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jueves, 31 de agosto de 2017

Conflictos por la hegemonía en el mundo árabe: el enfrentamiento entre Arabia Saudí y Qatar


A principios del mes de junio se inició una crisis diplomática muy significativa en la península Arábiga. La ruptura de relaciones de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Barhreín, Egipto, Yemen y las Maldivas con Qatar pone fin a la ilusión de liderazgo que este último país intentaba tejer. Además, estos problemas diplomáticos se relacionan con otras cuestiones que afectan a la región: el drama sirio, la cuestión iraquí, el papel de Irán o al lucha contra el Daesh.
Oriente Próximo. Fuente: hhtp://geographicguide.com
El lunes, 5 de junio, los países ante citados rompieron sus relaciones diplomáticas con Qatar, tras varios días de creciente tensión. Esta acción se justificó con dos acusaciones dirigidas contra el micro-estado qatarí: respaldar al terrorismo por su apoyo al islámico político y la de buscar el acercamiento a Irán. En concreto, se le exige que cese en su respaldo a los Hermanos Musulmanes y a Hamás, que cierre la cadena por satélite Al Jazeera y que sea más beligerante contra Teherán. Estos argumentos ya fueron utilizados durante la crisis de 2014, que también enfrentó a Arabia Saudí, Barheín y EAU con Qatar. Las acusaciones no tienen muchos visos de realidad dado que, como todo país pequeño, Qatar busca un equilibrio entre los bloques dominantes en la región: el bloque encabezado por Arabia Saudí –sunita– y el dirigido por Irán –chiita–. La ruptura diplomática se acompañó con el corte de todas las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres. Ello representaba un grave problema para un país que importa un elevado porcentaje de los bienes que consume.
La situación geopolítica explica, en parte, la postura de Doha: la explotación compartida con Irán de su mayor reserva de gas natural; la búsqueda del paraguas militar norteamericano en vez del saudí; los lazos históricos con los Hermanos Musulmanes o el distanciamiento del CCG por la ineficacia de los procesos de regionalización, son componentes estructurales de la política exterior qatarí. Y esta se ha caracterizado, desde hace tiempo, por la independencia de sus decisiones y por la consecución de una capacidad de influencia muy superior a la que le permitiría el tamaño y la demografía del país.
Esta crisis ha sacudido profundamente al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), organismo creado en 1981, poco después de la creación de la República Islámica de Irán, la invasión de Afganistán por el ejército soviético (1979) y el desencadenamiento de la guerra entre Irán e Irak en 1980. El CCG se concibió como una respuesta a la inestabilidad de la zona y como un fortalecimiento de las monarquías árabes del Golfo Pérsico. A pesar de su enorme riqueza energética y financiera, su débil demografía y su vulnerabilidad militar respecto a sus vecinos (Irán, Irak, Egipto, Israel) les obligaban a estrechar sus relaciones. El CCG buscó también una cierta protección militar con los países occidentales, especialmente con Estados Unidos.
Desde su fundación, el CCG ha padecido diversas crisis, provocadas generalmente por la oposición entre Arabia Saudí y algunas de las otras monarquías. Riad siempre ha visto la península Arábiga como su área natural de influencia y donde más intensamente difunde su religión estatal –el wahabismo. Todo ello provoca desconfianza en las restantes monarquías y explica, por ejemplo, que el sultanato de Omán –un estado-nación con una fuerte identidad– siempre se haya mantenido lejos de los proyectos saudíes. Y, de hecho, este sultanato privilegia sus relaciones con Irán y Yemen, manteniéndose neutral en el conflicto que afecta a este último país.
