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domingo, 21 de abril de 2019

El conflicto libio: de la primavera árabe a la guerra civil


1. Primavera árabe y levantamiento armado

La primavera árabe fue un fenómeno que suscitó grandes esperanzas entre las poblaciones sojuzgadas de la mayor parte de los países del norte de África y del Oriente Próximo. Unas esperanzas que, salvo en el caso de Túnez y parcialmente de Marruecos, se malograron en el camino dando lugar a situaciones mucho peores que las que se proponían cambiar: guerras civiles (Siria, Libia), nuevas dictaduras (Egipto),… Pocas veces un proceso tan esperanzador acabó tan mal. Véase al respecto nuestra entrada: https://miradahistorica.com/2011/01/16/las-revoluciones-no-son-cosa-del-pasado/
Las repercusiones de la primavera árabe (también conocida como revolución del jazmín) llegaron a Libia de la misma manera que lo habían hecho a otros países del norte de África, pero su foco principal no surgió en la capital, Trípoli, sino en Bengasi, donde a principios de 2011 se produjeron diversas manifestaciones contra el régimen dictatorial de Gadafi. Esta ciudad se convirtió en el principal centro de oposición al régimen. Las manifestaciones se transformaron rápidamente en un levantamiento armado, algo extraño porque el país estaba sometido a un férreo control bajo la dictadura populista y filo-socialista de Gadafi, pero que se explica, como más adelante veremos, por la ayuda de algunas potencias occidentales. De las manifestaciones se pasó a la guerra civil sin solución de continuidad.
No fue casualidad que el conflicto empezase en el este de Libia. La región de Bengasi siempre había soportado mal el dominio del dictador, originario del oeste del país. La revuelta tenía antecedentes; ya en los años noventa del siglo pasado se originó allí una rebelión armada de cariz islamista que se sustentó en las profundas diferencias tribales existentes. No hay que olvidar que Libia es un país artificial, fruto de las divisiones territoriales postcoloniales.
Como Gadafi utilizaba su amplio poder aéreo para atacar a los sublevados, la Liga Árabe solicitó a la ONU la creación de una zona de exclusión aérea para proteger a los opositores y a la población civil en general. El plan había sido presentado por Francia, Reino Unido y Líbano, y finalmente apoyado con algunas reticencias por EE UU., para aplicarlo se emplearía a la OTAN. El gobierno socialista español también apoyó la resolución. Esta decisión dio lugar a un gran despliegue bélico porque los que se pretendía era no solamente evitar el despegue de cualquier aparato libio sino también atacar al régimen desde el aire y desde el mar, pero sin invadirlo por tierra. De esta forma los Estados occidentales comenzaron a bombardear Libia el 19 de marzo de 2011, dando por finalizada la misión a finales de ese año. Lo que había comenzado como una misión humanitaria para proteger a civiles se había convertido en un movimiento para derrocar a Gadafi mediante una guerra civil en la que el ejército regular apoyado por mercenarios se enfrentaba a los insurgentes apoyados por fuerzas extranjeras.

Despliegue militar occidental contra el régimen de Gadafi. Fuente: Wikipedia.

La actuación occidental se explica por la animadversión hacia Gadafi y su régimen, a pesar de que era un suministrador fiel de combustible, un promotor de importantes inversiones de capitales en países europeos y también un buen cliente económico, incluido el sector militar. Las extravagancias del líder, sus coqueteos con numerosos movimientos revolucionarios o grupos terroristas europeos y africanos, y su retórica antioccidental lo convertían en un país incómodo para los intereses occidentales.

Ataque contra fuerzas leales a Gadafi en 2011. Fuente: https://www.reuters.com/article/us-libya-decisions-4/special-report-the-wests-unwanted-war-in-libya-idUSTRE73011H20110401

Las causas del hundimiento del régimen de Gadafi son variadas e incluso contradictorias según las fuentes. Para unos Gadafi proporcionaba a su pueblo un cierto bienestar y colaboraba económicamente con los países africanos, pretendiendo aumentar su influencia en la región norte-africana, en competencia con Francia. Algo que este país no podía tolerar y que explicaría su posición claramente favorable al ataque de la OTAN. Sin embargo, según otros autores, existía un germen de descontento por varias razones: Gadafi, tolerado por su pueblo, pero no amado, no supo transformar su régimen y arrinconó al ala reformista de su gobierno. Tampoco existía ese modesto estado de bienestar al que aludía Botaya porque no se redistribuían equitativamente los beneficios del petróleo. Y, por último, la desatención a los jóvenes y su falta de perspectivas.
En pocos meses el régimen de Gadafi se derrumbó, caída que significó también su muerte al ser capturado por los rebeldes (20 de octubre de 2011). Se abrió entonces un gran vacío de poder en el que múltiples fuerzas, en un contexto en el que el tribalismo era poderoso, luchaban por imponerse sin que se pudiese hablar de un Estado libio. Desde ese momento la situación se caracterizó por la aparición de varios gobiernos enfrentados, de milicias descontroladas, de grupos yihadistas y de enfrentamientos tribales (tuaregs, tubus,…) .


