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martes, 31 de diciembre de 2024

La revolución de los claveles: Portugal, 25 de abril de 1974


Algunas consideraciones previas. 

 A mediados de los años setenta del siglo pasado, en un movimiento que aparentaba una sincronía extraordinaria, las tres dictaduras existentes en Europa Occidental –Portugal, España y Grecia– desaparecieron y dieron lugar a regímenes democráticos homologables en el marco europeo. 

Existen entre ellos más elementos divergentes que comunes. Entre las diferencias podemos indicar su origen, su duración y su contexto internacional. Entre las semejanzas aparece la vinculación existente entre los procesos de descomposición de esos regímenes y las crisis coloniales o las aventuras exteriores: guerras africanas de Portugal –especialmente en Angola y Mozambique–, la crisis del Sahara Occidental en el caso español y la aventura chipriota, fallida, de los coroneles griegos. 

Las causas de la aparición de estos regímenes dictatoriales son muy distintas. Los casos de Portugal y España se remontarían a la eclosión autoritaria que se produjo en el período de entreguerras; la dictadura griega, por su parte, se inscribiría en el contexto de la Guerra Fría y en la intención de las fuerzas conservadoras y anticomunistas de evitar, a cualquier precio, un régimen comunista o simplemente izquierdista en la Hélade. Por esa misma razón, su duración también fue distinta: mientras que las dictaduras portuguesa y española durarían decenas de años, la griega fue más breve, solamente siete años –1967-1974–. 

El papel internacional de estos países también era diferente. Aunque ninguno de los tres era miembro de la entonces Comunidad Económica Europea –ninguno cumplía los estándares democráticos exigidos–, tanto Portugal como Grecia sí eran miembros de la OTAN, obviándose para ello su calidad no democrática. España también estaba fuera del club militar, aunque mantenía fuertes lazos militares con los Estados Unidos.

Cronología

A pesar de las divergencias señaladas, Nicos Poulantzas intentó realizar un análisis conjunto de la crisis de estas dictaduras desde una perspectiva marxista. Como elementos comunes de los tres regímenes, apuntaba su posición subordinada respecto de las grandes potencias capitalistas, una estructura social comparable y un papel de suministradores de mano de obra a los países europeos más industrializados. Señalaba también una supremacía de los factores internos en el desencadenamiento de las crisis; en concreto, expone que sectores de las burguesías nacionales, al recamar más ayuda del Estado, entraron en contradicción con los grupos dominantes de las burguesías, vinculados a la internacionalización del capital. Estas contradicciones abrieron la posibilidad de la participación de los sectores populares en las crisis, impulsando los cambios hacia procesos democratizadores. 

Gestación de la dictadura. 

La monarquía portuguesa fue suprimida por una revolución poco cruenta en 1910, estableciéndose una república que pretendió corregir los vicios del caduco constitucionalismo monárquico, un régimen propio del siglo XIX incapaz de asimilar los nuevos cambios políticos y sociales. No obstante, la nueva República se caracterizó por la inestabilidad política y la mala gestión. Desde un principio, los sectores conservadores y católicos se opusieron abiertamente al nuevo régimen, produciéndose, incluso, una breve guerra civil entre monárquicos y republicanos –una minoría de clases medias urbanas, en un país aún mayoritariamente rural– a principios de 1919. Este clima de enfrentamiento profundizó la debilidad de la República; paralelamente, la idea de un golpe que estabilizase la vida política del país fue ganando peso y así, el 28 de mayo de 1926, un movimiento militar puso fin, sin apenas oposición, al régimen republicano en Portugal. 

El movimiento militar, diseñado para acabar con la República y no para establecer una política de futuro, fue dividiéndose entre los que pretendían reformar el régimen republicano y los que pretendían implantar otro régimen de tipo antiliberal y fascista, modelo en auge en la Europa de entreguerras, y que contaba con el apoyo de la burguesía y de la Iglesia. En este contexto cobró prestigio la figura de Antonio de Oliverira Salazar, un católico antiliberal que diseñó un programa político basado en tres puntos: un Estado autoritario, un modelo social corporativo y la exaltación nacionalista concretada en la defensa del Portugal ultramarino.  Desde 1930 se convirtió en el hombre fuerte del emergente Estado Novo. En 1932 se le nombró presidente del Consejo de Ministros, cargo que ocuparía hasta 1968. 

La dictadura portuguesa y la guerra colonial. 

El nuevo régimen portugués fue sorteando crisis importantes –su papel en la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, ...– hasta que el problema colonial apareció en escena. Las primeras manifestaciones de dicha cuestión fueron las reivindicaciones de la India, recién independizada, sobre los enclaves portugueses de Goa y Damán y Diu, enclaves que fueron invadidos por dicho país en 1961. Paralelamente, el anticolonialismo aparecía en los territorios africanos en forma de guerrillas insurgentes. Por estas razones, a principios de los años sesenta, el Estado Novo padeció una de sus crisis más graves al iniciarse una guerra colonial. 


El conflicto obligó a un gasto militar desmesurado –casi un 50 % de su PIB en 1973, mientras que España gastaba un 2,35 %– y a una creciente movilización de tropas –de 49.000 soldados en 1961 a 150.000 en 1973–. No obstante, la guerra favoreció la modernización económica del país, que se abrió al capital internacional en busca de recursos. 

La política colonial del gobierno contaba con el respaldo claro de Francia y Alemania, y, menos evidentemente, de Estados Unidos. También era apoyada por los regímenes blancos africanos –Rhodesia y Sudáfrica–. La situación militar no era idéntica en todas las colonias: muy complicada en Guinea y Cabo Verde, estancada en Mozambique y era favorable en Angola, donde los movimientos guerrilleros estaban divididos. Era, pues, un fenómeno que provocaba una sangría económica y cierto descontento popular, pero no fue el elemento fundamental del hundimiento de la dictadura. 


En septiembre de 1968, Oliveira Salazar, enfermo, se retiró del poder. Le sustituyó Marcelo Caetano, que pronto defraudó las esperanzas de los sectores reformistas y tampoco pudo cerrar los conflictos bélicos. Su fracaso fue provocando un creciente aislamiento interno del Gobierno, así como la paulatina pérdida del apoyo de las Fuerzas Armadas.  

El creciente desgaste y la posibilidad de una derrota, cuya responsabilidad el poder político endosaría a las Fuerzas Armadas, acrecentaba el malestar militar. El descontento, favorecido también por la oposición a algunas reformas que afectaban a aspectos laborales del Ejército, se organizó en torno dos núcleos: el del general Spinola y el Movimiento de los capitanes. Ambos grupos confluyeron en la necesidad de un golpe militar.  

Soldados portugueses en Mozambique. Fuente: https://ar.pinterest.com/pin/364369426083486625/

La revolución de abril. 

Las tres de la madrugada del 25 de abril de 1974 fue la hora designada para que el movimiento militar asentase el golpe definitivo al régimen dictatorial. Las unidades participantes tomaron los principales enclaves de Lisboa –aeropuerto, nudos de comunicaciones, medios de comunicación, Cuartel General, …–. Por la mañana se puso sitio a la sede de la Guardia Nacional Republicana, un cuerpo policial partidario del régimen, y a las 17:30 el presidente de Gobierno se rindió ante el general Spínola. En pocas horas, el golpe había triunfado. Solamente se produjeron cuatro muertos, todos ellos en el asalto a la sede de la policía política (PIDE).

