lunes 14 de noviembre de 2011

La crisis económica de 2008: la Gran Recesión

Comprender la crisis económica actual no es tare fácil. Y pocas son aún las publicaciones que han tratado de dar una visión histórica y sintética de la misma. La mayoría de las interpretaciones inciden en el sesgo neoliberal de las respuestas políticas a la crisis y en la constatación de que hay otras políticas posibles. Uno de los estudios más didácticos y completos es el de Navarro, V.; Torres, J. y Garzón, A. (2011) Hay alternativas. Madrid: Ed. Sequitur. Basándonos en esta obra hemos elaborado este mapa conceptual que pretende esquematizar los principales procesos que la causaron.

sábado 10 de septiembre de 2011

El 11-S en la historia de la primera década del siglo XXI

Fuente: Público


Se cumple ahora el décimo aniversario de los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono. Por ello, los medios de comunicación están prestando un gran interés a este acontecimiento. En estos informes y documentales hay una fuerte tendencia a presentar este hecho como uno de esos momentos históricos que cambiaron el devenir de las sociedades.
Ya han pasado diez años de los citados acontecimientos y, ahora, podemos analizar su repercusión con más calma y establecer su verdadero significado histórico. Se trata, por lo que percibimos, de un hecho sobrevalorado; ello suele ocurrir cuando lo acontecido se convierte en símbolo. Y así es para Estados Unidos, pues aquello cambió su modo de ver el mundo y disminuyó su sensación de seguridad. Se trató también de un atentado con gran valor mediático, ya que fue transmitido prácticamente en directo por las televisiones, lo que contribuyó a magnificarlo. Pero para el resto de las sociedades, su valor y trascendencia histórica fue diferente.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 demostraron la vulnerabilidad de los Estados Unidos. Inauguraron una serie de ataques a otros centros occidentales -Madrid, Londres- que acrecentaron la sensación de inseguridad y de que sus autores -el terrorismo islamista centrado en torno a al-Qaeda- podían representar una seria amenaza para occidente. Incluso se llegó a hablar de enfrentamiento entre el mundo occidental y el mundo islámico. Esta percepción tuvo dos consecuencias inmediatas:
  • A nivel interno la mayoría de gobiernos aplicaron medidas legales de restricción de derechos y se acrecentaron los mecanismos policiales de vigilancia y control, todo ello con la finalidad de evitar otros posibles atentados.
  • A nivel de relaciones internaciones destacó la reacción de los Estados Unidos. Inmediatamente se embarcó en una guerra contra el régimen talibán que gobernaba Afganistán y que protegía a los miembros de al-Qaeda; los talibanes fueron desalojados del poder (2001) pero el conflicto aún perdura. La clara intencionalidad punitiva de este conflicto, apoyada por la comunidad internacional,  se diluyó con el desencadenamiento de la guerra contra Irak (2003): un conflicto más difuso que no pudo ser justificado con el argumento de la lucha contra el terrorismo y que ya no tuvo el beneplácito de la ONU ni de gran parte de la comunidad internacional. En parte, este segundo conflicto deslegitimó al primero pues permitió creer que, en realidad, la intención última de los Estados Unidos no era castigar a los responsables de los atentados sino establecer una estrategia de dominio sobre el Oriente Próximo.
La combinación de ambas políticas ha permitido aminorar las amenaza del terrorismo islamista en occidente, aunque sigue vivo en zonas como Pakistán o el Magreb. En cualquier caso hoy parece evidente que el terrorismo internacional (léase al-Qaeda) no ha sido capaz de colapsar el mundo occidental o de poner en peligro los fundamentos políticos y económicos del mismo. La espectacularidad de sus acciones pudo servir para acrecentar su prestigio entre ciertas capas sociales de las sociedades islámicas o para atemorizar temporalmente a las poblaciones de occidente, pero jamás llegó a representar una amenaza seria para el orden establecido.
Así pues, nos encontramos con un acontecimiento muy importante para explicar las relaciones internacionales durante la primera década del siglo XXI, especialmente porque contribuye a explicar las acciones de los Estados Unidos como potencia hegemónica. Pero fuera de este ámbito su trascendencia disminuye.
Si tuviéramos  que elegir algunos acontecimientos ocurridos en esta primera década y cuya repercusión   puede ser más relevante para el devenir histórico global podríamos citar los siguientes:
  • La revolución de las tecnologías de la información y de la comunicación, especialmente la difusión de las redes sociales.
  • La crisis económica que comenzó en 2008.
  • Las revoluciones árabes que derrocaron a algunos regímenes dictatoriales en el norte de África.
  • El ascenso de nuevas potencias como China e India.

domingo 21 de agosto de 2011

Prueba de septiembre

Fuente: ies tierno galván

La prueba de Septiembre consistirá en la realización de un examen que tendrá dos opciones:
  • Opción A (temas 1 a 4)
  • Opción B (temas 6, 9 y 10)
Debéis realizar y entregar además un trabajo en las condiciones marcadas al final de curso.



