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miércoles, 8 de enero de 2025

Las bases militares de Estados Unidos: un instrumento de hegemonía.

El mundo dejó de ser bipolar al acabar la Guerra Fría. Surgió entonces lo que se ha denominado el multilateralismo, es decir, la aparición en la escena geopolítica mundial de nuevos actores: China, Rusia, India, la UE, etc. Ello implicó, básicamente, que Rusia quedaba reducida al estatus de potencia regional y que Estados Unidos renunciaba a emprender grandes acciones militares por sí solo. Las guerras de Irak y Afganistán dieron la razón a esta teoría, afianzada durante la presidencia de Obama. Esa ha sido la característica de la política exterior norteamericana también durante los mandatos de Trump y Biden, excepto pequeñas acciones sin gran trascendencia.  A pesar del multilateralismo y de una estrategia de mayor contención, Estados Unidos sigue siendo la principal potencia militar del planeta y a mucha distancia del resto.

Las bases militares norteamericanas en el exterior y las flotas navales permanentes distribuidas por toda la geografía del planeta constituyen  los fundamentos del poder bélico de los Estados Unidos. De ellos, el factor primordial, porque es el que permite la proyección de su fuerza, es el de las bases –terrestres, navales o aéreas– y su distribución geográfica. 

Base aérea de Incirlik (Turquía). Fuente: http://internacional.elpais.com

Muchas de estas bases tienen su origen en la época de la Guerra Fría, pero otras han sido creadas más recientemente como respuesta a necesidades o conflictos surgidos tras la desaparición del bloque comunista. Durante el enfrentamiento “frío” con la URSS, Estados Unidos procuró situar unidades militares allá donde la expansión comunista podía constituir un peligro. Toda esta infraestructura, sin embargo, se ha mantenido y actualmente EE.UU. cuenta con unas 800 bases militares cuyo mantenimiento cuesta a los contribuyentes norteamericanos unos 100.000 millones de dólares anuales; de la misma manera, un porcentaje alto de sus tropas se hallan desplegadas en países extranjeros: Japón, Alemania, Corea del Sur, Afganistán, Irak,… hasta llegar a 74 países. Las diferencias con el resto de potencias es abrumadora: Francia tiene bases militares en 11 países, Gran Bretaña también en 11 países, Rusia en 9 y China en 1.  

Pese a que las amenazas al liderazgo mundial estadounidense son varias, su potencial militar y, sobre todo, su capacidad para desplegarlo en cualquier punto del planeta hacen de Estados Unidos el país hegemónico militarmente. Aparte de su enorme gasto en defensa y de la potencialidad de su ejército, lo que también diferencia a EE.UU. de otras potencias –Rusia, China, …– es precisamente la disponibilidad de bases en todos los continentes, incluyendo  Groenlandia. Y ello sin contar con las bases secretas, que se sabe que existen, pero no donde; son las denominadas bases nenúfares –pequeñas bases que sirven de tránsito o de centro de operaciones a escala reducida–. Esta red de bases no se explica solamente por las necesidades defensivas de Estados Unidos como país. Su disposición obedece a una política que pretende mantener una hegemonía militar universal, clara y eficaz. Ella hace posible el intervencionismo de Estados Unidos en casi todos los conflictos bélicos donde sus intereses lo requieran.


Observando el mapa de la distribución de estas bases podemos deducir dónde se concentra el principal interés militar estadounidense. El mayor número de bases se concentra en Europa, el Oriente Próximo y el Mar del Japón. En las bases europeas, muchas de las cuales también pertenecen a la OTAN, reside buena parte del poder aéreo estadounidense. Por ejemplo, la base alemana de Ramstein es clave en la ruta de suministros que procedente de Estados Unidos tiene como meta Oriente Próximo o Afganistán. Los aviones de transporte C-130, C-17 o C-5 Galaxy cumplen perfectamente esa tarea, fundamental para mantener la maquinaria bélica engrasada. Esta base es clave también para el control de los drones que vigilan las zonas conflictivas de Oriente Próximo o el norte de África. 

Las bases en Europa –la citada de Ramstein, Rota (España), Morón (España), Aviano (Italia), …– son un recuerdo de los planteamientos estratégicos imperantes durante la Guerra Fría. No obstante, han surgido nuevas bases en zonas calientes o que poseen un interés de cara, sobre todo, a controlar los movimientos de Rusia en la Europa del Este. Estos presupuestos pueden aplicarse, por ejemplo, a las bases aéreas de Tuzla (Bosnia-Herzegovina), Taszár (Hungría), Graf Ignatievo (Bulgaria) o a la terrestre de Camp Bondsteel en Kosovo. Tampoco es posible dejar de lado el hecho de que Estados Unidos todavía dispone de armas nucleares en suelo europeo, especialmente en Alemania. Pero, ¿qué interés estratégico tiene actualmente Europa para los Estados Unidos?, la respuesta es triple:

  • La participación en el control del Ártico a través de los países nórdicos. Este mar es una zona con interés económico –yacimientos de gas y petróleo– y posible ruta de navegación interoceánica si  se confirma la tendencia al deshielo que se está observando. Es, además, una zona de posible confrontación con Rusia.
  • Los Balcanes son una región actualmente estabilizada pero con conflictos congelados. Su posición geográfica es fundamental para el acceso al Oriente Próximo, región donde se están produciendo los principales conflictos armados en la actualidad y donde las tensiones –sunníes contra chiíes; israelíes contra palestinos; terrorismo; países inestables, etc.–, están a flor de piel. Además, la región controla la entrada al Mar Negro, así como el acceso de la flota rusa al Mediterráneo.
  • El sur de Europa proporciona una base geográfica esencial para la proyección hacia el norte de África y hacia el Oriente Próximo, así como para el control del mar Mediterráneo.

