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viernes, 6 de junio de 2025

La sociedad del Antiguo Régimen

La sociedad del Antiguo Régimen

Concepto y origen.

Antiguo Régimen es una expresión que comenzó a utilizarse durante la Revolución francesa para referirse a la forma de gobierno y a la organización social imperantes antes de 1789. Aunque será Alexis de Tocqueville, ya en el siglo XIX, quien acabe definiéndola en su obra El Antiguo Régimen y la Revolución. La historiografía más reciente ha ampliado el análisis de la expresión hablando de la existencia de varios ”Antiguos Regímenes”: el demográfico, el económico, el cultural, el social, etc. Explicar la totalidad del Antiguo Régimen requeriría un espacio que no tenemos por lo que vamos a detenernos solamente en uno de sus aspectos fundamentales:  la organización social

Normalmente, la cronología del Antiguo Régimen se establece entre los siglos XVI y finales del XVIII o principios del XIX, ya que existen pequeñas diferencias según la evolución histórica de cada país.poñ0

Para muchos historiadores, este modelo socio-económico es una continuidad del régimen feudal. De hecho, sus fundamentos teóricos se constituyeron durante la Edad Media sobre las bases del pensamiento caballeresco, que justificaba el papel social de cada grupo, y de algunos postulados del cristianismo, es especial la concepción de que la sociedad era un todo orgánico inspirado en lo divino y en el que cada estamento tenía una relación simbiótica con los demás al realizar una función específica —rezar, combatir, trabajar— que beneficiaba al resto.

No obstante, también resulta obvio que la sociedad feudal fue evolucionando a lo largo de los siglos y que aparecieron nuevas características que la transformaron: el ascenso económico y político de la burguesía, la creciente diferenciación económica en el llamado estado llano o la injerencia del poder real en el estamento nobiliario. El campesinado —la absoluta mayoría de la población— seguía soportando la preeminencia de los derechos feudales y de la opresión fiscal, sin apenas diferencias con lo que había ocurrido en el mundo feudal.

En la sociedad del Antiguo Régimen, los individuos obtenían su posición social en función de la comunidad en la que nacían; su nacimiento determinaba también sus derechos y obligaciones jurídicas. Cada comunidad —que también puede denominarse orden, estamento, cuerpo o estado— tenía su estatus, sus deberes y sus privilegios que la identifican y la distinguen de las demás. Se trata, por tanto, de una organización que se fundamenta en la comunidad y no en el individuo, que está subordinado a su grupo de referencia, sea este la familia, el oficio, la ciudad o el pueblo, el señorío o la Iglesia.

Campesinos trillando el trigo. Grabado de Olivier Perrin. Fuente: https://cotesdarmor.fr/actualites/la-vie-paysanne-sous-l-ancien-regime

En el mundo feudal, la sociedad aparecía definida por dos grandes contraposiciones:

  • Lo seglar y lo eclesiástico
  • Lo nobiliario y lo popular.

Según Domínguez Ortiz, del entrecruzamiento de estos conceptos surgió el conocido esquema tripartito:

  • Un grupo conformado en función de criterios religiosos. Es el clero, poseedor de privilegios (Oratores)
  • Otro grupo conformado basándose en criterios político-sociales. Es la nobleza, también poseedora de privilegios (Bellatores)
  • Y otro definido por la exclusión y formado por quienes no pertenecían a ninguno de los anteriores. Este grupo ha recibido diversos nombres: tercer estado, estado general, pueblo llano (Laboratores)

Cada uno de estos grupos se denominó estamento, por ello se habla de sociedad estamental. Dicha división consagraba la impermeabilidad de cada grupo y, sobre todo, la diferenciación entre privilegiado o no.

Las personas nacían predestinadas a ser nobles o plebeyos y poco o nada podían hacer para variar esa situación. No obstante, en el caso de los eclesiásticos, este rasgo se rompía, pues no se accedía por nacimiento o herencia; fue el único estamento abierto a todos, al menos en teoría. Sin embargo, el dinero podía superar obstáculos legales y promover la movilidad social, incluso el acceso a la nobleza —a algunos de sus escalones al menos—. No obstante, la jerarquización social no se basaba, al menos nominalmente, en el poder económico, sino en el reconocimiento proporcionado por el resto de la sociedad a través del honor y la dignidad, expresados mediante el privilegio.

