martes, 14 de marzo de 2017

Hambre en África

La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog Sobre Historia: https://sobrehistoria.es/


Periódicamente aparecen en las noticias imágenes terribles de niños o adultos muriéndose de hambre en África. Estos días las hemos podido ver de nuevo anunciando una nueva crisis humanitaria provocada por el hambre, dicen que la peor desde 1945. Las hambrunas, en el continente africano, son, desgraciadamente, un tema recurrente. En realidad podemos afirmar que siempre están ahí, latentes hasta que se intensifican y se convierten en noticia para los medios informativos. Se trata de un problema estructural en algunas regiones del continentes que, no obstante, podría solucionarse si existiese una intención clara de hacerlo.


Distribución de alimentos en Etiopía. Fuente: http://www.dw.com/

La insuficiencia alimentaria no surge por la ausencia de alimentos sino por su mala o imposible distribución y porque estos se han convertido también en objetivo de los movimientos especulativos de los grandes fondos de inversión que buscan exclusivamente el beneficio económico inmediato, lo que ha provocado un constante aumento del precio de los alimentos.

Evolución del precio de los alimentos. Fuente: http://www.worldwatch.org/

Las causas de las crisis humanitarias provocadas por la falta de alimentos son varias. La primera causa del hambre es la pobreza extrema. En los países afectados por las hambrunas el 60 % de la población es pobre, y de ellos aproximadamente la mitad padece pobreza extrema. Los condicionantes naturales suelen no ser favorables -sequías, inundaciones, agricultura de subsistencia- pero no son la principal causa, en ocasiones ni siquiera pueden considerarse tal cosa -Sudán del Sur en un país fértil-. Es la intervención humana la que provoca la tragedia. En este caso son los conflictos bélicos los desencadenantes pero llueve sobre mojado. Mientras que en los últimos años se ha logrado un importante avance en el control de enfermedades endémicas del continente; el número de afectados por el VIH, la malaria o la tuberculosis se ha reducido una media del 35 %, la desnutrición solamente ha bajado un 1 %.

En estos momentos convergen cuatro grandes crisis alimentarias: Sudán del Sur, Yemen, Somalia y Nigeria. Entre las cuatro suman más de 20 millones de afectados. Las cuatro comparten algunos elementos comunes: una sequía prolongada consecuencia del fenómeno meteorológico conocido como El Niño, que afecta normalmente a la zona del Sahel y al sureste del continente, la existencia de conflictos bélicos que provocan gran número de desplazados y desestructuran las sociedades, la incapacidad de los Estados –casi todos fallidos–  para ayudar a sus poblaciones y las dificultades de los organismos internacionales y de las ONG para establecer misiones de ayuda.

Ya hemos mencionado el papel del Niño entre las causas de las actuales hambrunas. Cuando este fenómeno aparece las lluvias sobre las zonas tropicales del África austral disminuyen notablemente. Ello incide más negativamente sobre el Sahel, cuyo proceso de desertización es evidente desde hace décadas; esta transformación  ocurre no solamente por la reducción de la precipitación sino también por su aleatoriedad, lo que dificulta la seguridad de los cultivos y acentúa la precariedad de las poblaciones.

Consecuencias mundiales de El Niño. Fuente: https://www.climate.gov

Un análisis más pormenorizado de cada una de las zonas donde se están produciendo las crisis humanitarias nos permite comprender mejor las distintas casuísticas.

En Nigeria, el área afectada por la hambruna es el noreste del país. Esta es la región donde Boko Haram –grupo yihadista aparecido en el contexto del auge del extremismo islamista en el Sahel– actúa más frecuentemente y donde tienen lugar los principales enfrentamientos con las tropas gubernamentales. Ello provoca la destrucción de aldeas y cosechas, los desplazamientos de poblaciones empobrecidas y la aparición del hambre. El conflicto, además se ha internacionalizado, afectado a Níger, Chad y Camerún; en estas zonas se calcula que el hambre azota a unos 7 millones de personas de los cuales unos 3 millones son desplazados.


El joven país de Sudán del Sur es otro de los afectados por la crisis alimentaria, muy grave en algunas regiones. En este caso la causa principal de la hambruna es la guerra civil desencadenada en el país y que enfrenta a las fuerzas leales al presidente Salva Kiir con las del vicepresidente Riek Machar desde hace tres años; el enfrentamiento ha generado un gran número de desplazados y constituye también un ejemplo de la utilización del hambre como arma de guerra al impedir el acceso de ayuda a determinadas áreas. También la sequía ha contribuido a agravar el problema, siendo el resultado de todo ello la tremenda elevación del precio de los alimentos (un 800 %) y su escasez. En Sudán del Sur se calcula que pueden estar afectadas por el hambre unos siete millones de personas.