Divisiones étnicas y regionales en Libia. Fuente: Wikipedi

2. El Estado fallido

El 7 de julio de 2012 se celebraron elecciones al nuevo Congreso General Nacional, órgano que sustituyó al Consejo Nacional de Transición, primer germen de estructura estatal surgido tras la desaparición de Gadafi. La victoria fue para la Alianza de Fuerzas Nacionales, de tenencia liberal aunque reconocía la Sharia  como fuente de derecho. Este nuevo Congreso concretó su objetivo en crear una constitución en el plazo de 18 meses. Tres meses después de las elecciones, el Consejo eligió a Ali Zeidan como primer ministro. Su gobierno se mostró incapaz de controlar a las milicias, de diferentes ideologías y orígenes tribales, sobre todo por la ausencia de un verdadero ejército nacional y de una policía estatal. La situación fue degradándose rápidamente. 
Paralelamente, el Congreso General fue radicalizándose y acercándose a los planteamientos islamistas, especialmente tras la elección de Nouri Abusahmain como presidente. Las ideas moderadas de Zeidan quedaron arrinconadas. En el este del país la influencia islamista también fue aumentand; los Hermanos Musulmanes egipcios, exiliados especialmente en la zona de Cirenaica, promovieron su movimiento mientras que Al Qaeda también ampliaba su influencia.
Así, en los primeros meses de 2014 el país se vio inmerso en múltiples conflictos de baja intensidad, pero descontrolados: fuerzas islamistas contra oponentes laicos, tribus contra tribus, ciudades contra ciudades. Una fragmentación creciente y explosiva. En este contexto, el 14 de febrero, el general Jalifa Haftar daba un golpe de Estado y exigía la disolución del Congreso General Nacional y la convocatoria de nuevas elecciones. Con el apoyo militar de varias unidades gubernamentales y de algunas milicias tribales atacó a las milicias islamistas en el este del país y tomó Bengasi. El 18 de febrero tomaron el parlamento de Trípoli. La propuesta del general Haftar obtuvo considerables apoyos militares y tribales, planteando la celebración de nuevas elecciones

Ataques y zonas controladas por el ISIS (2014-2016). Fuente: http://www.senat.fr/rap/r17-605/r17-605_mono.html

Estas nuevas elecciones –7 de julio de 2014– auparon al poder al gobierno moderado de Akila Saleh Issa, pero el gobierno anterior, que ahora estaba dirigido por una tendencia islamista próxima a los Hermanos Musulmanes se negó a entregarle el poder. Por ello el nuevo gobierno se instaló en Tobruk, desde donde intentó dirigir un país sumergido en el caos y en el que existían más de mil milicias distintas.
Desde entonces, el país ha quedado dividido en dos grandes alianzas: una en torno al gobierno de Trípoli, apoyado por la poderosa ciudad de Misrata, y otro en la región oriental en torno a las ciudades de Tobruk y Bengasi. En este segundo núcleo se impuso el general Haftar como hombre fuerte.

Milicias libias. Fuente: https://www.liberte-algerie.com/actualite/sud-de-la-libye-guerre-

 3. Los dos gobiernos. La guerra civil.

En diciembre de 2015, a través de la mediación de la ONU, se logró formar un nuevo gobierno de mediación dirigido por Fayez Al-Sarraj. Un gobierno débil amenazado por dos gobiernos alternativos: uno, islamista, en Trípoli y otro en Bengasi, encabezado por Haftar. Además el intervencionismo extranjero seguía activo; desde principios de 2016 Estados Unidos, Reino Unido y Francia habían mantenido una presencia armada en Libia –compuesta básicamente por drones y fuerzas especiales–. También Egipto había bombardeado puntualmente a grupos rebeldes. Este intervencionismo dificultaba las conversaciones de paz y la posibilidad de formar un gobierno unificado. En cualquier caso, la violencia proseguía en el país.

División política en 2015. Fuente: http://www.senat.fr/rap/r17-605/r17-605_mono.html

El gobierno del NGA es incapaz de gestionar el país porque el verdadero poder reside en las innumerables milicias. Entre ellas destaca la del general Haftar, la más poderosa. El general, un perfil semejante al del dirigente egipcio al-Sisi, comienza a ser visto como una posible solución al caos libio, aunque cuenta con pocos apoyos en el oeste del país donde temen que imponga un nuevo régimen autoritario. 
La división se ha mantenido hasta la actualidad. Incluso, en estos días, las fuerzas de Haftar están atacando Trípoli y controlan casi todo el país. El curso de los acontecimientos parece favorecer a Haftar, que ya controla el 77 % del territorio libio, incluyendo los principales yacimientos petrolíferos, mientras que el gobierno de Al-Sarraj solamente tiene bajo su poder el 6,5 %. 