El estamento eclesiástico.

El clero era uno de los estamentos privilegiados. Disponía de sus propias instituciones y tribunales. Su financiación se basaba en el impuesto del diezmo —décima parte de la cosecha que se aplicaba a algunas producciones: cereales, vino, aceite, ganado, etc.—. Pero su mayor fuente de ingresos era las rentas que les proporcionaba la propiedad de las tierras. En el caso español también fueron importantes las rentas obtenidas de inversiones financieras en deuda pública o de sus numerosas propiedades urbanas.

Entre los privilegios legales que ostentaban estaban la exacción del servicio militar, así como de determinados impuestos.

Sus funciones no se limitaban al ejercicio del culto y, por tanto, a la intermediación entre las personas y Dios, sino que también estaban encargados de celebrar las festividades religiosas y proporcionar educación tanto en escuelas de pueblo como en universidades. Además, se encargaban de la asistencia social y sanitaria mediante la construcción y mantenimiento de orfanatos, hospitales, etc.

El clero se podía dividir en dos grupos:

  • El clero regular, formado por monjes y monjas y otros miembros de las órdenes religiosas que vivían en comunidad de acuerdo con una regla y hacían votos de castidad, pobreza y obediencia.
  • El clero secular, que incluía al resto de los miembros de la Iglesia (sacerdotes, vicarios, obispos, etc.) y no estaban sujetos a ninguna regla.

Pero el clero también se jerarquizaba en función de su poder político y, sobre todo, económico. A partir de esta diferenciación se puede establecer otra división:

  • Alto clero (obispos, abades, cardenales, arzobispos, etc.) que controlaban enormes riquezas y, en ocasiones, ocupaban altos cargos políticos. Eran también señores que disponían de grandes feudos.
  • Bajo clero. Formado por la mayoría de los sacerdotes, frailes, monjes y monjas. Vivían de forma modesta, incluso en la pobreza, y eran el grupo eclesiástico más cercano al pueblo llano.

La nobleza y la aristocracia.

Este estamento había ido perdiendo poder político conforme la monarquía absoluta abarcaba todos los poderes y cedía la administración del Estado a profesionales (abogados, diplomáticos, escribanos, …). Conservaba, no obstante, la dirección de los ejércitos y los cargos militares. Al igual que el clero, disponía de numerosos privilegios —tribunales propios, exacción de impuestos, …—, aunque existían numerosas diferencias internas, pues el grado de riqueza determinaba la posición social, aunque nunca perdían sus privilegios.

La aristocracia era el grupo nobiliario que poseía más poder. Estaba conformada por las grandes familias nobiliarias, ricas y poderosas a las que se les reservaban los altos cargos de la Administración y del ejército. Pero dentro de la nobleza existían también hidalgos sin tierras o caballeros que actuaban prácticamente como mercenarios. Los nombres de los distintos niveles nobiliarios varían según el país, pero es posible establecer la siguiente jerarquía: duque, marqués, conde, vizconde, barón e hidalgo (equivalente a infanzón o caballero).

A partir de mediados del siglo XVIII, buena parte de la nobleza comienza a perder parte de sus prerrogativas políticas y administrativas, que son asumidas directamente por la monarquía, pero también su preeminencia económica ante el enriquecimiento de la burguesía comercial. Por otra parte, los reyes aumentaron el número de nobles a través de su política de venta de títulos nobiliarios, hecho que devaluó su prestigio social.


El tercer estado o el pueblo llano.

El tercer estado o estado llano agrupa a todas aquellas personas que no se incluyen en el estamento eclesiástico o en el nobiliario. En prácticamente todas las sociedades europeas representaba más del 90 % de la población y sus rasgos socioeconómicos eran muy diversos, aunque todos tenían en común la carencia de privilegios jurídicos y económicos. Vamos a desglosar a los principales grupos sociales que lo componían.

La burguesía.