Regiones de Sudán del Sur afectadas por la hambruna. Fuente: http://es.globedia.com/

Desde principios de 2017 hay declarada una alerta por hambre en Somalia. La situación comienza a parecerse a la crisis humanitaria que padeció el país en 2011; la extraordinaria sequía del año pasado, que debía de haber sido húmedo, ha empujado a huir a la población civil que ha perdido su ganado y sus escasas cosechas. La situación política es además compleja; Somalia es un estado fallido sumido en una interminable guerra civil y donde el yihadismo islamista es una fuerza importante. La población no puede esperar nada de sus autoridades. Aquí la hambruna afecta a unos 5 millones de personas.

Yemen vive una crisis que tiene su origen en el mismo momento de su creación como Estado (ver entrada: Yemen, la guerra silenciada) y que se prolonga desde entonces. Una guerra civil convertida en un conflicto internacional ha destruido gran parte del país -ciudades, infraestructuras, cosechas,…-, creando una grave crisis humanitaria en la que unos 20 millones de personas necesitan ayuda alimentaria para poder sobrevivir, especialmente la población infantil. El cerco marítimo y aéreo a que está sometido el país impide la llegada fluida de ayuda y la presencia de grupos del Estado islámico dificulta la actuación de las organizaciones humanitarias que pueden distribuir ayuda.

La hambruna en África constituye una verdadera crisis humanitaria. Es un problema, añadido a otros muchos, que ensombrece el porvenir del continente e impide un desarrollo sostenido. Nos enfrentamos a situaciones que se han convertido en un círculo vicioso de difícil solución. Las organizaciones humanitarias de las Naciones Unidas y las ONG puede paliar el problema pero para resolverlo hay que acabar con los conflictos armados, desarrollar estructuras políticas estables y promover una actuación decidida de la comunidad internacional en favor del desarrollo económico de estos países. Si no se actúa, rostros de niños famélicos e imágenes de adultos convertidos en despojos humanos volverán a llamar a la puerta de nuestra conciencia en un futuro no muy lejano.

BIBLIOGRAFÍA.
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domingo, 19 de febrero de 2017

El conflicto de Kosovo

La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog De Historia:  https://sobrehistoria.es/2017/02/18/texto/

  1. Orígenes.

El conflicto de Kosovo hace referencia a la guerra surgida durante 1998 en la región serbia de Kosovo y que perduraría hasta 1999. En ella se mezclaría un conflicto civil entre los kosovares de origen albanés y los de origen serbio, ayudados estos últimos por la policía y el ejército yugoslavos (que equivale a decir serbios) con una intervención internacional protagonizada por la OTAN. El resultado final fue la derrota serbia y la proclamación de la independencia de la citada región.
Aunque Kosovo es considerada la cuna histórica y religiosa de los serbios, desde el siglo XV había pertenecido al Imperio Otomano pasando de nuevo a Serbia tras la Primera Guerra Balcánica, en 1913. En ese largo período gran parte de la población kosovar se islamizó bien como resultado de la convivencia -y del interés por pagar menos impuestos- o bien como consecuencia de las inmigraciones impulsadas por los turcos desde la actual Albania.
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Situación de los Balcanes al finalizar la primera Guerra Balcánica. Fuente: Wikipedia
A partir de 1913 el número de serbios fue aumentado paulatinamente aunque, durante la IIª Guerra Mundial, la región quedó bajo el dominio italiano y sus aliados albaneses, produciéndose expulsiones masivas de serbio-kosovares. La idea de los fascistas italianos era crear una Gran Albania uniendo territorios kosovares con Albania. Pero Italia firmó el armisticio con los aliados en 1943, siendo sustituida en la zona por Alemania que permaneció en Kosovo hasta 1944.
Durante el mandato del mariscal Tito (1945-1980), Kosovo alcanzó un grado notable de autogobierno mediante diversos estatus políticos -provincia autónoma, región autónoma- pero siempre dependiendo de Serbia. En 1974 la nueva Constitución yugoslava le reconoció el carácter de provincia autónoma dentro de Serbia aunque con un mayor grado de autogobierno.
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Organización territorial de Yugoslavia. Fuente: Historia con mapas.
La muerte de Tito en 1980 y el agravamiento de la crisis económica -escasa capacidad inversa propia, agricultura de subsistencia, aumento del paro, etc.- impulsaron el nacionalismo albano-kosovar que se manifestó mediante manifestaciones y protestas contra los habitantes de origen serbio, especialmente virulentas en 1981. La respuesta del gobierno central fue decretar el estado de emergencia y emprender una dura política represiva contra los albano-kosovares.
Paralelamente, en Serbia, fue surgiendo un nacionalismo agresivo que promovía la idea de la Gran Serbia -unión de los territorios poblados por serbios en Bosnia, Vojvodina y Kosovo con Serbia-. La figura más preeminente de este movimiento fue Slobodan Milosevic, que gracias al auge de este nacionalismo llegaría a la presidencia de Serbia en 1990.

