Durante el siglo XX España fue un país más centrado en sus problemas internos que en las cuestiones internacionales. Su no participación en ninguna de las dos guerras mundiales libró al país de sufrimientos y destrucciones, pero por contra tuvo su propia guerra civil. El conflicto ocurrió en el contexto europeo, eso sí, del ascenso de los fascismos, lo que venía a indicar la imbricación de la historia española con la europea. De igual forma, muchos historiadores han visto la Guerra Civil española como un preludio de la II Guerra Mundial.
El franquismo implantó, tanto porque era consustancial con su ideología como porque fue obligado, un aislacionismo internacional, convirtiéndose primero en un paria y después en un apéndice de Estados Unidos ya en el marco de la Guerra Fría. Durante mucho tiempo basó su política internacional en mantener unas relaciones más nominales que efectivas con Latinoamérica y sostener la retórica de la amistad con algunos países del mundo árabe; estos dos elementos le permitieron sostener una leve presencia internacional.
La recuperación de la democracia hizo posible el acercamiento a Europa, manteniendo los lazos militares y estratégicos con los Estados Unidos. La entrada en lo que hoy es la UE y en la OTAN alineó definitivamente a España con Europa.
Este papel secundario en las relaciones internacionales y la ausencia de enfrentamientos amenazantes con otros países, puesto que las últimas guerras en las que participó España pueden considerarse internas –la Guerra Civil y la guerra de Marruecos–, fueron creando un ambiente de desinterés de la población española por las cuestiones internacionales y por la geopolítica internacional. No obstante, ese desinterés y la subsiguiente falta de información no implican que esas cuestiones hayan dejado de tener su importancia.
Posteriormente, ya en plena democracia, fue imponiéndose el tema de la paz como un valor social ampliamente asumido. Pero siguió vigente la despreocupación más o menos generalizada por este tipo de cuestiones. Parece evidente que la ausencia de conflictos susceptibles de transformase en guerras abiertas –aunque hemos sido atacados directamente por el terrorismo internacional– ha mantenido viva la escasa conciencia social que existe sobre nuestros intereses geoestratégicos.
Todo Estado, incluido el español, tiene una geopolítica que viene condicionada por cuatro factores:
La geografía. No se trata de un factor electivo; la situación geográfica de cada país es la que es y a veces ayuda y otras veces no lo hace. Ya lo expresó y analizó Yves Lacoste hace décadas. La situación geográfica de España añade complejidad a sus relaciones geopolíticas.
Los intereses de su economía. Y con ello nos referimos no solamente a las necesidades de suministros –materias primas o energía– sino también a la presencia de sus empresas y mercados.
Las alianzas políticas y militares firmadas por el Estado.
El control, ya sea mediante simple vigilancia o a través acciones militares, de áreas potencialmente peligrosas o desestabilizadas, cuya inestabilidad puede afectarlo de una manera u otra.
Los intereses geopolíticos de España.
Bibliografía.
Géré, F. (2005). La nueva geopolítica. Barcelona: Larousse.
Halimi, S. E. (2011). Atlas geopolítico. Valencia: Fundación Mondiplo.
Lacoste, Y. (1990). La geografía: un arma para la guerra. Barcelona: Anagrama.
La Unión Europea es claramente una de las potencias globales en un mundo basado en una multiporalidad precaria que va deshaciéndose paulatinamente porque camina hacia una nueva bipolaridad Estados Unidos-China. Por su potencial económico es perfectamente comparable a los dos actores citados y es también la principal potencia en utilizar el denominado «poder blando».¿A qué denominamos poder blando? El poder blando consiste en lograr un grado de influencia y de persuasión capaz de influir sobre las acciones de otros Estados sin respaldarse en el poder militar. Sin embargo, a veces, la realidad de los hechos constata que este «poder blando» puede resultar insuficiente y, en ese caso, los Estados deben ejercer su influencia por medio de una combinación de poder duro (poder militar o presión económica) y poder blando (diplomacia, ayuda política o económica,…). Es lo que se ha denominado «poder inteligente».
La Unión Europea ha ejercido desde siempre en sus relaciones internacionales, de forma más o menos eficaz, el poder blando, apoyada sobre todo en su poderío económico y en el respaldo ético que representan las ideas políticas que fundamentaron su creación: paz, libertades, democracia,… No ha ejercido nunca, en consecuencia, el poder duro –si no consideramos tal cosa el recurso a las sanciones económicas.