La burguesía era un grupo muy amplio y heterogéneo, pues incluía a propietarios de talleres artesanales, comerciantes, banqueros, funcionarios y profesionales (médicos, abogados, artistas, …). Su papel político era muy reducido —solamente podía acceder a ciertos cargos municipales en las ciudades—, excepto en algunos países como las Provincias Unidas, Suiza y parcialmente en Inglaterra, donde alcanzó niveles de poder elevados. Un caso singular es el de la Francia absolutista ya que la monarquía se apoyó en la burguesía para desarrollar la administración estatal en detrimento de la nobleza. Sus rasgos diferenciadores eran la riqueza y el hecho de no estar sometidos a ninguna servidumbre personal.

Jean J. de Boissieu (1767). Escena de interior. Museo del Louvre. Fuente: https://chemindepapier.blogspot.com/p/la-france-economique-et-sociale-au.html

Su papel económico era fundamental y proporcionaba al Estado abundantes rentas a través de los impuestos. Por ello, a partir del siglo XVIII, comenzó a demandar una mayor participación tanto en cargos políticos como eclesiásticos. Otra vía que siguió la burguesía como medio de ascenso social fue el de los matrimonios con una nobleza empobrecida.

Otros grupos urbanos.

En las ciudades vivía un amplio número de personas que tenían una posición socioeconómica inferior a la burguesía. Nos referimos a los aprendices y oficiales de los gremios, criados, empleados de las tiendas, etc. El grupo social más bajo lo formaban los pobres que no tenían trabajo y vivían de la caridad, así como los marginados sociales, dedicados a la mendicidad, la delincuencia o la prostitución.

Bartolomé E. Murillo (1645-1650). Joven mendigo. Museo del Louvre. Fuente:
https://es.wikipedia.org/wiki/Joven_mendigo

El campesinado.

Constituía la mayor parte de la población. También se puede dividir en al menos en dos subcategorías, pues su posición social podía variar notablemente. Así, algunos campesinos trabajaban las tierras de la nobleza como arrendatarios, mientras que otros eran siervos, es decir estaban sujetos a su señor y no podían abandonar la tierra libremente. Finalmente, existía un pequeño grupo de campesinos propietarios.

El nivel de vida de la mayoría siempre rozaba la mera subsistencia y sus posibilidades de mejora social eran nulas. Vivían del autoconsumo, lo que les quedaba después de pagar al señor y los diversos impuestos a la Iglesia y al Rey. Por esta razón no fueron infrecuentes las revueltas campesinas en toda Europa, especialmente en Francia.

Hermanos Le Nain (1642) . Familia campesina en un interior. Museo del Louvre. Fuente: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/7c/Famille_de_paysans_dans_un_interieur.jpg

La crisis de la sociedad estamental.

La sociedad de órdenes se desestabilizó por los cambios sociales y económicos que se desarrollaron a lo largo del siglo XVIII. La paulatina implantación del capitalismo y de sus nuevas relaciones sociales hicieron aparecer elementos que trastocaron el modelo feudal:

  • La desvaloración del papel social y político de la nobleza tradicional a causa del aumento de la autoridad real por un lado y del crecimiento del poder económico de la burguesía por otro.
  • El desprestigio de la justificación religiosa del modelo social, sacudida por la Reforma y la Contrarreforma.
  • La disminución del paper de la tierra como fuente de riqueza y poder, sustituida por las relaciones comerciales y por las nuevas manufacturas.

Bibliografía.

Domínguez Ortiz, A. (1973). Las clases privilegiadas en el Antiguo Régimen. Istmo: Madrid

Fernández de Pinedo, E., Gil Novales, A. y Dérozier, A. (1980) Centralismo, Ilustración y agonía del Antiguo Régimen. Labor: Barcelona.

Larousse Encyclopédie (s. f.) Ancien Régime. Recuperado de : https://www.larousse.fr/encyclopedie/divers/Ancien_R%C3%A9gime/105343

Lycée Ruffié. Tensions, mutations et crispations de la société d’ordres (XVIIe- XVIII siècles). Recuperado de: https://histgeorufppinquie.weebly.com/tensionsmutations-et-crispations-de-la-socieacuteteacute-dordres-xviie–xviiie.html

Wikipédia. L’encyclopédie libre. Société d’Ancien Régime. Recuperado de : https://fr.wikipedia.org/wiki/Soci%C3%A9t%C3%A9_d%27Ancien_R%C3%A9gime

sábado, 23 de noviembre de 2024

La sociedad del Antiguo Régimen

 

Caricatura sobre los impuestos antes de la Revolución francesa: clero y nobleza viviendo a costa del Tercer Estado. Escuela francesa, hacia 1789. Fuente: https://www.meisterdrucke.ie/fine-art-prints/French-School/966075/Cartoon-on-tax-before-the-Revolution:-Clergy-and-Noblesse-living-on-the-back-of-the-Third-State,-circa-1789.html


Concepto y origen.