La presencia de bases norteamericanas en África obedece principalmente a la necesidad de recoger información sobre el terrorismo islámico y a tareas de inteligencia realizadas mediante drones. Estas bases se han implantado en países afectados por el yihadismo radical –Mauritania, Senegal, Burkina Faso, etc.– No obstante, su principal base en África es Camp Lemonnier, una estación naval situada en Djibuti y desde donde puede proyectar su fuerza sobre todo el este del continente.

En Latinoamérica, el pentágono ha creado nuevas bases en Chile, Colombia, El Salvador, etc. Y ha ampliado otras que ya tenía –Honduras, Belice, Costa Rica, …–; la presencia de bases en el continente americano no obedece a la prevención de posibles ataques armados a Estados Unidos, sino al control del territorio, al mantenimiento de alianzas y al acceso a recursos o mercados.

La zona del Pacífico occidental está convirtiéndose en una referencia estratégica fundamental en el interés del Pentágono. A esta región tienen acceso tanto China como Rusia, potencias que pueden cuestionar la hegemonía norteamericana y que Estados Unidos debe contener. Además, siempre está presente el permanente conflicto con Corea del Norte, cuya amenaza sirve para asentar la presencia norteamericana en Japón y Corea del Sur, países con una enorme presencia de tropas de Estados Unidos. El otro gran objetivo es vigilar la expansión marítima de China; ello explica la vuelta de su presencia militar en Filipinas, el creciente acercamiento a Vietnam o los nuevos tratados con Tailandia. Todo ello forma parte de esta estrategia.

Simultáneamente y en relación con la región del Pacífico y el control de las rutas marítimas en esa zona, se ha consolidado la presencia norteamericana en el Índico, donde ya existía la importante base de Diego García, y donde han surgido nuevas bases en países costeros africanos –Kenia, Mozambique, …–, así como en la zona del cuerno de África. Aquí, con el objetivo confeso de combatir la piratería –la citada base de Djibuti o la presencia en Etiopía– que se proyecta desde Somalia, cuyo intento de control se convirtió en uno de sus fracasos más sonados.

Despliegue militar norteamericano en el oeste del Pacífico. Fuente: http://www.humanite.fr/etats-unis-chine-la-nouvelle-guerre-du-pacifique

Esta entrada se publicó originalmente el 14 de junio de 2017.

Bibliografía.

Fontana, J. (2011). Por el bien del imperio. Barcelona: Ed. Pasado y Presente.

Jenkins, P. (2012). Breve historia de Estados Unidos. Madrid: Alianza Editorial.

Olmo, G. D. (2017). La inmensa red militar con la que Estados Unidos domina el mundo  Retrieved from http://www.abc.es/internacional/abci-inmensa-militar-estados-unidos-domina-mundo-201704171957_noticia.html

Redacción. (2017). Qué tan grande es el poderío nuclear de Estados Unidos y por qué Donald Trump quiere más  Retrieved from http://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-39085377

Vine, D. (2012). Nenúfares: las nuevas bases de Estados Unidos por el globo  Retrieved from http://www.tercerainformacion.es/antigua/spip.php?article40133

martes, 7 de enero de 2025

El conflicto de la isla de Perejil

Las relaciones con Marruecos han pasado por diversas etapas desde 1975. Estas fases han fluctuado entre la colaboración y el enfrentamiento –Marcha Verde o este problema en la isla Perejil–. Existen abundantes intereses comunes, pero también subsisten temas aparcados que, en un momento dado, pueden provocar conflictos graves. Nos estamos refiriendo no solamente a las ciudades españolas en el norte de África y los enclaves adyacentes, sino también a las disputas existentes por la definición de fronteras en las aguas que bordean las Islas Canarias.

La isla de Perejil forma parte de las llamadas plazas de soberanía española en el norte de África. Se trataba de territorios que quedaban fuera de los límites del Protectorado español de Marruecos y que son un conjunto de islas y peñones situados frente a las costas de Marruecos (ver mapa). Las más conocidas, sobre todo por aquellos que les tocó hacer la mili obligatoria en Ceuta o Melilla, son las islas Chafarinas, las islas Alhucemas y el peñón de Vélez de la Gomera, a estos enclaves hay que añadir la isla de Perejil.

Enclaves españoles en las costas marroquíes. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Plazas_de_soberan%C3%ADa

Estos territorios, con escaso o nulo valor estratégico actualmente, tienen, por el contrario, un elevado valor simbólico tanto para España como para Marruecos. La reivindicación de la soberanía marroquí  aparece en cuanto, por la razón que sea, se disparan las tensiones entre ambos países. Y eso es lo que ocurrió cuando llegó al trono el actual rey Mohamed VI (1999).