Una vez destruido el Estado Novo, las divergencias entre los sectores que apoyaron el golpe reaparecieron. Todos estaban de acuerdo en acabar la guerra colonial e implantar la democracia. Pero los plazos y la forma de llevarlo a cabo variaban. El proceso de formación del Estado democrático fue conflictivo y largo –entre abril de 1974 y noviembre de 1975–; en él desempeñó un papel clave el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), auténtico líder del proceso de cambio. Tras él estaba la movilización social. 

 Tropas en las calles de Lisboa. Fuente: https://www.pinterest.fr/pin/710231803707356347/

 La caída de la dictadura introdujo enormes cambios en Portugal. La institucionalización de las libertades públicas eliminó la censura, liberó a los presos políticos, legalizó a partidos de izquierda, como el Socialista o el Comunista, lo mismo que a los sindicatos de clase.  Pero siguieron existiendo dos modelos políticos sobre lo que se pretendía implantar: por un lado, Spínola con algunos oficiales, grupos conservadores y los restos del régimen, partidarios de una solución federal para el problema colonial y de una democracia restrictiva; por otro, el MFA y las fuerzas de izquierda, que pretendían una democratización plena y la concesión de la independencia a las colonias. La situación se decantó definitivamente hacia esta segunda opción, lo que significó que el MFA pasó a controlar los nuevos órganos de poder –Gobierno, Consejo de Estado, Comando Operacional del Continente (COPCON), el órgano clave del poder militar–, alineándose con las posiciones revolucionarias del Partido Comunista de Portugal, dirigido por Álvaro Cunhal, y de la extrema izquierda.  

La deriva izquierdista del MFA provocó que el 11 de marzo de 1975 tuviera lugar un intento de golpe de Estado dirigido por el general Spinola, con el apoyo de la Fuerza Aérea. A pesar de que fue rápidamente desarticulado, el intento sirvió para radicalizar las posiciones izquierdistas dentro del Gobierno y del MFA. Así, el presidente Vasco Gonçalves amplió el programa nacionalizador y la expropiación de los latifundios, al tiempo que pretendió consagrar en la futura Constitución los principios revolucionarios sostenidos por el MFA. Sin embargo, en las elecciones del 25 de abril para la Asamblea Constituyente triunfó el Partido Socialista, partidario de un modelo democrático de corte occidental. 

La consecuencia de este resultado fue el desplazamiento del poder del ala filocomunista dentro del MFA, lo mismo que ocurrió en la formación del nuevo gobierno, donde los comunistas solamente obtuvieron un ministerio, de acuerdo con los resultados obtenidos en las elecciones. A pesar de las presiones populares –manifestaciones, huelgas, …–, el Gobierno logró desplazar del COPCON a los sectores más radicalizados –Otelo Saraiva de Carvalho–. Las protestas de algunas unidades fueron frenadas con la detención de los oficiales más izquierdistas. 

La Constitución de abril de 1976 asentaba un modelo político democrático que reconocía además algunos de los logros económicos y sociales obtenidos en el curso del proceso revolucionario. La tutela militar, fundamental en el desarrollo del nuevo régimen, se mantuvo aún unos años –mediante la existencia del Consejo de la Revolución–  para luego desaparecer y dar lugar a un régimen constitucional perfectamente asimilable a las democracias liberales europeas. 

La revolución de los claveles fue un golpe de Estado contra una dictadura que, después, adoptó la forma de una revolución. Resultó un fenómeno inédito en la Europa occidental de la segunda mitad del siglo XX. ¿Cómo unas fuerzas armadas integradas en la OTAN y formadas en el marco de una dictadura fueron capaces de convertirse en adalides de un cambio revolucionario de signo izquierdista? No existe una respuesta fácil, pero fue un elemento importante el cambio en la extracción social de los oficiales; la duración de la guerra y sus duras condiciones apartaron de la carrera militar a los sectores procedentes de la aristocracia y la burguesía de las grandes ciudades, sus puestos fueron ocupados por jóvenes de la clase media baja. De ahí su mayor receptividad al pensamiento de la izquierda. 

Ese modelo fascinó durante un tiempo a sectores de la izquierda europea, incluso a la Unión Soviética, que vio en ello un modelo para que la izquierda revolucionaria pudiera llegar al poder en las sociedades relativamente desarrolladas de Occidente. Para algunos autores fue también el aldabonazo final de un ciclo «revolucionario» que habría comenzado con el mayo de 1968. La izquierda y los demócratas españoles, por su parte, aspiraban a que el fenómeno influyera positivamente en la desaparición del franquismo.

Publicada originariamente el 24 de abril de 2018

Bibliografía.

Carcedo, D. (s.2017). La revolución de los claveles. Historia y Vida, 553. Recuperado de partir de http://www.lavanguardia.com/historiayvida/la-revolucion-de-los-claveles_11311_102.html

Caranci, C. (1985). El Imperio portugués. Cuadernos Historia 16, 215.

De la Torre, Hipólito (1994). Portugal, 1974. Cuadernos del Mundo Actual, 62

Leguineche, Manuel (1976). Portugal, la revolución rota. Madrid: Ediciones Felmar

Poulantzas, Nicos (1976). La crisis de las dictaduras. Portugal, Grecia y España. Madrid: Siglo XXI.

Sánchez, Josep (1997). La Revolución de los claveles en Portugal. Madrid: Arco Libros.

Sobrehistoria. (2016). La revolución de los claveles en Portugal o la última revolución romántica. Sobrehistoria. Recuperado de https://sobrehistoria.com/la-revolucion-de-los-claveles-en-portugal-o-la-ultima-revolucion-romantica/

Vadillo, J. (2014). La Revolución de los Claveles 40 años después. Periódico Diagonal. Recuperado de https://www.diagonalperiodico.net/saberes/22702-la-revolucion-claveles-40-anos-despues.html

 

sábado, 28 de diciembre de 2024

La guerra civil griega (1946-1949)

La guerra civil griega (1946-1949) ha sido considerada como el primer conflicto de la Guerra Fría. En ella se enfrentaron fuerzas comunistas contra fuerzas conservadoras y monárquicas respaldadas por Gran Bretaña primero y Estados Unidos después.

Antecedentes. 

Las convulsiones políticas griegas se remontan a la década de los años treinta del siglo pasado. Primero la rivalidad entre monárquicos y republicanos y, luego, entre partidarios y detractores de la dictadura del general Metaxas que había instaurado en 1935 un régimen de derechas similar al que instauraría Franco en España. En 1941 Italia invadió Grecia por su cuenta y riesgo, siendo derrotada por los griegos. Hitler no tuvo más remedio que acudir en ayuda de sus aliados italianos e invadió el país, dividiéndolo después en zonas de influencia que repartió con Italia y Bulgaria.

