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jueves, 31 de agosto de 2017

Conflictos por la hegemonía en el mundo árabe: el enfrentamiento entre Arabia Saudí y Qatar


A principios del mes de junio se inició una crisis diplomática muy significativa en la península Arábiga. La ruptura de relaciones de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Barhreín, Egipto, Yemen y las Maldivas con Qatar pone fin a la ilusión de liderazgo que este último país intentaba tejer. Además, estos problemas diplomáticos se relacionan con otras cuestiones que afectan a la región: el drama sirio, la cuestión iraquí, el papel de Irán o al lucha contra el Daesh.
Oriente Próximo. Fuente: hhtp://geographicguide.com
El lunes, 5 de junio, los países ante citados rompieron sus relaciones diplomáticas con Qatar, tras varios días de creciente tensión. Esta acción se justificó con dos acusaciones dirigidas contra el micro-estado qatarí: respaldar al terrorismo por su apoyo al islámico político y la de buscar el acercamiento a Irán. En concreto, se le exige que cese en su respaldo a los Hermanos Musulmanes y a Hamás, que cierre la cadena por satélite Al Jazeera y que sea más beligerante contra Teherán. Estos argumentos ya fueron utilizados durante la crisis de 2014, que también enfrentó a Arabia Saudí, Barheín y EAU con Qatar. Las acusaciones no tienen muchos visos de realidad dado que, como todo país pequeño, Qatar busca un equilibrio entre los bloques dominantes en la región: el bloque encabezado por Arabia Saudí –sunita– y el dirigido por Irán –chiita–. La ruptura diplomática se acompañó con el corte de todas las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres. Ello representaba un grave problema para un país que importa un elevado porcentaje de los bienes que consume.
La situación geopolítica explica, en parte, la postura de Doha: la explotación compartida con Irán de su mayor reserva de gas natural; la búsqueda del paraguas militar norteamericano en vez del saudí; los lazos históricos con los Hermanos Musulmanes o el distanciamiento del CCG por la ineficacia de los procesos de regionalización, son componentes estructurales de la política exterior qatarí. Y esta se ha caracterizado, desde hace tiempo, por la independencia de sus decisiones y por la consecución de una capacidad de influencia muy superior a la que le permitiría el tamaño y la demografía del país.
Esta crisis ha sacudido profundamente al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), organismo creado en 1981, poco después de la creación de la República Islámica de Irán, la invasión de Afganistán por el ejército soviético (1979) y el desencadenamiento de la guerra entre Irán e Irak en 1980. El CCG se concibió como una respuesta a la inestabilidad de la zona y como un fortalecimiento de las monarquías árabes del Golfo Pérsico. A pesar de su enorme riqueza energética y financiera, su débil demografía y su vulnerabilidad militar respecto a sus vecinos (Irán, Irak, Egipto, Israel) les obligaban a estrechar sus relaciones. El CCG buscó también una cierta protección militar con los países occidentales, especialmente con Estados Unidos.
Desde su fundación, el CCG ha padecido diversas crisis, provocadas generalmente por la oposición entre Arabia Saudí y algunas de las otras monarquías. Riad siempre ha visto la península Arábiga como su área natural de influencia y donde más intensamente difunde su religión estatal –el wahabismo. Todo ello provoca desconfianza en las restantes monarquías y explica, por ejemplo, que el sultanato de Omán –un estado-nación con una fuerte identidad– siempre se haya mantenido lejos de los proyectos saudíes. Y, de hecho, este sultanato privilegia sus relaciones con Irán y Yemen, manteniéndose neutral en el conflicto que afecta a este último país.