Antiguo Régimen es una expresión que comenzó a utilizarse durante la Revolución francesa para referirse a la forma de gobierno y a la organización social imperantes antes de 1789. Aunque será Alexis de Tocqueville, ya en el siglo XIX, quien acabe definiéndola en su obra El Antiguo Régimen y la Revolución. La historiografía más reciente ha ampliado el análisis de la expresión hablando de la existencia de varios “Antiguos Regímenes”: el demográfico, el económico, el cultural, el social, etc. Explicar la totalidad del Antiguo Régimen requeriría un espacio del que no disponemos, por lo que vamos a detenernos solamente en uno de sus aspectos fundamentales:  la organización social

Normalmente, la cronología del Antiguo Régimen se establece entre los siglos XVI y finales del XVIII o principios del XIX, ya que existen pequeñas diferencias según la evolución histórica de cada país. 

Para muchos historiadores, este modelo socioeconómico es una continuidad del régimen feudal. De hecho, sus fundamentos teóricos se constituyeron durante la Edad Media sobre las bases del pensamiento caballeresco, que justificaba su papel social,  y de algunos postulados del cristianismo, en especial la concepción de que la sociedad era un todo orgánico inspirado en lo divino y en el que cada estamento tenía una relación simbiótica con los demás al realizar una función específica —rezar, combatir, trabajar— que beneficiaba al resto.

No obstante, también resulta obvio que la sociedad feudal fue evolucionando a lo largo de los siglos y surgieron nuevos elementos que la transformaron: el ascenso económico y político de la burguesía, la creciente diferenciación económica en el llamado estado llano o el creciente control de la nobleza por parte del poder real. Sin embargo, el campesinado —la absoluta mayoría de la población— siguió soportando la preeminencia de los derechos feudales y la opresión fiscal, sin apenas diferencias con lo que había ocurrido en el mundo feudal.

En la sociedad del Antiguo Régimen, los individuos  obtenían su posición social en función de la comunidad en la que nacían; su nacimiento determinaba también sus derechos y obligaciones jurídicas. Cada comunidad —que también puede denominarse orden, estamento, cuerpo o estado— tenía su estatus, sus deberes y sus privilegios que la identificaban y la distinguían de los demás. Se trata, por tanto, de una organización que se fundamentaba en la comunidad y no en el individuo, que está subordinado a su grupo de referencia, sea este la familia, el oficio, la ciudad o el pueblo, el señorío o la Iglesia. 

Como ya hemos señalado, en el mundo feudal, etapa de origen del Antiguo Régimen, la sociedad aparecía definida por dos grandes contraposiciones:
  • Lo seglar y lo eclesiástico
  • Lo nobiliario y lo popular.
Según Domínguez Ortiz, del entrecruzamiento de estos conceptos surgió el conocido esquema tripartito:
  • Un grupo conformado en función de criterios religiosos. Es el clero, poseedor de privilegios (Oratores)
  • Otro grupo conformado basándose en criterios político-sociales. Es la nobleza, también poseedora de privilegios (Bellatores)
  • Y otro definido por la exclusión y formado por quienes no pertenecían a ninguno de los anteriores. Estos grupos ha recibido diversos nombres: tercer estado, estado general, pueblo llano (Laboratores)

Cada uno de estos grupos se denominó estamento, por ello se habla de sociedad estamental. Dicha división consagraba la impermeabilidad de cada grupo y, sobre todo, la diferenciación entre privilegiado o no. 

Las personas nacían predestinadas a ser nobles o plebeyos y poco o nada podían hacer para variar esa situación. No obstante, en el caso de los eclesiásticos, este rasgo se rompía, ya que no se accedía por nacimiento o herencia; fue el único estamento abierto a todos, al menos en teoría. Sin embargo, el dinero podía superar obstáculos legales y promover la movilidad social, incluso el acceso a la nobleza —a sus escalones inferiores (hidalgos), eso sí—. No obstante, la jerarquización social no se basaba, al menos nominalmente, en el poder económico, sino en el reconocimiento proporcionado por el resto de la sociedad a través del honor y la dignidad, expresados mediante el privilegio.