 Zonas de ocupación de Grecia por parte del Eje y sus aliados. Fuente: https://fr.wikipedia.org/wiki/Résistance_en_Grèce_pendant_la_Seconde_Guerre_mondiale

La guerra civil.

Durante la IIª Guerra Mundial el mayor peso de la lucha contra la ocupación nazi lo había llevado el Frente de Liberación Nacional (EAM) cuyo brazo armado, el ELAS, estaba ampliamente controlado por los comunistas. Por su parte, el rey Jorge II se había exiliado y patrocinaba un gobierno en el exilio presidido por George Papandreu. Este gobierno estaba apoyado básicamente por los militares monárquicos, algunos de los cuales habían permanecido en Grecia luchando contra el Eje mediante la creación de otro grupo guerrillero –el Ejército Griego Nacional Democrático (EDEL)–, y los británicos, que seguían considerándose una gran potencia capaz de controlar el Mediterráneo para lo cual Grecia era fundamental. 

Tropas del ELAS. En ellas la participación femenina fue relevante. Fuente: https://www.opendemocracy.net/can-europe-make-it/george-martinidis/shadowboxing-over-greek-civil-war

A pesar de algunos recelos, el EAM aceptó participar en un gobierno de concentración. La Conferencia del Líbano de Mayo del 1944 permitió que el Partido Comunista entrara en un gobierno de concentración presidido por George Papandreu, a pesar de que no contaron con ningún ministerio relevante. En ese mismo año, el Acuerdo de Caserta ponía a los guerrilleros comunistas bajo el mando de los británicos. Cuando se llegó al final de la IIª Guerra Mundial la situación era claramente dicotómica: por una parte, el ELAS, que controlaba de forma efectiva el territorio griego y, por otra parte,  un gobierno de concentración que respetaba la monarquía y que se sostenía principalmente con el apoyo británico, pues la mayoría de la población griega mostraba un claro rechazo de la monarquía. Como salida al estancamiento de la situación se acordó –Pacto de Varkiza (febrero de 1945)– la celebración de elecciones bajo la supervisión de los Aliados. Estas se celebrarían en marzo de 1946 sin participación de la izquierda, que las boicoteó. El acuerdo también contemplaba la amnistía para los detenidos y la celebración de un referéndum para restaurar la monarquía. 

Churchill de visita en Grecia, 1945. Fuente: https://www.ahistoryofgreece.com/civilwar.htm

La postura represora del gobierno de Papandreu y la no aceptación del resultado electoral por parte del ELAS hicieron inevitable la guerra civil. El Ejército y las milicias de extrema derecha, apoyados por los británicos, impusieron una política de terror indiscriminado. A pesar de ello, la aceptación popular del gobierno era mínima y su incapacidad para resolver la grave situación económica –crisis de subsistencias y elevada inflación– le iba privando de apoyos sociales. En esos momentos, los comunistas encarnaban la esperanza de una renovación política y social. Además, las guerrillas comunistas se mantenían en sus posiciones sin que el Ejército pudiera desalojarlas, aunque la aplicación de una política de terror contra terratenientes, empresarios, funcionarios e, incluso, socialistas y centristas, les enajenó el respaldo de una parte de la población que los había apoyado hasta entonces. 

El gobierno conservador no tardó en solicitar más ayuda a Gran Bretaña quien, incapaz de afrontar tal reto, la pidió a Estados Unidos. Los norteamericanos respaldaron desde marzo de 1947 al nuevo ejército monárquico con armamento, dinero y formación, enviando incluso tropas a finales de ese año. Esta actuación estadounidense hay que contextualizarla en la aplicación de la doctrina Truman –respaldo incondicional a aquellos pueblos amenazados por fuerzas comunistas o revolucionarias–. Por el contrario, la ayuda de la URSS al brazo armado del Partido Comunista griego (KKE) fue muy reducida, pues Stalin consideraba muy difícil la implantación de un régimen comunista si se implicaban en contra Gran Bretaña y Estados Unidos. De hecho, la URSS no tenía ninguna pretensión en el conflicto griego. Grecia era la moneda de cambio del líder soviético en la geopolítica posterior a la IIª Guerra Mundial; a cambio de ceder en Grecia, tendría las manos libres en Polonia. La principal ayuda a los guerrilleros provino, entonces, de los países comunistas más próximos: Albania, Bulgaria, Turquía y especialmente Yugoslavia. 

Imagen 4: Tropas estadounidenses en Grecia, 1948. Fuente: https://www.reddit.com/r/arma/comments/76zjf5/

A pesar de la ayuda de Estados Unidos, las guerrillas comunistas se expandieron por toda Grecia, llegando a las cercanías de Atenas. Este espíritu expansivo se frenó a partir del estallido en junio de 1948 de las disensiones entre Stalin y Tito. Mientras este último pretendía que el KKE continuara con la lucha en territorio griego –quería evitar una Grecia anticomunista y hostil en el sur de sus fronteras–, Stalin prefirió asegurar su influencia en la Europa ocupada por el Ejército Rojo y no inmiscuirse en el conflicto griego. Como la influencia soviética predominaba entre los dirigentes comunistas griegos, Tito cerró su frontera y frenó la ayuda. Ello disminuyó la operatividad de los guerrilleros. Paralelamente, a partir de enero de 1949, el Ejército griego inició una fuerte ofensiva que acabó derrotando a los guerrilleros comunistas, muchos de los cuales se refugiaron en Albania y Bulgaria. El 16 de octubre de 1949 la jefatura del KKE, exiliada en Albania, ordenó el cese de hostilidades. 

Imagen 5: Zonas ocupadas por el ELAS en 1948. Fuente: http://ellinikosemfilios.blogspot.com/2012/02/1948.html

Consecuencias

La victoria gubernamental alineó a Grecia en el bando occidental durante la Guerra Fría.  De hecho, fue Gran Bretaña la primera potencia en intervenir militarmente para imponer un gobierno por la fuerza en uno de los países liberados del nazismo. Luego le seguiría la URSS.

El conflicto civil griego se consideró el primer ejemplo tanto del ansia expansionista del comunismo como de la capacidad occidental para frenarla. Una interpretación sesgada, puesto que ya hemos visto el desinterés de Stalin por la actuación de los comunistas griegos. Lo que sí es cierto es que la guerra contra los guerrilleros comunistas y la intervención norteamericana contribuyeron a asentar en la oficialidad del Ejército una mentalidad conservadora y anticomunista que se prolongaría en el tiempo y que acabaría manifestándose en la llamada Dictadura de los Coroneles de 1967. 

El conflicto demostró también que Gran Bretaña ya no era la gran potencia de antaño. Su dependencia de Estados Unidos fue palpable en este conflicto. Sin embargo, el resultado del mismo impulsó la posterior entrada de Grecia en la OTAN, reequilibrando la situación estratégica en el mar Egeo, así como su control occidental. 

La guerra civil prolongó en Grecia el ciclo bélico iniciado en 1940 con la invasión italiana. Casi una década de enfrentamientos armados destruyó buena parte de las infraestructuras, arruinó la economía y obligó a emigrar a muchos griegos –con destinos principales a Estados Unidos y a Australia–. Grecia tardaría mucho en recuperarse de los estragos causados por el prolongado conflicto.