Las consecuencias de esta crisis ya han parecido. La primera ha sido la caída del precio del petróleo, mientras que se estima poco probable una interrupción del suministro de gas –Qatar tiene las terceras reservas mundiales–, muy importante para Europa y Asia. Otra consecuencia es la ruptura del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), dividido en la forma de abordar los problemas regionales y, en especial, la postura frente a Irán. Ni Kuwait ni Omán han secundado las sanciones impulsadas por Arabia Saudí. Qatar cuenta con el apoyo de Turquía –con quien tiene un tratado de cooperación militar– pero también de Irán, que ve congratulada la división y crisis del CCG.
El origen de la actual ruptura se haya en la primavera de este año. Y viene de la mano del afianzamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí –consagrado en el viaje de Donald Trump a este país el 20 de mayo–, viaje que puso fin al enfriamiento de las mismas que se inició después del 11-S de 2001 y de la proliferación de sospechas de apoyo al islamismo por parte del régimen saudí. En estos años de enfriamiento, Qatar había asumido el estatus de aliado privilegiado de Estados Unidos en la región –plasmado en la implantación de la base militar norteamericana más importante en la región (Al Udied)–. Por ello la “reconciliación” entre Estados Unidos y Arabia Saudí le perjudicaría, especialmente cuando esta se vertebra sobre los principios de la lucha contra la financiación del terrorismo internacional y la voluntad de contener a Irán.
Base aérea de Al Udied. Fuente: http://desarrolloydefensa.blogspot.com.es
Fortalecida por el respaldo estadounidense, Arabia Saudí pretende ahora colocar a Qatar en una posición subordinada, propia de un micro-estado, e impedir que su política exterior sea independiente de los criterios emanados desde Riad. Esta posición de independencia se había visto fortalecida por el papel financiero del país, que le había proporcionado un verdadero protagonismo internacional a pesar de su tamaño. La enemistad entre ambos Estados, que tiene algo de fratricida, adopta hoy la forma de competencia, a pesar de que comparten bastantes estrategias comunes (diplomacia basada en el Soft Power generado por su potencia financiera, influencias en las diversas redes islamistas, etc.).
No se puede dejar de lado el cambio en la política exterior de Arabia Saudí que ha emprendido el nuevo rey Salmán, una política exterior más agresiva y hegemónica que busca encabezar el islam suní; este hecho también ayuda a comprender  tanto su intervención en la guerra de Yemen como esta ruptura de relaciones.
Ante estas perspectivas, las opciones de Qatar pueden derivar hacia un fortalecimiento de sus apoyos europeos –principalmente Francia y Gran Bretaña– y un aumento de los vínculos con Rusia, apoyados en acuerdos de defensa y de explotación gasística. En cualquier caso, el conflicto de las monarquías petroleras encrespa aún más el complicado panorama de la política de Oriente Próximo.
Bibliografía.
Dazi-Héni, F. (2017). El extraño conflicto del Golfo. Le Monde Diplomatique en español, 261.
Espinosa, Á. (2017a). Contradicciones, ambigüedades y mentiras en la crisis con Qatar. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/27/actualidad/1498553230_656838.html
Espinosa, Á. (2017b). La disputa diplomática con Qatar amenaza el equilibrio de poder en Oriente Próximo. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/10/actualidad/1497088773_409761.html
Valentini, V. (2017). Qatar. Les vicissitudes d’un micro-État du Golfe: perspectives théoriques de la crise. Diploweb.com La revue géopolitique. Retrieved from https://www.diploweb.com/Qatar-Les-vicissitudes-d-un-micro-Etat-du-Golfe-perspectives-theoriques-de-la-crise.html