El estamento eclesiástico.


El clero era uno de los estamentos privilegiados. Disponía de sus propias instituciones y tribunales. Su financiación se basaba en el impuesto del diezmo —décima parte de la cosecha que se aplicaba a algunas producciones: cereales, vino, aceite, ganado, etc.—. Pero su mayor fuente de ingresos era las rentas que les proporcionaba la propiedad de las tierras. En el caso español también fueron importantes las rentas obtenidas de inversiones financieras en deuda pública o de sus numerosas propiedades urbanas. 

Entre los privilegios legales que ostentaban estaban la exacción del servicio militar, así como de determinados impuestos.

Sus funciones no se limitaban al ejercicio del culto y a la intermediación entre las personas y Dios, sino que también estaban encargados de celebrar las festividades religiosas y proporcionar educación tanto en escuelas de pueblo como en universidades. Además, se encargaban de la asistencia social y médica mediante la construcción y mantenimiento de orfanatos, hospitales, etc.

Philippe de Champaigne, Ex Voto (1662), Museo del Louvre. Fuente : https://cercornum.univ-st-etienne.fr/reni/ex-voto-de-1662-la-mere-catherine-agnes-de-saint-paul-arnauld-et-la-soeur-catherine-de-sainte 


El clero se podía dividir en dos grupos:
  • El clero regular, formado por monjes y monjas y otros miembros de las órdenes religiosas que vivían en comunidad de acuerdo con una regla y hacían votos de castidad, pobreza y obediencia.
  • El clero secular, que incluía al resto de los miembros de la Iglesia (sacerdotes, vicarios, obispos, etc.) y no estaban sujetos a ninguna regla.
Pero el clero también se jerarquizaba en función de su poder político y, sobre todo, económico. A partir de esta división se puede establecer otra división:
  • Alto clero (obispos, abades, cardenales, arzobispos, etc.) que controlaban enormes riquezas y, en ocasiones, ocupaban altos cargos políticos. Eran también señores que disponían de grandes feudos.
  • Bajo clero. Formado por la mayoría de los sacerdotes, frailes, monjes y monjas. Vivían de forma modesta, incluso en la pobreza, y eran el grupo eclesiástico más cercano al pueblo llano.

La nobleza y aristocracia.

Este estamento había ido perdiendo poder político conforme la monarquía absoluta ampliaba sus poderes y cedía la administración del Estado a profesionales (abogados, diplomáticos, escribanos, …). Conservaba, no obstante, la dirección de los ejércitos y los cargos militares. Al igual que el clero, disponía de numerosos privilegios —tribunales propios, exacción de impuestos, …—, aunque existían numerosas diferencias internas, pues el grado de riqueza, determinaba su posición social. Pero, incluso empobrecidos, nunca perdían sus privilegios.

La aristocracia era el grupo nobiliario que poseía más poder. Estaba conformada por las grandes familias nobiliarias, ricas y poderosas y se les reservaba los altos cargos de la Administración y del ejército. 

Los nombres de los distintos niveles nobiliarios varían según el país, pero es posible establecer la siguiente jerarquía: duque, marqués, conde, vizconde, barón e hidalgo o infanzón.
Jean B. Charpentier. La familia del duque de Penthiève. 1768. Palacio de Versalles. Fuente: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:The_Family_of_the_Duke_of_Penthi%C3%A8vre.jpg

El tercer estado o pueblo llano.


El tercer estado o pueblo llano agrupa a todas aquellas personas que no se incluyen en el estamento eclesiástico o en el nobiliario. En prácticamente todas las sociedades europeas representaba más del 90 % de la población y sus rasgos socioeconómicos eran muy diversos, aunque todos tenían en común la carencia de privilegios jurídicos y económicos. Vamos a desglosar a los principales grupos sociales que lo componían.

La burguesía.

