Buscar este blog

jueves, 10 de octubre de 2024

La ruta comercial triangular: los inicios de una economía mundial

Introducción: el comercio colonial.

Hacia principios del siglo XVI el comercio internacional europeo se parecía mucho al de los siglos anteriores; el norte de Italia y Flandes constituían los polos principales de la actividad económica en Europa. Las dos áreas producían textiles y tenían industrias metalúrgicas y de construcción naval. El comercio entre Italia y Flandes era marítimo y terrestre y desde ese eje se extendían rutas hacia el sudoeste –Francia y España– y hacia el norte –Alemania y el Báltico. 

Aparte de los productos textiles se comerciaba con especias, madera, cereales, pieles, vino, sal, armas, etc. También relevante era el comercio de esclavos porque la esclavitud doméstica no había desaparecido de la Europa meridional ni del Mediterráneo, donde eran muy utilizados como galeotes en los navíos de guerra. 

Este sistema comercial comenzó a cambiar como consecuencia de los descubrimientos geográficos iniciados durante el siglo XV. Los portugueses circunnavegaron las costas africanas y los españoles llegaron a América. Paulatinamente fue creándose un mercado americano que demandaba manufacturas europeas pagadas con oro y plata primero y después con productos agrarios coloniales.

Vista de la ciudad de Sevilla. Finales del siglo XVI. Atribuido a Sánchez Coello. Fuente: Museo Nacional del Prado.

La colonización americana demandaba constantes suministros para los colonizadores –armas, caballos, ropas, alimentos…–  y pronto también demandó fuerza de trabajo que fue satisfecha mediante la llegada de esclavos negros. El comercio atlántico entre Europa, principalmente España, y América se mantuvo constante durante todo el siglo XVI y una media de 200 barcos anuales efectuaban ese trayecto. En el siglo siguiente este comercio se ampliaría a otros países. 

A principios del siglo XVII España y Portugal eran aún los países más activos en el comercio ultramarino y los únicos que tenían posesiones territoriales de importancia. Pero poco a poco, otros actores europeos fueron añadiéndose a ese comercio: holandeses y franceses primero, ingleses después. A pesar de que, para la economía europea, el comercio marítimo era menos importante en volumen que el comercio continental, resultó determinante para la orientación de la economía. Además, la navegación se vio favorecida por los progresos técnicos habidos durante los siglos XVII y XVIII, impulsados  por el interés en mejorar las marinas de guerra.

Rutas comerciales marítimas españolas y portuguesas. Fuente: ttps://historiaeweb.com/wp-content/uploads/2016/05/principales-rutas-comerciales-espac3b1olas-con-las-indias.jpg

La ruta triangular. 

La ruta comercial triangular fue una ruta marítima que atravesaba el Atlántico y que unía puertos de Europa, África y América. Se mantuvo activa entre los siglos XV y XVIII, decayendo durante el siglo XIX. La novedad fue la incorporación, forzosa, del continente africano al tráfico colonial. La interconexión económica de los tres continentes presupuso un avance de la mundialización económica que llegaría siglos después.  

El nombre de ruta triangular proviene de que los itinerarios que seguían los buques trazaban un triángulo con tres lados –Europa, África y América–.   El origen de la ruta se inscribe en la expansión colonial que los países europeos iniciaron a partir del siglo XVI. Los productos que se intercambiaban en esta ruta seguían el siguiente proceso: desde Europa salían los buques cargados con manufacturas baratas –baratijas, textiles baratos, espejos, armas ligeras…– que trasladaban a los puertos del Golfo de Guinea donde esos productos eran cambiados por esclavos que después se trasladaban a América. Allí se vendían los esclavos y los productos europeos restantes y se compraban productos coloniales (cacao, azúcar, tabaco…).

El comercio triangular. Fuente: https://elordenmundial.com/mapas/comercio-de-esclavos/

La ruta fue posible técnicamente por la mejora en las técnicas de navegación y en el conocimiento de las corrientes marinas que dominan ese espacio, especialmente los vientos alisios y la corriente del Golfo. 