Sin embargo, esta forma de actuación no la ha librado de verse afectada por conflictos internacionales de diversa índole. Su situación geopolítica no ha favorecido la tranquilidad; la mayor parte de sus vecinos le han planteado litigios de diversa índole y no parece que los problemas tiendan a resolverse.
Unas fronteras problemáticas.
En el este, la UE mantiene con Rusia unas relaciones ambivalentes. Aunque los intercambios económicos son fluidos, Moscú tiende a debilitar a la Unión y a alentar conflictos que puedan desestabilizarla. Mantiene así sus fronteras con las repúblicas bálticas ex-soviéticas –Estonia, Lituania y Letonia– tensionadas, haciendo que la OTAN mantenga en sus territorios algunos efectivos desde 2015. Lo mismo ocurre con Polonia. Rusia también mantiene abierto el conflicto con Ucrania que cuenta con el respaldo político europeo y es otro motivo de divergencia (Véase la entrada: https://miradahistorica.net/2014/01/25/ucrania-en-el-ajedrez-geopolitico-el-hinterland-ruso-y-la-expansion-de-la-union-europea/).
En el sureste, la cuerda se tensa periódicamente con el gobierno de Turquía, puerta estratégica hacia el conflictivo Oriente Próximo y vecino de la inestabilizada Siria. La deriva nacionalista de Erdogan, que tiene pretensiones territoriales en aguas de Grecia y Chipre, ha provocado choques militares de baja intensidad con Grecia.
Al sur está el Mediterráneo, frontera con el mundo africano. Podemos hablar de dos Áfricas: la del norte, musulmana, donde aparecen regímenes autoritarios -Argelia, Marruecos-, dictatoriales -Egipto- o Estados fallidos como Libia. En suma, un panorama poco tranquilizador, agravado cuando se escriben estas líneas por el conflicto latente entre Marruecos y Argelia por la hegemonía en el Magreb. Una región suministradora también de permanentes corrientes migratorias hacia Europa. Más al sur, el Sahel -un territorio rico en recursos minerales-, se ha convertido en un foco de yihadismo.
Fenómenos de presión migratoria con intencionalidad geopolítica.
El conflicto sirio, una devastadora guerra a las puertas de Europa, provocó un enorme desplazamiento de refugiados. El éxodo se prolongó durante bastante tiempo, entre 2011 y 2016, y aún hoy no ha desaparecido del todo. Las cifras de los desplazados alcanzaron los 8 millones de personas.
La mayor parte de estos refugiados permanecieron en los países limítrofes con el conflicto -Turquía, Líbano, Jordania,…- , pero algunos de ellos pretendieron alcanzar la Unión Europea a través de Turquía. Así, miles de refugiados se agolparon en la frontera terrestre con Grecia o intentaron llegar a las islas griegas. Las imágenes dramáticas de estos hechos dieron rápidamente la vuelta al mundo. Las imágenes dramáticas de estos hechos dieron rápidamente la vuelta al mundo. Para intentar solucionar el problema, la Unión firmó un acuerdo con el gobierno turco por el cual este se comprometía a parar el flujo migratorio y aceptar la devolución de los migrantes a cambio de una importante cantidad de dinero -6.000 millones de euros- y ciertas ventajas diplomáticas. La reacción europea, muestra del «poder blando», estuvo impulsada fundamentalmente por la falta de acuerdo entre los países miembros para lograr una política común de asilo.
El acuerdo convertía a Turquía en la «llave» reguladora de los movimientos migratorios que, desde Oriente Próximo, pretendían alcanzar el suelo europeo. Una posición que el gobierno turco ha aprovechado como elemento de presión cada vez que ha tenido algún enfrentamiento con la Unión, abriendo sus fronteras y tratando a los refugiados como peones de su estrategia. Esto es lo que ocurrió en los meses de febrero y marzo de 2020, en plena pandemia.
Refugiados ante alambradas en la frontera terrestre greco-turca. Fuente: France24.com
Marruecos, mayo de 2021
Siguiendo la estela de Turquía, en mayo de este año más de 8.000 marroquíes, muchos de ellos menores de edad, entraron de golpe en la ciudad española de Ceuta -que tiene unos 84.000 habitantes-; el hecho no solo se produjo ante la absoluta pasividad de las fuerzas de seguridad de Marruecos sino que fue alentado desde instancias gubernamentales. Esta llegada masiva a un territorio europeo fue también una forma de presión política, en este caso hacia el gobierno español.
