas estas, son las empresas citadas las que promueven las transformaciones económicas y sociales. A este respecto, el hecho de que la mayor parte de estas compañías tengan su sede en los Estados Unidos no es baladí. Ello confiere a este país una enorme ventaja sobre sus restantes competidores: China, con un gran mercado interior y con una capacidad tecnológica creciente, y Europa, con un papel insignificante en esta carrera.

Las grandes empresas tecnológicas tienen pocos contrapesos. El principal es el Estado, una institución que se está debilitando a causa de dos procesos imbricados:
  1. La desregulación liberal promovida por la globalización económica priva a los Estados de instrumentos de control que pongan límites al enorme poder de estas empresas.
  2. La multilateralidad imperante en las relaciones internacionales provoca que no exista ninguna gran potencia hegemónica que pueda imponer sus criterios al resto de países. Cualquier acción de un solo gobierno está condenada a un pronto fracaso si no cuenta con más apoyos. Además, las instituciones surgidas en la segunda mitad del siglo XX –OMC, ONU, FMI, Banco Mundial, …– aparecen cada vez como más irrelevantes, lastradas por su falta de representatividad. Así mismo, la mayor parte de los grandes problemas –cambio climático, terrorismo, migraciones, delincuencia, …– tienen un marco transnacional que requiere la colaboración de los Estados, siendo la unilateralidad un imposible.
A causa de este debilitamiento del Estadola expansión de estas grandes compañías apenas si padece trabas legales. Su enorme tamaño y su poder económico son capaces de doblegar a cualquier Estado si afronta solo la batalla. No se puede olvidar que el poder de las grandes empresas tecnológicas es también un poder político, un poder que desafía a los Estados cuando es necesario para sus intereses. 


La principal transformación política que impulsa la utilización de estas tecnologías es la crisis de la política tradicional y de las élites dominantes que se han apoyado en ella. La disponibilidad de una abundantísima información –cuestión aparte, aunque no menos importantes, sería su veracidad– otorga más poder a los individuos, que tienden a fiarse más de sus iguales que de las autoridades. Con este panorama, las funciones del liderazgo se difuminan y ello afecta, evidentemente, a las relaciones de poder. 

Resulta claro que las actuaciones de estos gigantes tecnológicos están transformando la política y la democracia. Pero las relaciones entre estas empresas y los gobiernos son ambivalentes. El origen de su poder reside en que los servicios que prestan son fundamentales para la gestión cotidiana de la economía y de la sociedad. Por tanto, existe también, y al mismo tiempo, una connivencia entre estas y los gobiernos. Por ahora no ha aparecido ningún interés en cuestionar a los gobiernos, sobre todo si estos no interfieren en sus actividades. Pero ocurre que cada vez más frecuentemente estos tienden a poner límites a sus prácticas.

La globalización y la crisis de la democracia están provocando una vuelta a la identidad como refugio. El miedo a la pérdida de control de los mecanismos tradicionales que hacen funcionar las sociedades –un capital abstracto, dependiente de mercados difusos y alejados; unas fronteras permeables que posibilitan la llegada de gentes de otras culturas; unos flujos de comunicación y de imágenes que se abren a nuevos códigos– provoca un regreso a la seguridad de lo conocido, a la tribu. Lo comunitario se convierte también en una forma de protección frente al capitalismo individualista y salvaje. Este planteamiento ayuda a explicar fenómenos como en Brexit en Gran Bretaña, el ascenso de Trump en Estados Unidos o la misma eclosión nacionalista en España o Europa. 


La cuestión primordial es que se está produciendo una concentración de poder a gran escala. La suma de iOS y Android controla el sistema operativo del 80 % de los móviles que hay en el planeta; Amazon controla el 62 % de las ventas online de Estados Unidos. Estos son algunos datos del elevado grado de concentración empresarial que se da en este sector.
 

Geopolítica digital. 