División política actual de Libia. Fuente: https://elpais.com/internacional/2019/04/07/actualidad/1554651616_88

Las alianzas internacionales también se han definido respecto al enfrentamiento entre Haftar y al-Sarrat. Mientras el primero cuenta con el apoyo de Egipto, Emiratos Árabes, Arabia Saudí y las más novedosas de Rusia y Francia, el gobierno del NGA cuenta con el apoyo del resto de potencias europeas, especialmente Italia, Turquía y Qatar. Estados Unidos, por su parte, ha mantenido una posición menos definida. 

4. Las consecuencias del conflicto.

La preocupación europea por el posible desencadenamiento de una guerra es evidente. Las repercusiones económicas, humanitarias y políticas pueden ser enormes. 
La posibilidad de una caída de la producción petrolera es palpable –ataques a pozos, cierre voluntario de la producción como arma de presión,…–. La economía libia ya estaba hundida y una guerra solamente puede empeorar aún másuna situación ya catastrófica. También los migrantes atrapados en suelo libio se verían afectados por un indudable deterioro de su ya maltrecha situación, lo que puede impulsar el éxodo hacia Europa. Se calcula que actualmente hay en Libia casi un millón de personas esperando poder llegar a Europa.

Actividades petroleras en Libia. Fuente: http://www.senat.fr/rap/r17-605/r17-605_mono.html

Las disensiones en el seno de la Unión Europea se han hecho evidentes a causa del conflicto, en especial entre Francia e Italia. Cada una ha optado con más o menos claridad por alguno de los contendientes, en una competición por asentar su influencia en la zona: Italia como antigua potencia colonizadora y Francia por sus enormes intereses económicos en la zona. Las desavenencias europeas y el desinterés de la administración de Trump por el tema libio están abriendo la puerta a los interese rusos, que buscan la alianza con Haftar.
Una posible guerra civil generalizada en Libia más los problemas sociales en Marruecos y Argelia crean un contexto sumamente preocupante para Europa porque, entre otros aspectos, puede facilitar un resurgimiento del ISIS en Libia y un aumento de la influencia del islamismo radical. 
Bibliografia.
Charasse, P. (2011). Lecciones de la guerra en Libia. Le Monde diplomatique en español, 191. En: https://mondiplo.com/lecciones-de-la-guerra-en-libia
Sorroza, Alicia. (2011). Intervención en Libia: un puzzle de intereses europeos. ARI Real Instituto Elcano. En http://biblioteca.ribei.org/2080/
Fuente Cobo, I. (2014). Libia la guerra de todos contra todos. Boletín Del Instituto Español de Estudios Estratégicos46. En http://www.swp-berlin.org/fileadmin/contents/products/research_papers/2013_RP04_lac.pdf.
Gil, J., Lorca, A. (2011). Libia y Yemen: comunidad tribal y guerra civil. Estudios de Política Exterior. Retrieved from https://www.jstor.org/stable/23055012
González, R. (2019a). La ofensiva del general rebelde Haftar sitúa a Libia al borde de una guerra abierta. EL PAÍS. En:https://elpais.com/internacional/2019/04/07/actualidad/1554651616_882798.html
González, R. (2019b). Libia: Hafter, el poderoso señor de la guerra que asedia Trípoli. EL PAÍS. Retrieved from:https://elpais.com/internacional/2019/04/07/actualidad/1554659093_640057.html
Martín, J. (2019). El conflicto en Libia: una guerra silenciosa entre Macron y Salvini.El Confidencial. Retrieved from: https://www.elconfidencial.com/mundo/2019-04-08/el-conflicto-en-libia-la-guerra-silenciosa-entre-macron-y-salvini_1930010/
Ruiz, S. (2017). Libia, ¿puzzle irreconstruible? Estudios de Política Exterior. Retrieved from: https://www.politicaexterior.com/actualidad/libia-puzzle-irreconstruible/
Savio, I. (2019). Cerco al petróleo y choque Roma-París: los efectos para Europa de la guerra en Libia. El Confidencial: En: https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2019-04-12/amenaza-del-cerco-de-petroleo-los-efectos-para-europa-de-la-guerra-en-libia_1938038/
Tamames, J. (2016). El futuro de Libia continúa siendo incierto. Estudios de Política Exterior. En: https://www.politicaexterior.com/actualidad/el-futuro-de-libia-continua-siendo-incierto/

jueves, 31 de agosto de 2017

Conflictos por la hegemonía en el mundo árabe: el enfrentamiento entre Arabia Saudí y Qatar