sábado 20 de agosto de 2011

La desintegración de la URSS

Boris Yeltsin se dirige a la multitud el 19 de agosto de 1991
durante el intento de golpe de estado
Fuente: EL PAÍS

Hace ahora veinte años que se desintegró la URSS y desapareció el principal régimen comunista en el mundo. Este hecho cambió la historia. Supuso la desaparición de lo que se conoce como Guerra Fría y la crisis final del comunismo estalinista, pero también representó la aparición de un nuevo período histórico caracterizado por la expansión del capitalismo y la globalización económica.
Es cierto que ello permitió la implantación de regímenes democráticos en los antiguos países del Pacto de Varsovia, en las antiguas ex-repúblicas soviéticas ahora independientes y en la misma Rusia pero el proceso de transición se hizo de una forma traumática y permitió la consolidación en el poder de casi los mismos grupos socioeconómicos que antes dominaban sus respectivos países; las pequeñas ventajas socioeconómicas que gozaba la población desaparecieron de golpe y se implantó lo que algunos historiadores han llamado un "capitalismo salvaje". Por esta causa aún un importante porcentaje de la población rusa añora los tiempos comunistas.
La desaparición del comunismo tuvo también consecuencias para la Europa occidental. Desapareció la amenaza de guerra nuclear y se pudieron bajar las enormes inversiones en armamento pero ello significó también, para el capitalismo, la ausencia de cualquier amenaza política e ideológica. Se podía, así, comenzar a destruir aquellos elementos construidos para atajar en Europa  cualquier amenaza de revolución social o política; nos referimos al Estado de Bienestar. Estamos asistiendo, todavía hoy, a un ataque a este modelo social; es lento pero efectivo y se inició con la caída del comunismo. Es una de sus consecuencias, como la globalización.
Aquellos años, entre 1985 y 1991, fueron convulsos. El siguiente eje cronológico puede ayudar a ordenar los acontecimientos:

martes 7 de junio de 2011

La Historia, la Real Academia y la objetividad.

La publicación de un Diccionario Biográfico por parte de la Real Academia de la Historia ha suscitado una amplia polémica social e historiográfica al detectarse un evidente sesgo ideológico en algunas entradas muy significadas de la historia contemporánea de España: la de Francisco Franco, la de algunos políticos del PP, la de Manuel Azaña, la de Negrín,… 
Este hecho nos puede ayudar a plantearnos una de las cuestiones más candentes  del análisis histórico: el tema de la objetividad. La historia no es una ciencia exacta, se trata más bien de un método de conocimiento. Pero ello no es óbice para que cada historiador haga de su capa un sayo y pueda escribir o publicar lo que quiera. Y lo que quiera tiene mucho que ver, en la mayoría de los casos, con las gafas ideológicas con las que se emprende el trabajo histórico. Hay que ser honestos, y para ello solo caben dos maneras: o confesamos nuestro punto de partida ideológico y aceptamos que nuestra interpretación es teleológica (es decir que pretendemos llegar a unos fines determinados aunque la documentación y el trabajo de investigación de otros historiadores nos desmientan claramente) o reconocemos nuestra pretensión de objetividad -aún reconociendo que la objetividad absoluta no existe en ninguna ciencia social-  y nos atenemos al rigor de la metodología histórica sin prejuzgar nuestra interpretación final. Todo lo demás es engañar al receptor.
El tratamiento de esas entradas se ha realizado desde una perspectiva claramente conservadora. Debía haberse advertido al lector o haber propuesto otras interpretaciones de historiadores menos sesgados y haber permitido al lector comparar y elegir. Se trata, además de una obra realizada con dinero público -un bien cada vez más escaso-  y las finanzas de todos no deben costear la publicación de panfletos ideológicos. Salió la palabra, hay una gran diferencia entre el trabajo historiográfico serio y el panfleto ideológico, sea de la ideología que sea. Y un buen científico social nunca debe confundir opinión con análisis historiográfico y si lo hace a sabiendas, manipula.
El artículo de Julián Casanova que incorporamos en la entrada -La Academia y la historia, publicado en EL PAÍS de hoy- muestra palpablemente algunos de los problemas que acabamos de señalar. Precisamente, saber historia nos debe salvar de manipulaciones e interpretaciones tendenciosas; si no es así conocer la historia no es más que otro pasatiempo.
Para leer el artículo pulsa la imagen.









lunes 6 de junio de 2011

El eterno conflicto de Oriente Próximo: enfrentamientos en los altos del Golán

La región del Oriente Próximo sigue siendo, por unas causas o por otras, una de las más inestables del planeta. Al tradicional conflicto entre Israel y los palestinos se suma ahora las revueltas árabes, especialmente graves en Siria. Además hay una historia que no se puede olvidar pues sus consecuencias siguen vivas. A esta historia rememorada hace alusión esta noticia de la BBC. Leedla y entenderéis bastante mejor algunos aspectos del conflicto.
Para leer el artículo haz clic en la imagen.


sábado 21 de mayo de 2011

El movimiento del 15-M: los indignados.