Las consecuencias de esta crisis ya han parecido. La primera ha sido la caída del precio del petróleo, mientras que se estima poco probable una interrupción del suministro de gas –Qatar tiene las terceras reservas mundiales–, muy importante para Europa y Asia. Otra consecuencia es la ruptura del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), dividido en la forma de abordar los problemas regionales y, en especial, la postura frente a Irán. Ni Kuwait ni Omán han secundado las sanciones impulsadas por Arabia Saudí. Qatar cuenta con el apoyo de Turquía –con quien tiene un tratado de cooperación militar– pero también de Irán, que ve congratulada la división y crisis del CCG.
El origen de la actual ruptura se haya en la primavera de este año. Y viene de la mano del afianzamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí –consagrado en el viaje de Donald Trump a este país el 20 de mayo–, viaje que puso fin al enfriamiento de las mismas que se inició después del 11-S de 2001 y de la proliferación de sospechas de apoyo al islamismo por parte del régimen saudí. En estos años de enfriamiento, Qatar había asumido el estatus de aliado privilegiado de Estados Unidos en la región –plasmado en la implantación de la base militar norteamericana más importante en la región (Al Udied)–. Por ello la “reconciliación” entre Estados Unidos y Arabia Saudí le perjudicaría, especialmente cuando esta se vertebra sobre los principios de la lucha contra la financiación del terrorismo internacional y la voluntad de contener a Irán.
Base aérea de Al Udied. Fuente: http://desarrolloydefensa.blogspot.com.es
Fortalecida por el respaldo estadounidense, Arabia Saudí pretende ahora colocar a Qatar en una posición subordinada, propia de un micro-estado, e impedir que su política exterior sea independiente de los criterios emanados desde Riad. Esta posición de independencia se había visto fortalecida por el papel financiero del país, que le había proporcionado un verdadero protagonismo internacional a pesar de su tamaño. La enemistad entre ambos Estados, que tiene algo de fratricida, adopta hoy la forma de competencia, a pesar de que comparten bastantes estrategias comunes (diplomacia basada en el Soft Power generado por su potencia financiera, influencias en las diversas redes islamistas, etc.).
No se puede dejar de lado el cambio en la política exterior de Arabia Saudí que ha emprendido el nuevo rey Salmán, una política exterior más agresiva y hegemónica que busca encabezar el islam suní; este hecho también ayuda a comprender  tanto su intervención en la guerra de Yemen como esta ruptura de relaciones.
Ante estas perspectivas, las opciones de Qatar pueden derivar hacia un fortalecimiento de sus apoyos europeos –principalmente Francia y Gran Bretaña– y un aumento de los vínculos con Rusia, apoyados en acuerdos de defensa y de explotación gasística. En cualquier caso, el conflicto de las monarquías petroleras encrespa aún más el complicado panorama de la política de Oriente Próximo.
Bibliografía.
Dazi-Héni, F. (2017). El extraño conflicto del Golfo. Le Monde Diplomatique en español, 261.
Espinosa, Á. (2017a). Contradicciones, ambigüedades y mentiras en la crisis con Qatar. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/27/actualidad/1498553230_656838.html
Espinosa, Á. (2017b). La disputa diplomática con Qatar amenaza el equilibrio de poder en Oriente Próximo. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/10/actualidad/1497088773_409761.html
Valentini, V. (2017). Qatar. Les vicissitudes d’un micro-État du Golfe: perspectives théoriques de la crise. Diploweb.com La revue géopolitique. Retrieved from https://www.diploweb.com/Qatar-Les-vicissitudes-d-un-micro-Etat-du-Golfe-perspectives-theoriques-de-la-crise.html