El incidente de la isla de Perejil fue un enfrentamiento armado –aunque no se disparó ni un solo tiro– entre España y Marruecos. Aconteció entre el 11 y el 20 de julio de 2002 y el motivo del choque fue la ocupación militar de la isla de Perejil primero por unos gendarmes y después por infantes de marina marroquíes. Ha sido una de las crisis más graves de las habidas entre España y Marruecos desde la Marcha Verde de 1975.


¿Qué circunstancias encresparon las relaciones entre los dos países? Las primeras divergencias surgieron sobre el tema pesquero; en el año 2000 comenzaron las negociaciones entre la UE y Marruecos, y su fracaso fue el inicio del distanciamiento. La falta de acuerdo hizo que el gobierno español se acercase a Argelia y Túnez. No hay que olvidar que Argelia es el gran competidor de Marruecos por el dominio del Magreb.


Otro tema de confrontación fue el de la inmigración ilegal. El gobierno de Aznar endureció las leyes de inmigración y acusó a Marruecos de no esforzarse para detener el flujo migratorio que provenía desde sus costas. También la presunta financiación española del Frente Polisario y el desacuerdo por los permisos de explotación petrolera que el gobierno español había concedido a Repsol cerca de las islas Canarias, que estaban, según Marruecos, en sus aguas territoriales, se añadían al monto de desagravios.

Zonas de exploración petrolera en torno a Canarias. Fuente: http://elpais.com/elpais/2014/05/29/media/1401389539_927413.html

Para algunos analistas, el distanciamiento debía de explicarse también en clave interna de Marruecos. Las expectativas de cambio que había suscitado la subida al trono de Mohamed VI se habían visto defraudadas y los islamistas estaban retornando a la escena política. Ante estos problemas, el monarca y el gobierno marroquí podrían haber optado por buscar la cohesión interna mediante el recurso del enemigo exterior.

La escalada de la tensión diplomática culminó el 28 de octubre de 2001 con la retirada del embajador marroquí, un gesto muy inamistoso en el lenguaje diplomático. El conflicto escaló un peldaño más el 11 de julio de 2002, cuando un grupo de doce hombres de la Gendarmería Real marroquí desembarcaron en la isla de Perejil.  La ocupación se argumentó como un medio para frenar los tráficos ilícitos, en una roca que Marruecos afirma le pertenece desde la independencia. La primera reacción española fue moderada, lejos de cualquier respuesta militar, aunque se informó del hecho a la UE y a la OTAN. España pidió la retirada de los gendarmes y la vuelta al status quo anterior. La falta de respuesta de Marruecos hizo que el gobierno español comenzara a sopesar la acción militar. Antes, España había obtenido el apoyo de la UE, que emitió una dura nota de condena, y la OTAN exigió la vuelta a la situación anterior.




Según algunas fuentes, la decisión de enviar gendarmes a la isla había partido del mismo rey, sin consultar a su gobierno ni a sus aliados más estrechos –Francia y Estados Unidos–. Marruecos se había metido en una situación complicada de la que era difícil salir airoso, aunque hubo algunos intentos de iniciar negociaciones.

El 16 de julio Marruecos sustituye el destacamento de gendarmes por otro de la infantería de marina, lo que implica una militarización del conflicto. En esa misma fecha, España refuerza sus guarniciones de Ceuta y Melilla y moviliza varias unidades de la Armada; ese mismo día llama a consultas al embajador español en Rabat. A pesar de ello, el gobierno negaba tener intenciones belicosas. No obstante, se dio a Marruecos un ultiman que concluía en la madrugada del miércoles 17 de julio. Poco antes fueron trasladadas a Sevilla algunas unidades de operaciones especiales (boinas verdes); estas unidades –un total de 28 hombres– se trasladaron  en siete helicópteros a la isla y llevaron a cabo un rápido asalto –la operación duró 10 minutos–. Los soldados marroquíes se rindieron sin resistencia y al día siguiente fueron devueltos a Marruecos. Mientras tanto, la Armada había bloqueado los puertos marroquíes más cercanos y dos patrulleros bloqueaban al patrullero marroquí que prestaba apoyo a sus infantes de marina. Por su parte, el Ejército del Aire proporcionaba cobertura a todas las fuerzas con cazas F-18 y Mirage F-1. La operación militar implicó un importante ejercicio de coordinación entre los tres ejércitos.


Desarrollo de la operación militar. Fuente: http://www.galeon.com/navegahispania/batallas/perejil.htm

Al concluir la operación militar, el gobierno de Aznar se puso en contacto con el de Marruecos para iniciar una negociación e informó a la UE y a la OTAN, así como al Comité de Seguridad de la ONU. Los soldados españoles, tropas de la Legión, permanecieron algunos días en la isla, hasta que ambos países llegaron, con la mediación de Estados Unidos, a un acuerdo que consistía en mantener despoblada la isla y no disponer de ninguna guarnición militar en ella.