A principios del mes de junio se inició una crisis diplomática muy significativa en la península Arábiga. La ruptura de relaciones de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Barhreín, Egipto, Yemen y las Maldivas con Qatar pone fin a la ilusión de liderazgo que este último país intentaba tejer. Además, estos problemas diplomáticos se relacionan con otras cuestiones que afectan a la región: el drama sirio, la cuestión iraquí, el papel de Irán o al lucha contra el Daesh.
Oriente Próximo. Fuente: hhtp://geographicguide.com
El lunes, 5 de junio, los países ante citados rompieron sus relaciones diplomáticas con Qatar, tras varios días de creciente tensión. Esta acción se justificó con dos acusaciones dirigidas contra el micro-estado qatarí: respaldar al terrorismo por su apoyo al islámico político y la de buscar el acercamiento a Irán. En concreto, se le exige que cese en su respaldo a los Hermanos Musulmanes y a Hamás, que cierre la cadena por satélite Al Jazeera y que sea más beligerante contra Teherán. Estos argumentos ya fueron utilizados durante la crisis de 2014, que también enfrentó a Arabia Saudí, Barheín y EAU con Qatar. Las acusaciones no tienen muchos visos de realidad dado que, como todo país pequeño, Qatar busca un equilibrio entre los bloques dominantes en la región: el bloque encabezado por Arabia Saudí –sunita– y el dirigido por Irán –chiita–. La ruptura diplomática se acompañó con el corte de todas las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres. Ello representaba un grave problema para un país que importa un elevado porcentaje de los bienes que consume.
La situación geopolítica explica, en parte, la postura de Doha: la explotación compartida con Irán de su mayor reserva de gas natural; la búsqueda del paraguas militar norteamericano en vez del saudí; los lazos históricos con los Hermanos Musulmanes o el distanciamiento del CCG por la ineficacia de los procesos de regionalización, son componentes estructurales de la política exterior qatarí. Y esta se ha caracterizado, desde hace tiempo, por la independencia de sus decisiones y por la consecución de una capacidad de influencia muy superior a la que le permitiría el tamaño y la demografía del país.
Esta crisis ha sacudido profundamente al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), organismo creado en 1981, poco después de la creación de la República Islámica de Irán, la invasión de Afganistán por el ejército soviético (1979) y el desencadenamiento de la guerra entre Irán e Irak en 1980. El CCG se concibió como una respuesta a la inestabilidad de la zona y como un fortalecimiento de las monarquías árabes del Golfo Pérsico. A pesar de su enorme riqueza energética y financiera, su débil demografía y su vulnerabilidad militar respecto a sus vecinos (Irán, Irak, Egipto, Israel) les obligaban a estrechar sus relaciones. El CCG buscó también una cierta protección militar con los países occidentales, especialmente con Estados Unidos.
Desde su fundación, el CCG ha padecido diversas crisis, provocadas generalmente por la oposición entre Arabia Saudí y algunas de las otras monarquías. Riad siempre ha visto la península Arábiga como su área natural de influencia y donde más intensamente difunde su religión estatal –el wahabismo. Todo ello provoca desconfianza en las restantes monarquías y explica, por ejemplo, que el sultanato de Omán –un estado-nación con una fuerte identidad– siempre se haya mantenido lejos de los proyectos saudíes. Y, de hecho, este sultanato privilegia sus relaciones con Irán y Yemen, manteniéndose neutral en el conflicto que afecta a este último país.
Las consecuencias de esta crisis ya han parecido. La primera ha sido la caída del precio del petróleo, mientras que se estima poco probable una interrupción del suministro de gas –Qatar tiene las terceras reservas mundiales–, muy importante para Europa y Asia. Otra consecuencia es la ruptura del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), dividido en la forma de abordar los problemas regionales y, en especial, la postura frente a Irán. Ni Kuwait ni Omán han secundado las sanciones impulsadas por Arabia Saudí. Qatar cuenta con el apoyo de Turquía –con quien tiene un tratado de cooperación militar– pero también de Irán, que ve congratulada la división y crisis del CCG.
El origen de la actual ruptura se haya en la primavera de este año. Y viene de la mano del afianzamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí –consagrado en el viaje de Donald Trump a este país el 20 de mayo–, viaje que puso fin al enfriamiento de las mismas que se inició después del 11-S de 2001 y de la proliferación de sospechas de apoyo al islamismo por parte del régimen saudí. En estos años de enfriamiento, Qatar había asumido el estatus de aliado privilegiado de Estados Unidos en la región –plasmado en la implantación de la base militar norteamericana más importante en la región (Al Udied)–. Por ello la “reconciliación” entre Estados Unidos y Arabia Saudí le perjudicaría, especialmente cuando esta se vertebra sobre los principios de la lucha contra la financiación del terrorismo internacional y la voluntad de contener a Irán.
Base aérea de Al Udied. Fuente: http://desarrolloydefensa.blogspot.com.es
Fortalecida por el respaldo estadounidense, Arabia Saudí pretende ahora colocar a Qatar en una posición subordinada, propia de un micro-estado, e impedir que su política exterior sea independiente de los criterios emanados desde Riad. Esta posición de independencia se había visto fortalecida por el papel financiero del país, que le había proporcionado un verdadero protagonismo internacional a pesar de su tamaño. La enemistad entre ambos Estados, que tiene algo de fratricida, adopta hoy la forma de competencia, a pesar de que comparten bastantes estrategias comunes (diplomacia basada en el Soft Power generado por su potencia financiera, influencias en las diversas redes islamistas, etc.).
No se puede dejar de lado el cambio en la política exterior de Arabia Saudí que ha emprendido el nuevo rey Salmán, una política exterior más agresiva y hegemónica que busca encabezar el islam suní; este hecho también ayuda a comprender  tanto su intervención en la guerra de Yemen como esta ruptura de relaciones.
Ante estas perspectivas, las opciones de Qatar pueden derivar hacia un fortalecimiento de sus apoyos europeos –principalmente Francia y Gran Bretaña– y un aumento de los vínculos con Rusia, apoyados en acuerdos de defensa y de explotación gasística. En cualquier caso, el conflicto de las monarquías petroleras encrespa aún más el complicado panorama de la política de Oriente Próximo.
Bibliografía.
Dazi-Héni, F. (2017). El extraño conflicto del Golfo. Le Monde Diplomatique en español, 261.
Espinosa, Á. (2017a). Contradicciones, ambigüedades y mentiras en la crisis con Qatar. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/27/actualidad/1498553230_656838.html
Espinosa, Á. (2017b). La disputa diplomática con Qatar amenaza el equilibrio de poder en Oriente Próximo. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/10/actualidad/1497088773_409761.html
Valentini, V. (2017). Qatar. Les vicissitudes d’un micro-État du Golfe: perspectives théoriques de la crise. Diploweb.com La revue géopolitique. Retrieved from https://www.diploweb.com/Qatar-Les-vicissitudes-d-un-micro-Etat-du-Golfe-perspectives-theoriques-de-la-crise.html