La burguesía era un grupo muy amplio y heterogéneo, pues incluía a propietarios de talleres artesanales, comerciantes, funcionarios y profesionales (médicos, abogados, artistas, …). Su papel político era muy reducido —solamente podía acceder a ciertos cargos municipales en las ciudades—, excepto en algunos países como las Provincias Unidas, Suiza y parcialmente en Inglaterra, donde alcanzó niveles de poder elevados.

Su papel económico era fundamental y proporcionaba al Estado abundantes rentas a través de los impuestos. Por ello, a partir del siglo XVIII, comenzó a demandar una mayor participación tanto en cargos políticos como eclesiásticos. La burguesía también utilizó la vía de los matrimonios con una nobleza empobrecida como medio de ascenso social.


Otros grupos urbanos.

En las ciudades vivía un amplio número de personas que tenían una posición socioeconómica inferior a la burguesía. Nos referimos a los aprendices y oficiales de los gremios, criados, empleados de las tiendas, etc.
El grupo social más bajo lo formaban los pobres que no tenían trabajo y vivían de la caridad, así como los marginados sociales, dedicados a la mendicidad, la delincuencia o la prostitución. 


Bartolomé E. Murillo. Joven mendigo. (1645-1650)


El campesinado.

Este sector social constituía la mayor parte de la población. También se puede dividir al menos en dos subcategorías, pues su posición social podía variar notablemente. Así, algunos campesinos trabajaban las tierras de la nobleza como arrendatarios, mientras que otros eran siervos, es decir estaban sujetos a su señor y no podían abandonar la tierra libremente. Junto a ellos, existía un pequeño grupo de campesinos propietarios.
El nivel de vida de la mayoría siempre rozaba la mera subsistencia y sus posibilidades de mejora social eran nulas. Por esta razón no fueron infrecuentes las revueltas campesinas en toda Europa, especialmente en Francia.

Louis Le Nain. Familia de campesinos. (1640). Fuente: https://artecrehaes.wordpress.com/2021/05/06/familia-de-campesinos/


La crisis de la sociedad estamental.

La sociedad de órdenes se desestabiliza por los cambios sociales y económicos que se desarrollan a lo largo del siglo XVIII. En esta centuria aparecen con solidez algunos elementos que trastocan el modelo:
  • La desvaloración del papel social y político de la nobleza tradicional a causa del aumento de la autoridad real por un lado y del crecimiento del poder económico de la burguesía por otro.
  • El desprestigio de la justificación religiosa del modelo social, sacudida por la Reforma y la Contrarreforma.

Bibliografía.

Domínguez Ortiz, A. (1973). Las clases privilegiadas en el Antiguo Régimen. Istmo: Madrid

Fernández de Pinedo, E., Gil Novales, A. y Dérozier, A. (1980) Centralismo, Ilustración y agonía del Antiguo Régimen. Labor: Barcelona.

Larousse Encyclopédie (s. f.) Ancien Régime. Recuperado de : https://www.larousse.fr/encyclopedie/divers/Ancien_R%C3%A9gime/105343

Lycée Ruffié. Tensions, mutations et crispations de la société d’ordres (XVIIe- XVIII siècles).

Wikipédia. L’encyclopédie libre. Société d’Ancien Régime. Recuperado de : https://fr.wikipedia.org/wiki/Soci%C3%A9t%C3%A9_d%27Ancien_R%C3%A9gime




































miércoles, 9 de octubre de 2024

La guerra de las Naranjas


El nombre.

El nombre del conflicto proviene de un chascarrillo que tuvo como protagonista a Manuel Godoy. Detenido este en Elvas durante su avance bélico, recibió como obsequio unas naranjas -un fruto exótico entonces- y se las envió a la reina María Luisa, a la sazón su amante, con el mensaje de que iba a tomar Lisboa.  Así, esta anécdota, utilizada como burla por sus opositores, sirvió para dar nombre a la guerra.

El contexto.

La guerra de las Naranjas fue un breve conflicto bélico que, durante 1801, enfrentó a España y Francia, por un lado, y a Portugal por otro.  La guerra ha de situarse en el contexto de las guerras napoleónicas. Bonaparte ya ocupaba el poder efectivo en Francia mediante el cargo de Primer Cónsul y, aunque había firmado la paz con Austria en este mismo año, no ocultaba que una de sus principales intenciones era la creación de un gran imperio europeo que adoptaría la forma de una federación dirigida por él. Este objetivo se enfrentaba al serio obstáculo que representaba la oposición británica al expansionismo francés. Y Portugal era un aliado fiel de Inglaterra por lo que Napoleón determinó la necesidad de doblegarla para que rompiera dicha alianza.