La ruta marítima la inició Portugal cuando controló el espacio comprendido entre el río Senegal y el río Congo, territorio conocido genéricamente como Guinea. Desde allí comenzó a trasladar esclavos hacia Brasil para que trabajasen en las plantaciones de caña de azúcar. A Portugal pronto se le sumaron otras potencias europeas: Francia, Inglaterra, cuyas primeras expediciones esclavistas se iniciaron en torno a 1560, llegando a crear la Real Compañía Africana, que mantuvo el monopolio de tráfico de esclavos en territorios británicos hasta 1698, y Holanda. Incluso España se sumó a este tráfico, a pesar de que las Leyes de Burgos de 1512 habían prohibido el comercio de esclavos, medida que perduró hasta el siglo XVIII cuando la liberalización comercial con América decretada por Carlos III volvió a permitir este comercio. 

Colonias y factorías portuguesas en África. Fuente: https://brainly.lat/tarea/12907320

Caso aparte es el del tráfico de esclavos, un fenómeno que, aparte de sus connotaciones éticas, desangró bastantes zonas africanas, desarticuló sus economías y sus estructuras políticas tradicionales, sumiendo al continente en una dependencia que se acentuaría a partir del siglo XIX con la extensión del imperialismo. En estas centurias cientos de miles de personas fueron esclavizadas en África y trasladas a América para trabajar en las plantaciones de café, tabaco, algodón y caña de azúcar, dada la escasez de población indígena –afectada por grandes mortalidades provocadas por las epidemias importadas de Europa y por la inadaptación a las condiciones laborales impuestas por los conquistadores.

Columna de esclavos africanos hacia los puertos de embarque. Fuente: ttps://www.alamy.es/foto-la-conduccion-de-esclavos-en-africa-en-el-siglo-xix-36026992.html

Otra ruta de comercio triangular, menos importante, era la que partía de Nueva Inglaterra, con los buques cargados de ron y otras producciones de estas colonias, y tenía como destino también África, donde cambiaban sus mercancías por esclavos africanos que luego eran transportados a las Indias Occidentales e intercambiados por melaza y azúcar que finalmente eran vendidos a los productores de ron de  Nueva Inglaterra. 

En las bodegas de los barcos se apiñaba una enorme cantidad de esclavos. A bordo recibían malos tratos, palizas y azotes, y sucumbían fácilmente a las enfermedades propagadas por el hacinamiento. Se calcula que un 20 % de los esclavos transportados morían durante el viaje.

Maqueta de un barco negrero. Fuente: ttps://www.infobae.com/america/eeuu/2019/08/22/cautiverio-abusos-brutalidad-hace-400-anos-comenzo-la-esclavitud-en-eeuu/

Consecuencias. 

El mantenimiento de esta ruta comercial tuvo un papel destacado en el surgimiento de un desarrollo económico diferenciado de los territorios implicados. El modelo económico aplicable es el del comercio colonial, en el que las metrópolis siempre resultan beneficiadas por el mayor valor añadido de sus producciones, mientras que la colonia produce materias primas de menor valor en el mercado sujetas, además y casi siempre, a regímenes monopolísticos. Esta situación produce un intercambio desigual que desfavorece a la colonia y limita su posible desarrollo económico. 

El comercio triangular fue clave en la creación de una primera e incipiente mundialización económica dominada por los europeos. Permitió un crecimiento espectacular de la riqueza de los países que dominaban el tráfico. Así, en Gran Bretaña, el valor del comercio exterior pasó de 10 millones de libras, a principios del siglo XVIII, a 40 millones a finales del siglo. De esta manera se generaron enormes beneficios –en Inglaterra, Holanda, Francia,…–, fundamentales para la acumulación de capital que más tarde contribuirá al inicio de la Primera Revolución Industrial. 