Hace algo más de un mes publicábamos una entrada comentando el libro Indignaos de Stéphane Hessel y recalcábamos su importancia. Ahora parece que los jóvenes españoles han leído el libro.  El final de la actual campaña electoral ha venido acompañado de la aparición de un movimiento social de protesta que ha alcanzado, en breve tiempo, un elevado nivel de éxito. Ello ha sorprendido a muchos pero lo realmente extraño es que no hubiese surgido antes. Lo que está ocurriendo ahora ya es historia y merece la pena que intentemos analizarlo y comprenderlo.

Fuente: EL PAÍS.

Es difícil aún valorar tal movimiento y más todavía pronosticar su futura evolución. Es demasiado nuevo y ni los catedráticos de sociología se atreven con ello. No obstante se pueden apuntar algunas cosas.
Las causas están en la confluencia de dos crisis: la económica y la desconfianza hacia la clase política.
Las crisis económicas graves y prolongadas tienen, inevitablemente, unas consecuencias sociales que son conocidas. La Gran Depresión de 1929 constituye un paradigma al respecto. Y la actual no le va a la zaga. En el siguiente mapa conceptual intentamos explicar las consecuencias sociales, políticas y económicas que se generan:  la principal es el cierre de empresas que  provoca el aumento del paro y la precariedad laboral. 


Pero la crisis actual aporta una característica distinta de la de 1929; en aquella ocasión se recurrió al keynesianismo (que teorizó la necesidad de la intervención estatal como remedio para la crisis), ahora el Estado hace lo contrario. Amenazado por el capital financiero, hace de la disminución del déficit el centro de su política económica y, por tanto, reduce la inversión pública (se frenan los gastos en obras públicas, se reduce el sueldo a los funcionarios, se congelan las pensiones, se alarga la edad de jubilación, etc.). Esas medidas agravan el estancamiento económico porque reducen la demanda interna y tienen como efecto secundario la elevación del paro.
Así pues a la crisis económica internacional (la Gran Recesión) se le suman los efectos de una política económica que contribuye a frenar la posibilidad de un crecimiento económico.
Las consecuencias son por todos conocidas: tasas de paro del 20 % (casi el 40% entre la juventud) y escasas perspectivas de recuperación; retribuciones salariales a la baja o estancadas con una inflación superior al 2 %; empleos precarios, etc. A ello debemos sumar los recortes propuestos en el Estado de Bienestar -un Estado de Bienestar que es mucho más reducido aquí que en el resto de los quince países más desarrollados de la UE-: sanidad, educación, prestaciones sociales… ven reducirse su presupuesto. Toda esta política, además, aparece ante la opinión pública como una forma de proteger al capital financiero a costa del empeoramiento de las condiciones de vida de numerosos sectores sociales. Ante tal perspectiva ¿por qué nos extrañamos de que los jóvenes protesten?
La segunda cusa es la crisis de confianza en la clase política. Al hablar de clase política nos estamos refiriendo al gobierno pero también al conjunto de todos aquellos que, en los distintos niveles del Estado, participan en las decisiones políticas. Esta crisis tiene su mejor expresión en el desengaño hacia los dos grandes partidos que han asumido las mayores responsabilidades políticas. El acercamiento hacia el centro político de todos ellos hace que parezcan iguales. También ha contribuido a ello el desarme ideológico de la izquierda moderada (socialdemócrata), representada por el PSOE, y la concurrencia de ambos en la plasmación de unas mismas políticas económicas. Llega un momento en que parecen representar lo mismo, con muy ligeros matices. Este hecho perjudica más a la izquierda, siempre más crítica con su voto. Además hay otros hechos que han acrecentado la desconfianza hacia la clase política:
  •       Los abundantes casos de corrupción y el evidente nepotismo de los partidos políticos mayoritarios.
  •       La crítica a un sistema electoral que privilegia el bipartidismo y la representación desproporcionada –en función de su número de votos- de los partidos nacionalistas (Canarias, País Vasco, Cataluña) en las elecciones generales. Si el voto a los partidos mayoritarios sirve para que apliquen las mismas políticas y el voto a los partidos más pequeños se vuelve inútil por el sistema electoral, ¿a quién voto?.
  •       La evidencia de un discurso político vacuo y alejado de los problemas de sectores importantes de la población.
En cualquier caso, no parece haber una crítica a la democracia, sino a determinados vicios de la misma. El discurso del movimiento, hasta cierto punto, es regeneracionista.
Se ha querido asimilar este movimiento social al que originó las revueltas en el mundo árabe y derrocó a los regímenes de Túnez y Egipto (Véase entrada Cinco causas de las revueltas árabes). No son comparables, salvo en tres aspectos:
  •       La relevante incidencia de la crisis económica como factor desencadenante.
  •       Su surgimiento de forma espontánea, sin el impulso inicial de grupos políticos o instituciones. Aunque después sí que se sumen.
  •       La utilización de las redes sociales de Internet como un instrumento de comunicación, de coordinación y de extensión del movimiento.