Imagen 6: Niñas refugiadas en El Pireo, 1947. Fuente: https://www.vintag.es/2014/05/black-white-pictures-of-greek-civil-war.html

La victoria del gobierno conservador significó el mantenimiento de la represión de la izquierda hasta finales de los años cincuenta. Unos 100.000 detenidos políticos poblaron las cárceles griegas durante esa década; las formaciones comunistas o socialistas fueron prohibidas. La sociedad griega quedó polarizada durante mucho tiempo y la normalización de la misma solo comenzaría a partir de 1974. 

Bibliografía

Fontana, Josep. (2014). Por el bien del imperio. Barcelona: Ediciones Pasado y Presente

Fontana, Josep. (2017). El siglo de la revolución. Una historia del mundo desde 1914. Barcelona: Ed. Crítica.

Francois, D. (2016). L’autre côté de la colline: La guerre civile grecque, 1944-1949. Recuperado de http://lautrecotedelacolline.blogspot.com/2016/03/la-guerre-civile-grecque-1944-1949.html

Martín, J. (2015). La lucha fraticida griega o el inicio de la Guerra Fría. Recuperado de https://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/02/23/54e712c6ca47412f578b457b.html

Milán, R. R. (2008). Confrontaciones civiles en la Europa mediterránea: Materiales para el estudio de la guerra civil griega. Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea, 8, 24.

Nieto, Jesús. (2002). Guerra civil española y Guerra Civil griega ¿principio y final de la II Guerra Mundial?. Erytheia. Revista de estudios bizantinos y neogriegos, 23 


Publicada originariamente el 6 de noviembre de 2018

jueves, 26 de diciembre de 2024

Los republicanos españoles refugiados en el sur de Francia

Todos los conflictos bélicos ocasionan desplazamientos de la población que huye de los mismos y de sus terribles consecuencias; en definitiva, provocan exilios. El grueso de estos movimientos suele estar formado por población no combatiente –mujeres, ancianos, niños, jóvenes que aún no han sido llamados a filas–, pero ocurre también que, cuando el conflicto se acerca a su fin, al flujo mencionado se suman los combatientes del bando perdedor. Tenemos un ejemplo reciente en el caso del conflicto sirio y en tantos otros menos conocidos.  


Hubo un tiempo en el que los refugiados eran españoles, concretamente republicanos que huían de su derrota en la Guerra Civil. La inmensa mayoría de los que huyeron se dirigieron a Francia, donde creyeron que podían esperar una cierta comprensión, un acogimiento. Ilusiones que después no se correspondieron con la realidad. No ha sido el único producido en la historia contemporánea de España y, aunque la causa que lo originó fue una, el exilio y los exiliados fueron plurales. La variedad proviene de su procedencia geográfica; la mayoría de los refugiados en Francia eran de Aragón y Cataluña, algo lógico al ser estos territorios fronterizos donde habían ido retirándose tanto las tropas republicanas como las élites de gobierno, aunque también la población civil que huía ante el avance franquista y cuyo origen geográfico era mucho más diverso. También encontramos pluralidad en el origen social y en la composición de género porque no fue un fenómeno exclusivamente masculino, a lo que se puede añadir la abundante presencia de niños. 


La guerra civil española había provocado grandes polémicas en Francia. Mientras que la izquierda exigía el apoyo y la intervención a favor de la República, gran parte de la derecha apoyaba a Franco y difundía una imagen de la España republicana caracterizada por la violencia, la revolución y el ataque a la Iglesia. Esta última visión era la que dominaba el panorama político francés, sobre todo después de la pérdida del poder por parte del Frente Popular francés en 1938 y la formación de un gobierno de centro-izquierda dirigido por Daladier, y fue la que determinó la manera en la que se acogió a los republicanos españoles.

Gringoire. Ilustración xenófoba de Roger Roy. 10 de septiembre de 1937. Fuente: Página web del Museo de la Historia de la Inmigración. París. http://www.histoire-inmigration.fr/musee.   Citado por Chaussec Damien en Españoles durante la Segunda Guerra Mundial en Francia.

Además de los recelos políticos hacia los republicanos españoles, su presencia constituía también un problema económico, pues la mayoría de países se inhibieron a la hora de ayudar a su mantenimiento. Solamente algunos países europeos, como Suecia, Bélgica, Noruega y Holanda, proporcionaron ayuda financiera. México y otros países latinoamericanos propusieron acoger a todos los que lo deseasen, mientras que Inglaterra, la URSS  y los Estados Unidos solamente a un número limitado.

La huida.

Al iniciarse la Guerra Civil, Francia estaba dirigida por un gobierno de izquierdas, una coalición que también se denominaba Frente Popular, al frente de la cual estaba León Blum. La afinidad ideológica forzaba la ayuda al gobierno republicano español, pero el  miedo hacia una Alemania expansionista y las presiones inglesas, promovidas por un gobierno que recelaba de los “rojos” y buscaba el apaciguamiento de Hitler, le empujaron a una política de neutralidad –Pacto de No Intervención– que favoreció claramente a los sublevados. En 1938 el Frente Popular francés se rompió y accedió al poder en Éduard Daladier, del Partido Radical Socialista, encabezando un gobierno de concentración escorado a la derecha y más proclive a la connivencia con Alemania y a apoyar al bando franquista. 

Las huidas hacia la frontera francesa no fueron un hecho nuevo. Los primeros éxodos hacia el exilio francés se habían producido al caer el frente norte en 1937 y el alto Aragón en 1938, aunque ninguno alcanzó la importancia cuantitativa del de finales de 1938 y principios de 1939. 

El flujo de refugiados españoles hacia Francia aumentó a partir de noviembre de 1938 y se aceleró cuando las tropas franquistas llegaron al Mediterráneo el 14 de enero de 1939; poco después –el 26 de enero– caía Barcelona y las carreteras hacia Francia recogían un inmenso flujo de personas que intentaba llegar a la frontera. El 4 de febrero era tomada Gerona.

Los refugiados eran población civil en su inmensa mayoría, aunque también había muchos soldados y milicianos. Daladier respondió cerrando la frontera y calificando a los refugiados de “extranjeros indeseables”. Esta política se acompañó de la difusión de propaganda contra los republicanos, acusándolos de comunistas y presentándolos como elementos peligrosos. El miedo se extendió entre la población francesa, lo que provocó que el recibimiento fuese frío e incluso de cierto rechazo, con las consabidas excepciones, claro está.  

El 5 de febrero de 1939, ante la enorme presión de cientos de miles de personas queriendo entrar en Francia, Daladier abrió algunos puestos fronterizos en el departamento de los Pirineos Orientales –Bourg Madame, La Tour-de-Carol, Le Perthus y Cerbère– y permitió pasar a la ingente masa de refugiados civiles que esperaba en la parte española. Muy poco después, los representantes del gobierno de la República y de los gobiernos catalán y vasco, así como los restos del ejército republicano, pudieron pasar a Francia, protegidos en su retirada por la 26 división (anarquista) y los restos del Ejército del Ebro (comunistas). Pocos días después, el 25 de febrero, Francia reconocía al gobierno franquista mediante el Acuerdo Bérard-Jordana; su intención era obtener su neutralidad ante el previsible enfrentamiento con Alemania. 