Por su parte, las consecuencias del tráfico de esclavos pueden observarse aún en el continente americano, por ejemplo a través de la mezcla racial, del racismo aún subyacente en numerosos lugares o por la perduración de estructuras económicas basadas predominantemente en el cultivo de plantación que padecen una dependencia comercial de los mercados exteriores muy parecida a la que existía en los siglos tratados. 

Plantación de algodón en Mississippi (siglo XIX). Fuente: http://www.karenfurst.com/

Los grandes beneficiados del tráfico de esclavos y de la ruta triangular fueron los dueños de las plantaciones en América, los fabricantes ingleses y los mercaderes que trataban con esclavos y otras mercancías. Los operadores de puertos, los líderes de África occidental que vendían esclavos, los banqueros que concedían préstamos para las expediciones e incluso los trabajadores de las fábricas inglesas, cuyo trabajo dependía de las materias primas importadas del extranjero, se beneficiaron también.  La ruta triangular facilitó el auge del capitalismo occidental en el siglo XVIII. Incluso las fábricas situadas a cierta distancia de los puertos comerciales ingleses se vieron implicadas. Un ejemplo fue el negocio de las armas en las Midlands inglesas, en poblaciones como Birmingham.  Unas 150.000 armas, la mayoría procedentes de estas fábricas, se exportaban cada año a África; casi todas se intercambiaban por esclavos. También se comerciaba con cubertería fabricada en Birmingham y Sheffield.  

Bibliografía.

Anónimo (2017). Triangular trade and the Middle Passage. Recuperado el 19/01/2021 de https://springfield.instructure.com/courses/169/assignments/2149   

Bihr, Lain (2018). Marx y la primera mundialización. Recuperado el 19/01/2021 de  https://rebelion.org/marx-y-la-primera-mundializacion-2/   

Canales, C. y Del Rey, M. (2015). Esclavos, la ruta triangular de la vergüenza. Recuperado el 18/01/2021 de https://cadenaser.com/programa/2015/06/11/ser_historia/1434022437_712838.html  [Podcast Ser Historia]  

Martínez, Enrique (2018). Historia Moderna: el apogeo de Europa. Síntesis: Madrid  

Morillas, J. (1985). Comercio y esclavitud. Cuadernos Historia 16, 123.  

Pennington, D. H. (1973). Europa en el siglo XVII. Madrid: Aguilar. 

miércoles, 9 de octubre de 2024

España en su geopolítica


Durante el siglo XX España fue un país más centrado en sus problemas internos que en las cuestiones internacionales. Su no participación en ninguna de las dos guerras mundiales libró al país de sufrimientos y destrucciones, pero por contra tuvo su propia guerra civil. El conflicto ocurrió en el contexto europeo, eso sí, del ascenso de los fascismos, lo que venía a indicar la imbricación de la historia española con la europea. De igual forma, muchos historiadores han visto la Guerra Civil española como un preludio de la II Guerra Mundial. 

El franquismo implantó, tanto porque era consustancial con su ideología como porque fue obligado, un aislacionismo internacional, convirtiéndose primero en un paria y después en un apéndice de Estados Unidos ya en el marco de la Guerra Fría. Durante mucho tiempo basó su política internacional en mantener unas relaciones más nominales que efectivas con Latinoamérica y sostener la retórica de la amistad con algunos países del mundo árabe; estos dos elementos le permitieron sostener una leve presencia internacional. 

La recuperación de la democracia hizo posible el acercamiento a Europa, manteniendo los lazos militares y estratégicos con los Estados Unidos. La entrada en lo que hoy es la UE y en la OTAN alineó definitivamente a España con Europa. 

Este papel secundario en las relaciones internacionales y la ausencia de enfrentamientos amenazantes con otros países, puesto que las últimas guerras en las que participó España pueden considerarse internas –la Guerra Civil y la guerra de Marruecos–, fueron creando un ambiente de desinterés de la población española por las cuestiones internacionales y por la geopolítica internacional. No obstante, ese desinterés y la subsiguiente falta de información no implican que esas cuestiones hayan dejado de tener su importancia.