Jacques L. David (s.f.) Retrato ecuestre de Napoleón I Bonaparte.

Por evidentes razones geográficas, España se interponía entre Francia y Portugal. Estaba, por tanto, llamada a desempeñar un papel en cualquier acción que emprendiera Napoleón. Además, en esos momentos, España mantenía una alianza antibritánica con Francia. De hecho desde 1789 la política exterior española había oscilado notablemente en sus relaciones con la nación gala. Primero, tras el desencadenamiento de la Revolución francesa de 1789, la monarquía española inició un ciclo bélico contra los gobiernos revolucionarios franceses que comenzó con el  establecimiento de un cordón militar en la frontera pirenaica para impedir el flujo de las ideas revolucionarias. Estas medidas antifrancesas culminarían en 1793 cuando Godoy –un oficial con escasa experiencia política pero que contaba con el favor de la reina María Luisa– declaró la guerra a Francia tras el ajusticiamiento del rey francés Luis XVI. El principal poder militar de la España de finales del XVIII era su marina de guerra, pero la guerra con Francia debía de ser necesariamente terrestre y el ejército no tenía ni experiencia ni mucha capacidad de combate. Sin embargo Manuel Godoy -valido de Carlos IV- optó por desencadenar el conflicto. La guerra se prolongó hasta 1795, sufriendo España importantes pérdidas territoriales -Figueras, San Sebastian, Bilbao…-. El final de la guerra llegó con la Paz de Basilea (1795) por la que Francia devolvía sus conquistas a cambio de la parte española de la isla de Santo Domingo -actual República Dominicana-, sin embargo  la revolución en Haití  (1791-1804) hizo imposible la plasmación del acuerdo. Esta cesión significaba el inicio del retroceso español en América.

Francisco de Goya (1801) Godoy como general.

A partir de la citada Paz, España cambió su ciclo de alianzas exteriores vinculándose ahora a Francia a través de la firma del Tratado de San Ildefonso (1796). Inmediatamente después comenzó la guerra contra Inglaterra. El enfrentamiento con la potencia inglesa tuvo a la larga unas consecuencias desastrosas para los intereses españoles en América.

La marina inglesa se centró en los ataques al comercio americano: pérdida de la isla de Trinidad y derrota naval del cabo de San Vicente (1797), aunque también se produjeron derrotas inglesas en Cádiz y Santa Cruz de Tenerife. Los desastres diplomáticos y bélicos fueron tan graves que Carlos IV se vio obligado a destituir a Godoy, aunque el valido mantuvo bastante influencia política. La alianza con Francia se mantuvo aún con Godoy fuera del poder. El interés fundamental de Napoléon era afianzar el bloqueo continental contra Gran Bretaña y para ello necesitaba la escuadra española y doblegar a Portugal. Por esta razón obligó a España a declararle la guerra.

El desarrollo del conflicto.

El ataque a Portugal fue una acción conjunta franco-española que estaba prevista en uno de los artículos secretos del Tercer Tratado de San Ildefonso (1800) y que se concretó en el acuerdo del 29 de enero de 1801. En él se aprobó que el monarca español debía proponer determinadas exigencias al príncipe regente de Portugal -su yerno-: la ruptura de su alianza con Inglaterra , franquear sus puertos a los navíos españoles y franceses y entregar a España alguna provincia para compensar la pérdida de Menorca, Malta y Trinidad. Lógicamente el regente portugués se negó por lo que España le declaró la guerra el 27 de febrero de 1801.

Para llevarla a cabo tropas galas penetraron en la península y así 15.000 soldados franceses -que llegaron pocos días antes de iniciarse el conflicto- se sumaron a los 60.000 hombres del ejército español. Para dirigirlos se otorgó a Manuel Godoy el título de Generalísimo, que veía con ello una posibilidad de restaurar su prestigio. Este, a su vez, nombró al general Tomás de Morla como su jefe de Estado Mayor. Las tropas se dividieron en tres cuerpos de ejército: uno situado en el norte, en la línea del Miño,  compuesto por unos 20.000 hombres; otro, el mayor, de 30.000 hombres concentrados en la provincia de Badajoz; y un tercero de 10.000 hombres en el sur, frente a la región portuguesa del Algarve.