domingo, 21 de mayo de 2017

Los jemeres rojos: cuando el sueño de la razón produce monstruos




Nos asombramos y escandalizamos, con razón, de la ferocidad que pueden alcanzar los regímenes totalitarios en su paranoia represiva. Enseguida nos vienen a la mente los campos de exterminio nazis o el Gulag siberiano de Stalin.  Ello es lógico tanto por la cantidad de víctimas que ocasionaron cada uno de ellos como por el predominio de una visión eurocéntrica en el análisis histórico más divulgado. Pero han existido otros genocidios que, con un criterio de proporcionalidad, han sido más terribles, baste ahora recordar tres: el genocidio de Ruanda, el de Camboya (o Kampuchea) y el Gran Salto Adelante de Mao Zedong.
1. Introducción histórica.
Camboya se independizó de Francia en 1953, conformándose como una monarquía bajo el reinado de Norodom Sihanouk. Se inició entonces un proceso de modernización económica y social que comenzó a truncarse con el inicio de la intervención norteamericana en el vecino Vietnam; cuando Sihanouk intentó preservar su país de la guerra fue respondido por EE.UU. con un golpe de estado que aupó al poder al general Lon Nol, más favorable a consentir su intervención en suelo camboyano para atacar al vietcong. En el contexto de la lucha contra la dictadura militar y los Estados Unidos surgieron los Jemeres Rojos, que acabaron tomando el poder el 1 de abril de 1975. Su base política fue el Partido Comunista de Camboya, creado en 1951 y que en los años setenta cambiaría su nombre por el de Partido Democrático de Camboya. La toma del poder de esta guerrilla significó la imposición de un régimen político dictatorial aunque, imitando a los regímenes comunistas de Europa, adoptó la denominación oficial de República Popular de Kampuchea. Pol Por fue su principal dirigente.
Entrada de los Jemeres Rojos en Phnom Pehn. Fuente: http://elordenmundial.com/
2. La ideología y la acción política.
El comunismo camboyano se inspiraba ideológicamente en la interpretación maoísta del marxismo y su objetivo era crear un modelo de sociedad basado en la explotación agraria y en el modo de vida rural. En su interpretación de la lucha de clases, el campesinado era la fuerza revolucionaria. El odio a la industrialización y al capitalismo provenía de la consideración de que la modernización y el progreso científico y tecnológico eran formas de colonialismo. Esta postura ideológica se mezcló con un nacionalismo xenófobo, principalmente antivietnamita y antinorteamericano.
Para lograr el objetivo señalado aplicaron un estricto control de los camboyanos mediante crueles métodos totalitarios que significaron la militarización de la población y la práctica cotidiana de detenciones, torturas y asesinatos.
El programa genocida se basó en estos fundamentos:
  • La creación de una sociedad agraria basada en los principios del igualitarismo extremo. Toda propiedad privada quedó prohibida, incluidos los objetos personales y la comida. Esta era proporcionaba por el Estado.
  • Se impidió la utilización de las máquinas fabricadas en el extranjero –que eran todas–, la lectura de textos en otras lenguas, etc. Se asesinó a toda la población que hubiese recibido cualquier tipo de formación; el país se quedó sin profesionales: médicos, maestros, ingenieros,… Se llegó a asesinar personas por llevar gafas. Se suprimieron las escuelas, las universidades, los hospitales, …
  • La vida urbana fue suprimida y las ciudades despobladas. Las personas capaces de trabajar, independientemente de su profesión, fueron enviadas al campo a cultivar la tierra de forma forzada.
  • Toda la población fue sometida a sesiones de reeducación mediante la enseñanza de la doctrina jemer. Si la persona no se reeducaba era asesinada.
  • Para fomentar el aislamiento del país se sembraron de minas antipersonales todas las fronteras.
Niños camboyanos trabajando en el campo. Fuente: https://s-media-cache-ak0.pinimg.com
3. El genocidio.
El genocidio camboyano afectó a todos los sectores de la población; incluso los mismos miembros de los jemeres fueron sus víctimas y las causas no fueron solamente las ejecuciones sino también las enfermedades, el hambre y los trabajos forzados. Cualquier sospechoso de oponerse a la revolución jemer o de haber recibido una formación técnica o universitaria era arrestado  y enviado a centros de detención donde muchos morían después de recibir torturas casi diarias –latigazos, descargas eléctricas, aceite hirviendo, …–. Se calcula, por ejemplo, que unas quince mil personas ingresaron en el campo S-21 Tuoi Seng, situado en Phnom Penh, y que solamente diez consiguieron salir vivas de él.
Osario de víctimas de los Jemeres en Phnom Penh. Fuente: http://elpais.com/
