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domingo, 13 de mayo de 2012

Paralelismos históricos

Antón Costas, catedrático de la Universidad de Barcelona, ha escrito en el diario EL PAÍS de hoy un interesante artículo en el que establece algunos paralelismos entre la situación histórica de la década de los años treinta del siglo pasado en Alemania y la actual situación en Europa. Pretende con ello comprender las razones de la obcecación política de Merkel, actual canciller alemana, en las políticas de control del déficit a toda costa.
Cuando los efectos de la Gran Depresión llegan a Alemania a principios de los años treinta, el canciller Heinrich Brüning adoptó una política económica no intervencionista y defendió la austeridad como la mejor política. Esta política fracasó, tuvo de dimitir y la República de Weimar se hundió, facilitando el ascenso de Adolf Hitler. Nada más acceder al poder, Hitler cambió la política económica al optar por el intervencionismo económico del Estado mediante la inversión en obras públicas y el aumento del gasto militar. Las consecuencias de la llegada del nazismo al poder son conocidas por todos.
De la misma manera, la actual política económica dominante en Europa, partidaria del control del déficit a capa y espada, y enemiga de cualquier intervencionismo estatal (leáse políticas keynesianas) para impulsar la economía, está generando la aparición de grupos políticos cada vez más radicalizados, muchos de ellos de índole racista y xenófoba. Otros grupos comienzan a cuestionar la misma existencia de la UE en los actuales términos. Observamos así cómo la crisis económica se está convirtiendo en una crisis política que puede transformar aspectos importantes de la Europa actual.
La Historia, a veces, teje paralelismos extraños pero ello nos debe servir para aprender de los errores cometidos. Podéis leer el interesante artículo en Scribd: La Sob Redo Sis de Austeridad
Fuente: EL PAÍS, 13/05/2012

sábado, 5 de mayo de 2012

Los nuevos protectorados en Europa

Lucas Papademos, primer ministro griego impuesto por la UE y el FMI

El protectorado era una figura jurídico-política propia del derecho internacional a través de la cual los Estados colonialistas del siglo XIX ejercían una tutela sobre otros territorios que, sin embargo, mantenían algunos aspectos de su soberanía nacional. La tutela se ejercía sobre la defensa, las relaciones económicas y el orden público.
Pensábamos que este tipo de administraciones ya había pasado a la historia pero la realidad actual nos está demostrando que ello no es así. Algunos Estados, situados en la desarrollada y civilizada Europa están siendo sometidos a unas tutelas que nada tienen que envidiar a las del colonialismo del XIX. Países como Grecia o Italia han visto como sus gobernantes legítimos han sido sustituidos por tecnócratas elegidos por las actuales instancias de poder en la UE: Alemania, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Los partidos mayoritarios en los respectivos parlamentos han apoyado estos nombramientos.
La consecuencia es que en estos países se aplican las políticas económicas y sociales que dictan los citados poderes, independientemente de los deseos y necesidades de sus ciudadanos, que han dejado de ser sujetos de soberanía para transformarse en meros súbditos. No significa que hayan desaparecido las formas democráticas -mañana hay elecciones en Grecia- pero el poder de los parlamentos se ha reducido a aspectos tangenciales.
Otros países están siendo vigilados de cerca por las autoridades comunitarias y financieras (España, Irlanda, Portugal), también con la aquiscencia de los partidos gobernantes. Todos estos países centran sus esfuerzos en el objetivo que se les ha impuesto: el pago del déficit en unos plazos determinados. Todo lo demás se supedita a ello: sanidad, educación, infraestructuras, pensiones, etc. No importa en bienestar de la población sino que los bancos y fondos financieros cobren. Es la ficción de la democracia; cuando los pueblos no pueden elegir su destino no existe la libertad.
Una parte de Europa se ha convertido en protectorado de la otra. Han resurgido los viejos instrumentos de dominación colonial convenientemente disimulados pero siempre obedientes al capitalismo financiero que es el verdadero centro de poder.
Ante esta situación no es extraño que los extremos políticos, especialmente los fascismos, cobren nuevo auge como se demuestra en la mayoría de las elecciones que se han celebrado en Europa últimamente. La desafección hacia la democracia es un enorme peligro que se cierne sobre Europa.