No hay que olvidar que el país magrebí también recibe ayuda económica de la Unión para el control de las migraciones. De nuevo, los migrantes se convirtieron en peones de las estrategias geopolíticas de aquellos países fronterizos con Europa y que buscan generar conflictos con algún país en particular o con la Unión en general. La rápida reacción europea de respaldo a España y la condena internacional del hecho frenó con rapidez el flujo.
Más recientemente, ahora en la frontera entre Polonia y Bielorrusia y también, aunque en menor medida, en la frontera entre Lituania y Bielorrusia, se ha vuelto a reproducir otra crisis fronteriza de naturaleza semejante. El régimen bielorruso, sancionado y repudiado por la Unión Europea por su carácter poco democrático, dio facilidades para el transito de inmigrantes procedentes del Oriente Próximo y que deseaban llegar a las fronteras de la Unión, en este caso polacas o lituanas. Los inmigrantes fueron engañados -ya que la Unión Europea no había abierto su frontera- y utilizados, una vez más, como peones contra la Unión por parte del régimen de Alexander Lukashenko. Era una respuesta destinada a iniciar un conflicto de baja intensidad con Europa, una respuesta a la política europea contra su régimen.
Como puede verse, las fronteras europeas no son lugares plácidos. Las acechan numerosos problemas y conflictos que la UE va sorteando pero que demuestran que el poder blando, por sí solo, no basta para evitar los conflictos ni obtener seguridad. Es necesario un mínimo de poder duro, claramente militar, para respaldar ese poder blando y hacer más efectiva la disuasión ante actitudes hostiles o inamistosas. Una potencia como la UE no puede vivir totalmente dependiente del paraguas protector de la OTAN -una organización aún enfocada primordidalmente hacia el área rusa y controlada de facto por Estados Unidos-, que, como se ha visto ya en algunas crisis (el ANKUS o la retirada de Afganistán), prima siempre sus intereses particulares sobre los de sus hipotéticos aliados europeos. La historia reciente muestra como las relaciones de la UE con algunos de sus vecinos pueden transformarse en conflictivas con gran facilidad. Se trata de conflictos de baja intensidad pero particularmente condenables por el uso inhumano de los inmigrantes; asistimos al empleo de una nueva forma de enfrentamiento que algunos especialistas denominan conflictos híbridos.
Es cierto, igualmente, que existe una división en el seno de la UE entre las preocupaciones de los países nórdicos y del este, centradas en su vecino ruso, mientras que los países del sur y del oeste fijan su interés en la desestabilización y la conflictividad existente en el norte de África y de Oriente Próximo. Esta divergencia ha impedido el diseño de una estrategia única y ello dificulta la actuación de la Unión como ante conflictos de este tipo, dejando que sean los respectivos Estados los que enfrenten el problema, al menos en un primer momento.
Son ya bastantes los políticos y las instituciones europeas que han tomado conciencia de que si la UE pretende ser un poder relevante en el orden mundial, debe desarrollar un cierto poder militar propio. En ese sentido ya se han comenzado a dar los primeros pasos: está prevista la creación de una fuerza europea compuesta por unos 5.000 soldados, además el Parlamento Europeo aprobó en 2019 un Fondo de Defensa de 13.000 millones de euros destinados al desarrollo de la industria militar europea. Esta forma de poder sería el segundo brazo de la acción exterior de la Unión, ya que es evidente que la UE tiene necesidad de actuar en defensa de sus intereses -económicos, geopolíticos o de defensa- en ámbitos geográficos en los EE.UU. puedan no estar interesados.
La región biogeográfica del Sahel está situada en el norte del continente africano, en el límite sur del desierto del Sahara. En la zona se mezclan los paisajes semidesérticos con los de la sabana porque es un territorio de transición entre las regiones tropicales del sur y las desérticas del norte.
Formalmente, aparece configurado como una larga franja de territorio -de unos 5.900 km de largo y de entre 300 y 400 km. de ancho- que va desde las costas atlánticas hasta las del Mar Rojo, abarcando, total o parcialmente, varios países: Mauritania, Senegal, Malí, Burkina Faso, Níger, Nigeria, Chad, Sudán y Eritrea. En la región predomina una orografía principalmente plana.
Las mejores tierras fértiles se concentran en las orillas del río Níger y en torno al lago Chad, pero la región está padeciendo serios problemas medioambientales provocados tanto por la acción humana como por la crisis climática: frecuentes sequías, deforestación, prácticas agrícolas inadecuadas para ese medio bioclimático, etc. Todo ello enmarcado en una lenta expansión del desierto del Sahara hacia el sur. Han surgido algunas iniciativas para detener este proceso, como la Gran Muralla Verde para el Sahara y el Sahel, pero de resultados aún inciertos.