2. La desintegración de Yugoslavia: el contexto del conflicto kosovar.

Poco después, en 1991, se iniciaba la Guerra de los Balcanes. Un cruel conflicto que desembocó en la independencia de las diversas repúblicas que habían formado hasta entonces el Estado de Yugoslavia. Croacia y Eslovenia fueron reconocidas como nuevos Estados en 1992, Bosnia-Herzegovina lo haría en 1995, al acabar la guerra. Por su parte, Serbia y Montenegro formaron la República Federal de Yugoslavia. La adopción de un discurso nacionalista agresivo por parte de los líderes serbios, como estrategia defensiva de sus privilegios y el deseo de las elites de Eslovenia y Croacia de abandonar un Estado que veían como un obstáculo para sus intereses económicos explican el choque de trenes que inició la guerra.
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Refugiados croatas en Vukovar, en 1991. Fuente: Inavukic.com
Mientras se desarrollaba la guerra de los Balcanes, el distanciamiento entre las dos comunidades kosovares fue creciendo. Además, la situación demográfica favorecía las pretensiones de mayor autogobierno de la población albanesa. A principios de la década de los noventa Kosovo estaba poblada por un 82 % de albaneses y 10 % de serbios. La situación de estos últimos distaba de ser cómoda por lo que las autoridades serbias comenzaron a diseñar una respuesta enérgica a lo que se interpretaba como una pérdida de poder de su comunidad. Situación que se achacaba a la aplicación de la Constitución de 1974.

3. El choque de nacionalismos.

El nacionalismo serbio, de cariz agresiva, acabó enfrentándose al nacionalismo albanés, que había surgido como una ideología de resistencia. En cualquier caso el nacionalismo fue el instrumento de las elites dirigentes para intentar preservar su posición de privilegio.
El enfrentamiento se inició a finales de los años ochenta. Desde entonces, las autoridades serbias comenzaron a limitar los derechos de los albano-kosovares y a promover el repoblamiento serbio de la región. Las tensiones entre albaneses y serbios culminaron con la supresión de la autonomía de Kosovo (1989).
Los albano-kosovares se organizaron políticamente creando, en 1989, la Liga Democrática de Kosovo (LDK) cuyo líder, Ibrahim Rugova, impulsó una política de control paralelo de las instituciones y de los servicios públicos e impulsó una resistencia no violenta. Buscó también el respaldo internacional para sus políticas. Sus recursos provenían especialmente de la emigración albano-kosovar y de las redes de economía sumergida, importantes siempre en la región.
El estancamiento de la situación impacientó al movimiento estudiantil albanés que comenzó a organizas protestas y manifestaciones. Apareció también, en 1996, un grupo terrorista albanés, el Ejército de Liberación de Kosovo -UCK en albanés- que también enarbolaba la bandera nacionalismo; sus acciones militares se dirigieron contra instalaciones de la policía serbia, acrecentando sus atentados con el paso del tiempo.
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El líder de UÇK Hashim Thaci en Pristina, 1999. Fuente: kosovo.net
Las elecciones serbias de 1997 fueron ganadas por el Partido Socialista aunque se formó un gobierno de coalición que acrecentó la presión sobre los albaneses de Kosovo. La crisis producida en Albania durante 1997, con el consiguiente descontrol y caos político, permitió al UCK armarse con materiales procedentes del ejército albanés así como crear una “retaguardia” segura en el noroeste de este país. Este hecho, junto a la reacción popular ante la matanza de Drenica, acrecentó el poder del UÇK y su opción militar, al tiempo que debilitaba la opción de la lucha pacífica encabezada por Rugova, que contaba, sin embargo, con el apoyo de los EE.UU. y de buena parte de los estados europeos.