Algunos de los protagonistas de las detenciones eran niños que también combatían como soldados. Se anticiparon así a la creación de la figura de los niños soldados que se expandió desde finales del siglo pasado en los conflictos africanos. Este protagonismo les fue concedido porque los líderes jemeres pensaban que los niños no estaban contaminados por las influencias capitalistas y colonialistas y eran, por tanto, una generación “pura” que sería la responsable de sacar al país del subdesarrollo.
Khmer Rouge Guerrilla soldiers. Fuente: Daily Mail
Por el número proporcional de sus víctimas –entre millón y medio y tres millones, de una población de 12 millones de personas– nos enfrentamos a uno de los mayores genocidios documentados de la humanidad. Afortunadamente la política genocida duró poco porque gobernaron poco tiempo: sólo cuatro años, entre 1975 y 1979.
Las víctimas de tal genocidio no fueron solamente los opositores, técnicos o intelectuales. Se eliminó también a la población musulmana de la etnia cham, a las familias con ascendencia vietnamita, a los creyentes de otras religiones –todos los monjes budistas fueron obligados a abandonar sus monasterios y los trasladaron a campos de trabajo, donde se piensa que murieron unos 55.000–.
Zonas controladas por los jemeres rojos hasta 1998. Fuente: https://openendedsocialstudies.files.wordpress.com
El final del régimen de los Jemeres se produjo gracias a una intervención militar vietnamita en 1978. La proliferación de conflictos fronterizos y la llegada masiva de refugiados a Vietnam provocaron la invasión militar para la que contaron con la colaboración de opositores a los Jemeres
Perdido el poder, se refugiaron en las áreas boscosas del oeste del país desde donde iniciaron una guerra de guerrillas contra el nuevo gobierno pro vietnamita. El conflicto se prolongó hasta la muerte de Pol Pot en 1998.
El nuevo régimen posibilitó el descubrimiento y la investigación del genocidio del régimen Jemer. Veinticinco años después la ONU creó una Cámara Especial dentro de los Tribunales de Camboya con el objeto de perseguir y enjuiciar a los responsables del genocidio. Esta cámara, que comenzó a operar en 2007, está formada tanto por magistrados camboyanos como por otros internacionales y ya han sido varios los criminales enjuiciados y condenados.
Actuación del Tribunal Internacional. Fuente: AFP
5. El juego geopolítico.
Durante el conflicto vietnamita la guerrilla de los jemeres rojos colaboró con el vietcong en su enfrentamiento con Estados Unidos. La derrota estadounidense dejó aislada a la república del general Lon Nol y poco después de que se retiraran todos los ciudadanos estadounidenses de Camboya, las tropas de los jemeres entraron en la capital e instauraron su régimen, al que denominaron la Kampuchea Democrática.
En nuevo gobierno jemer tomó distancias con Vietnam y se acercó a China. Ello variaba la geopolítica tradicional de la península de Indochina, pues Vietnam no veía con buenos ojos la presencia de un aliado chino a su espalda. La tensión entre ambos países se plasmó en la invasión vietnamita de 1978, que fue bien vista por la mayoría de países. No obstante, la presencia de un aliado de la URSS en la misma frontera tailandesa tampoco era aceptada por Estados Unidos ni por China. Por ello las guerrillas de los jemeres recibieron armamento británico y norteamericano para sostener su lucha contra Vietnam, que permaneció en el país hasta 1989. En esa década Camboya se convirtió en el epicentro de la guerra fría en Indochina, enfrentándose Vietnam y la URSS por un lado, y los Jemeres Rojos, con la ayuda de Estados Unidos, Gran Bretaña y China, por otro.
En el año 1991 se formó un gobierno de coalición, presidido por el príncipe Norodom Sihanouk, y del que también formaron parte los Jemeres Rojos; desde entonces el país ha entrado en una vía de normalización internacional.
Bibliografía:
Affonço, D. (2010). El infierno de los jemeres rojos. Barcelona: Libros del Asteriode.
Aguirre, M. (2009). Camboya. El legado de los Jemeres Rojos. Madrid: El Viejo Topo.
Jemeres rojos (Sin fecha). En Wikipedia. Recuperado el 08/05/2017 de https://es.wikipedia.org/wiki/Jemeres_rojos
Rivas Moreno, J. J. (2015). Pol Pot y el genocidio de Camboya. Retrieved from http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/01/12/54b3a210ca4741563b8b457a.html
Salazar, F. (2016). El devenir del año cero, los Jemeres Rojos en Camboya. Retrieved from El Orden Mundial en el siglo XXI website: http://elordenmundial.com/2016/09/15/los-jemeres-rojos-camboya/
Excepcional interés tienen también las películas: Los gritos del silencio (1984), de Roland Joffé y Primero mataron a mi padre: una hija recuerda (2017) de Angelina Jolie