Sobre el mismo tema se puede leer el siguiente artículo de Ignacio Ramonet, publicado en Le Monde Diplomatique en español del mes de marzo de este año y titulado "Nuevos protectorados"

Nuevos protectorados

viernes, 23 de marzo de 2012

La rebelión tuareg en Malí: la descolonización que no cesa

Desde el mes de enero de este año se está desarrollando una verdadera guerra civil en Malí; en ella se enfrentan los tuareg y el ejército maliense. Apenas  ha aparecido en los medios de comunicación españoles, donde parece interesar poco lo que ocurre en la región del Sahel.




A pesar de su relativa cercanía a nuestra península y de la importancia estratégica que tiene todo lo que en ella ocurra para vecinos tan relevantes como Marruecos o Argelia, se trata de una región un tanto olvidada. Solamente cuando hay alguna hambruna, un secuestro de occidentales o un golpe de Estado salta a la actualidad como ha ocurrido ahora con Malí.


El Sahel es una de las más inestables de África. La mayor parte de sus problemas proceden del proceso de colonización y de una descolonización que no respetó los intereses de los pueblos de la zona, creando estados artificiales que solamente respondían al interés de las potencias colonizadoras, Francia en este caso. Malí es un ejemplo paradigmático de ello; bajo unas mismas fronteras se unen dos pueblos distintos, enemigos históricos: los tuareg al norte, de cultura y lengua bereber (representan alrededor del 10 % de la población), y los de origen y cultura negra, que son mayoritarios pero divididos a su vez en diversas etnias, al sur. No obstante, la religión predominante en los dos pueblos es la musulmana , lo cual podría constituir un nexo de unión.

La integración de la población tuareg por parte del Estado maliense no se ha logrado y sus deseos de independencia han permanecido latentes. Ello se ha manifestado en sucesivas rebeliones:
  • 1964-65: el motivo fue una reforma agraria que atentaba contra las tierras tradicionales de los tuareg. La revuelta  se convirtió en una guerra de guerrillas que perdieron las tribus tuareg.
  • 1990-96: esta vez el objetivo era la consecución de la independencia o, al menos, de la autonomía. Se desarrolló en Malí y en Níger y el conflicto concluyó con un acuerdo que pretendió la integración de los tuareg en la vida política, en el ejército y en la vida económica del país.
  • 2007: también afectó a Malí y Niger. Su desencadenante fue el fracaso de la política de integración pactada en los acuerdos finales del anterior conflicto. 
La actual rebelión se inserta, por tanto, en un conflicto que estaba latente y es una manifestación más del mismo. Pero también puede contemplarse en el contexto de las denominadas revoluciones árabes y en el deseo de libertad de poblaciones tradicionalmente oprimidas. Su causa parece estar en la tradicional discriminación que padecen los tuareg y en la aspiración del grupo político que los representa (el  MNLA  o Movimiento Nacional de Liberación de Azawad) de lograr la independencia del territorio tuareg -conocido por ellos como Azawad-. En esta lucha son apoyados por otras tribus marginadas del poder en Mali. De la misma manera, cuentan también con la ayuda de numerosos militares tuareg del disuelto ejército de Gadafi.
Zona denominada Azawad

La rebelión tuareg afecta a las regiones del norte del país, aunque los rebeldes avanzan hacia el sur en estos momentos. Ha sido el descontento militar por estos avances y por las limitaciones a su actuación (políticas y logísticas) lo que ha ocasionado el golpe de Estado en Malí.