Posteriormente, ya en plena democracia, fue imponiéndose el tema de la paz como un valor social ampliamente asumido. Pero siguió vigente la despreocupación más o menos generalizada por este tipo de cuestiones. Parece evidente que la ausencia de conflictos susceptibles de transformase en guerras abiertas –aunque hemos sido atacados directamente por el terrorismo internacional– ha mantenido viva la escasa conciencia social que existe sobre nuestros intereses geoestratégicos. 

Todo Estado, incluido el español, tiene una geopolítica que viene condicionada por cuatro factores: 

  • La geografía. No se trata de un factor electivo; la situación geográfica de cada país es la que es y a veces ayuda y otras veces no lo hace. Ya lo expresó y analizó Yves Lacoste hace décadas. La situación geográfica de España añade complejidad a  sus relaciones geopolíticas. 
  • Los intereses de su economía. Y con ello nos referimos no solamente a las necesidades de suministros –materias primas o energía– sino también a la presencia de sus empresas y mercados. 
  • Las alianzas políticas y militares firmadas por el Estado. 
  • El control, ya sea mediante simple vigilancia o a través acciones militares, de áreas potencialmente peligrosas o desestabilizadas, cuya inestabilidad puede afectarlo de una manera u otra. 
Los intereses geopolíticos de España.

Bibliografía. 

Géré, F. (2005). La nueva geopolítica. Barcelona: Larousse. 

Halimi, S. E. (2011). Atlas geopolítico. Valencia: Fundación Mondiplo. 

Lacoste, Y. (1990). La geografía: un arma para la guerra.  Barcelona: Anagrama. 

Algunas webs en español permiten ampliar el tema. 

Violencia y política en el ascenso nazi al poder





Introducción

Entre 1928 y 1932 el NSDAP (Partido Nazi) adoptó una táctica de acceso al poder del Estado sostenida en dos elementos antagónicos éticamente pero que finalmente lograron el objetivo que los guiaba. Estos dos elementos  fueron, por un lado,  la participación en el juego electoral democrático presentándose a las diversas elecciones convocadas y, por otro lado, el mantenimiento de la presión y la violencia en las calles, especialmente mediante la utilización de la fuerza paramilitar del partido: la Sturmabtleilung o SA.

La República de Weimar había logrado pervivir durante toda la década de los años veinte tras superar sus primeras y graves crisis (ver entrada El surgimiento de la República de Weimar). No obstante, persistieron diversos problemas estructurales que, de formas diversas, contribuyeron a mantener el debilitamiento del sistema político. Por ello, la supervivencia de la república tuvo un mérito especial dado además el contexto internacional, caracterizado por el avance del autoritarismo en Europa y por el impacto de las crisis económicas de 1920-21 primero y, ya al final del período de Weimar, la Gran Depresión de 1929.

Política y elecciones.

Durante la década de los años veinte el modelo de gestión política más común en Alemania fue el de los gobiernos de coalición. Los tres grandes partidos moderados –el Zentrum , el Partido Democrático (DDP) y el Partido Socialdemócrata (SPD)– formaron coaliciones entre ellos, especialmente hasta 1925, o con otros partidos más pequeños –BVP (Partido Popular de Baviera), KVP (Partido Conservador del Pueblo) y LV (Partido Campesino Alemán)– ya en la segunda mitad de la década. Se puede afirmar que hasta 1928 la política tuvo un cariz más progresista mientras que en sus años finales fue más conservadora.