4. La guerra

En 1998 las incursiones desde Albania del UÇK aumentaron al contar con ayuda de mercenarios musulmanes procedentes de estados árabes y de Bosnia, de algunos países occidentales y de sectores del crimen organizado. Su objetivo era “liberar” partes del territorio kosovar. La policía y el ejercito serbio respondieron a estas acciones con una gran ofensiva militar, entre julio y octubre de ese año, que les permitió recuperar todo el territorio perdido. El conflicto de Kosovo se dirigía claramente hacia la guerra.
El caos político existente entre los albano-kosovares, el grave problema de los refugiados y desplazados por la guerra -unos 300.000- y el peligro de que el conflicto extendiera a Albania y Macedonia hicieron que la OTAN amenazara a Yugoslavia con una intervención que acabaría produciéndose en marzo de 1999.
El fracaso de las conversaciones de Rambouillet (Francia) y la continuación de los enfrentamientos armados llevó a la OTAN a iniciar los bombardeos aéreos de diversos objetivos en Yugoslavia argumentando motivos humanitarios. Los bombardeos cesaron en junio con la capitulación serbia. Se discutió si la intervención estuvo o no amparada por la ONU -Resolución 1199 del Consejo de Seguridad de la ONU- pero el resultado final de la intervención se plasmó en la Resolución 1244 del Consejo de Seguridad que estableció:
  1. Solucionar la grave crisis humanitaria y posibilitar el retorno de todos los refugiados.
  2. Reconocimiento del principio de soberanía e integridad territorial de Yugoslavia y del resto de estados.
  3. El cese de los ataques de la OTAN y de los enfrentamientos armados en Kosovo.
  4. Despliegue de una fuerza internacional de seguridad (KFOR) en Kosovo.
  5. Establecimiento de una misión internacional para reconstruir Kosovo y preparar el territorio para la celebración de elecciones (UNMIK)
De esta manera, desde 1999 Kosovo ha estado bajo el control de un protectorado internacional que toma su legitimidad de la Resolución citada antes. La presencia de unos 40.000 soldados de la KFOR, entre ellos unos 900 españoles, aseguraba el funcionamiento de la gestión política y administrativa. Con el territorio pacificado, la demanda de autodeterminación se extendió a todas las fuerzas políticas albano-kosovares.
Mesto: Kosovska Mitrovica Datum: 28.09.2011 Dogadjaj: DRUŠTVO/VOJSKA/POLITIKA - nemaèki pripadnici KFOR obezbeðuju most u Kosovskoj Mitrovici Licnosti:
Soldados alemanes de la KFOR en Mitrovica. Fuente: http://www.balkaninsight.com/

5. La creación del nuevo Estado.

Acabada la guerra, unos 800.000 albaneses regresaron a Kosovo. También fueron apareciendo, poco a poco, vestigios de asesinatos masivos cometidos por ambas partes así como denuncias de destrucción del patrimonio artístico y cultural. Otro fenómeno vinculado a la postguerra fue la expulsión de serbios y gitanos; las fuerzas de la KFOR tuvieron que dedicarse a su protección, al igual que la de otras minorías en medio de un creciente proceso de etnificación.
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Mapa de Kosovo. Distribución étnica del territorio. Fuente: http://www.globalsecurity.org/
En 2001 la UNMIK entregó a los albano-kosovares algunas instituciones de autogobierno. Las elecciones de 2007 dieron la victoria a Hashim Thaçi, antiguo líder del UÇK y claramente independentista, posición que también mantenía la segunda fuerza política -la Liga Democrática de Kosovo-. Con esta composición, en 2008, el parlamento de Kosovo declaró unilateralmente la independencia de Serbia y la creación de la República de Kosovo.
La comunidad internacional se dividió ante el reconocimiento del nuevo Estado. Estados Unidos y buena parte de la UE lo reconocieron pero Rusia y sus aliados, Serbia, España, India, Grecia, Rumanía y China, así como muchos países latinoamericanos no lo hicieron.
Los odios y recelos acumulados entre ambas comunidades -serbios y albaneses- hacen prácticamente imposible, al menos durante bastante tiempo, la convivencia entre ambos pueblos. Cualquier posibilidad de sociedad multicultural o interétnica saltó por los aires con la guerra.
El nuevo Estado surgió además con numerosos y graves problemas. Su posición internacional no es el mas importante. La situación económica es desastrosa, con un 35 % de paro y una renta per capita de 3.000 euros; la corrupción es un problema muy extendido. El mismo Thaçi ha sido acusado de relaciones con la mafia albanesa y de traficar con órganos humanos. La misión de la UE para apoyar al sistema judicial y a la policía (Eulex) permanecerá en el país al menos hasta 2018. A todas luces Kosovo es actualmente un Estado fallido, sostenido principalmente con el apoyo norteamericano, que tiene allí una de sus bases militares más grandes fuera de EE.UU. –Camp Bondsteel–, y en menor medida, de la UE.