viernes, 23 de marzo de 2012

La rebelión tuareg en Malí: la descolonización que no cesa

Desde el mes de enero de este año se está desarrollando una verdadera guerra civil en Malí; en ella se enfrentan los tuareg y el ejército maliense. Apenas  ha aparecido en los medios de comunicación españoles, donde parece interesar poco lo que ocurre en la región del Sahel.




A pesar de su relativa cercanía a nuestra península y de la importancia estratégica que tiene todo lo que en ella ocurra para vecinos tan relevantes como Marruecos o Argelia, se trata de una región un tanto olvidada. Solamente cuando hay alguna hambruna, un secuestro de occidentales o un golpe de Estado salta a la actualidad como ha ocurrido ahora con Malí.


El Sahel es una de las más inestables de África. La mayor parte de sus problemas proceden del proceso de colonización y de una descolonización que no respetó los intereses de los pueblos de la zona, creando estados artificiales que solamente respondían al interés de las potencias colonizadoras, Francia en este caso. Malí es un ejemplo paradigmático de ello; bajo unas mismas fronteras se unen dos pueblos distintos, enemigos históricos: los tuareg al norte, de cultura y lengua bereber (representan alrededor del 10 % de la población), y los de origen y cultura negra, que son mayoritarios pero divididos a su vez en diversas etnias, al sur. No obstante, la religión predominante en los dos pueblos es la musulmana , lo cual podría constituir un nexo de unión.

La integración de la población tuareg por parte del Estado maliense no se ha logrado y sus deseos de independencia han permanecido latentes. Ello se ha manifestado en sucesivas rebeliones:
  • 1964-65: el motivo fue una reforma agraria que atentaba contra las tierras tradicionales de los tuareg. La revuelta  se convirtió en una guerra de guerrillas que perdieron las tribus tuareg.
  • 1990-96: esta vez el objetivo era la consecución de la independencia o, al menos, de la autonomía. Se desarrolló en Malí y en Níger y el conflicto concluyó con un acuerdo que pretendió la integración de los tuareg en la vida política, en el ejército y en la vida económica del país.
  • 2007: también afectó a Malí y Niger. Su desencadenante fue el fracaso de la política de integración pactada en los acuerdos finales del anterior conflicto. 
La actual rebelión se inserta, por tanto, en un conflicto que estaba latente y es una manifestación más del mismo. Pero también puede contemplarse en el contexto de las denominadas revoluciones árabes y en el deseo de libertad de poblaciones tradicionalmente oprimidas. Su causa parece estar en la tradicional discriminación que padecen los tuareg y en la aspiración del grupo político que los representa (el  MNLA  o Movimiento Nacional de Liberación de Azawad) de lograr la independencia del territorio tuareg -conocido por ellos como Azawad-. En esta lucha son apoyados por otras tribus marginadas del poder en Mali. De la misma manera, cuentan también con la ayuda de numerosos militares tuareg del disuelto ejército de Gadafi.
Zona denominada Azawad

La rebelión tuareg afecta a las regiones del norte del país, aunque los rebeldes avanzan hacia el sur en estos momentos. Ha sido el descontento militar por estos avances y por las limitaciones a su actuación (políticas y logísticas) lo que ha ocasionado el golpe de Estado en Malí.


Hasta la caída de Gadafi, la zona era el escenario del enfrentamiento estratégico entre Argelia y Libia, siempre con la sombra francesa detrás. La antigua potencia colonial, y los países occidentales en general, observan con preocupación esta región donde la inestabilidad política, los problemas económicos y la debilidad de los Estados está favoreciendo la penetración del radicalismo islámico.

viernes, 25 de marzo de 2011

Cinco causas de la insurrección árabe


En el número de marzo de la excelente revista "Le Monde Diplomatique en español" el periodista e historiador Ignacio Ramonet realiza un excelente estudio de las causas de las insurrecciones que están produciéndose en los países árabes. Por su interés la reproduzco entera. Igualmente podéis consultarla en la web de la revista: http://www.monde-diplomatique.es/

Cuáles son las causas del vendaval de libertad que, de Marruecos a  Bahréin, pasando por Túnez, Libia y Egipto, sopla sobre el mundo árabe? ¿Por qué motivos estas simultáneas ansias de democracia se expresan precisamente ahora?
A estas dos preguntas, las respuestas son de diversa índole: histórica, política, económica, climática y social.

1. Histórica. Desde el final de la Primera Guerra Mundial y la implosion del Imperio otomano, el interés de las potencias occidentales por el mundo árabe (Oriente Próximo y África del Norte) ha tenido dos principales incentivos: controlar los hidrocarburos y garantizar un hogar nacional judío. Después de la Segunda Guerra Mundial y del traumatismo universal del Holocausto, la creación del Estado de Israel, en 1948, tuvo como contrapartida la llegada al poder, en varios Estados árabes liberados del colonialismo, de fuerzas antisionistas (opuestas a la existencia de Israel): de tipo “militar nacionalista” en Egipto y Yemen, o de carácter “socialista árabe” en Irak, Siria, Libia y Argelia.
Tres guerras perdidas contra Israel (en 1956, 1967 y 1973) condujeron a Egipto y a Jordania a firmar tratados de paz con el Estado judío y a alinearse con Estados Unidos que ya controlaba –en el marco de la Guerra Fría– todas las petromonarquías de la península Arábiga así como el Líbano, Túnez y Marruecos. De este modo, Washington y sus aliados occidentales mantenían sus dos objetivos prioritarios: el control del petróleo y la seguridad de Israel. A cambio, protegían la permanencia de feroces tiranos (Hasán II, el general Mubarak, el general Ben Alí, los reyes saudíes Faisal, Fahd y Abdalá, etc.) y sacrificaban cualquier aspiración democrática de las sociedades.