El mundo digital e internet están claramente dominados por los Estados Unidos. Las empresas de este país son las que almacenan, distribuyen y analizan los grandes flujos de datos que generan estos medios. Y no hay que olvidar que el control de la información es una de las bases del poder. Actualmente, más del 90 % de la información del planeta está digitalizada; la posibilidad de acceder, analizar y sistematizar esa información confiere una enorme capacidad de influencia a quien pueda hacerlo, sea esta una empresa o un Estado.


Esa información puede ser utilizada por el poder político, aunque también son frecuentes los choques entre los brazos de ese poder y algunas de estas empresas, reacias a facilitar el acceso a la información de sus clientes –recuérdese, a título de ejemplo, el contencioso entre el FBI y Apple por lograr acceder al teléfono móvil de un asesino que mató a 14 personas en San Bernardino–. En contrapartida, en otras ocasiones, las compañías tecnológicas han colaborado con las agencias de inteligencia norteamericanas, especialmente la National Security Agency (NSA), otorgando al gobierno estadounidense una enorme ventaja comparativa sobre otros países. 

Naturalmente, otros países cuentan también con sus medios para vigilar y obtener información de este entramado tecnológico. Más sofisticadas, si cabe, que la NSA serían la británica GHQC o la alemana Servicio Federal de Inteligencia (BDN en sus siglas en alemán). En España es el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) el encargado de esta misión, para la que ha adquirido recientemente un potente sistema de interceptación de comunicaciones. Todas estas agencias obtienen la información de las comunicaciones, pero las redes sociales también proporcionan abundantes datos por lo que la colaboración entre agencias de inteligencia y empresas tecnológicas existe, una colaboración que aún no es sistemática –ante el peligro de que los clientes ya no confíen en ellas– pero sí puntual.  

El problema de la ciberseguridad preocupa cada vez más a los gobiernos; los posibles ataques a las redes de comunicaciones o a los sistemas estratégicos de un país, o las sospechas de posibles manipulaciones en los sistemas de recuento electrónico de las elecciones están cada vez más presentes. Los ciberataques se han convertido en un arma más, mostrando que los sistemas que gestionan numerosas actividades claves pueden ser atacados y dañados. En este sentido, el poder tecnológico de los Estados Unidos es primordial, aunque países como China o Rusia no le van muy a la zaga.


Algunas de Estas empresas son vistas con recelo porque son interpretadas como una muestra de la hegemonía estadounidense, o incluso como un instrumento de la misma. Y es cierto que, a menudo, sus intereses convergen, pero esto no ocurre siempre. Uno de los campos de batalla es el control de las redes sociales, bien como instrumento de información o bien de desinformación. Su uso se está convirtiendo en un elemento más en la confrontación entre Estados y reproduce, por otros medios, las pautas imperantes en la geopolítica actual. Unos ejemplos de ello lo constituye el uso de las redes sociales que ha estado realizado el ISIS, o el papel de las mismas en las llamadas revoluciones árabes.

Las empresas tecnológicas que controlan las redes sociales -Instagram, TikTok, X, YouTube etc.- logran un enorme poder de influencia social mediante prácticas y algoritmos que ahora comienzan a intentar controlarse mediante leyes y normas por parte de los poderes políticos, por ejemplo del Parlamento Europeo.

Entrada publicada originalmente el 8 de marzo de 2018

Bibliografía.

Castells, M. (2009). Comunicación y poder. Alianza Editorial: Madrid.

Castells, M. (2012). Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en la era de Internet. Alianza Editorial: Madrid

Delgado, C. (2017). Las grandes tecnológicas agigantan su poder a través de la Bolsa. El País. Recuperado a partir de https://elpais.com/economia/2017/12/30/actualidad/1514660882_892424.html

EC, R. (2017). Empresas tecnológicas tienen más poder que muchas naciones. El Comercio. Recuperado 7 de febrero de 2018, a partir de http://elcomercio.pe/tecnologia/empresas/empresas-tecnologicas-mas-muchas-naciones-noticia-472146

Editorial, L. V. (2018). El creciente poder de las tecnológicas. La Vanguardia. Recuperado 7 de febrero de 2018, a partir de http://www.lavanguardia.com/opinion/20180205/44554816221/el-creciente-poder-de-las-tecnologicas.html

Fletcher, T. et al. (2017). El imperio de Sillicon Valley y su nuevo orden mundial. La Vanguardia dossier, 63.