Hasta la caída de Gadafi, la zona era el escenario del enfrentamiento estratégico entre Argelia y Libia, siempre con la sombra francesa detrás. La antigua potencia colonial, y los países occidentales en general, observan con preocupación esta región donde la inestabilidad política, los problemas económicos y la debilidad de los Estados está favoreciendo la penetración del radicalismo islámico.

lunes, 14 de noviembre de 2011

La crisis económica de 2008: la Gran Recesión

Comprender la crisis económica actual no es tare fácil. Y pocas son aún las publicaciones que han tratado de dar una visión histórica y sintética de la misma. La mayoría de las interpretaciones inciden en el sesgo neoliberal de las respuestas políticas a la crisis y en la constatación de que hay otras políticas posibles. Uno de los estudios más didácticos y completos es el de Navarro, V.; Torres, J. y Garzón, A. (2011) Hay alternativas. Madrid: Ed. Sequitur. Basándonos en esta obra hemos elaborado este mapa conceptual que pretende esquematizar los principales procesos que la causaron.

sábado, 10 de septiembre de 2011

El 11-S en la historia de la primera década del siglo XXI

Fuente: Público


Se cumple ahora el décimo aniversario de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono. Por ello, los medios de comunicación están prestando un gran interés a este acontecimiento. En estos informes y documentales hay una fuerte tendencia a presentar este hecho como uno de esos momentos históricos que cambiaron el devenir de las sociedades.
Ya han pasado diez años de los citados acontecimientos y, ahora, podemos analizar su repercusión con más calma y establecer su verdadero significado histórico. Se trata, por lo que percibimos, de un hecho sobrevalorado; ello suele ocurrir cuando lo acontecido se convierte en símbolo. Y así es para Estados Unidos, pues aquello cambió su modo de ver el mundo y disminuyó su sensación de seguridad. Se trató también de un atentado con gran valor mediático, ya que fue transmitido prácticamente en directo por las televisiones, lo que contribuyó a magnificarlo. Pero para el resto de las sociedades, su valor y trascendencia histórica fue diferente.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 demostraron la vulnerabilidad de los Estados Unidos. Inauguraron una serie de ataques a otros centros occidentales -Madrid, Londres- que acrecentaron la sensación de inseguridad y de que sus autores -el terrorismo islamista centrado en torno a al-Qaeda- podían representar una seria amenaza para occidente. Incluso se llegó a hablar de enfrentamiento entre el mundo occidental y el mundo islámico. Esta percepción tuvo dos consecuencias inmediatas:
  • A nivel interno la mayoría de gobiernos aplicaron medidas legales de restricción de derechos y se acrecentaron los mecanismos policiales de vigilancia y control, todo ello con la finalidad de evitar otros posibles atentados.
  • A nivel de relaciones internaciones destacó la reacción de los Estados Unidos. Inmediatamente se embarcó en una guerra contra el régimen talibán que gobernaba Afganistán y que protegía a los miembros de al-Qaeda; los talibanes fueron desalojados del poder (2001) pero el conflicto aún perdura. La clara intencionalidad punitiva de este conflicto, apoyada por la comunidad internacional,  se diluyó con el desencadenamiento de la guerra contra Irak (2003): un conflicto más difuso que no pudo ser justificado con el argumento de la lucha contra el terrorismo y que ya no tuvo el beneplácito de la ONU ni de gran parte de la comunidad internacional. En parte, este segundo conflicto deslegitimó al primero pues permitió creer que, en realidad, la intención última de los Estados Unidos no era castigar a los responsables de los atentados sino establecer una estrategia de dominio sobre el Oriente Próximo.
La combinación de ambas políticas ha permitido aminorar las amenaza del terrorismo islamista en occidente, aunque sigue vivo en zonas como Pakistán o el Magreb. En cualquier caso hoy parece evidente que el terrorismo internacional (léase al-Qaeda) no ha sido capaz de colapsar el mundo occidental o de poner en peligro los fundamentos políticos y económicos del mismo. La espectacularidad de sus acciones pudo servir para acrecentar su prestigio entre ciertas capas sociales de las sociedades islámicas o para atemorizar temporalmente a las poblaciones de occidente, pero jamás llegó a representar una amenaza seria para el orden establecido.
Así pues, nos encontramos con un acontecimiento muy importante para explicar las relaciones internacionales durante la primera década del siglo XXI, especialmente porque contribuye a explicar las acciones de los Estados Unidos como potencia hegemónica. Pero fuera de este ámbito su trascendencia disminuye.
Si tuviéramos  que elegir algunos acontecimientos ocurridos en esta primera década y cuya repercusión   puede ser más relevante para el devenir histórico global podríamos citar los siguientes:
  • La revolución de las tecnologías de la información y de la comunicación, especialmente la difusión de las redes sociales.
  • La crisis económica que comenzó en 2008.
  • Las revoluciones árabes que derrocaron a algunos regímenes dictatoriales en el norte de África.
  • El ascenso de nuevas potencias como China e India.