domingo, 21 de mayo de 2017

Los jemeres rojos: cuando el sueño de la razón produce monstruos




Nos asombramos y escandalizamos, con razón, de la ferocidad que pueden alcanzar los regímenes totalitarios en su paranoia represiva. Enseguida nos vienen a la mente los campos de exterminio nazis o el Gulag siberiano de Stalin.  Ello es lógico tanto por la cantidad de víctimas que ocasionaron cada uno de ellos como por el predominio de una visión eurocéntrica en el análisis histórico más divulgado. Pero han existido otros genocidios que, con un criterio de proporcionalidad, han sido más terribles, baste ahora recordar tres: el genocidio de Ruanda, el de Camboya (o Kampuchea) y el Gran Salto Adelante de Mao Zedong.
1. Introducción histórica.
Camboya se independizó de Francia en 1953, conformándose como una monarquía bajo el reinado de Norodom Sihanouk. Se inició entonces un proceso de modernización económica y social que comenzó a truncarse con el inicio de la intervención norteamericana en el vecino Vietnam; cuando Sihanouk intentó preservar su país de la guerra fue respondido por EE.UU. con un golpe de estado que aupó al poder al general Lon Nol, más favorable a consentir su intervención en suelo camboyano para atacar al vietcong. En el contexto de la lucha contra la dictadura militar y los Estados Unidos surgieron los Jemeres Rojos, que acabaron tomando el poder el 1 de abril de 1975. Su base política fue el Partido Comunista de Camboya, creado en 1951 y que en los años setenta cambiaría su nombre por el de Partido Democrático de Camboya. La toma del poder de esta guerrilla significó la imposición de un régimen político dictatorial aunque, imitando a los regímenes comunistas de Europa, adoptó la denominación oficial de República Popular de Kampuchea. Pol Por fue su principal dirigente.
Entrada de los Jemeres Rojos en Phnom Pehn. Fuente: http://elordenmundial.com/
2. La ideología y la acción política.
El comunismo camboyano se inspiraba ideológicamente en la interpretación maoísta del marxismo y su objetivo era crear un modelo de sociedad basado en la explotación agraria y en el modo de vida rural. En su interpretación de la lucha de clases, el campesinado era la fuerza revolucionaria. El odio a la industrialización y al capitalismo provenía de la consideración de que la modernización y el progreso científico y tecnológico eran formas de colonialismo. Esta postura ideológica se mezcló con un nacionalismo xenófobo, principalmente antivietnamita y antinorteamericano.
Para lograr el objetivo señalado aplicaron un estricto control de los camboyanos mediante crueles métodos totalitarios que significaron la militarización de la población y la práctica cotidiana de detenciones, torturas y asesinatos.
El programa genocida se basó en estos fundamentos:
  • La creación de una sociedad agraria basada en los principios del igualitarismo extremo. Toda propiedad privada quedó prohibida, incluidos los objetos personales y la comida. Esta era proporcionaba por el Estado.
  • Se impidió la utilización de las máquinas fabricadas en el extranjero –que eran todas–, la lectura de textos en otras lenguas, etc. Se asesinó a toda la población que hubiese recibido cualquier tipo de formación; el país se quedó sin profesionales: médicos, maestros, ingenieros,… Se llegó a asesinar personas por llevar gafas. Se suprimieron las escuelas, las universidades, los hospitales, …
  • La vida urbana fue suprimida y las ciudades despobladas. Las personas capaces de trabajar, independientemente de su profesión, fueron enviadas al campo a cultivar la tierra de forma forzada.
  • Toda la población fue sometida a sesiones de reeducación mediante la enseñanza de la doctrina jemer. Si la persona no se reeducaba era asesinada.
  • Para fomentar el aislamiento del país se sembraron de minas antipersonales todas las fronteras.
Niños camboyanos trabajando en el campo. Fuente: https://s-media-cache-ak0.pinimg.com
3. El genocidio.
El genocidio camboyano afectó a todos los sectores de la población; incluso los mismos miembros de los jemeres fueron sus víctimas y las causas no fueron solamente las ejecuciones sino también las enfermedades, el hambre y los trabajos forzados. Cualquier sospechoso de oponerse a la revolución jemer o de haber recibido una formación técnica o universitaria era arrestado  y enviado a centros de detención donde muchos morían después de recibir torturas casi diarias –latigazos, descargas eléctricas, aceite hirviendo, …–. Se calcula, por ejemplo, que unas quince mil personas ingresaron en el campo S-21 Tuoi Seng, situado en Phnom Penh, y que solamente diez consiguieron salir vivas de él.
Osario de víctimas de los Jemeres en Phnom Penh. Fuente: http://elpais.com/