Guillén, B. (2016). «Nos indignamos con el FBI por abrir un móvil, pero permitimos que Facebook acceda a nuestra vida». El País. Recuperado 2 de abril de 2016, a partir de http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/03/30/actualidad/1459363552_851558.html

Manjoo, F. (2016). El mundo se prepara para luchar contra los gigantes tecnológicos estadounidenses. The New York Times. Recuperado a partir de https://www.nytimes.com/es/2016/06/08/el-mundo-prepara-el-terreno-para-luchar-contra-los-gigantes-tecnologicos-estadounidenses/

Rodriguez-Rata, A. (2018). Manuel Castells: «Los globalizadores han sido nacionalizados. La democracia liberal ha colapsado». La Vanguardia. Recuperado a partir de http://www.lavanguardia.com/politica/20180226/44961326923/conversaciones-manuel-castells-globalizadores-nacionalizados-democracia-liberal-colapsado.html

Thiber. (s. f.). La Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el espionaje y colaboración público-privada en EEUU - Elcano. Recuperado a partir de http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/defensa+y+seguridad/ari41-2013-thiber-nsa-espionaje-colaboracion-publico-privada-snowden

domingo, 17 de abril de 2016

Las dudas sobre los BRICS



El ciclo expansivo que había registrado la economía capitalista en los inicios del siglo XXI propició la aparición de un grupo de potentes economías emergentes –Brasil, Rusia, India y China– que reclamaba un lugar preeminente en las relaciones internacionales con la intención de consolidarse como polo alternativo a la tradicional triada formada por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. Algunos economistas no descartaban, incluso, que pudieran dominar una economía mundial globalizada hacia mediados del siglo XXI.
Los intentos de vertebrar un grupo tan heterogéneo se produjeron entre 2006 y 2010, auspiciados tanto por la debilidad de las grandes economías desarrolladas afectadas por la crisis iniciada en 2007 como por la incorporación de Sudáfrica en 2011 (BRICS). Sus cumbres de jefes de Estado, no obstante, han insistido más en la cooperación económica que en la vertebración política.

El intento de creación de un polo alternativo –formado por los BRICS– a la tradicional preponderancia occidental en la economía y la geopolítica internacional hizo que desde posiciones ideológicas de izquierda se viese con gran esperanza la aparición de este nuevo grupo de países.