La acción española fue interpretada por nuestro vecino del sur como una humillación, y su rey Mohamed VI no procuró evitar mostrar su poca querencia por el presidente Aznar. Las malas relaciones continuaron hasta principios de 2003, cuando los embajadores volvieron a sus puestos y se afianzaron definitivamente en marzo de 2004 con la visita de Zapatero, ya como presidente del nuevo gobierno.

Esta entrada se publicó por primera vez el 29 de junio de 2017.

Bibliografía.

Casqueiro, J. (2015). Los perdedores de Perejil cuentan su guerra. Retrieved from http://politica.elpais.com/politica/2015/02/08/actualidad/1423421786_399102.html

Cembrero, I. (2006a). Los secretos de la toma de Perejil. Retrieved from http://elpais.com/diario/2006/03/19/domingo/1142743960_850215.html

Cembrero, I. (2006b). Vecinoa alejados: los secretos de la crisis entre España y Marruecos. Barcelona: Galaxia-Gutenberg.

EFE. (2010). Perejil abrió quince meses de hostilidades. Retrieved from http://www.elmundo.es/elmundo/2010/08/18/espana/1282125284.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Incidente_de_la_isla_de_Perejil (Sin fecha). En Wikipedia. Recuperado el de https://es.wikipedia.org/wiki/Incidente_de_la_isla_de_Perejil

Molina García, M. J. (2003). España-Marruecos (1996-2002): un modelo de política exterior para el Magreb. Universidad Complutense de Madrid, Madrid.

sábado, 4 de enero de 2025

Las empresas tecnológicas: poder y geopolítica

El poder de las grandes empresas tecnológicas. 

En la actualidad, el mundo se mueve en torno a la información. Hasta hace poco, los motores económicos principales habían sido la industria y el comercio,  y más antiguamente aún, las actividades agrarias. Hoy son la obtención y el procesamiento de la información los elementos fundamentales. Y, lógicamente, quien controle esos procesos está en condiciones de establecer un nuevo dominio.

En este papel de obtención y procesamiento tienen una enorme ventaja las grandes compañías tecnológicas que dominan el mercado de internet y de los útiles informáticos, especialmente el software, aunque no solo. La gran mayoría son estadounidenses: Alphabet (Google), Meta (Facebook, Instagram, Whatsapp...), Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia, etc. Otras son chinas (Tencent) o taiwanesas (TSMC). Sus actuaciones están cambiando el mundo y creando un nuevo orden económico, social  y cultural.



Como algún especialista ya ha señalado, estas empresas son el principal factor de cambio social. Antes, ese papel lo han tenido las ideologías –liberalismo, comunismo, fascismo, …– pero ahora, desacreditas estas, son las empresas citadas las que promueven las transformaciones económicas y sociales. A este respecto, el hecho de que la mayor parte de estas compañías tengan su sede en los Estados Unidos no es baladí. Ello confiere a este país una enorme ventaja sobre sus restantes competidores: China, con un gran mercado interior y con una capacidad tecnológica creciente, y Europa, con un papel insignificante en esta carrera.

Las grandes empresas tecnológicas tienen pocos contrapesos. El principal es el Estado, una institución que se está debilitando a causa de dos procesos imbricados:
  1. La desregulación liberal promovida por la globalización económica priva a los Estados de instrumentos de control que pongan límites al enorme poder de estas empresas.
  2. La multilateralidad imperante en las relaciones internacionales provoca que no exista ninguna gran potencia hegemónica que pueda imponer sus criterios al resto de países. Cualquier acción de un solo gobierno está condenada a un pronto fracaso si no cuenta con más apoyos. Además, las instituciones surgidas en la segunda mitad del siglo XX –OMC, ONU, FMI, Banco Mundial, …– aparecen cada vez como más irrelevantes, lastradas por su falta de representatividad. Así mismo, la mayor parte de los grandes problemas –cambio climático, terrorismo, migraciones, delincuencia, …– tienen un marco transnacional que requiere la colaboración de los Estados, siendo la unilateralidad un imposible.
A causa de este debilitamiento del Estadola expansión de estas grandes compañías apenas si padece trabas legales. Su enorme tamaño y su poder económico son capaces de doblegar a cualquier Estado si afronta solo la batalla. No se puede olvidar que el poder de las grandes empresas tecnológicas es también un poder político, un poder que desafía a los Estados cuando es necesario para sus intereses. 


La principal transformación política que impulsa la utilización de estas tecnologías es la crisis de la política tradicional y de las élites dominantes que se han apoyado en ella. La disponibilidad de una abundantísima información –cuestión aparte, aunque no menos importantes, sería su veracidad– otorga más poder a los individuos, que tienden a fiarse más de sus iguales que de las autoridades. Con este panorama, las funciones del liderazgo se difuminan y ello afecta, evidentemente, a las relaciones de poder. 

Resulta claro que las actuaciones de estos gigantes tecnológicos están transformando la política y la democracia. Pero las relaciones entre estas empresas y los gobiernos son ambivalentes. El origen de su poder reside en que los servicios que prestan son fundamentales para la gestión cotidiana de la economía y de la sociedad. Por tanto, existe también, y al mismo tiempo, una connivencia entre estas y los gobiernos. Por ahora no ha aparecido ningún interés en cuestionar a los gobiernos, sobre todo si estos no interfieren en sus actividades. Pero ocurre que cada vez más frecuentemente estos tienden a poner límites a sus prácticas.