sábado, 6 de mayo de 2017

Los territorios no autónomos: el colonialismo en el siglo XXI


La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog Sobre Historia

https://miradahistorica.com/2017/05/02/los-territorios-no-autonomos-el-colonialismo-en-el-siglo-xxi/ 

El concepto de colonialismo ha caído en un cierto desuso porque ha quedado asociado a procesos históricos propios de los siglos XIX y XX y, en consecuencia, resulta extraño al devenir del siglo XXI. Pero es una falsa apariencia: continúan existiendo colonias. Es cierto que el colonialismo actual poco tiene que ver con el colonialismo que caracterizó los siglos pasados, por ello resulta necesario establecer unos criterios conceptuales que nos permitan saber de qué estamos hablando.
El colonialismo o imperialismo colonial se desarrolló entre finales del siglo XIX y principios del XX. Consistió en la ocupación militar, el dominio político y la explotación económica de un territorio que es controlado por una minoría de funcionarios, militares y empresarios que ejercen el poder sobre una población nativa más numerosa, catalogada como inferior y marginada  de todos los órganos de dirección del territorio. Las relaciones entre metrópoli y territorio colonial tienden siempre a favorecer a la primera en detrimento de la segunda y la finalidad del domino puede ser económica, estratégica o política. Estas características no definen el colonialismo actual.
Nativos africanos rinden pleitesía a las tropas británicas. Finales del s. XIX. Fuente: http://www.occupy.com/
Otro concepto que podría prestarse a confusión utilizándose para explicar el fenómeno que vamos a analizar es el de neocolonialismo. El neocolonialismo implica que la dominación ya no se realiza mediante el control político y militar directo, ya que el territorio ha logrado la independencia de la metrópoli, sino  que la prevalencia se efectúa a través de las relaciones de dependencia económica, dirigidas ahora por las grandes empresas y aplicadas mediante el control de los mercados internacionales. Aunque es cierto que este fenómeno sí continúa mostrándose en la actualidad tampoco lo podemos aplicar al caso que nos ocupa que es bien diferente ya que los territorios en cuestión no son independientes..
Como ejemplo representativo del tipo de relación que nos interesa hemos escogido las colonias que Gran Bretaña aún mantiene bajo su dominio. Este país todavía conserva once de los dieciséis territorios no autónomos reconocidos por la Organización de Naciones Unidas. A estos hay que sumar otros territorios con situaciones jurídicas de distinta índole pero con características políticas, estratégicas y económicas parecidas.
Ya hemos señalado que para intentar comprender este fenómeno no nos sirven los conceptos mencionados antes. Las relaciones entre la metrópoli y la colonia son de índole distinta a las clásicas relaciones coloniales de la misma manera que los derechos y posibilidades sociales, políticas y económicas  de la población de estos territorios son muy diferentes de los que poseían los pueblos colonizados en el siglo pasado. Todas estas colonias se gestionan mediante acuerdos entre la población autóctona y la metrópoli. En estos acuerdos se establece que la presencia británica está representada por un gobernador elegido por la Reina que asume la defensa y las relaciones exteriores, mientras que un parlamento y un gobierno propio llevan a cabo la gestión interna del territorio.
Bandera británica ondeando en Gibraltar.
Fuente: The Telegraph
El listado de estos territorios es el siguiente: Islas Malvinas –incluidas las Islas Sandwich del Sur–, Gibraltar, Anguila, Bermudas; Islas Caimán, Islas Turcas y Caicos, Pitcain, Islas Vírgenes Británicas, Monserrat, Santa Elena –más Ascensión y Tristán de Acuña–, Tokelau y el Territorio Británico del Océano Índico (BIOT). Son enclaves del antiguo imperio colonial británico y, exceptuando Gibraltar, se trata de pequeños archipiélagos esparcidos por el Caribe, el Atlántico Sur, el Océano Índico y el Pacífico. Junto a las islas de Guernsey, Jersey e Isla de Man, situadas estas en el Canal de la Mancha,  conforman los llamados Territorios Británicos de Ultramar.
Territorios coloniales y regiones externas de la UE.
Fuente: Wikipedia