Así pues, la acogida al exilio republicano no fue la que esperaban los que huían. La improvisación y la intención de no acoger permanentemente a un colectivo que se creía conflictivo y que constituía un problema político y económico, caracterizaron los primeros momentos. Por eso el gobierno francés fomentó la emigración a otros países o el retorno a España. Posteriormente, cuando la amenaza de la guerra con Alemania se hacía más palpable, las autoridades francesas decidieron utilizar a los refugiados como mano de obra o, incluso, aprovechar su experiencia como combatientes experimentados.

Los campos.

Los centros que preparó el gobierno francés para acoger al aproximadamente medio millón de refugiados españoles se llevaron a cabo con una gran improvisación, fueron verdaderos campos de concentración; su objetivo no era tanto acoger como retener y controlar a las personas. Los primeros campos de internamiento en Francia, los llamados “campos de arena” fueron centros establecidos por las autoridades francesas para encerrar al más de medio millón de españoles que huyeron de la represión franquista. La mayoría de ellos se levantaron a toda prisa, con pocos o ningún barracón; eran simplemente zonas a la intemperie vigiladas, ejemplos fueron los campos de Argelès y Saint Cyprien, que eran simples playas rodeadas de alambre de espino. No disponían de agua potable, el suministro de comida era escaso y las condiciones higiénicas deplorables. Las enfermedades (piojos, sarna, disenterías, tifus, pulmonía), la desnutrición y malos tratos eran muy frecuentes; diversos cálculos hablan de que durante los primeros meses murieron en los diversos campos entre 15.000 y 50.000 personas. 

Refugiados republicanos vigilados por tropas marroquíes en Argelès-sur-Mer. Fuente: http://todoslosrostros.blogspot.com/2008/08/los-campos-de-concentracin-franceses.html

A las pocas semanas, muchos de los enfermos, las mujeres y los niños fueron repartidos por pueblos del interior de Francia, contribuyendo así a separar las familias, pues a los hombres en edad de combatir también se les separó del resto. Los refugiados españoles no eran los únicos pobladores de estos campos. A ellos también fueron a parar comunistas franceses, gitanos, exilados indocumentados, judíos y hasta miembros de la resistencia francesa. 

Pasados algunos meses, los refugiados se redistribuyeron en campos dotados de mejores infraestructuras. Hubo una clasificación de los campos, una especialización por así llamarla. La población civil fue trasladada hacia centros de alojamiento –escuelas, cuarteles, fábricas abandonadas, etc., que presentaban mejores condiciones de  vida. Pero los combatientes permanecieron en los campos de concentración, vigilados y con severas condiciones de vida.

Campo de Gurs (Pirineos Atlánticos), 6 de abril de 1939. Fuente: Asociación del campo de Gurs. http://www.campgurs.com/
Citado por Chaussec Damien en Españoles durante la Segunda Guerra Mundial en Francia

El primero y principal campo fue el de Argelès-sur-Mer se creó el 1 de enero de 1939 y llegó a albergar a unos 100.000 refugiados. Estaba ubicado en la localidad del mismo nombre, en el departamento de los Pirineos Orientales y a 35 kilómetros de la frontera. El 9 de febrero se abrieron nuevos campos, destacando el de Saint-Cyprien que llegó a acoger a 90.000 refugiados en condiciones deplorables, también en una playa. Después fueron abriéndose otros campos en distintos lugares de Francia, aunque los más importantes fueron los enclavados en los Pirineos Orientales. 

Mapa de la localización de los campos de concentración que acogieron a los refugiados españoles. Fuente: http://clioweb.canalblog.com/tag/espagnols

La salida.

Aparte de la huida, pocas alternativas se ofrecían a los refugiados españoles. Al comenzar la II Guerra Mundial los refugiados fueron inscritos en las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE), grupos dedicados a construir o reparar las infraestructuras de defensa y comunicaciones francesas. Muchos de ellos fueron voluntarios, pero a otros se les obligó. Se calcula que entre 30.000 y 60.000 españoles participaron en estas compañías. No obstante, a pesar de pertenecer al Ejército francés eran tratados más como prisioneros que como soldados. Además, cuando Francia fue invadida por los nazis, los españoles volvieron a ser encerrados en campos de concentración. 

Estas compañías estaban dirigidas por militares franceses y sus componentes sujetos a una disciplina militar. Algunas de ellas fueron desplazadas al norte de África para la construcción de ferrocarriles en Argelia y Marruecos. Las mujeres, por su parte, fueron obligadas a evacuar los centros de alojamiento y buscar trabajo y vivienda. La mayoría pasó a mitigar la ausencia de los hombres en las fábricas o en los campos.

Desde el mismo mes de enero de 1939 las autoridades francesas iniciaron una campaña para promover la vuelta de los exiliados a España. Los que aceptaron eran trasladados a otros campos donde las condiciones de vida eran más favorables. A finales de marzo de ese año unas 70.000 personas ya habían regresado a España, confiando en las débiles garantías del gobierno franquista. 

A los hombres en edad de combatir el gobierno francés les propuso alistarse en la Legión extranjera durante cuatro años a cambio de un salario y la posible obtención de la ciudadanía francesa; algo más de 3.000 aceptaron y fueron trasladados a Argelia. Los que se alistaron pensaban que esa era una manera de seguir combatiendo el fascismo si estallaba una guerra. El resto fue trasladado hacia los campos de internamiento distribuidos por toda Francia.

Compañía de Trabajadores Extranjeros reparando en ferrocarril cerca de Saint Cyprien. Fuente: http://todoslosrostros.blogspot.com/2008/09/refugiados-sin-refugio-algunos-hombres.html

Además de la Legión Extranjera, el gobierno francés ofreció otra posibilidad de  alistamiento militar en los denominados Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros –RMVE–, tropas regulares que desempañarían un importante papel militar. En ellos se integraron unos 7.000 españoles. 


Tanto la ocupación alemana de gran parte del territorio francés por un lado como el régimen de Vichy se convirtieron en una gran amenaza para los refugiados españoles que no se habían integrado en los cuerpos antes citados. Muchos fueron internados de nuevo en campos y sólo se les ofrecieron dos posibilidades: emigrar a México o integrarse en los nuevos Grupos de Trabajadores Extranjeros –GTE–. Los que se inscribieron en los GTE formaron parte del trabajo forzado que emplearán los nazis en infraestructuras militares –fábricas de armamento, bases submarinas, fortificaciones, etc.  Algunos fueron trasladados después a Alemania.

Otros refugiados lograron huir tanto de los campos como de las estructuras de trabajo obligatorio y acabaron uniéndose a la resistencia francesa, desempeñando un papel relevante en numerosas acciones. Otro importante numero –unos 9.000– fueron deportados a los campos de concentración nazis.

Soldados españoles entrando en París. Fuente: https://magnet.xataka.com

Bibliografía.