La globalización y la crisis de la democracia están provocando una vuelta a la identidad como refugio. El miedo a la pérdida de control de los mecanismos tradicionales que hacen funcionar las sociedades –un capital abstracto, dependiente de mercados difusos y alejados; unas fronteras permeables que posibilitan la llegada de gentes de otras culturas; unos flujos de comunicación y de imágenes que se abren a nuevos códigos– provoca un regreso a la seguridad de lo conocido, a la tribu. Lo comunitario se convierte también en una forma de protección frente al capitalismo individualista y salvaje. Este planteamiento ayuda a explicar fenómenos como en Brexit en Gran Bretaña, el ascenso de Trump en Estados Unidos o la misma eclosión nacionalista en España o Europa. 


La cuestión primordial es que se está produciendo una concentración de poder a gran escala. La suma de iOS y Android controla el sistema operativo del 80 % de los móviles que hay en el planeta; Amazon controla el 62 % de las ventas online de Estados Unidos. Estos son algunos datos del elevado grado de concentración empresarial que se da en este sector.
 

Geopolítica digital. 

El mundo digital e internet están claramente dominados por los Estados Unidos. Las empresas de este país son las que almacenan, distribuyen y analizan los grandes flujos de datos que generan estos medios. Y no hay que olvidar que el control de la información es una de las bases del poder. Actualmente, más del 90 % de la información del planeta está digitalizada; la posibilidad de acceder, analizar y sistematizar esa información confiere una enorme capacidad de influencia a quien pueda hacerlo, sea esta una empresa o un Estado.


Esa información puede ser utilizada por el poder político, aunque también son frecuentes los choques entre los brazos de ese poder y algunas de estas empresas, reacias a facilitar el acceso a la información de sus clientes –recuérdese, a título de ejemplo, el contencioso entre el FBI y Apple por lograr acceder al teléfono móvil de un asesino que mató a 14 personas en San Bernardino–. En contrapartida, en otras ocasiones, las compañías tecnológicas han colaborado con las agencias de inteligencia norteamericanas, especialmente la National Security Agency (NSA), otorgando al gobierno estadounidense una enorme ventaja comparativa sobre otros países. 

Naturalmente, otros países cuentan también con sus medios para vigilar y obtener información de este entramado tecnológico. Más sofisticadas, si cabe, que la NSA serían la británica GHQC o la alemana Servicio Federal de Inteligencia (BDN en sus siglas en alemán). En España es el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) el encargado de esta misión, para la que ha adquirido recientemente un potente sistema de interceptación de comunicaciones. Todas estas agencias obtienen la información de las comunicaciones, pero las redes sociales también proporcionan abundantes datos por lo que la colaboración entre agencias de inteligencia y empresas tecnológicas existe, una colaboración que aún no es sistemática –ante el peligro de que los clientes ya no confíen en ellas– pero sí puntual.  

El problema de la ciberseguridad preocupa cada vez más a los gobiernos; los posibles ataques a las redes de comunicaciones o a los sistemas estratégicos de un país, o las sospechas de posibles manipulaciones en los sistemas de recuento electrónico de las elecciones están cada vez más presentes. Los ciberataques se han convertido en un arma más, mostrando que los sistemas que gestionan numerosas actividades claves pueden ser atacados y dañados. En este sentido, el poder tecnológico de los Estados Unidos es primordial, aunque países como China o Rusia no le van muy a la zaga.


Algunas de Estas empresas son vistas con recelo porque son interpretadas como una muestra de la hegemonía estadounidense, o incluso como un instrumento de la misma. Y es cierto que, a menudo, sus intereses convergen, pero esto no ocurre siempre. Uno de los campos de batalla es el control de las redes sociales, bien como instrumento de información o bien de desinformación. Su uso se está convirtiendo en un elemento más en la confrontación entre Estados y reproduce, por otros medios, las pautas imperantes en la geopolítica actual. Unos ejemplos de ello lo constituye el uso de las redes sociales que ha estado realizado el ISIS, o el papel de las mismas en las llamadas revoluciones árabes.

Las empresas tecnológicas que controlan las redes sociales -Instagram, TikTok, X, YouTube etc.- logran un enorme poder de influencia social mediante prácticas y algoritmos que ahora comienzan a intentar controlarse mediante leyes y normas por parte de los poderes políticos, por ejemplo del Parlamento Europeo.

Entrada publicada originalmente el 8 de marzo de 2018

Bibliografía.

Castells, M. (2009). Comunicación y poder. Alianza Editorial: Madrid.