La casuística del interés británico en estos territorios obedece a tres tipos de razones. La primera es de tipo estratégico. Algunos enclaves cuentan con importantes bases militares, navales o aéreas, que resultan imprescindibles para el mantenimiento del status quo  de Gran Bretaña como gran potencia: Gibraltar, Ascensión, Diego García (en el BIOT). Estas bases aportan también una inyección económica destacable a unos territorios que cuentan con escasas riquezas naturales –salvo quizás las Malvinas– más allá de las posibilidades que les da el aprovechamiento turístico.
Submarino nuclear HMS Ambush en Gibraltar. Fuente: http://radiobahiagibraltar.es/
En segundo lugar podemos destacar el interés económico. No se trata de explotar los recursos naturales, muy escasos como ya hemos apuntado; actualmente la mayoría de estos enclaves se han constituido en paraísos fiscales donde han instalado sus sedes infinidad de empresas, bancos internacionales y financieras que mantienen opacas sus operaciones y donde se les aplican tasas impositivas sumamente bajas. Este tipo de empresas han reforzado su papel en la actual economía globalizada.
Gran Bretaña, junto a otros países,  sigue protegiendo las practicas fiscales evasoras de muchas de estas empresas porque su sistema financiero se beneficia con ello. Es lo que ocurre en Gibraltar, Anguila, Bermudas, Guernsey, Isla de Man, Islas Caimán, Islas Turcas y Caicos, Islas Vírgenes Británicas, Jersey, y Monserrat. Como puede observarse la lista de paraísos fiscales bajo dominio británico es larga.  En las Islas Caimán, por ejemplo, con una población de unos 60.000 habitantes tienen su sede  260 bancos, 9.000 fondos de inversión y 80.000 empresas. La presencia de bancos y empresas en estos lugares beneficia también a su población al crear riqueza económica y puestos de trabajo. Estas actividades resultan, en conclusión, muy lucrativas tanto para el territorio como para Gran Bretaña. No existe, por tanto, una oposición de intereses entre metrópoli y dominio sino una conveniencia mutua.
Mapa de los paraísos fiscales. Fuente: EL MUNDO
Paraísos fiscales en el Caribe. Fuente: http://www.cancilleria.gob.ec/
En tercer lugar, el interés británico en mantener bajo su dominio estos territorios tiene también un componente de prestigio político. Abandonar uno de estos enclaves por presiones o mediante el uso de la fuerza es inconcebible porque atentaría contra su rol de potencia democrática. Su control se justifica moral y políticamente en el respeto al deseo de la población. En principio, el argumento es difícilmente rebatible pero se olvida también que una parte importante de la población de esos territorios es británica o tiene esa nacionalidad y que, además, los niveles de vida que poseen se deben a prácticas económicas poco compatibles con los estándares de legalidad y competencia leal, que no serían posibles sin la protección británica. Beneficios que también se perderían en caso de desmantelarse las bases militares británicas. Por ello cuando se ha consultado a la población, los resultados han sido obvios: mantener el estatus actual –referéndums en Malvinas (2013, con el 99,8 % de votos favorables a seguir bajo el dominio británico) y Gibraltar (2002 con el 98,4 % favorable a mantenerlo)–. Estos plebiscitos, además, solamente se han celebrado en los dos únicos enclaves que son reclamados por otros países. Pero esta justificación olvida algo fundamental: que la naturaleza de su existencia es el hecho colonial, aunque este haya variado sus características con el paso del tiempo y constituya ya no una carga sino un beneficio.
Bibliografía.
BBC Mundo. (2010). Lo que queda por descolonizar 50 años después de la resolución de la ONU. Recuperado 1 de mayo de 2017, a partir de http://www.bbc.com/mundo/noticias/2010/12/101213_descolonizacion_aniversario_comite_onu_jp.shtml
Hernández Sandioca, E. (2014). El colonialismo (1815-1873): estructuras y cambios en los imperios coloniales. Madrid: Síntesis.
Hernández Vigueras, J. (2005). Los paraísos fiscales. Madrid: Akal.
Martín, A. (s. f.). Gibraltar y las otras colonias del siglo XXI. Recuperado 28 de abril de 2017, a partir de http://www.20minutos.es/noticia/858799/0/gibraltar/colonias/siglo-XXI/
ONU. (s.f.). Las Naciones Unidas y la descolonización. Recuperado 1 de mayo de 2017, a partir de http://www.un.org/es/decolonization/questions_answers.shtml
Quílez, R. (2012). Territorios no autónomos. Las colonias del siglo XXI. Recuperado 1 de mayo de 2017, a partir de http://www.elmundo.es/especiales/2012/internacional/malvinas/otros-territorios/