Los gobiernos de la Gran Coalición ⎼SPD, Zentrum y DDP⎼  desparecieron en 1930, cuando la última coalición estaba presidida por el socialdemócrata Hermann Müller  que dimitió en ese año. Desde entonces ningún partido contaría con una mayoría suficiente para formar ejecutivos estables, iniciándose un período de bloqueo parlamentario que perduraría hasta 1932. Ello significó el inicio del desmoronamiento de las estructuras civiles del Estado pero no del Ejército que, mediante las maniobras políticas de su jefe, el general Schleicher, pasó a desempeñar un relevante papel en el escenario político a través de su influencia sobre el presidente Hindenburg. Para subsanar el vacío de gobierno producido tras la dimisión de Müller, el presidente se apoyó en una prerrogativa constitucional que le permitía nombrar canciller aún sin que este tuviera mayoría parlamentaria, y así nombró canciller a Heinrich Brünning, un político del Zentrum que solamente  permanecería en el poder dos años (marzo de 1930- mayo 1932). Su sucesor, Von Papen, también del Zentrum, (canciller entre junio de 1932 y diciembre de 1932) se enfrentaría a los mismos problemas, optando ambos por gobernar mediante decretos ante la paralización parlamentaria. la brevedad de sus mandatos indica su fracaso.

La obsesión del presidente y de los líderes militares y políticos derechistas por contener lo que se consideraba la amenaza comunista y su negativa a incorporar al SPD al gobierno les llevo a infravalorar el peligro que realmente representaba el nazismo para el sistema democrático. También los socialdemócratas cometieron el mismo error al mostrase reticentes a cualquier colaboración.

Paralelamente el NSDAP fue ascendiendo electoralmente en las sucesivas elecciones y ganó respetabilidad política al respaldar algunos de los frecuentes gobiernos en minoría. En 1931 Hitler declinó la oferta para entrar en un gobierno de coalición;  su pretensión era dirigir el gobierno y para ello pretendía forzar otras elecciones.

© JMFR 2021

En las elecciones de julio de 1932 los nazis pasaron del 18 % de los votos que habían obtenido en 1930 al 37 %. Fue el partido más votado,  pero no logró la mayoría absoluta. El NSDAP realizaron una campaña electoral basada en promesas vagas pero con una retórica potente que sabía utilizar los nuevos medios de difusión, en especial la radio. Su mensaje se fundamentaba en difundir la idea de una Alemania fuerte y unida mediante la creación de un nuevo Reich, organizado a partir de la base ideológica contenida en Mein Kampf. El ideario del nazismo era evidente: creación de un poder dictatorial, rearme, guerra, creación del «espacio vital» y aniquilación de los judíos.

Hitler seguía negándose a cualquier alianza con los partidos conservadores. Ante el bloqueo parlamentario Von Papen –líder del Zentrum–, aún canciller gracias a Hindenburg y a Schleicher, disolvió el parlamento y convocó nuevas elecciones para noviembre de ese mismo año. Aunque el NSDAP bajó en porcentaje de voto, siguió siendo el partido más votado. El Reichtag resultaba inmanejable con la presencia de 196 diputados nazis y  100 comunistas, enemigos irreconciliables pero decididos ambos a acabar con un sistema democrático que despreciaban. Las elecciones no habían servido para nada.

Propaganda electoral nazi en las elecciones de julio de 1932. Fuente: https://de.wikipedia.org/wiki/Reichstagswahl_Juli_1932

El fracaso de Von Papen impulsó a Hindenburg a destituirlo como canciller siendo sustituido por el general Schleicher sin tener en cuenta al Reichstag. Este intentó atraer a los nazis para que apoyasen su gobierno pero no lo consiguió. Además la oposición del gran empresariado a algunas de sus medidas para reactivar la economía –reforma agraria, prohibición de recortar los salarios,…–, consideradas como demasiado izquierdistas, le privó del apoyo de la derecha política. Finalmente Hindenburg destituyó al general el 30 de enero de 1933 y nombró a Hitler canciller del Reich.