La región sigue padeciendo el problema de la inseguridad alimentaria. La producción agraria local es insuficiente para alimentar a una población que todavía mantiene un elevado crecimiento vegetativo, el más alto del mundo. Además, la violencia de la región ha generado mucha inseguridad en los intercambios y la producción. Por todo ello, las crisis alimentarias son recurrentes.
La dualidad agricultura-pastoreo ha pasado a convertirse, por las sucesivas crisis medioambientales, en un conflicto abierto entre agricultores (generalmente practicada por las tribus del sur, cristianas o animistas) y pastores (tribus del norte de la región, de origen árabe y musulmanes). Un elemento que complica la situación regional al mezclar tribalismo, religión y economía.
La región dispone, por otro lado, de importantes riquezas mineras. Produce oro, uranio, petróleo, fosfatos y carbón. La mayor parte de la producción se dedica a la exportación y deja poco valor agregado en los países africanos. Por ejemplo, el oro producido por Malí -una media de 50 toneladas anuales- es explotado por empresas multinacionales y se exporta a Sudáfrica y Suiza para ser refinado. Níger, por su parte, es el cuarto productor mundial de uranio, pero sus minas están explotadas por multinacionales francesas y chinas.
La región del Sahel muestra desde hace algunos años una acusada inestabilidad a causa de múltiples razones:
Disputas por los escasos recursos hídricos y por las tierras más fértiles, en el contexto de un proceso de desertización al que ya nos hemos referido.
Fuerte crecimiento demográfico provocado por unas tasas de fecundidad muy elevadas -entre 4,88 y 5,66 hijos por mujer (2019)- debido a factores culturales, sociales y económicos. Este factor es un elemento de presión para una economía muy depauperada y también contribuye a explicar que la zona sea una de las principales regiones de origen de los flujos migratorios hacia Europa.
Expansión del yihadismo. Desde 2015 se ha registrado un incremento de actos terroristas en la región, que se puede explicar por la presencia activa de varios grupos yihadistas. Varios de ellos, con presencia local y que representan a diferentes grupos étnicos, se fusionaron bajo la bandera de Jamaat Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), afiliado a la franquicia de Al Qaeda, además están presentes el Estado Islámico del Gran Sahara (EIGS) y otros grupos como Boko Haram y el grupo separatista tuareg Movimiento Nacional para la liberación de Azawad (MNLA).
La debilidad de los Estados, cuando no su condición de Estados fallidos. Esta debilidad se muestra en la sucesión de golpes de Estado que asolan la región. Desde 2020 se han producido ocho golpes militares que han truncado la evolución de la democracia en estos países. Estos Estados, de «creación colonial» y con fronteras artificiales, agrupan a veces a etnias y culturas tradicionalmente rivales, hecho que no contribuye a la estabilidad de los países.
El conjunto de estos elementos genera serios problemas de seguridad, fomentados además por la pervivencia del irredentismo étnico nacionalista, el aumento de la criminalidad organizada, que colabora con las redes yihadistas, y la proliferación de armas de guerra. Fruto de la inseguridad provocada por estos factores surge el problema de los refugiados; los numerosos golpes militares y las actuaciones de los grupos yihadistas han generado importantes flujos de refugiados que han buscado en los países vecinos un lugar donde ponerse a salvo -unos 2,1 millones de personas a finales de 2021-. Parte de esos flujos se dirigen hacia Europa a través de la peligrosas rutas del Sahara.
El factor que comenzó a inestabilizar la región fue la caída del régimen libio de Gadafi. El vacío de poder subsiguiente permitió que parte del arsenal libio fuera a parar a manos de los diversos grupos criminales y yihadistas que operaban en la región, lo que aumentó sus posibilidades para encarar cualquier enfrentamiento con los gobiernos locales.
La oleada de conflictos que se han producido en los últimos años se inició en 2012 como consecuencia de una rebelión de los tuaregs en el norte de Malí, aunque los primeros conatos de este irredentismo se remontan a 1990. El mencionado grupo Movimiento Nacional para la liberación de Azawad (MNLA), con ayuda de otros grupos yihadistas, declaró la independencia de la parte norte de Malí tras tomar algunas ciudades importantes (Tumbuctú, Gao, etc.). Como respuesta, el gobierno maliense solicitó ayuda a Francia que, con el acuerdo del Consejo de Seguridad de la ONU, lanzó una operación militar con el objetivo de contener la amenaza islamista. Poco después, la UE estableció otra misión en el país -la Misión de Formación de la Unión Europea en Mali (EUTM Mali)- para entrenar a las fuerzas militares de Malí. En 2014 la operación militar francesa fue reemplazada por otra con la participación de más países -la Operación Barkhane-. Por otro lado, algunos de estos grupos se enfrentan entre ellos por el control de determinadas zonas, acrecentándose la inseguridad.