6. Los intereses internacionales.

La destrucción de Yugoslavia se debió a la eclosión nacionalista que surgió en sus repúblicas pero también a su confluencia con intereses internacionales que deseaban su desaparición.
Alemania estaba interesada desde los años setenta en atraer a Croacia y Eslovenia a su hinterland económico separándolas de Yugoslavia. Ya en 1987 se consideró que ambas repúblicas podrían incluso entrar en la entonces CEE, hecho que alentó los respectivos nacionalismos. De la misma manera, también Alemania apoyó las demandas de independencia de la población albano-kosvar.
Por su parte Estados Unidos pretendió la reorganización del espacio geopolítico y militar de los Balcanes con la disminución del poder de Serbia, aliado tradicional de Rusia, y la creación de la base militar antes citada, destinada a vigilar todo el espacio balcánico, el Mar Negro y Turquía. Una zona de importancia estratégica ya que por ella transitan flujos petroleros procedentes del Mar Caspio y del Oriente Próximo y es la zona de contacto entre la Europa atlántica –occidente– y Asia.
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Base de Camp Bonsteel. Fuente: http://tecnologamilitar.blogspot.com.es/
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Taibo, C. (2001). Guerra en Kosova. Madrid: Los Libros de la Catarata.
Vecino, M. A. (2007). Kosovo: razones de una independencia. Política Exterior, 119.

domingo, 22 de enero de 2017

Sáhara Occidental: un conflicto enquistado

La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog De Historiahttps://sobrehistoria.es/  