Algunos de los protagonistas de las detenciones eran niños que también combatían como soldados. Se anticiparon así a la creación de la figura de los niños soldados que se expandió desde finales del siglo pasado en los conflictos africanos. Este protagonismo les fue concedido porque los líderes jemeres pensaban que los niños no estaban contaminados por las influencias capitalistas y colonialistas y eran, por tanto, una generación “pura” que sería la responsable de sacar al país del subdesarrollo.
Khmer Rouge Guerrilla soldiers. Fuente: Daily Mail
Por el número proporcional de sus víctimas –entre millón y medio y tres millones, de una población de 12 millones de personas– nos enfrentamos a uno de los mayores genocidios documentados de la humanidad. Afortunadamente la política genocida duró poco porque gobernaron poco tiempo: sólo cuatro años, entre 1975 y 1979.
Las víctimas de tal genocidio no fueron solamente los opositores, técnicos o intelectuales. Se eliminó también a la población musulmana de la etnia cham, a las familias con ascendencia vietnamita, a los creyentes de otras religiones –todos los monjes budistas fueron obligados a abandonar sus monasterios y los trasladaron a campos de trabajo, donde se piensa que murieron unos 55.000–.
Zonas controladas por los jemeres rojos hasta 1998. Fuente: https://openendedsocialstudies.files.wordpress.com
El final del régimen de los Jemeres se produjo gracias a una intervención militar vietnamita en 1978. La proliferación de conflictos fronterizos y la llegada masiva de refugiados a Vietnam provocaron la invasión militar para la que contaron con la colaboración de opositores a los Jemeres
Perdido el poder, se refugiaron en las áreas boscosas del oeste del país desde donde iniciaron una guerra de guerrillas contra el nuevo gobierno pro vietnamita. El conflicto se prolongó hasta la muerte de Pol Pot en 1998.
El nuevo régimen posibilitó el descubrimiento y la investigación del genocidio del régimen Jemer. Veinticinco años después la ONU creó una Cámara Especial dentro de los Tribunales de Camboya con el objeto de perseguir y enjuiciar a los responsables del genocidio. Esta cámara, que comenzó a operar en 2007, está formada tanto por magistrados camboyanos como por otros internacionales y ya han sido varios los criminales enjuiciados y condenados.
Actuación del Tribunal Internacional. Fuente: AFP
5. El juego geopolítico.
Durante el conflicto vietnamita la guerrilla de los jemeres rojos colaboró con el vietcong en su enfrentamiento con Estados Unidos. La derrota estadounidense dejó aislada a la república del general Lon Nol y poco después de que se retiraran todos los ciudadanos estadounidenses de Camboya, las tropas de los jemeres entraron en la capital e instauraron su régimen, al que denominaron la Kampuchea Democrática.
En nuevo gobierno jemer tomó distancias con Vietnam y se acercó a China. Ello variaba la geopolítica tradicional de la península de Indochina, pues Vietnam no veía con buenos ojos la presencia de un aliado chino a su espalda. La tensión entre ambos países se plasmó en la invasión vietnamita de 1978, que fue bien vista por la mayoría de países. No obstante, la presencia de un aliado de la URSS en la misma frontera tailandesa tampoco era aceptada por Estados Unidos ni por China. Por ello las guerrillas de los jemeres recibieron armamento británico y norteamericano para sostener su lucha contra Vietnam, que permaneció en el país hasta 1989. En esa década Camboya se convirtió en el epicentro de la guerra fría en Indochina, enfrentándose Vietnam y la URSS por un lado, y los Jemeres Rojos, con la ayuda de Estados Unidos, Gran Bretaña y China, por otro.
En el año 1991 se formó un gobierno de coalición, presidido por el príncipe Norodom Sihanouk, y del que también formaron parte los Jemeres Rojos; desde entonces el país ha entrado en una vía de normalización internacional.
Bibliografía:
Affonço, D. (2010). El infierno de los jemeres rojos. Barcelona: Libros del Asteriode.
Aguirre, M. (2009). Camboya. El legado de los Jemeres Rojos. Madrid: El Viejo Topo.
Jemeres rojos (Sin fecha). En Wikipedia. Recuperado el 08/05/2017 de https://es.wikipedia.org/wiki/Jemeres_rojos
Rivas Moreno, J. J. (2015). Pol Pot y el genocidio de Camboya. Retrieved from http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/01/12/54b3a210ca4741563b8b457a.html
Salazar, F. (2016). El devenir del año cero, los Jemeres Rojos en Camboya. Retrieved from El Orden Mundial en el siglo XXI website: http://elordenmundial.com/2016/09/15/los-jemeres-rojos-camboya/
Excepcional interés tienen también las películas: Los gritos del silencio (1984), de Roland Joffé y Primero mataron a mi padre: una hija recuerda (2017) de Angelina Jolie