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Solar, D. (2019). La caída de Barcelona. La Aventura de la Historia, 243, 18-24.


Publicado originariamente el 4 de febrero de 2019

Los bombardeos aéreos de Cartagena durante la Guerra Civil española

Durante la Guerra Civil española (1936-1939) las principales ciudades y puertos de toda la fachada mediterránea fueron duramente castigados por los bombardeos aéreos llevados a cabo principalmente  por la aviación italiana desde sus bases en Mallorca. El efecto, la victoria del alzamiento franquista en Baleares permitió a los sublevados mantener una amenaza constante sobre el territorio de la retaguardia republicana, hostigando las infraestructuras económicas y de comunicaciones y dificultando la llegada de ayuda a la República. En el caso de la Región de Murcia, por el contrario, los bombarderos procedían de la base de Armilla en Granada e incluso de Sevilla.


Orígenes geográficos de los principales bombardeos sobre la fachada mediterránea. Elaboración propia.


Como es bien sabido, la Guerra Civil española sirvió de antesala para la práctica de novedosas tácticas militares y de nuevas tecnologías bélicas que poco después alcanzarían su pleno auge durante la Segunda Guerra Mundial. Entre estas prácticas estuvo la de los bombardeos aéreos masivos, tanto sobre objetivos militares como civiles, difuminándose así el débil límite entre ambos que ya había sido rebasado en ocasiones anteriores, al menos desde la Primera Guerra Mundial, pero también en otros conflictos bélicos menores –Francia y España en el norte de África en 1912 y 1913, Estados Unidos en Méjico (1916), etc.– Desde entonces las ciudades se convirtieron en un objetivo militar y, por lo tanto, susceptible de ser atacado en el marco de la denominada “guerra total”, doctrina que anulaba la división entre frente de guerra y retaguardia; los objetivos se extendían a cualquier parte del territorio y no solamente se centraban en el frente de combate. De este modo, las ciudades se convirtieron en objetivos bélicos de primera importancia.

Ambos bandos utilizaron esta estrategia aérea, si bien la ayuda italiana y alemana al bando franquista hizo que la frecuencia e intensidad de sus bombardeos fuesen mucho mayores que en el republicano. Numerosas ciudades republicanas padecieron esos bombardeos: Madrid, Barcelona, Guernica, Tarragona, Santander, Almería, Castelló, Reus, Sagunto, Valencia, Águilas, Alacant, Alcoy, Cartagena, Albacete, Almería, Jaén, etc. Por su parte, los republicanos bombardearon ciudades como Córdoba, Valladolid, Cabra, Salamanca, Burgos, Ceuta, Melilla, etc. 


A la destrucción de industrias, comunicaciones, puertos, aeropuertos se añadía un nuevo interés: el de la intimidación y desmoralización de la población civil. Se emplearon para ello nuevas tácticas o nuevos modelos de aviones: en Guernica, y también en otros lugares, la combinación de bombas de explosión de 250 kg y bombas incendiarias de 50 kg; en algunos pueblos del interior de Castellón, la efectividad como bombarderos de los Stukas alemanes. En suma, la Guerra Civil española fue, como ya se ha dicho, un ensayo bélico de lo que será la ya cercana Segunda Guerra Mundial.

Escuadrilla de Junkers Ju-87 «Stukas». Fuente: Wikipedia.

La aviación desempeñaría un nuevo y crucial papel en las estrategias militares a partir de entonces. En este sentido, la ayuda prestada por Alemania e Italia a los sublevados –cazas, transportes y bombarderos– proporcionó a estos una indudable superioridad aérea que, sin duda, facilitó su avance terrestre en todos los frentes.

Aunque el alzamiento militar contra el gobierno republicano no triunfó en Cartagena, la situación fue confusa en el Arsenal durante bastante tiempo, así como en la cercana base aérea de Santiago de la Ribera. Una vez vencidos los conatos de la sublevación y confirmada su adhesión a la República, Cartagena se convirtió en un poderoso centro de interés para los bombardeos del bando nacional. Era la única gran base naval de la República, sede de su principal flota, con arsenales y fábricas en plena actividad y puerto de enlace para la llegada de la ayuda militar exterior. Por tanto, fue un claro objetivo durante toda la guerra.

Puerto de Cartagena en abril de 1937. Pueden verse diversos buques dispersos. Fuente: http://foro.todoavante.es/viewtopic.php?f=75&t=4426


La ciudad estaba bien defendida, no solamente por la flota naval –un acorazado, tres cruceros,  varios destructores, lanchas torpederas y algunos submarinos–, sino por la eficaz red de baterías de costa y de baterías antiaéreas. Ello permitió que durante los primeros meses del conflicto llegasen numerosos barcos, sobre todo soviéticos, cargados de ayuda militar. Para frenar este flujo, el bando nacional comenzó a bombardear la ciudad desde el aire.

Cartagena fue una de las ciudades que sufrió más bombardeos durante la guerra civil. Los cuatro que hemos analizado aquí fueron los primeros de una larga sucesión de ataques aéreos –se calcula que 117– con los que las fuerzas franquistas pretendieron anular el potencial militar de la ciudad y su comarca. De la misma manera, los bombardeos ocasionaron 233 víctimas, centenares de heridos y la destrucción de un tercio del casco urbano. De estos bombardeos los más significativos fueron los primeros.

El primer bombardeo se produjo el 18 de octubre de 1936. Los encargados de realizarlos fueron dos bombarderos alemanes Ju-52, con tripulaciones de la misma nacionalidad, que procedían de la base de Armilla (Granada). Estos aparatos se diseñaron originalmente como transportes y fue en la guerra civil donde se probaron sus cualidades como bombarderos. Fueron las primeras unidades de lo que después sería la Legión Cóndor. La defensa antiaérea respondió y solamente pudieron realizar una pasada al amanecer en la que arrojaron 10 bombas de 250 kg. Aunque sus objetivos eran los barcos anclados en el puerto, las bombas cayeron por el centro de la ciudad, causando 22 muertos y numerosos heridos entre militares y civiles. Además de los daños materiales y pérdidas humanas, el bombardeo rompió la sensación de seguridad que se vivía en la ciudad hasta entonces; ni el hecho de estar lejos de los frentes ni de disponer de buenas defensas habían podido impedir el ataque: Cartagena era vulnerable. Por ello se creyó necesario la construcción de refugios antiaéreos en diversos lugares de la ciudad.

Bombarderos Ju-52 con la escarapela nacional. Fuente. https://www.eurasia1945.com/armas/aire/junkers-ju-52/

El segundo bombardeo aconteció dos días después: el 20 de octubre. Esta vez fueron tres Ju-52 tripulados por aviadores españoles. Procedían de Armilla y llegaron de noche a Cartagena. Realizaron solamente una pasada, pero lograron arrojar todo su cargamento de bombas –18 en total, de las que solamente una no impactó–. Al parecer, el bombardeo no causó grandes destrucciones ni bajas reseñables.