domingo, 9 de abril de 2017

Conflictos en el Mar de China Meridional


La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog Sobre Historia
https://sobrehistoria.es/2017/04/02/conflictos-en-el-mar-de-china-meridional/ 

Conflictos en el Mar de China Meridional

El traslado del centro neurálgico mundial desde el Atlántico al Pacífico explica que todo lo que ocurre en este segundo océano cobre una importancia destacable. Una de las zonas que más potencial de conflictividad tiene actualmente es la del Mar de China Meridionaluna extensión de 3,5 millones de km2  cuyas aguas se las disputan seis países: Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunei, Taiwán y China. Pero en segundo plano aparecen otros actores involucrados como Estados Unidos, Japón y Taiwán. Japón, por ejemplo, también mantiene un contencioso con China por las islas Senkaku (Ver Mapa 1). En realidad, estas rivalidades esconden una lucha por el control del este del Pacífico, zona vital para las comunicaciones marítimas –por ella navega la mitad del tráfico comercial mundial– y que posee buenas perspectivas en cuanto a la posible existencia de yacimientos de petróleo y gas. Cuenta también con abundantes recursos pesqueros. 
El conflicto se polariza en el enfrentamiento de intereses entre China y EE.UU. que es el que mantiene la tensión en la zona.  China reclama lo que considera le pertenece por derecho histórico, es decir, el ochenta por ciento de las agua del Mar Meridional, sus islotes, arrecifes y rocas, lo que equivale a casi tres millones de kilómetros cuadrados. Este derecho histórico nunca ha estado bien definido pues el dominio de las aguas ha ido variando con el tiempo, no obstante si que parece probado que el interés chino por estas islas se remonta al siglo XVII, cuando la dinastía Qing impulsó diversas expediciones navales por la zona.
El eje de las actuaciones chinas se centra en afianzar su presencia en los archipiélagos de Paracelso y Spratly porque, de acuerdo con las leyes marítimas internacionales, el país que ostente la soberanía de cada isla dispone de los 370 kilómetros de las aguas que la rodean y los recursos existentes en ellas y en el fondo marino (Ver mapa 2)Los países antes mencionados disputan a China parte del espacio marítimo que esta pretende controlar y la gran potencia asiática dice estar dispuesta a negociar con cada uno de ellos por separado pero no en foros conjuntos como pretende EE.UU. 
Para afianzar su reclamación China ha construido algunas islas artificiales y ampliado atolones en los ha que ha instalado baterías de misiles antiaéreos y antibuqueaeropuertos y puertos. Pretende, a partir de ellas, consolidar sus derechos sobre la zona marítima en disputa. 
Mapa 2. Reivindicaciones chinas y zonas en conflicto en el . Fuente: periodismointernacional.org
Ismael Arana clarifica bien las posiciones de cada una de las partes: Para sostener sus derechos, Pekín alega que su derecho a la zona se remonta siglos atrás, cuando  y que en 1947 ya publicó un mapa detallando sus reivindicaciones. Desde 2012, China ha incluido estas islas como parte de sus “intereses nacionales básicos”.
Por su parte, Vietnam rechaza la versión histórica china alegando que su vecino nunca había reclamado la soberanía sobre las islas antes de los años 40, y afirma que tienen documentos que prueban que desde el siglo XVII ellos han gobernado las islas. Mientras tanto, Filipinas invoca su proximidad geográfica como base principal de su demanda.
Finalmente, Malasia y Brunei también reclaman una parte que dicen está dentro de sus zonas económicas exclusivas definidas en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Taiwán reclama lo mismo que China.