 
Pero la prolongación de la crisis económica ha hecho que también estos países se vean afectados por ella. Al mismo tiempo, en algunos casos –Brasil, Rusia,…– han surgido serios problemas internos. En consecuencia su papel económico y político parece haberse devaluado últimamente.
Brasil se encuentra inmerso en una grave crisis política, sacudido por algunos casos de corrupción en su gobierno. El problema, no obstante, trasciende la cuestión política ya que también supone una lucha social entre las clases populares y la clase media y alta. El país se encuentra muy dividido. A pesar de la reconocida disminución de la pobreza que ha tenido lugar en los últimos años,  las diferencias sociales son enormes, lo mismo que las raciales; este enfrentamiento provoca frecuentes protestas e inestabilidad social. Además Brasil está padeciendo una etapa de recesión económica que comenzó en 2015 y que todavía sigue. Las causas de esta recesión están en la caída de los precios de las materias primas, el fortalecimiento del dólar y la desaceleración china. La elevada inflación y las políticas financieras de contención de la misma han provocado una caída de la demanda interna.
Rusia, por su parte, ha  visto empeorar su situación económica como consecuencia tanto de las sanciones internacionales por su política en el conflicto independentista de de las regiones del este de Ucrania como por la caída de los precios de las materia primas en general y del petróleo y del gas en particular. De la misma manera su imagen internacional se ha deteriorado por las veleidades autoritarias de Vladimir Putin y por su escasa atención a la legalidad internacional en el caso ucraniano.
Por el momento, Rusia se halla más preocupada por mantener su influencia en lo que considera un hinterland irrenunciable –véase el caso de Crimea y del este de Ucrania, o el de su intervención en Georgia– y en aquellos países estratégicos para sus intereses –intervención en Siria– que por establecer una estrategia general común con el resto de potencias emergentes. No obstante, sí ha mostrado su capacidad militar para intervenir allí donde ha querido sin temor a las presiones o sanciones occidentales. 
 China es actualmente el principal actor de este grupo. Sigue adelante su modernización militar y está alcanzando un notable papel en el mundo financiero mediante la creación de bancos internacionales y de la admisión del yuan como moneda de reserva internacional. Pero su economía ha perdido fuelle en estos últimos meses y está lastrada, además, por bastantes problemas de tipo social y medioambiental. Aún así es la que mejor representa una capacidad de liderazgo, basada especialmente en su capacidad económica, aunque internacionalmente sigue siendo vista más con visos de amenaza que con visos de cooperación, sobre todo en occidente.

Evolución de la economía global (2008-2015). Fuente: http://www.esade.edu


India y Sudáfrica representan un papel muy pequeño en las relaciones internacionales. Son, indudablemente, potencias regionales pero sus perspectivas favorables se contraponen con la existencia de serios problemas sociales, desigualdades y conflictos religiosos o étnicos.
En suma, hablamos de potencias relevantes una a una, con notables diferencias entre ellas y que, a pesar de algunas iniciativas conjuntas no han logrado sumar políticamente ni, desde luego, configurar un polo alternativo a occidente y a Japón en la escena geopolítica internacional, situación que se confirma aún más por sus actuales problemas políticos y económicos.

BIBLIOGRAFÍA
GONZÁLEZ, A.  Los BRICS y la gobernanza económica mundial. Recuperado 17 de abril de 2016, a partir de http://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/los-brics-y-la-gobernanza-economica-mundial/
GRATIUS, S. “El mundo multipolar de los BRICS”. Foreing Police en español. 2012.
REINOSO, J. “Los emergentes buscan su cuota de poder”. EL PAÍS. 2013.
VV.AA. Brasil, Rusia, India y China (BRIC): Una realidad geopolítica singular. Madrid: Ministerio de Defensa. 2011





miércoles, 30 de abril de 2014

Las fuentes del poder

A veces surgen acontecimientos que dejan entrever la existencia de poderes capaces de manejar los hilos de actitudes y decisiones políticas que no pueden comprenderse en su totalidad sin una referencia a estas formas de gobernanza. 
Actualmente el poder es global y los estados van perdiendo soberanía y capacidades de decisión. Estados Unidos sigue siendo el único estado capaz de proyectar su poder en cualquier parte del mundo, aunque su unilateralismo ha desapararecido. Necesita, para actuar, la colaboración y el apoyo de otros estados, dando paso a la aparición de poderes regionales que basan su actuación en su fuerza política, militar o económica. 
Todo esto por lo que se refiere al poder de los Estados. Pero existe también otras fuentes de poder no menos relevantes: nos referimos al poder económico y financiero, que ejerce una actuación global y que manifiesta normalmente unos intereses comunes independientemente de su origen geográfico; y también a los poderes supranacionales, capaces de influir y modificar la acción de los Estados. 
El conjunto de estas fuentes de poder se halla imbricado y existe un mínimo común que pone de acuerdo a todos ellos, o al menos a la mayoría, en las grandes cuestiones mundiales. El “orden” resultante puede ser puesto en cuestión -primaveras árabes (el caso sirio), el conflicto en Ucrania, los problemas territoriales en el Pacífico,…- pero ello no constituye una amenaza insalvable para su mantenimiento. Y ¿cuáles serían los fundamentos de ese orden?, pues básicamente dos: la defensa de los intereses del capitalismo -entendido como conjunto de intereses financiero-empresariales- y el mantenimiento de una geopolítica que no cuestiones el dominio occidental. 
El siguiente mapa conceptual pretende colocar las piezas para la comprensión de los poderes que actualmente rigen los destinos de nuestro planeta.