Ninguno de los dos bombardeos había logrado frenar el tráfico marítimo ni la llegada de ayuda militar soviética. Así mismo, en la cercana base aérea de Los Alcázares se continuaban ensamblando los aviones militares rusos que llegaban desmontados a Cartagena. Para destruir esta cadena se diseñó un tercer bombardeo que tuvo lugar el 27 de octubre de 1936. Se trató de una misión combinada de la Aviazione Militare italiana, que había trasladado a la base de Armilla tres bombarderos Savoia S-81. A ellos se les sumarían cinco Ju-52, ocho aparatos en total para atacar Cartagena y Los Alcázares. En ambos casos no afectaron seriamente a ninguna infraestructura, pero en Cartagena ocasionaron diversas víctimas tanto civiles como militares.

Bombardero italiano Savoia S-81. Fuente: Wikipedia.


A principios de noviembre, la ciudad sufrió dos pequeños ataques –los días 2 y 4– en los que participaron uno o dos aviones, sin apenas daños. El día 23 Cartagena fue sobrevolada por un aparato de reconocimiento, probablemente un He-70 alemán, que fotografió los objetivos principales –puerto, Arsenal, baterías antiaéreas, … –, se trató de la primera misión en España de la recién formada Legión Cóndor. 

El vuelo fue el prolegómeno del bombardeo más intenso producido hasta entonces, que ocurrió el 25 de noviembre de 1936. En esta ocasión, los bombarderos Ju-52 fueron trasladados previamente desde Sevilla a Melilla para lograr un mejor acercamiento a la ciudad. Así pues, los aparatos despegarían de la ciudad norteafricana. Se utilizaron veinte bombarderos, que atacarían en varias oleadas seguidas con el objetivo de prolongar lo máximo posible el tiempo de bombardeo. Fue el primer ataque aéreo diurno sobre la ciudad; comenzó a las 17:25 y se dio por concluido a las 21:30. Por esta razón fue conocido como el bombardeo de las cuatro horas.

Localización de los impactos del bombardeo del 25 de noviembre sobre Cartagena. Fuente: https://www.regmurcia.com

El ataque provocó 58 víctimas, pues los impactos de las bombas, explosivas e incendiarias, abarcaron toda la ciudad, aunque de forma dispersa. Curiosamente, no afectaron a ningún buque importante, pues el grueso de la flota había salido de puerto poco antes del inicio del bombardeo. Más significativos fueron los daños morales; la población cartagenera estuvo cuatro horas encerrada en sus casas o refugios, oyendo explosiones continuamente, así como el sonido de la artillería antiaérea, tanto de tierra como de los buques próximos. La sensación de vulnerabilidad se extendió por la zona urbana y muchas familias abandonaron la ciudad buscando la seguridad del campo.

Daños en el casco urbano cartagenero producidos el 25 de noviembre de 1936. Fuente: http://www.regmurcia.com

En total, los bombardeos de octubre y noviembre habían ocasionado casi 100 muertos y varios centenares de heridos entre civiles y militares, así como la destrucción o inutilización para vivir de decenas de casas. Estos hechos demostraron, y así fue difundido por el gobierno de la República, el incumplimiento de los dictámenes del Comité de No Intervención ya en los primeros meses del conflicto. A los ataques citados, donde era evidente la participación de la aviación alemana e italiana, hay que añadir el ataque de submarinos italianos a la escuadra republicana que tenía su base en el puerto de Cartagena el 22 de noviembre de 1936.

Los bombardeos de Cartagena tienen la peculiaridad de que fueron realizados casi totalmente por aviones alemanes, la mayor parte de las veces también con tripulaciones del mismo país, mientras que la participación italiana fue, en este caso, muy secundaria –algunos aparatos en el tercer bombardeo y cazas de escolta en ocasiones.

Cartagena ocupó un lugar primordial en la defensa de la República. Sus importantes instalaciones militares, tanto navales como terrestres, así como la proximidad de los aeródromos de Los Alcázares y de San Javier creaban una red militar de gran importancia para el sostenimiento bélico republicano. Además, su sistema de defensa –3r Regimiento de Artillería de costa y numerosas baterías antiaéreas– la convertían en el conjunto de bases militares republicanas mejor protegido. A ello había que sumar las instalaciones industriales, así como el lugar de recepción y montaje de la ayuda militar soviética –artillería, aviones, tanques, …–. Pero ello le costó un elevado precio en vidas humanas y destrucciones.

Hidroaviones junto al aeródromo de Los Alcázares. Fuente: http://museoaeronauticoalcazares.blogspot.com

Bibliografía.


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Publicado originariamente el 21 de marzo de 2019.

martes, 24 de diciembre de 2024

El conflicto sirio

Siria es un Estado con una importante posición estratégica en el marco del Oriente Próximo, pero también es un estado fallido, entre otras razones, porque su gobierno no controla la totalidad del territorio. Sometida a una terrible guerra civil desde 2012, consecuencia de una primavera árabe fracasada, es actualmente un tablero de ajedrez donde juegan los intereses de numerosas potencias internacionales y regionales –Estados Unidos, Rusia, Turquía, Israel, incluso Irán o Arabia Saudí. Todo ello añade complejidad a un panorama interno ya de por sí enrevesado por la presencia de numerosos contendientes: kurdos, Al-Qaeda, el régimen de Damasco, milicias proiraníes, milicias del Estado Islámico (ISIS), etc. Como se puede observar una situación sumamente enmarañada (Imagen 1)


El origen del conflicto hay que buscarlo en la deriva de las protestas contra el régimen dictatorial de Bashar Al-Assad, iniciadas en 2011 al socaire de los movimientos populares surgidos en el mundo árabe contra unos regímenes políticos autocráticos o tiránicos –la denominada “Primavera Árabe”–. En el caso sirio, estas protestas acabaron convirtiéndose en una guerra civil (Imagen 2) en la que, poco a poco, fueron interviniendo actores foráneos. En efecto, la oposición siria optó ante la ineficacia de sus movilizaciones, por la vía armada (Ejército Sirio Libre o ESL), primero para defenderse de las fuerzas del régimen y después para expandirse, con ello la lucha se extendió por todo el país. A partir de 2012 comenzó la internacionalización del conflicto: Assad logró el apoyo de Irán y de las milicias de Hezbolá –movimiento chií libanés. Por su parte, los rebeldes obtuvieron ayuda militar y económica de Catar y de Arabia Saudí, ayuda destinada principalmente a los sectores más islamistas de los mismos. Desde ese momento, la rebelión comenzó a caer en manos de los sectores islamistas, mientras el ESL perdía influencia.

Aprovechando el desgobierno surgieron también grupos yihadistas como el Frente al Nusra, filial de Al Qaeda en Siria. Más relevante fue el papel del Estado Islámico, que lanzó una fuerte ofensiva desde Irak (junio 2014), llegando a controlar un amplio territorio entre Siria e Irak, donde proclamó el califato, con capital en la ciudad siria de Raqqa (Imagen 3).  A estos actores se sumaron las fuerzas kurdas, enemigas de Assad, pero también de Turquía.