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Mapa del Sáhara español
La descolonización del Sáhara español y su posterior reparto entre Marruecos y Mauritania provocaron un enfrentamiento militar entre el Frente Polisario por un lado y Marruecos y Mauritania por otro. El conflicto bélico surgió nada más abandonar España el territorio en 1976 y, a partir de 1991, se transformó en un problema político internacional que lleva cuarenta años enquistado y sin que se perciba una posible solución a corto plazo.
Actualmente es uno de los territorios no autónomos que está supervisado por el Comité de Descolonización de la ONU, por lo tanto conserva todavía el estatus de territorio colonizado. No obstante, está ocupado casi totalmente por Marruecos que lo considera una provincia más., aunque su soberanía no está reconocida por las Naciones Unidas.
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Autoridades del Sáhara español en El Aaiún. Años sesenta. Fuente: Archivo General de la Administración
Un poco de historia.
España era la potencia administradora del Sáhara desde finales del siglo XIX. La ola descolonizada que apareció  en los años sesenta del pasado siglo impulsó la Resolución 3.292, de diciembre de 1974, sobre la descolonización del Sáhara español; en ella se pedía el aplazamiento del referéndum de autodeterminación que España estaba dispuesta a convocar y se solicitaba un informe previo a la Corte Internacional de Justicia –o Tribunal de La Haya–. Al año siguiente el Tribunal de La Haya rechazaría las aspiraciones marroquíes sobre el territorio. Hasta ese momento la postura española era favorable a la autodeterminación de los saharahuis.
Los habitantes del Sáhara, por su parte, ya habían iniciado la lucha por la independencia con la creación la OALS –Organización Avanzada para la Liberación del Sáhara–, eje de la aparición de lo que podemos denominar nacionalismo saharaui y que tuvo en Mohamed Sidi Brahim Basir (Basiri) a su principal líder. La organización se creó en 1968 con la función de recabar apoyos internacionales y de desplazar a los dirigentes tradicionales, más proclives a colaborar con España. A pesar de proponer una vía pacífica, se produjeron diversas manifestaciones y altercados con las tropas españolas.
Poco más tarde, en mayo de 1973, se creó el Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Rio de Oro, el Frente Polisario. El nuevo grupo tenía ya un objetivo claro: la independencia del Sáhara y al formación de un Estado propio.
Esta organización ya no vació a la hora de atacar a las tropas españolas situadas en el Sáhara y sabotear la explotación de fosfatos de FosBucraá. Estos ataques fueron incrementándose hasta provocar la deserción de numerosas tropas nativas –Tropas Nómadas alistadas en el Ejército español–, pero se frenaron en septiembre de 1975 y, en conjunto, causaron muy pocas víctimas en ambos bandos. Mientras tanto el Frente Polisario había ido ganado apoyo entre la población saharaui.
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Tropas Nómadas desfilando en El Aaiún en 1962. Fuente: El Diario Montañés.
Marruecos había mostrado desde el momento mismo de su independencia en 1956 su deseo de constituir un “Gran Marruecos” que abarcara desde el Mediterráneo hasta Senegal. Su interés por el Sáhara español no era nuevo por tanto.
La aparición del Frente Polisario y la crisis del gobierno español por la enfermedad de Franco hicieron pensar a Marruecos que la situación era propicia para su intervención en el proceso descolonizador. Además, el rey Hassan II había visto amenazado su trono a través de sendos intentos de golpes de Estado protagonizados por el Ejército, por esa razón la reclamación del Sáhara le servía también para desviar la atención hacia problemas externos.
Hassan II preparó la invasión del territorio saharaui a través de la Marcha Verde, un gigantesco movimiento de población civil, unas 300.000 personas, y de militares, unos 20.000, que pretendía atravesar la frontera. Este hecho hubiese significado un “casus belli” si España hubiese pretendido detener la marcha por la fuerza. Tanto el gobierno español como el rey marroquí sabían que en 1975 ya no se podía iniciar una guerra colonial, impopular a todas luces. Y aún menos cuando el régimen franquista se enfrentaba a una gran incertidumbre ante la próxima muerte del dictador.
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Marroquíes en la Marcha Verde con el Corán en la mano. Fuente: Libertad Digital Historia
La consecuencia de la presión marroquí fue la firma del llamado Acuerdo de Madrid, en noviembre de 1975. En este documento España transfirió la administración de la colonia a Marruecos y Mauritania, desdiciéndose de la doctrina mantenida hasta entonces que era favorable a la autodeterminación. En febrero de 1976 España culminó el abandono del territorio.
Algunos autores afirman, no obstante, que la decisión del abandono estaba ya tomada en octubre de 1975, al igual que se había pactado con Marruecos la Marcha Verde y todo ello con el beneplácito de Estados Unidos. Tanto la potencia estadounidense como Francia apoyaron la anexión marroquí porque, en el marco de la Guerra Fría, se consideraba al Frente Polisario un instrumento de Argelia y, por ende, de la URSS. Las Fuerzas Armadas españolas también consideraron un peligro para las islas Canarias la existencia de un Sahara independiente y prosocialista.
La guerra.
Al día siguiente de la salida de España del territorio saharaui, el Frente Polisario proclamó la República Árabe Saharaui Democrática. Entre esa fecha y principios de 1976  esta organización había sido capaz de crear una importante estructura militar y de iniciar una guerra de guerrillas contra Marruecos. Al mismo tiempo, una parte importante de la población saharaui inició un éxodo hacia campamentos situados en Tinduf, Argelia.