Castells, M. (2012). Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en la era de Internet. Alianza Editorial: Madrid

Delgado, C. (2017). Las grandes tecnológicas agigantan su poder a través de la Bolsa. El País. Recuperado a partir de https://elpais.com/economia/2017/12/30/actualidad/1514660882_892424.html

EC, R. (2017). Empresas tecnológicas tienen más poder que muchas naciones. El Comercio. Recuperado 7 de febrero de 2018, a partir de http://elcomercio.pe/tecnologia/empresas/empresas-tecnologicas-mas-muchas-naciones-noticia-472146

Editorial, L. V. (2018). El creciente poder de las tecnológicas. La Vanguardia. Recuperado 7 de febrero de 2018, a partir de http://www.lavanguardia.com/opinion/20180205/44554816221/el-creciente-poder-de-las-tecnologicas.html

Fletcher, T. et al. (2017). El imperio de Sillicon Valley y su nuevo orden mundial. La Vanguardia dossier, 63.

Guillén, B. (2016). «Nos indignamos con el FBI por abrir un móvil, pero permitimos que Facebook acceda a nuestra vida». El País. Recuperado 2 de abril de 2016, a partir de http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/03/30/actualidad/1459363552_851558.html

Manjoo, F. (2016). El mundo se prepara para luchar contra los gigantes tecnológicos estadounidenses. The New York Times. Recuperado a partir de https://www.nytimes.com/es/2016/06/08/el-mundo-prepara-el-terreno-para-luchar-contra-los-gigantes-tecnologicos-estadounidenses/

Rodriguez-Rata, A. (2018). Manuel Castells: «Los globalizadores han sido nacionalizados. La democracia liberal ha colapsado». La Vanguardia. Recuperado a partir de http://www.lavanguardia.com/politica/20180226/44961326923/conversaciones-manuel-castells-globalizadores-nacionalizados-democracia-liberal-colapsado.html

Thiber. (s. f.). La Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el espionaje y colaboración público-privada en EEUU - Elcano. Recuperado a partir de http://www.realinstitutoelcano.org/wps/portal/rielcano_es/contenido?WCM_GLOBAL_CONTEXT=/elcano/elcano_es/zonas_es/defensa+y+seguridad/ari41-2013-thiber-nsa-espionaje-colaboracion-publico-privada-snowden

miércoles, 9 de octubre de 2024

España en su geopolítica


Durante el siglo XX España fue un país más centrado en sus problemas internos que en las cuestiones internacionales. Su no participación en ninguna de las dos guerras mundiales libró al país de sufrimientos y destrucciones, pero por contra tuvo su propia guerra civil. El conflicto ocurrió en el contexto europeo, eso sí, del ascenso de los fascismos, lo que venía a indicar la imbricación de la historia española con la europea. De igual forma, muchos historiadores han visto la Guerra Civil española como un preludio de la II Guerra Mundial. 

El franquismo implantó, tanto porque era consustancial con su ideología como porque fue obligado, un aislacionismo internacional, convirtiéndose primero en un paria y después en un apéndice de Estados Unidos ya en el marco de la Guerra Fría. Durante mucho tiempo basó su política internacional en mantener unas relaciones más nominales que efectivas con Latinoamérica y sostener la retórica de la amistad con algunos países del mundo árabe; estos dos elementos le permitieron sostener una leve presencia internacional. 

La recuperación de la democracia hizo posible el acercamiento a Europa, manteniendo los lazos militares y estratégicos con los Estados Unidos. La entrada en lo que hoy es la UE y en la OTAN alineó definitivamente a España con Europa. 

Este papel secundario en las relaciones internacionales y la ausencia de enfrentamientos amenazantes con otros países, puesto que las últimas guerras en las que participó España pueden considerarse internas –la Guerra Civil y la guerra de Marruecos–, fueron creando un ambiente de desinterés de la población española por las cuestiones internacionales y por la geopolítica internacional. No obstante, ese desinterés y la subsiguiente falta de información no implican que esas cuestiones hayan dejado de tener su importancia.

Posteriormente, ya en plena democracia, fue imponiéndose el tema de la paz como un valor social ampliamente asumido. Pero siguió vigente la despreocupación más o menos generalizada por este tipo de cuestiones. Parece evidente que la ausencia de conflictos susceptibles de transformase en guerras abiertas –aunque hemos sido atacados directamente por el terrorismo internacional– ha mantenido viva la escasa conciencia social que existe sobre nuestros intereses geoestratégicos. 

Todo Estado, incluido el español, tiene una geopolítica que viene condicionada por cuatro factores: 

  • La geografía. No se trata de un factor electivo; la situación geográfica de cada país es la que es y a veces ayuda y otras veces no lo hace. Ya lo expresó y analizó Yves Lacoste hace décadas. La situación geográfica de España añade complejidad a  sus relaciones geopolíticas. 
  • Los intereses de su economía. Y con ello nos referimos no solamente a las necesidades de suministros –materias primas o energía– sino también a la presencia de sus empresas y mercados. 
  • Las alianzas políticas y militares firmadas por el Estado. 
  • El control, ya sea mediante simple vigilancia o a través acciones militares, de áreas potencialmente peligrosas o desestabilizadas, cuya inestabilidad puede afectarlo de una manera u otra. 
Los intereses geopolíticos de España.

Bibliografía. 

Géré, F. (2005). La nueva geopolítica. Barcelona: Larousse. 

Halimi, S. E. (2011). Atlas geopolítico. Valencia: Fundación Mondiplo. 

Lacoste, Y. (1990). La geografía: un arma para la guerra.  Barcelona: Anagrama. 