sábado, 6 de mayo de 2017

Los territorios no autónomos: el colonialismo en el siglo XXI


La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog Sobre Historia

https://miradahistorica.com/2017/05/02/los-territorios-no-autonomos-el-colonialismo-en-el-siglo-xxi/ 

El concepto de colonialismo ha caído en un cierto desuso porque ha quedado asociado a procesos históricos propios de los siglos XIX y XX y, en consecuencia, resulta extraño al devenir del siglo XXI. Pero es una falsa apariencia: continúan existiendo colonias. Es cierto que el colonialismo actual poco tiene que ver con el colonialismo que caracterizó los siglos pasados, por ello resulta necesario establecer unos criterios conceptuales que nos permitan saber de qué estamos hablando.
El colonialismo o imperialismo colonial se desarrolló entre finales del siglo XIX y principios del XX. Consistió en la ocupación militar, el dominio político y la explotación económica de un territorio que es controlado por una minoría de funcionarios, militares y empresarios que ejercen el poder sobre una población nativa más numerosa, catalogada como inferior y marginada  de todos los órganos de dirección del territorio. Las relaciones entre metrópoli y territorio colonial tienden siempre a favorecer a la primera en detrimento de la segunda y la finalidad del domino puede ser económica, estratégica o política. Estas características no definen el colonialismo actual.
Nativos africanos rinden pleitesía a las tropas británicas. Finales del s. XIX. Fuente: http://www.occupy.com/
Otro concepto que podría prestarse a confusión utilizándose para explicar el fenómeno que vamos a analizar es el de neocolonialismo. El neocolonialismo implica que la dominación ya no se realiza mediante el control político y militar directo, ya que el territorio ha logrado la independencia de la metrópoli, sino  que la prevalencia se efectúa a través de las relaciones de dependencia económica, dirigidas ahora por las grandes empresas y aplicadas mediante el control de los mercados internacionales. Aunque es cierto que este fenómeno sí continúa mostrándose en la actualidad tampoco lo podemos aplicar al caso que nos ocupa que es bien diferente ya que los territorios en cuestión no son independientes..
Como ejemplo representativo del tipo de relación que nos interesa hemos escogido las colonias que Gran Bretaña aún mantiene bajo su dominio. Este país todavía conserva once de los dieciséis territorios no autónomos reconocidos por la Organización de Naciones Unidas. A estos hay que sumar otros territorios con situaciones jurídicas de distinta índole pero con características políticas, estratégicas y económicas parecidas.
Ya hemos señalado que para intentar comprender este fenómeno no nos sirven los conceptos mencionados antes. Las relaciones entre la metrópoli y la colonia son de índole distinta a las clásicas relaciones coloniales de la misma manera que los derechos y posibilidades sociales, políticas y económicas  de la población de estos territorios son muy diferentes de los que poseían los pueblos colonizados en el siglo pasado. Todas estas colonias se gestionan mediante acuerdos entre la población autóctona y la metrópoli. En estos acuerdos se establece que la presencia británica está representada por un gobernador elegido por la Reina que asume la defensa y las relaciones exteriores, mientras que un parlamento y un gobierno propio llevan a cabo la gestión interna del territorio.
Bandera británica ondeando en Gibraltar.
Fuente: The Telegraph
El listado de estos territorios es el siguiente: Islas Malvinas –incluidas las Islas Sandwich del Sur–, Gibraltar, Anguila, Bermudas; Islas Caimán, Islas Turcas y Caicos, Pitcain, Islas Vírgenes Británicas, Monserrat, Santa Elena –más Ascensión y Tristán de Acuña–, Tokelau y el Territorio Británico del Océano Índico (BIOT). Son enclaves del antiguo imperio colonial británico y, exceptuando Gibraltar, se trata de pequeños archipiélagos esparcidos por el Caribe, el Atlántico Sur, el Océano Índico y el Pacífico. Junto a las islas de Guernsey, Jersey e Isla de Man, situadas estas en el Canal de la Mancha,  conforman los llamados Territorios Británicos de Ultramar.