Los primeros años del conflicto mostraron la efectividad militar saharaui que logró dos cosas: derrotar a Mauritania, con la que firmó un Acuerdo de Paz en 1979 por el que esta renunciaba a la parte del territorio que le correspondía –que fue ocupado militarmente por Marruecos de forma inmediata–, y hacer comprender a Marruecos que una victoria militar no era posible.
A partir de 1981 cambiaron las características del conflicto y se sucedieron diversas batallas en campo abierto que se saldaron con sendas victorias saharauis –Güelta Zemmur por ejemplo–. Estas dificultades militares llevaron a Marruecos a construir, entre 1981 y 1987, un muro defensivo de más de 2.000 kilómetros. Este tenía la finalidad de evitar los ataques y las infiltraciones del Frente Polisario y de asegurar las tierras fértiles y los yacimientos mineros.
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Situación actual del Sahara Occidental. Fuente: Diploweb.com
Simultáneamente a los enfrentamientos con Marruecos el Frente Polisario intentó impedir la explotación por otros países de lo que consideraba sus recursos naturales. Por ello no dudó en atacar a pesqueros españoles que faenaban en aguas saharahuis o atentar contra las instalaciones mineras, donde también causaron bajas españolas
El conflicto se prolongó hasta 1991, año en el que se firmó un alto el fuego con la ONU como intermediaria. El Acuerdo de Paz comportó también el inicio de un proceso político que debía conducir a la celebración de un referéndum de autodeterminación.
La paz y el enfrentamiento político.
La clave de la nueva situación era la celebración y el resultado del referéndum. Ante la posible victoria de las tesis del Frente Polisario en el plebiscito, Marruecos adoptó un táctica dilatoria para permitirle repoblar el territorio con población marroquí.
El referéndum estaba previsto para principios de 1992 pero Marruecos planteó el tema de la composición del censo electoral. Las controversias sobre esta cuestión se alargaron hasta 1998 sin hallar ninguna solución. Mientras tanto la ONU mandó al Sahara una misión formada por observadores, funcionarios y militares –Minurso–; su misión era controlar el censo de habitantes y vigilar el alto el fuego. Aunque su mandato se ha ido prolongando hasta llegar a la actualidad, su poca efectividad la ha desacreditado ante todas las partes.
Los diversos planes para la solución del conflicto fueron encallando en una vía muerta. El Plan Baker (2001) que proponía una autonomía del Sahara bajo la soberanía de Marruecos fue rechazado por el Frente Polisario. Después el plan de Kofi Annan de dividir el Sahara en dos partes, una para Marruecos y otra para los saharauis, no fue aceptado por Marruecos.
La aparente tranquilidad que logró el alto el fuego se rompe en ocasiones. Así en 2005 se produjo una ola de grandes protestas contra la ocupación marroquí. Lo mismo ocurrió en 2010 esta vez con numerosos fallecidos y heridos saharahuis. En 2016 se acrecentaron las tensiones entre Marruecos y el Frente Polisario con amenazas de los saharahuis de volver a la lucha armada.
Conclusiones.
El conflicto del Sahara occidental permanece enquistado sin que se vislumbre una solución a corto plazo. Aunque la razón jurídica y moral esté de parte del Frente Polisario, la praxis política y las relaciones geopolíticas internacionales están en su contra. El origen prosocialista y el claro apoyo argelino, cuando aún la Guerra Fría era una losa insoslayable, restó simpatías al Frente Polisario entre los gobiernos occidentales. Al mismo tiempo, su existencia y su lucha se situaba en el contexto del enfrentamiento entre Argelia y Marruecos por controlar el Magreb.
Desaparecida la Guerra Fría surgió la idea de que el apoyo al Frente Polisario y la creación de un Estado saharaui solamente contribuiría a la inestabilidad de la región porque sería un Estado fallido: poca población, fronteras indefendibles, eje de rutas de comercio ilegal o de traficantes, etc. Esta percepción se agravó más con la aparición de grupos islamistas radicales en la región, aunque resulta poco verosímil la acusación marroquí de que el Frente Polisario colabora con estos grupos.
La tesis marroquí cuenta con el apoyo de Francia y Estados Unidos, que ven en Marruecos un baluarte en el convulso mundo árabe. La Unión Europea también la apoya aunque con más tibieza y prestando ayuda humanitaria a los saharauis. Por su parte, los apoyos políticos internacionales al Frente Polisario se circunscriben a numerosos estados africanos y algunos latinoamericanos, pero con escasa capacidad de influencia.
Se trata, por otro lado, de un conflicto propio de la descolonización, de un problema propio de tiempos pasados que actualmente solo tiene una importancia residual en la escena internacional, mucho más preocupada por el terrorismo islamista o la estabilidad del mundo árabe.
En la situación actual parece evidente que la prolongación del "status quo” favorece a Marruecos, que va consolidando su presencia en el territorio. El Frente Polisario, por su parte, sufre el desgaste de una política que no ha conseguido objetivos destacables ni consolidar esperanzas para su población. Replantearse ahora la reanudación del conflicto armado puede ser una opción pero ello, aparte de que no le garantiza la victoria, convertiría la región en un avispero político y militar. Probablemente la renuncia a posturas intransigentes por ambas partes contribuya a encontrar una solución.
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Vehículo Blindado del Frente Polisario. Fuente: El Confidencial Saharaui
Bibliografía.
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lunes, 9 de enero de 2017