De esta manera confluyen en la región tres fuerzas armadas: la primera es el conjunto de grupos yihadistas que llevan a cabo atentados y ataques tanto a civiles como a militares, especialmente en las zonas rurales; el segundo son los ejércitos de los diversos países del Sahel; y el tercero es la presencia de fuerzas militares extranjeras, principalmente francesas, pero también de otros países como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania o España. Más recientemente, desde 2022, han aparecido en escena los mercenarios rusos del grupo Wagner, concretamente en Burkina Faso y Malí.
Así pues, conflictos de uno u otro tipo han afectado a este conjunto de países, creando un estado de inestabilidad permanente que las fuerzas extranjeras tampoco han sabido paliar. Por ello, la presencia francesa, la más relevante y la más prolongada (desde 2014), comenzaba a ser vista como una ocupación neocolonial y ganaba rápidamente una gran impopularidad entre las poblaciones de la región. Pues, además, se interpretaba que Francia ayudaba a mantener en el poder a regímenes despóticos. De hecho, Francia tuvo que retirar sus tropas de Malí y trasladarlas a Níger (2021).
3. Geopolítica de los conflictos en el Sahel.
La mayor parte de la región fue colonizada por Francia y la influencia de la ex-metrópoli, aunque en retroceso, sigue siendo importante. Pero Francia ya no puede, por sí sola, mantener el estatus de «potencia dominante» en la región, por ello ha buscado la colaboración de otros países africanos y de la Unión Europea con la bandera de la lucha contra el terrorismo islamista. De hecho, la Unión Europea aún mantiene misiones de cooperación cívico-militar en Malí y en Níger, aunque su futuro sea incierto. Paralelamente, Naciones Unidas también llevó a cabo una misión militar en Malí que ha concluido oficialmente este verano (la MINUSMA). Estas iniciativas internacionales para contener la expansión yihadista no han logrado sus objetivos.
Por otro lado, ha crecido la presencia de otras potencias con diversos intereses en la región. Estados Unidos mantiene una cierta presencia militar para luchar contra el terrorismo, con bases de drones en Níger. Rusia, a través del grupo Wagner, que ya tiene presencia en Siria, Libia y República Centroafricana, no oculta el deseo de ampliar sus relaciones económicas -venta de armas, explotación de recursos mineros,…- y de recortar la influencia occidental, sobre todo de una Unión Europea centrada en la guerra de Ucrania. Otros actores también se han introducido en la escena: China pretende aumentar su papel en África en general y en el Sahel en particular, procurando obtener ventajas económicas y desbancar la influencia occidental; Turquía, por su parte, pretende aumentar su influencia en la región a través de acuerdos militares y de cooperación económica.
Se puede afirmar, por tanto, que occidente está perdiendo posiciones en esta región y que otras potencias buscan aprovechar la inestabilidad de la zona y el desprestigio de Francia y de la Unión Europea, arrastrada por la potencia gala, para aumentar su presencia en la zona. Sin embargo, para la Unión Europea se trata de una región con una importancia geopolítica enorme. Además de su papel de suministradora de minerales y energía, es un territorio fundamental en las rutas de los diversos tráficos que enlazan África con Europa, especialmente en la del tráfico de personas. Por otro lado, su inestabilización solo puede favorecer la consolidación y expansión tanto del yihadismo islamista como del crimen organizado en una zona muy próxima a Europa, zona que también sufre las consecuencias del enfrentamiento geopolítico entre Argelia y Marruecos.
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La investigación y la enseñanza de la historia han ido evolucionando a la par que los cambios tecnológicos. Resulta difícil, hoy en día, plantearse cualquiera de estas dos actividades sin el recurso a internet o a diversos programas de software, desaprovechando todas las posibilidades que estas opciones ofrecen.
Los podcast forman parte de la denominada web 2.0, en creciente expansión por el uso imparable de internet, de los móviles inteligentes (o smartphones) y de las tablets. Su empleo como medio de divulgación en bastantes universidades se vincula con el aprendizaje informal pero también es un elemento importante en las modalidades online de enseñanza.