Bibliografía.

Mann, Michael (1997) Las fuentes del poder social. Alianza, Madrid.
Fernández Ros, J.M.; Ramírez, G. y Salcedo, J. (2008) Historia del mundo contemporáneo. Santillana, Madrid
Ontiveros, E. y Guillén, M. F. (2012) Una nueva época. Los grandes retos del siglo XXI. Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, Barcelona.
Gresh, A. (dir) (2010) Atlas geopolítico. Le Monde Diplomatique en español, Valencia.
Gresh, A. (dir) (2006) L'Atlas. Le Monde diplomatique, París.


sábado, 25 de enero de 2014

Ucrania en el ajedrez geopolítico: el hinterland ruso y la expansión de la Unión Europea

Fuente: RT Television

Los graves enfrentamientos y protestas  que se están produciendo en Ucrania (mapa 1) son la expresión de una lucha soterrada entre Rusia y la Unión Europea por controlar el hinterland (zona de seguridad e influencia de un Estado) exsoviético europeo (mapa 2). La Unión Europea logró la integración de las repúblicas bálticas y perdió la batalla en Bielorrusia, cuyo régimen autoritario sigue estrechamente vinculado a Rusia. El siguiente territorio en disputa es Ucrania.
El origen y desarrollo del conflicto actual aparece perfectamente explicado en el podscat y en la bibliografía citada en la entrada. Pero, aún así, conviene resaltar algunas cuestiones:
  • La Unión Europea parece no tener una política clara con respecto a eta zona: por un lado intenta aproximarse a Ucrania, envuelta en la bandera de la democracia y la libertad, pero por otro lado teme un enfrentamiento directo con Rusia, de la que depende energéticamente buena parte del este de la Unión. No olvidemos que la propuesta europea era de una mera asociación económica no del inicio de un proceso de adhesión.
  • El interés de la UE por la zona obedece básicamente al impuso de Alemania y de los antiguos países del Este ahora integrados en la Unión. Y su intención es tanto el debilitamiento internacional de Rusia como la consecución de una nueva área de inversión para sus empresas.
  • Rusia no contempla con buenos ojos la pérdida de un aliado estratégico y el acercamiento de la influencia europea por su flanco sur.
  • Ucrania se halla dividida en sus intereses y sentimientos (mapa 3). La parte occidental es claramente proeuropea, por historia y por vecindad, pero la parte oriental -donde obtuvo sus mejores resultados el actual presidente- es prorrusa por las mismas razones. También la dependencia energética y económica de Rusia es un factor relevante, al igual que el elevado grado de corrupción del país. El anterior intento de acercamiento a la UE y de denuncia del fraude electoral se produjo durante la llamada Revolución Naranja en 2004-2005. 
  • La oposición al gobierno de Yanukóvich es muy heterogénea pero en ella desempeñan un destacado  papel los nacionalistas antirrusos, considerados de extrema derecha y herederos culturales de los colaboracionistas nazis durante la IIª Guerra Mundial.
Mapa 1: Ucrania. Fuente: Biblioteca Perry Castaneda.

Mapa 2: Áreas de influencia. Fuente: The Guardian.

Mapa 3: Resultados electorales para la presidencia de Ucrania en 2010. Fuente: ScienciesPo.



BIBLIOGRAFIA:

Las elecciones celebradas durante la Segunda República

El régimen político de la Segunda República española (1931-1939) significó la ruptura con la preponderancia secular del conservadurismo soci...