En las elecciones de marzo de 1933, con Hitler ya en el poder, el NSDAP volvió a ganar con el 43,9 % de los votos pero el resultado tampoco sirvió a los nazis para lograr la mayoría absoluta. Las elecciones no se celebraron en un marco de libertad total; la atmósfera social y política alcanzó elevadas cotas de violencia y los nazis recurrieron tanto a la financiación estatal para realizar su campaña como a la intimidación callejera y el acoso principalmente a los candidatos de la izquierda. En este  contexto tuvo lugar el incendio de la sede del Reichtag, hecho que fue utilizado para legitimar la represión de los opositores. Fueron estas las últimas elecciones que se celebrarían en la República de Weimar.

Incendio del Reichtag (27-2-1933). Fuente: La Vanguardia.

La crisis social.

Los efectos del crack de 1929 sobre economía alemana fueron devastadores. El paro aumentó con fuerza, especialmente en las zonas industriales. Aunque los trabajadores fabriles fueron los más afectados, también las clases medias –empleados, funcionarios,  oficinistas…– se vieron muy afectadas. Los datos son explícitos: en 1931 había ya más de 5 millones de parados, un año después se alcanzaba la cifra de 6 millones –otros historiadores elevan la cifra a 7 millones–. Y los que conservaros sus trabajos vieron cómo sus salarios se reducían.


El sistema de seguridad social implantado en Alemania en 1927 no preveía tener que proteger a tantos desempleados por lo que muchos parados se quedaron sin protección alguna. La renta nacional descendió un 39 %. En este contexto, los dos partidos que representaban los extremos políticos fueron los favorecidos y los que captaron el voto del descontento social: el KPD y, más aún, el NSDAP. Como se puede observar en el gráfico la evolución de las tasas de paro y del voto al nazismo fueron paralelos entre 1928 y 1933.

Además, las grandes empresas comenzaron a pensar en una solución autoritaria que acabase con la parálisis política y que aplicase una serie de medidas que juzgaban indispensables par salir de la crisis –y mantener su dominio económico y social: desmantelar del incipiente Estado de bienestar, suprimir a los sindicatos e ilegalizar al SPD y al KPD. Hitler representaba una opción para aplicar esta política, pero no la única. Sin embargo, la mayoría de las grandes empresas acabaron aceptando la toma del poder de los nazis en 1933 y los apoyaron económicamente en las elecciones de ese año.

El origen sociológico del voto nazi  en 1928 estuvo muy concentrado,  procedía de la pequeña empresa, el campesinado propietario y empleados de los servicios públicos, en suma lo que se podría denominar la pequeña burguesía protestante. Pero a partir de 1930, cuando sus votos aumentan, su margen sociológico se amplia y atrae votantes de casi todos los sectores sociales, especialmente a las mujeres, los trabajadores no manuales, los obreros de las pequeñas empresas y miembros de las clases media y alta de las pequeñas ciudades. Especial relevancia hay que hacer a los jóvenes de estos grupos citados, que fueron captados por la eficaz propaganda nazi.

La violencia.

La vertiente violenta del nazismo surgió pronto. Su primer hito fue el denominado «Putsch de la Cervecería» que se produjo en Munich en 1923. Se trató de una intentona de golpe de estado regional que llevaron a cabo Hitler y un grupo de seguidores armados –las Sturmabtleilung (SA). La manifestación que convocaron fue reprimida a tiros por la policía y Hitler encarcelado. Así tuvo el nazismo sus primeros mártires.

La organización antes mencionada, la Sturmabtleilung , también conocida como SA o Sección de Asalto, se convirtió en la milicia del partido desde su misma creación (1921) y tuvo un papel protagonista en la faceta violenta del NSDAP. Su mismo himno constituía un ensalzamiento de la violencia y de su instrumentalización política. Ellos fueron los que sembraron las calles de enfrentamientos sangrientos en frecuentes choques con sus enemigos políticos, especialmente contra su contrapoder callejero que estuvo representado por las milicias del KPD. En los años comprendidos entre 1924 y 1929, relativamente estables políticamente, alrededor de 30 militantes de las SA habían muerto a manos de los comunistas, mientras que estos informaban de 92 fallecidos en choques contra los nazis. Así pues, la violencia política, aunque con sordina, se había mantenido en Alemania desde casi los inicios de la década de los 20. La lista de bajas de nazis y comunistas se incrementó a partir de 1930 –en 1931 se registraron oficialmente 300 muertos como consecuencia de los enfrentamientos políticos callejeros. Esta violencia «ordinaria» se agravaba durante las campañas electorales con los mismos protagonistas. La propaganda electoral nazi tendía a exaltar ese uso de la violencia.