El desacuerdo principal aparece en la cuestión de la pertenencia de los islotes de  Paracelso y Spratley. Su valor intrínseco es escaso o nulo pero son fundamentales para establecer las demarcaciones internacionales sobre las zonas marítimas y las zonas de exclusividad  económica (ZEE). China y Vietnam se disputan el archipiélago de las Paracelso; estas islas fueron ocupadas por China en 1974 y, desde entonces, ha ido reforzando su presencia militar y su explotación económica, especialmente turística. 
Posible despliege de misiles chinos en la isla Woody (archipiélago de las Paracelso). Fuente: bbc.com
Las Islas Spratly constituyen el segundo  archipiélago en disputa pero la situación es más complicada ya que son varios los países que las reclaman –China, Vietnam, Filipinas, Malasia, Brunei y Taiwán–. Las tensiones en estas islas han sido más significativas ya que en 1988 se llegaron a producir enfrentamientos navales entre China y Vietnam, saldados con varios barcos vietnamitas hundidos. Los incidentes armados se repitieron en 2011 cuando barcos de guerra chinos dispararon contra barcos vietnamitas.
Aunque China tiene una de las costas más largas del mundo –más de 14.000 kilómetros–, el país ha sido tradicionalmente un poder más preocupado por lograr la hegemonía terrestre que la marítima. Por ello no había dispuesto, hasta ahora, de una marina de guerra potente. Esta situación ha cambiado en la actualidad, cuando sus intereses de gran potencia económica dependen en un grado elevado de los suministros de energía y de otros recursos naturales imprescindibles para su desarrollo. De la misma manera, el control de las rutas marítimas es crucial para un país que realiza la mayor parte de sus exportaciones por mar. En este contexto, disponer de unas líneas de suministro seguras es una de sus mayores necesidades, y, para ello, ha emprendido un proceso de modernización y ampliación de su armada.
Otro objetivo que a ojos chinos justifica este rearme naval es la posición de EE.UU. en la región. La potencia americana es aliada de casi todos los enemigos tradicionales de China en el Pacífico occidental  –Japón, Filipinas, Taiwán, Indonesia, Corea del Sur,…– y está creando nuevos vínculos con Vietnam. Mantiene también bases militares en Japón, SingapurCorea del Sur y Filipinas. Con ello se ha tejido una gran red marítima que podría aislar a China. De hecho los encontronazos entre ambas potencias han sido frecuentes en el último año y siempre han tenido el mismo guion: buques de guerra norteamericanos navegan cerca de las islas reclamadas por China, que inmediatamente responde enviando su armada a la zona. 
La administración Obama ya manifestó que sus alianzas en Asia eran una prioridad estratégica. La apertura hacia Vietnam, la venta de buques de guerra a Filipinas y la ampliación de su presencia militar en Australia fueron la plasmación de esta doctrina. Estados Unidos explica su actitud como una forma de afianzar la libertad de navegación, desafiada por la pretensiones chinas.
Un enfrentamiento a mayor escala entre ambas potencias no parece probable a corto y medio plazo, aunque la presidencia de Trump en Estados Unidos añade cierta incertidumbre a la predicción. A este respecto, China todavía no posee una fuerza marítima capaz de proyectarse en escenarios alejados de sus costas, pero ya es perfectamente capaz de defender sus zona próximas y de salir libremente al Pacífico central y al Índico. Para ello ha elaborado una doctrina naval basada en la creación de grupos navales en torno a portaaviones, de los cuales, por ahora, solo dispone de uno, aunque hay dos más en distintas fases de construcción. También ha impulsado las fuerzas anfibias y las submarinas, que incluyen unos catorce submarinos nucleares.
Portaaviones chino CV-16 Liaoning. Fuente: elconfidencial.com
BIBLIOGRAFIA.
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La Ilustración

Autor desconocido,  John Milton (1608-1674) visitando a Galileo Galilei  durante el tour italiano de Milton de 1638-1639 – grabado. Fuente: ...