2. Política. En los Estados del pretendido “socialismo árabe” (Irak, Siria, Libia y Argelia), bajo los cómodos pretextos de la “lucha antiimperialista” y de la “caza de comunistas”, también se establecieron dictaduras de partido único, gobernadas con mano de hierro por déspotas de antología (Sadam Hussein, Al Assad padre e hijo, y Muamar al Gadafi, el más demencial de ellos). Dictaduras que garantizaban, por lo demás, el aprovisionamiento en hidrocarburos de las potencias occidentales y que no amenazaban realmente a Israel (cuando Irak pareció hacerlo fue destruido). De ese modo, sobre los ciudadanos árabes, cayó una losa de silencio y de terror.
Las olas de democratización se sucedían en el resto del mundo. Desaparecieron, en los años 1970, las dictaduras en Portugal, España y Grecia. En 1983, en Turquía. Tras la caída del muro del Berlín, en 1989, se derrumbó la Unión Soviética así como el “socialismo real” de Europa del Este. En América Latina cayeron las dictaduras militares en los años 1990. Mientras tanto, a escasos kilómetros de la Unión Europea, con la complicidad de las potencias occidentales (entre ellas España), el mundo árabe seguía en estado de glaciación autocrática.
Al no permitirse ninguna forma de expresión crítica, la protesta se localizó en el único lugar de reunión no prohibido: la mezquita. Y en torno al único libro no censurable: el Corán. Así se fueron fortaleciendo los islamismos. El más reaccionario fue difundido por Arabia Saudí con el decidido apoyo de Washington que veía en él un argumento para mantener a los pueblos árabes en la “sumisión” (significado de la palabra ‘islam’). Pero también surgió, sobre todo después de la “revolución islámica” de 1979 en Irán, el islamismo político que halló en los versos del Corán argumentos para reclamar justicia social y denunciar la corrupción, el nepotismo y la tiranía.
De ahí nacieron varias ramas más radicales, dispuestas a conquistar el poder por la violencia y la “Guerra Santa”. Así se engendró Al Qaeda...
Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, las potencias occidentales, con la complicidad de las “dictaduras amigas”, añadieron un nuevo motivo para mantener bajo férreo control a las sociedades árabes: el miedo al islamismo. En vez de entender que éste era la consecuencia de la carencia de libertad y de la ausencia de justicia social, agregaron más injusticia, más despotismo, más represión...

3. Económica. Varios Estados árabes padecieron las repercusiones de la crisis global iniciada en 2008. Muchos trabajadores de estos países, emigrados en Europa, perdieron su trabajo. El volumen de las remesas de dinero enviadas a sus familias disminuyó. La industria turística se marchitó. Los precios de los hidrocarburos (en aumento estas últimas semanas a causa de la insurrección popular en Libia) se depreciaron. Simultáneamente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) impuso, a Túnez, Egipto y Libia, programas de privatización de los servicios públicos, reducciones drásticas de los presupuestos del Estado, disminución del número de funcionarios... Unos severos planes de ajuste que empeoraron, si cabe, la vida de los pobres y sobre todo amenazaron con socavar la situación de las clases medias urbanas (las que tienen precisamente acceso al ordenador, al móvil y a las redes sociales)  arrojándolas a la pobreza.