Algunas webs en español permiten ampliar el tema. 

Unión Europea: los asaltos migratorios como arma geopolítica

La Unión Europea es claramente una de las potencias globales  en un mundo basado en una multiporalidad  precaria que va deshaciéndose paulatinamente porque camina hacia una nueva bipolaridad Estados Unidos-China. Por su potencial económico es perfectamente comparable a los dos actores citados y es también la principal potencia en utilizar el denominado «poder blando».¿A qué denominamos poder blando? El poder blando consiste en lograr un grado de influencia y de persuasión capaz de influir sobre las acciones de otros Estados sin respaldarse en el poder militar. Sin embargo, a veces, la realidad de los hechos constata que este «poder blando» puede resultar insuficiente y, en ese caso, los Estados deben ejercer su influencia por medio de una combinación de poder duro (poder militar o presión económica) y poder blando (diplomacia, ayuda política o económica,…). Es lo que se ha denominado «poder inteligente».

La Unión Europea  ha ejercido desde siempre en sus relaciones internacionales, de forma más o menos eficaz,  el poder blando, apoyada sobre todo en su poderío económico y en el respaldo ético que representan las ideas políticas que fundamentaron su creación: paz, libertades, democracia,… No ha ejercido nunca, en consecuencia, el poder duro –si no consideramos tal cosa el recurso a las sanciones económicas.

Sin embargo, esta forma de actuación no la ha librado de verse afectada por conflictos internacionales de diversa índole. Su situación geopolítica no ha favorecido  la tranquilidad; la mayor parte de sus vecinos le han planteado litigios de diversa índole y no parece que los problemas tiendan a resolverse.

Unas fronteras problemáticas.

En el este, la UE mantiene con Rusia unas relaciones ambivalentes. Aunque los intercambios económicos son fluidos, Moscú tiende a debilitar a la Unión y a alentar conflictos que puedan desestabilizarla. Mantiene así sus fronteras con las repúblicas bálticas ex-soviéticas –Estonia, Lituania y Letonia– tensionadas, haciendo que la OTAN mantenga en sus territorios algunos efectivos desde 2015. Lo mismo ocurre con Polonia. Rusia también mantiene abierto el conflicto con Ucrania que cuenta con el respaldo político europeo y es otro motivo de divergencia (Véase la entrada: https://miradahistorica.net/2014/01/25/ucrania-en-el-ajedrez-geopolitico-el-hinterland-ruso-y-la-expansion-de-la-union-europea/).

En el sureste, la cuerda se tensa periódicamente con el gobierno de Turquía, puerta estratégica hacia el conflictivo Oriente Próximo y vecino de la inestabilizada Siria. La deriva nacionalista de Erdogan, que tiene pretensiones territoriales en aguas de Grecia y Chipre,  ha provocado choques militares de baja intensidad con Grecia.

Al sur está el Mediterráneo, frontera con el mundo africano. Podemos hablar de dos Áfricas: la del norte, musulmana, donde aparecen regímenes autoritarios -Argelia, Marruecos-, dictatoriales -Egipto- o Estados fallidos como Libia. En suma, un panorama poco tranquilizador, agravado cuando se escriben estas líneas por el conflicto latente entre Marruecos y Argelia por la hegemonía en el Magreb. Una región suministradora también de permanentes corrientes migratorias hacia Europa. Más al sur, el Sahel -un territorio rico en recursos minerales-, se ha convertido en un foco de yihadismo.

Fenómenos de presión migratoria con intencionalidad geopolítica.

Zonas de utilización de la presión migratoria. Elaboración propia. Plantilla del mapa: https://www.gifex.com/Europa/mapas.html

Turquía, febrero-marzo de 2015.

El conflicto sirio, una devastadora guerra a las puertas de Europa, provocó un enorme desplazamiento de refugiados. El éxodo se prolongó durante bastante tiempo, entre 2011 y 2016, y aún hoy no ha desaparecido del todo. Las cifras de los desplazados alcanzaron los 8 millones de personas.

La mayor parte de estos refugiados permanecieron en los países limítrofes con el conflicto -Turquía, Líbano, Jordania,…- , pero  algunos de ellos pretendieron alcanzar la Unión Europea a través de Turquía. Así, miles de refugiados se agolparon en la frontera terrestre con Grecia o intentaron llegar a las islas griegas. Las imágenes dramáticas  de estos hechos dieron rápidamente la vuelta al mundo. Las imágenes dramáticas  de estos hechos dieron rápidamente la vuelta al mundo. Para intentar solucionar el problema, la Unión firmó un acuerdo con el gobierno turco por el cual este se comprometía a parar el flujo migratorio y aceptar la devolución de los migrantes a cambio de una importante cantidad de dinero -6.000 millones de euros- y ciertas ventajas diplomáticas. La reacción europea, muestra del «poder blando», estuvo impulsada fundamentalmente por la falta de acuerdo entre los países miembros para lograr una política común de asilo.