sábado, 20 de agosto de 2011

La desintegración de la URSS

Boris Yeltsin se dirige a la multitud el 19 de agosto de 1991
durante el intento de golpe de estado
Fuente: EL PAÍS

Hace ahora veinte años que se desintegró la URSS y desapareció el principal régimen comunista en el mundo. Este hecho cambió la historia. Supuso la desaparición de lo que se conoce como Guerra Fría y la crisis final del comunismo estalinista, pero también representó la aparición de un nuevo período histórico caracterizado por la expansión del capitalismo y la globalización económica.
Es cierto que ello permitió la implantación de regímenes democráticos en los antiguos países del Pacto de Varsovia, en las antiguas ex-repúblicas soviéticas ahora independientes y en la misma Rusia pero el proceso de transición se hizo de una forma traumática y permitió la consolidación en el poder de casi los mismos grupos socioeconómicos que antes dominaban sus respectivos países; las pequeñas ventajas socioeconómicas que gozaba la población desaparecieron de golpe y se implantó lo que algunos historiadores han llamado un "capitalismo salvaje". Por esta causa aún un importante porcentaje de la población rusa añora los tiempos comunistas.
La desaparición del comunismo tuvo también consecuencias para la Europa occidental. Desapareció la amenaza de guerra nuclear y se pudieron bajar las enormes inversiones en armamento pero ello significó también, para el capitalismo, la ausencia de cualquier amenaza política e ideológica. Se podía, así, comenzar a destruir aquellos elementos construidos para atajar en Europa  cualquier amenaza de revolución social o política; nos referimos al Estado de Bienestar. Estamos asistiendo, todavía hoy, a un ataque a este modelo social; es lento pero efectivo y se inició con la caída del comunismo. Es una de sus consecuencias, como la globalización.
Aquellos años, entre 1985 y 1991, fueron convulsos. El siguiente eje cronológico puede ayudar a ordenar los acontecimientos:

sábado, 21 de mayo de 2011

El movimiento del 15-M: los indignados.

Hace algo más de un mes publicábamos una entrada comentando el libro Indignaos de Stéphane Hessel y recalcábamos su importancia. Ahora parece que los jóvenes españoles han leído el libro.  El final de la actual campaña electoral ha venido acompañado de la aparición de un movimiento social de protesta que ha alcanzado, en breve tiempo, un elevado nivel de éxito. Ello ha sorprendido a muchos pero lo realmente extraño es que no hubiese surgido antes. Lo que está ocurriendo ahora ya es historia y merece la pena que intentemos analizarlo y comprenderlo.

Fuente: EL PAÍS.

Es difícil aún valorar tal movimiento y más todavía pronosticar su futura evolución. Es demasiado nuevo y ni los catedráticos de sociología se atreven con ello. No obstante se pueden apuntar algunas cosas.
Las causas están en la confluencia de dos crisis: la económica y la desconfianza hacia la clase política.
Las crisis económicas graves y prolongadas tienen, inevitablemente, unas consecuencias sociales que son conocidas. La Gran Depresión de 1929 constituye un paradigma al respecto. Y la actual no le va a la zaga. En el siguiente mapa conceptual intentamos explicar las consecuencias sociales, políticas y económicas que se generan:  la principal es el cierre de empresas que  provoca el aumento del paro y la precariedad laboral. 