4. Climática. En este contexto, ya de por sí explosivo, se produjo, el verano pasado, un desastre ecológico en una región alejada del mundo árabe. Pero el planeta es uno. Durante semanas, Rusia, uno de los principales exportadores de cereales del mundo, conoció la peor ola de calor y de incendios de su historia. Un tercio de su cosecha de trigo fue destruida. Moscú suspendió la exportación de cereales (que sirven también para nutrir al ganado) cuyos precios inmediatamente subieron un 45%. Ese aumento repercutió en los alimentos: pan, carne, leche, pollo... Provocando, a partir de diciembre de 2010, el mayor incremento de precios alimentarios desde 1990. En el mundo árabe, una de las principales regiones importadoras de esos productos, las protestas contra la carestía de la vida se multiplicaron...

5. Social. Añádase a lo precedente: una población muy joven y unos monumentales niveles de paro. Una imposibilidad de emigrar porque Europa ha blindado sus fronteras y establecido descaradamente acuerdos para que las autocracias árabes se encarguen del trabajo sucio de contener a los emigrantes clandestinos. Un acaparamiento de los mejores puestos por las camarillas de las dictaduras más arcaicas del planeta...
Faltaba una chispa para encender la pradera. Hubo dos. Ambas en Tunez. Primero, el 17 de diciembre, la auto-immolación por fuego de Mohamed Buazizi, un vendedor ambulante de fruta, como signo de condena de la tiranía. Y segundo, repercutidas por los teléfonos móviles, las redes sociales (Facebook, Twitter), el correo electrónico y el canal Al-Yazeera, las revelaciones de WikiLeaks sobre la realidad concreta del desvergonzado sistema mafioso establecido por el clan Ben Alí-Trabelsí.
El papel de las redes sociales ha resultado fundamental. Han permitido franquear el muro del miedo: saber de antemano que decenas de miles de personas van a manifestarse un día D y a una hora H es una garantía de que uno no protestará aislado exponiéndose en solitario a la represión del sistema. El éxito tunecino de esta estrategia del enjambre iba a convulsionar a todo el mundo árabe.  

domingo, 6 de marzo de 2011

Las revueltas en el mundo árabe y Europa

Ya hemos dedicado varias entradas a las revueltas que se están produciendo en el mundo árabe. Se trata de procesos históricos positivos porque pretender implantar regímenes democráticos allá donde antes había dictaduras o autocracias. Pero como ya hemos señalado, estos fenómenos también pueden significar un empeoramiento de la situación económica de Europa . Su proximidad geográfica y su dependencia del petróleo y del gas de esta zona la hace especialmente vulnerable.
Algunos analistas ya han hecho previsiones sobre lo que podría ocurrir en caso de que la inestabilidad de la zona se prolongase más tiempo. Y aunque la historia es el análisis del pasado, también nos puede mostrar aquello que es previsible que ocurra. Es solamente una posibilidad pero la prospectiva debe servirnos para prevenir. Cicerón ya lo sabía cuando escribió aquello de Historia magistra vita est en el siglo I antes de Cristo.
El siguiente mapa conceptual sintetiza varias informaciones para esbozar una prospectiva de la situación.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Las consecuencias de las revueltas en el mundo árabe

Las revueltas que están teniendo lugar en algunos países del mundo árabe -Túnez, Egipto, Barheim, Yemen, Marruecos, Libia,…- se han cobrado ya numerosas víctimas humanas, especialmente en Libia al parecer; pero en todos los países las ha habido. También se han producido destrucciones  de bienes y edificios. Son, lamentablemente, manifestaciones consustanciales a los fenómenos revolucionarios. Pero sus ondas también llegan hasta nosotros, aunque desde luego no de forma tan trágica.
La inestabilidad de la zona y los graves problemas y el grado de violencia que están aconteciendo en Libia, importante país productor, ya han provocado una elevación de los precios del petróleo que va a afectar notablemente a nuestras economías, agravando la ya difícil situación (ver gráfico adjunto).
En un mundo tan interconectado no nos podemos considerar a salvo de los cambios que ocurren en otros continentes porque directa o indirectamente nos acaban afectando. Por ello no podemos permanecer indiferentes, por solidaridad con los que luchan por la democracia y por nuestros propios intereses.

Fuente: EL PAÍS

Las elecciones celebradas durante la Segunda República

El régimen político de la Segunda República española (1931-1939) significó la ruptura con la preponderancia secular del conservadurismo soci...