El acuerdo convertía a Turquía en la «llave» reguladora de los movimientos migratorios que, desde Oriente Próximo, pretendían alcanzar el suelo europeo. Una posición que el gobierno turco ha aprovechado como elemento de presión cada vez que ha tenido algún enfrentamiento con la Unión, abriendo sus fronteras y tratando a los refugiados como peones de su estrategia. Esto es lo que ocurrió en los meses de febrero y marzo de 2020, en plena pandemia.

Refugiados ante alambradas en la frontera terrestre greco-turca. Fuente: France24.com

Marruecos, mayo de 2021

Siguiendo la estela de Turquía, en mayo de este año más de 8.000 marroquíes, muchos de ellos menores de edad,  entraron de golpe en la ciudad española de Ceuta -que tiene unos 84.000 habitantes-; el hecho no solo se produjo ante la absoluta pasividad de las fuerzas de seguridad de Marruecos sino que fue alentado desde instancias gubernamentales. Esta llegada masiva a un territorio europeo fue también una forma de presión política, en este caso hacia el gobierno español.

No hay que olvidar que el país magrebí también recibe ayuda económica de la Unión para el control de las migraciones. De nuevo, los migrantes se convirtieron en peones de las estrategias geopolíticas de aquellos países fronterizos con Europa y que buscan generar conflictos con algún país en particular o con la Unión en general. La rápida reacción europea de respaldo a España y la condena internacional del hecho frenó con rapidez el flujo.

Llegada masiva de inmigrantes ante la verja que marca la frontera de Ceuta. Fuente: https://www.rtve.es/noticias/20210519/ceuta-gobierno-habla-asalto-no-crisis-migratoria/2090936.shtml

Bielorrusia, octubre-noviembre de 2021.

Más recientemente, ahora en la frontera entre Polonia y Bielorrusia y también, aunque en menor medida, en la frontera entre Lituania y Bielorrusia, se ha vuelto a reproducir otra crisis fronteriza de naturaleza semejante. El régimen bielorruso, sancionado y repudiado por la Unión Europea por su carácter poco democrático, dio facilidades para el transito de inmigrantes procedentes del Oriente Próximo y que deseaban llegar a las fronteras de la Unión, en este caso polacas o lituanas. Los inmigrantes fueron engañados -ya que la Unión Europea no había abierto su frontera-  y utilizados, una vez más, como peones contra la Unión por parte del régimen de Alexander Lukashenko. Era una respuesta destinada a iniciar un conflicto de baja intensidad con Europa, una respuesta a la política europea contra su régimen.

Frontera entre Polonia y Bielorrusia en noviembre de 2021. Fuente: https://www.touteleurope.eu/l-ue-dans-le-monde/crise-migratoire-la-construction-d-un-mur-entre-la-pologne-et-la-bielorussie-divise-les-europeens/

Conclusiones.

Como puede verse, las fronteras europeas no son lugares plácidos. Las acechan numerosos problemas y conflictos que la UE va sorteando pero que demuestran que el poder blando, por sí solo, no basta para evitar los conflictos ni obtener seguridad. Es necesario un mínimo de poder duro, claramente militar, para respaldar ese poder blando y  hacer más efectiva la disuasión ante actitudes hostiles o inamistosas. Una potencia como la UE no puede vivir totalmente dependiente del paraguas protector de la OTAN -una organización aún enfocada primordidalmente hacia el área rusa y controlada de facto por Estados Unidos-, que, como se ha visto ya en algunas crisis (el ANKUS o la retirada de Afganistán), prima siempre sus intereses particulares sobre los de sus hipotéticos aliados europeos. La historia reciente muestra como las relaciones de la UE con algunos de sus vecinos pueden transformarse en conflictivas con gran facilidad. Se trata de conflictos de baja intensidad pero particularmente condenables por el uso inhumano de los inmigrantes; asistimos al empleo de una nueva forma de enfrentamiento que algunos especialistas denominan conflictos híbridos.

Tropas bajo bandera de la Unión Europea. Fuente: https://www.esglobal.org/la-defensa-europea-incertidumbres-retos-dilemas/

Es cierto, igualmente, que existe una división en el seno de la UE entre las preocupaciones de los países nórdicos y del este, centradas en su vecino ruso, mientras que los países del sur y del oeste fijan su interés en la desestabilización y la conflictividad existente en el norte de África y de Oriente Próximo. Esta divergencia ha impedido el diseño de una estrategia única y ello dificulta la actuación de la Unión como ante conflictos de este tipo, dejando que sean los respectivos Estados los que enfrenten el problema, al menos en un primer momento.

Son ya bastantes los políticos y las instituciones europeas que han tomado conciencia de que si la UE pretende ser un poder relevante en el orden mundial, debe desarrollar un cierto poder militar propio. En ese sentido ya se han comenzado a dar los primeros pasos: está prevista la creación de una fuerza europea compuesta por unos 5.000 soldados, además el Parlamento Europeo aprobó en 2019 un Fondo de Defensa de 13.000 millones de euros destinados al desarrollo de la industria militar europea. Esta forma de poder sería el segundo brazo de la acción exterior de la Unión, ya que es evidente que la UE tiene necesidad de actuar en defensa de sus intereses -económicos, geopolíticos o de defensa- en ámbitos geográficos en los  EE.UU. puedan no estar interesados.

Fuente: El Confidencial

Bibliografía

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