Fortaleza de Elvas. Fuente: ttps://hdnh.es/guerra-naranjas/

El ataque a Portugal comenzó el 20 de mayo y el ejército español conquistó mas de una docena de localidades. La fuerza principal avanzó hacia Elvas, mientras otros grupos lo hicieron hacia Campo Maior y hacia Olivenza. La resistencia portuguesa fue mínima y sus escasas fuerzas se rindieron con rapidez en la mayoría de las poblaciones. La mayor oposición se registró en Campo Maior, que fue sitiada y donde las fuerzas portuguesas resistieron durante 17 días y en Elvas, que no fue tomada hasta el final de la guerra.

La paz se firmó en el Tratado de Badajoz (6 de junio de 1801). Portugal aceptó cerrar sus puertos a los buques ingleses, otorgar ventajas comerciales a Francia, ceder Olivenza a España y Brasil a Francia y pagar una indemnización. Como represalia, una fuerza inglesa de 3.500 hombres bajo el mando del coronel Clinton ocupó, con el apoyo tácito de los portugueses, la isla de Madeira, que permaneció en sus manos hasta 1802.La vinculación de Portugal con España y Francia desapareció tras la batalla de Trafalgar (1805) en la que la fuerza naval hispano-francesa fue derrotada por los ingleses. Ello permitió a Portugal restaurar su vieja alianza con Inglaterra.

Territorio portugués cedido a España. Fuente: https://pt.wikipedia.org/wiki/Guerra_das_Laranjas

El conflicto también se desarrolló en América, concretamente en la región situada al norte del actual Uruguay, entre Argentina y Brasil. En esta zona también produjo una modificación de la frontera, en este caso a favor de Portugal.

Las consecuencias.

El viraje portugués hizo que Francia diera por cancelado el Tratado de Badajoz y decidiera invadir Portugal en 1807. En ese año se firmó el Tratado de Fontainebleau entre España y Francia que preveía la partición de Portugal en tres zonas: la parte norte para Napoleón, la zona centro para la casa real portuguesa (Braganza) cuando finalizara el conflicto, y la parte sur para Godoy. Para ello comenzó a trasladar tropas a través del territorio español dando lugar, pocos meses después al inicio de la Guerra de la Independencia entre España y Francia.Las conquistas territoriales provocadas por el conflicto intentaron resolverse en el Tratado de Viena (1817). Se afirmó la necesidad de que España devolviera Olivenza a Portugal. Pero ni España ni Portugal retornaron los territorios adquiridos durante el conflicto: Olivenza, ocupada por los españoles en la península, y Misiones del Este, ocupada por los portugueses en América.

Región de Misiones del Este (Misiones Orientales) ocupada por Portugal. Fuente: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/1/17/MisionesJesu%C3%ADticasYProvinciaOriental1811-1819.svg/2560px-MisionesJesu%C3%ADticasYProvinciaOriental1811-1819.svg.png

Bibliografía.

Batista González, J. (2007). España estratégica. Guerra y diplomacia en la historia de España. Silex.

ELICES, R. (2021, agosto 1). Olivenza, la guerra de las naranjas y la cultura de frontera. RTVE.es. https://www.rtve.es/television/20210801/guerra-naranjas-historicos-anonimos/2140505.shtml

Fernández de Pinedo, E., Gil Novales, A., & Dérozier, A. (1980). Centralismo, Ilustración y agonía del Antiguo Régimen (1715-1833). Ed. Labor.

Guerra de las Naranjas (20 de septiembre de 2021). En Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_las_Naranjas

La Guerra de las Naranjas: El conflicto impuesto por Napoleón – Observatorio de Seguridad y Defensa. (s. f.). Recuperado 20 de septiembre de 2021, de https://observatorio.cisde.es/archivo/10106/

Ruiz Torres, P. (2007). Reformismo e Ilustración. Marcial Pons/Crítica.

Las elecciones celebradas durante la Segunda República

El régimen político de la Segunda República española (1931-1939) significó la ruptura con la preponderancia secular del conservadurismo soci...