Territorios coloniales y regiones externas de la UE.
Fuente: Wikipedia
La casuística del interés británico en estos territorios obedece a tres tipos de razones. La primera es de tipo estratégico. Algunos enclaves cuentan con importantes bases militares, navales o aéreas, que resultan imprescindibles para el mantenimiento del status quo  de Gran Bretaña como gran potencia: Gibraltar, Ascensión, Diego García (en el BIOT). Estas bases aportan también una inyección económica destacable a unos territorios que cuentan con escasas riquezas naturales –salvo quizás las Malvinas– más allá de las posibilidades que les da el aprovechamiento turístico.
Submarino nuclear HMS Ambush en Gibraltar. Fuente: http://radiobahiagibraltar.es/
En segundo lugar podemos destacar el interés económico. No se trata de explotar los recursos naturales, muy escasos como ya hemos apuntado; actualmente la mayoría de estos enclaves se han constituido en paraísos fiscales donde han instalado sus sedes infinidad de empresas, bancos internacionales y financieras que mantienen opacas sus operaciones y donde se les aplican tasas impositivas sumamente bajas. Este tipo de empresas han reforzado su papel en la actual economía globalizada.
Gran Bretaña, junto a otros países,  sigue protegiendo las practicas fiscales evasoras de muchas de estas empresas porque su sistema financiero se beneficia con ello. Es lo que ocurre en Gibraltar, Anguila, Bermudas, Guernsey, Isla de Man, Islas Caimán, Islas Turcas y Caicos, Islas Vírgenes Británicas, Jersey, y Monserrat. Como puede observarse la lista de paraísos fiscales bajo dominio británico es larga.  En las Islas Caimán, por ejemplo, con una población de unos 60.000 habitantes tienen su sede  260 bancos, 9.000 fondos de inversión y 80.000 empresas. La presencia de bancos y empresas en estos lugares beneficia también a su población al crear riqueza económica y puestos de trabajo. Estas actividades resultan, en conclusión, muy lucrativas tanto para el territorio como para Gran Bretaña. No existe, por tanto, una oposición de intereses entre metrópoli y dominio sino una conveniencia mutua.
Mapa de los paraísos fiscales. Fuente: EL MUNDO
Paraísos fiscales en el Caribe. Fuente: http://www.cancilleria.gob.ec/
En tercer lugar, el interés británico en mantener bajo su dominio estos territorios tiene también un componente de prestigio político. Abandonar uno de estos enclaves por presiones o mediante el uso de la fuerza es inconcebible porque atentaría contra su rol de potencia democrática. Su control se justifica moral y políticamente en el respeto al deseo de la población. En principio, el argumento es difícilmente rebatible pero se olvida también que una parte importante de la población de esos territorios es británica o tiene esa nacionalidad y que, además, los niveles de vida que poseen se deben a prácticas económicas poco compatibles con los estándares de legalidad y competencia leal, que no serían posibles sin la protección británica. Beneficios que también se perderían en caso de desmantelarse las bases militares británicas. Por ello cuando se ha consultado a la población, los resultados han sido obvios: mantener el estatus actual –referéndums en Malvinas (2013, con el 99,8 % de votos favorables a seguir bajo el dominio británico) y Gibraltar (2002 con el 98,4 % favorable a mantenerlo)–. Estos plebiscitos, además, solamente se han celebrado en los dos únicos enclaves que son reclamados por otros países. Pero esta justificación olvida algo fundamental: que la naturaleza de su existencia es el hecho colonial, aunque este haya variado sus características con el paso del tiempo y constituya ya no una carga sino un beneficio.
Bibliografía.
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