Imagen 3. Zonas controladas por el Ejército Islámico en 2015. Fuente: BBC

Así pues, entre 2014 y 2017 el ISIS creó una estructura estatal que controlaba un amplio territorio entre Irak y Siria. Su existencia e indudable peligro para una zona ya inestable logró unir a todas las fuerzas intervinientes, aunque en dos bandos distintos liderados respectivamente por Estados Unidos y Rusia, que centraron su lucha principal contra los islamistas. Así, una coalición internacional liderada por Estados Unidos y formada por Jordania, Catar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, intervino directamente en el conflicto atacando al Estado Islámico. Poco más tarde se incorporaron a estos ataques Francia y Gran Bretaña. Casi al mismo tiempo, Rusia también emprendió ataques al ISIS actuando como aliado de Assad. Como resultado de ello, el territorio controlado por el Estado Islámico fue disminuyendo hasta su casi desaparición. Aunque aún cuenta con el control de algunos pequeños territorios en la región de Abul Kalmal, donde se encuentra rodeado tanto por las fuerzas kurdas como por las de Damasco.

Imagen 4. Retroceso del Estado Islámico. Fuente: AFP-Perry-Castañeda Library Map Collection

El posible ataque químico del régimen contra la ciudad siria de Jan Sheijun (2017), fue la causa esgrimida por EE.UU. para atacar, por primera vez de forma directa, al régimen de Assad. Tanto Rusia como los aliados del régimen protestaron por el ataque. De esta forma, se delimitaron los bandos enfrentados. 

Actualmente, la ayuda rusa y la intervención de Irán y de diversas milicias chiíes han permitido a Assad no solamente asentarse en el poder, sino también ir ganando la guerra al controlar el 60 % del territorio (Imagen 5). Otro elemento importante del escenario sirio son las fuerzas kurdas, apoyadas por EE. UU., que controlan un 25 % y que tienen el objetivo de crear una región autónoma en esos territorios. Su principal fuerza es el Partido de la Unión Democrática (PYD), un grupo de inspiración marxista. Este grupo ha impulsado la creación de unas milicias –las YPG o Unidades de Protección Popular– que se han convertido, hasta ahora, en el principal aliado sobre el terreno de la coalición liderada por Estados Unidos. Se calcula que estas milicias cuentan con unos 70.000 efectivos, de los cuales un 20 % serían mujeres. Contingente que se ha nutrido también de militantes del PKK –Partido de los Trabajadores de Kurdistán, grupo político armado que actúa en Turquía y que Ankara considera terrorista.

Imagen 5. Situación territorial en Siria en octubre de 2019. Fuente: Southfront.org-Perry Castañeda Library Map Collection

Por su parte, el Ejército Sirio Libre (ESL) mantiene el control de un escaso territorio en el noroeste sirio: la provincia de Idlib, fronteriza con Turquía, pero cuenta con el apoyo del gobierno turco. La potencia turca, preocupada, por la posibilidad de la aparición de alguna estructura institucional kurda en sus fronteras –región autónoma en Siria– ya ha mostrado su oposición a la misma, amenazando con una intervención militar en la zona. El problema es la presencia de tropas norteamericanas que apoyan a los kurdos; de esta manera Estados Unidos se encuentra en el dilema de a qué aliado apoyar. 

Los últimos episodios del conflicto han venido dados por dos circunstancias protagonizadas por actores distintos:

  • El ataque turco a las posiciones del PYD en toda la franja fronteriza entre Siria y Turquía. Previamente, las tropas norteamericanas, aliadas de los kurdos en su combate contra el Estado Islámico, habían abandonado el territorio, dejando el campo libre a la actuación de Erdogan. La retirada estadounidense ha sido interpretada como un claro abandono de sus mejores aliados en la zona: las fuerzas kurdas. Tras unos días de combates, estos se han frenado mediante acuerdos de Turquía con Rusia y Estados Unidos, lo que ha permitido a las fuerzas de Assad ocupar un territorio, como fuerzas de interposición, que antes controlaban los kurdos. Si afianzase sus posiciones en estas zonas, Assad pasaría a controlar el 80 % del territorio sirio. La invasión turca ha motivado que los kurdos se hayan  acercado al régimen sirio buscando apoyo frente a la agresión de Erdogan.(Imagen 6)
  • La muerte de Al Bagdadi (líder del Ejército Islámico) en un ataque de las fuerzas especiales del Ejército de Estados Unidos, acción que se produjo el 26 de octubre. El descabezamiento del movimiento es un paso importante, pero nadie duda tampoco de que ello no hará desaparecer a este grupo de la escena siria.
Imagen 6. Zona atacada por las fuerzas turcas. Fuente: El Confidencial-BBC

Sin duda, el conflicto, como en tantos otros casos de enfrentamientos civiles, se ha prolongado tanto tiempo por la intervención de las potencias extranjeras. Su apoyo financiero y militar ha mantenido viva la guerra, que ha provocado un elevado coste humano en muertes y desplazamientos de población.

Consecuencia derivada del conflicto ha sido el resurgimiento del sectarismo y la intolerancia en Siria, que bajo los Assad era un régimen secular en el que los diversos credos convivían en relativa paz. Las intervenciones de Irán y de Arabia Saudita han provocado un enfrentamiento encarnizado entre chiitas –y alauitas sirios, que también son chiitas– y sunitas. Los enconamientos religiosos también dificultan la posibilidad de una solución política al conflicto.

Bibliografía.

Álvarez-Ossorio, I. (2017). Sectarismo y yihad en el conflicto sirio. Política Exterior, 178.

Baños, J. (2019). Jordi Tejel: Los kurdos de Siria no tienen más alternativa que volver a brazos del régimen. La Vanguardia. En https://www.lavanguardia.com/internacional/20191009/47875777906/entrevista-jordi-tejel-historiador-kurdos-siria.html   

Guimón, P. (2019). Así fue la operación que acabó con la muerte de Al Bagdali, líder del ISIS. EL PAÍS. En https://elpais.com/internacional/2019/10/28/estados_unidos/1572281733_305574.html

Mourenza, A. (2019). Trump da via libre al ataque turco contra las fuerzas kurdas en Siria. EL PAÍS. En https://elpais.com/internacional/2019/10/07/actualidad/1570427871_758839.html

Sancha, N. (2019). Claves para entender el polvorín del norte de Siria. EL PAÍS. En https://elpais.com/internacional/2019/10/07/actualidad/1570447850_534042.html

Sánchez, E. (2019). Siria, las cartas se barajan de nuevo. EL PAÍS. En https://elpais.com/internacional/2019/05/13/actualidad/1557752805_693756.html

Publicada originariamente el 31 de octubre de 2019.

ACTUALIZACIÓN 15/12/2024

Una rápida ofensiva de las fuerzas opositoras al régimen de Bashar al-Assad, tras 13 años de guerra civil, ha culminado con la toma de Damasco y la huida del país del dictador (8/12/2024). Los opositores sirios, liderados por el islamista Hayat Tahrir al Sham han ocupado el poder en Siria, mostrando, por ahora, una actitud moderada y tolerante.

La Ilustración

Autor desconocido,  John Milton (1608-1674) visitando a Galileo Galilei  durante el tour italiano de Milton de 1638-1639 – grabado. Fuente: ...