Pero la crisis actual aporta una característica distinta de la de 1929; en aquella ocasión se recurrió al keynesianismo (que teorizó la necesidad de la intervención estatal como remedio para la crisis), ahora el Estado hace lo contrario. Amenazado por el capital financiero, hace de la disminución del déficit el centro de su política económica y, por tanto, reduce la inversión pública (se frenan los gastos en obras públicas, se reduce el sueldo a los funcionarios, se congelan las pensiones, se alarga la edad de jubilación, etc.). Esas medidas agravan el estancamiento económico porque reducen la demanda interna y tienen como efecto secundario la elevación del paro.
Así pues a la crisis económica internacional (la Gran Recesión) se le suman los efectos de una política económica que contribuye a frenar la posibilidad de un crecimiento económico.
Las consecuencias son por todos conocidas: tasas de paro del 20 % (casi el 40% entre la juventud) y escasas perspectivas de recuperación; retribuciones salariales a la baja o estancadas con una inflación superior al 2 %; empleos precarios, etc. A ello debemos sumar los recortes propuestos en el Estado de Bienestar -un Estado de Bienestar que es mucho más reducido aquí que en el resto de los quince países más desarrollados de la UE-: sanidad, educación, prestaciones sociales… ven reducirse su presupuesto. Toda esta política, además, aparece ante la opinión pública como una forma de proteger al capital financiero a costa del empeoramiento de las condiciones de vida de numerosos sectores sociales. Ante tal perspectiva ¿por qué nos extrañamos de que los jóvenes protesten?
La segunda cusa es la crisis de confianza en la clase política. Al hablar de clase política nos estamos refiriendo al gobierno pero también al conjunto de todos aquellos que, en los distintos niveles del Estado, participan en las decisiones políticas. Esta crisis tiene su mejor expresión en el desengaño hacia los dos grandes partidos que han asumido las mayores responsabilidades políticas. El acercamiento hacia el centro político de todos ellos hace que parezcan iguales. También ha contribuido a ello el desarme ideológico de la izquierda moderada (socialdemócrata), representada por el PSOE, y la concurrencia de ambos en la plasmación de unas mismas políticas económicas. Llega un momento en que parecen representar lo mismo, con muy ligeros matices. Este hecho perjudica más a la izquierda, siempre más crítica con su voto. Además hay otros hechos que han acrecentado la desconfianza hacia la clase política:
  •       Los abundantes casos de corrupción y el evidente nepotismo de los partidos políticos mayoritarios.
  •       La crítica a un sistema electoral que privilegia el bipartidismo y la representación desproporcionada –en función de su número de votos- de los partidos nacionalistas (Canarias, País Vasco, Cataluña) en las elecciones generales. Si el voto a los partidos mayoritarios sirve para que apliquen las mismas políticas y el voto a los partidos más pequeños se vuelve inútil por el sistema electoral, ¿a quién voto?.
  •       La evidencia de un discurso político vacuo y alejado de los problemas de sectores importantes de la población.
En cualquier caso, no parece haber una crítica a la democracia, sino a determinados vicios de la misma. El discurso del movimiento, hasta cierto punto, es regeneracionista.
Se ha querido asimilar este movimiento social al que originó las revueltas en el mundo árabe y derrocó a los regímenes de Túnez y Egipto (Véase entrada Cinco causas de las revueltas árabes). No son comparables, salvo en tres aspectos:
  •       La relevante incidencia de la crisis económica como factor desencadenante.
  •       Su surgimiento de forma espontánea, sin el impulso inicial de grupos políticos o instituciones. Aunque después sí que se sumen.
  •       La utilización de las redes sociales de Internet como un instrumento de comunicación, de coordinación y de extensión del movimiento.

Las elecciones celebradas durante la Segunda República

El régimen político de la Segunda República española (1931-1939) significó la ruptura con la preponderancia secular del conservadurismo soci...