Las SA contaron, sobre todo a partir de 1930, con la simpatía y cierto apoyo de la policía y la judicatura. De hecho las actuaciones de estas instituciones solían dirigirse contra los grupos de izquierda, con especial ahínco contra las milicias comunistas.


Los objetivos de las SA, aparte de las batallas campales contra los comunistas, consistían en mantener vivo  un clima amenazante, mediante el uso de la violencia, contra sus enemigos políticos. Para ello reventaban mítines del SPD y del KPD, acosaban a candidatos o personalidades relevantes de estos partidos –lo que hoy llamaríamos escraches–, agredían a periodistas, a judíos, etc. El ascenso electoral nazi no redujo la violencia callejera –a pesar de que las SA fueron ilegalizas en 1932. Su estructura militar era visible en las manifestaciones que organizaban, destinadas a mostrar su poderío e intimidar a los opositores.

Nuremberg Rally 1933 in Nuremberg, Germany – Parade of the SA (sturmabteilung) in front of the central train Station in Nuremberg. (Flaws in quality due to the historic picture copy) Photo: Berliner Verlag / Archive (Photo by Berliner Verlag/Archiv/picture alliance via Getty Images)

Otra forma más sutil de violencia fue el que practicaron los diputados nazis en el Reichstag, dispuestos a mantener un tono bronco y despreciativo de las normas parlamentarias en los debates. Para ello contaron, también hay que decirlo, con la colaboración de los diputados del KPD, que coincidían con ellos en preferir esa práctica parlamentaria. Estas actitudes contribuyeron a la paralización del parlamento y también a su deslegitimación social.


Con un parlamento cada vez más inoperante y con la violencia callejera desatada, la lucha política perdió su racionalidad y se basó principalmente en el empleo de símbolos y consignas que empleaban muy bien las posibilidades de una propaganda política simplista y violenta, muchas veces vacía de contenido real pero con apelaciones al sacrificio, al nacionalismo y a la libertad.

Cartel de propaganda nazi dirigida a los estudiantes (1933). Fuente: https://www.loc.gov/pictures/collection/pos/item/2008678846/


En conclusión, la utilización de la violencia en el período de ascenso político del NSDAP fue una constante coherente con sus postulados ideológicos. Este instrumento y su ascenso electoral fueron las bases  que abrieron a Hitler las puertas del poder.

Bibliografía

Cabrera, M. c., Juliá, S. c., & al., e. (1991). Europa en crisis (1919-1939). Madrid: Editorial Pablo Iglesias.

Evans, R. J. (2017). La llegada del Tercer Reich al poder. Barcelona: Península.

Götz, A. (2006). La utopía nazi. Cómo Hitler compró a los alemanes. Barcelona: Crítica.

Hernández, J. (2012). Breve historia de Hitler. Madrid: Nowtilus.

Klein, C. (1985). De los espartaquistas al nazismo: la República de Weimar.

Thornton, M. J. (1994). El nazismo 1918-1945. Madrid: Globus.

Weitz, E. D. (2012). La Alemania de Weimar. Presagio y tragedia. Barcelona: Turner.

https://www.lavanguardia.com/historiayvida/20191109/471443964022/ascenso-nazismo-alemania-momentos-clave.html

http://www.lluisbelenes.es/EVWeimar2.htm

La Ilustración

Autor desconocido,  John Milton (1608-1674) visitando a Galileo Galilei  durante el tour italiano de Milton de 1638-1639 – grabado. Fuente: ...