Una de estas posibilidades, de las menos conocidas, pero con una gran potencialidad sobre todo en los planteamientos divulgativos de nuestra ciencia es el uso de los podcast de temática histórica. Hoy en día disponemos de un buen número de emisoras de radio que ofrecen programas dedicados a los temas históricos aunque con perspectivas diversas, aspecto este que enriquece su utilización.
En nuestra entrada vamos a dejar de lado los podcast vinculados a instituciones educativas –como la UNED o la Universitat Oberta de Catalunya–, aunque los referenciaremos al final, para centrarnos en la difusión de programas de radio procedentes de emisoras públicas o privadas de España.
No obstante, también creemos conveniente realizar una mención el proyecto Escuela del Saber que ofrece cursos completos de historia utilizando podcasts, aunque no son gratuitos. Con una orientación semejante podemos destacar iTunes Universidad, plataforma que acoge una gran cantidad de podcast y grabaciones audiovisuales, tanto gratuitas como de pago, organizados en cursos y elaborados por universidades de todo el mundo.
Página web de La historia de cada día. RNE.
Volviendo a nuestro centro de atención –los programas de radio que tienen a la historia como protagonista y permiten oír o descargar podcast–, vamos a presentar aquellos que consideramos más interesantes, sin que el orden prejuzgue nada.
SER Historia. Programa de la cadena SER dirigido por Nacho Ares y que se emite a horas intempestivas –madrugada del sábado al domingo–. Menos mal que disponemos de sus podcast. El programa abarca todos los períodos de la historia y trata todos los temas, tanto españoles como internacionales. A menudo presta atención a las efemérides: muerte de Fidel Castro, día de la Constitución de 1978, etc. Web: http://cadenaser.com/programa/ser_historia/
Ágora Historia. Programa de Capital Radio dirigido por David Benito. Presta atención también a temas muy diversos y de distintas épocas. Por ejemplo, la última emisión en podcast, la número 169, estuvo dedicada a El Ángel de Budapest, El origen de Roma y la Guerra de las Alpujarras. Web: http://agorahistoria.com/agora-historia-169-angel-budapest-alpujarras-pignoraimperii/
La historia de cada día. Programa de RNE 1 que se emite las mañanas de sábados y domingos, y que está dirigido por Carlos Guerrero. Sus temas son también variados y de épocas diversas, aunque presta atención a efemérides y a la publicación de obras historiográficas, cuyo comentario es la base del programa. El último podcast se dedicó a comentar una reciente publicación sobre la guerra civil española. Web: http://www.rtve.es/alacarta/audios/la-historia-de-cada-dia/
La rosa de los vientos. Programa de Onda Cero dirigido por Bruno Cardeñosa y Silvia Casasola. Sus contendidos son muy variados, aunque a veces borden la ciencia-ficción y el esoterismo. Otras veces plantean temas con cariz mucho más científico. Web: http://www.ondacero.es/programas/la-rosa-de-los-vientos/
Documentos RNE. Programa de RNE de carácter monográfico en el que se analiza un tema de manera profunda. Está dirigido por Miguel A. Coleto. La temática es variada pero muy a menudo se centra en cuestiones históricas o culturales, por ejemplo: Las Brigadas Internacionales, la muerte de Fidel Castro, Manuel de Falla o la homosexualidad durante el franquismo. Web: http://www.rtve.es/alacarta/audios/documentos-rne/
La historia del mundo. Programa de Caracol Radio realizado en Colombia y orientado a la historia de los países latinoamericanos. Dirigido por Diana Uribe presta atención tanto a temas propiamente históricos como a temas culturales de Argentina, Perú o Chile. Los últimos programas tratan de aspectos de la historia argentina –la guerra de las Malvinas, el retorno de la democracia o la personalidad de Julio Cortázar–. Web: http://caracol.com.co/programa/la_historia_del_mundo/
Países en conflicto. Programa de RNE 5 dedicado monográficamente al tratamiento de conflictos, crisis humanitarias o problemas actuales. Lo dirige la periodista Cristina Sánchez. Entre los últimos temas tratados están: la guerra de Yemen, la cuestión de las niñas esposas o el conflicto de Alepo. Web: http://www.rtve.es/alacarta/audios/paises-en-conflicto/
Página web de Países en conflicto. RNE5
BIBLIOGRAFÍA.
Bernard, Estela (Coord.) (2014). La historia contada a través de los medios de comunicación. Madrid: Visión Libros.