Yemen, la guerra silenciada

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Fuente: www.dw.com
La entrada se ha publicado anteriormente en mi nuevo blog De Historiahttps://sobrehistoria.es/  
Mientras que los desastres que padece Alepo inundan los medios de comunicación –con una evidente intención propagandística contra el gobierno sirio de Al-Assad y sus aliados ruso e iraní– otros conflictos, no menos crueles, parecen olvidados o inexistentes. Una de esas guerras es la que tiene lugar en Yemen.

Antecedentes del conflicto actual.

El actual Estado de Yemen surgió en 1990 tras la unificación de la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte), inclinada a Occidente, y la República Popular Democrática de Yemen (Yemen del Sur), de orientación comunista. La convivencia entre ambos territorios no había sido fácil, estando surcada por sucesivas guerras –1972, 1979 y, ya unidos, en 1994–.
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Además la unificación coincidió con una dura crisis económica provocada por el cese repentino de las ayudas externas (de la URSS, de Irak y de los países del Golfo) y la pérdida de las remesas de los inmigrantes al ser estos expulsados de Arabia Saudí y de otros países del Golfo como represalia por el apoyo yemení a Irak tras la invasión de Kuwait. A estos problemas hay que sumar los siempre latentes deseos de secesión de los habitantes del sur. Por todo ello el país siembre ha vivido en un estado de latente inestabilidad.
En 2011 volvieron a surgir protestas y revueltas callejeras –en el marco de las denominadas “primaveras árabes”– dirigidas contra el gobierno de Abdulá Saleh, que ejercía un poder dictatorial desde 1990. El enfrentamiento se solucionó mediante un acuerdo que implicaba diversas reformas: gobierno de Reconciliación, celebración de elecciones presidenciales, modificación de la Constitución, etc.; estas reformas se marcaron el año 2014 como límite. En enero de 2012 Saleh abandonó el país siendo nombrado Al-Hadi como nuevo presidente.
A estos dos bandos hay que añadir la actuación de la organización Al-Qaeda (AQPA), con importante presencia en el sur del país, y más recientemente del Daesh.
La interrelación entre conflictos políticos e identidades religiosas también contribuye a dificultar cualquier entendimiento. Los huzíes son de obediencia chií (zaidíes) mientras que la mayor parte de la población es suní. La influencia de Arabia Saudí ha acrecentado la expansión del salafismo (suní), no bien vista por las tribus huzíes.

Desarrollo de la guerra civil.

La actual guerra civil surgió en 2014, cuando las presiones del Banco Mundial obligaron a eliminar los subsidios al combustible, vital para la agricultura y el transporte, principales actividades económicas. Las protestas populares se extendieron por todo  el territorio, al tiempo que los huzíes tomaron el control de Saná, la capital del país, sin apenas oposición.
El enfrentamiento se frenó mediante un acuerdo que permitió a Al-Hadi seguir en el poder pero otorgó a los huzíes el control de facto de diversas esferas del Estado. Las disensiones entre el gobierno y los huzíes hicieron que Al-Hadi dimitiera a principios de 2015, huyendo después a Adén, su ciudad natal, desde donde se negó a reconocer al gobierno revolucionario que habían creado los huzíes. Desde entonces Yemen posee dos gobiernos enfrentados: el de los huzíes en Saná y el de Al Hadi en Adén.
Se inició así otra guerra civil que volvió a enfrentar a los huzíes ahora aliados con las fuerzas leales al ex-presidente Ali Abdullah Saleh –que tienen sus principales feudos en el norte– contra las fuerzas leales al presidente Al-Hadi. Los huzíes avanzaron desde Saná hacia Adén provocando la huida de Al-Hadi al extranjero y su demanda de ayuda a otros países árabes.
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En respuesta a esa demanda se produjo una intervención militar internacional a favor del gobierno de Al-Hadi. Esta campaña militar fue promovida por Arabia Saudita y seguida por varios países: Marruecos, Egipto, Kuwait, Jordania, Qatar, Sudán, Emiratos Árabes Unidos, etc. Ha tenido además el apoyo logístico y político de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la Liga Árabe. También es evidente la participación de numerosos mercenarios de diversos países.
La acción de Arabia Saudí iba destinada a frenar el avance de los huzíes mediante intensos bombardeos aéreos y un bloqueo naval pero, más que logros militares aparentes, ha provocado un aumento de las penurias y del hambre en la población civil. Por su parte el gobierno revolucionario de los huzíes ha sido respaldado principalmente por Irán.
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Fuente: Al Arabiya

Conclusiones.

Los problemas humanitarios, como en cualquier guerra, desvelan la crueldad del conflicto. Mientras la atención internacional está puesta en Alepo, las matanzas que suceden en Yemen tienen pocas repercusiones, probablemente porque los que las cometen son aliados de los países occidentales.
Según cálculos aproximados unos 12.000 yemeníes han muerto por la guerra, muchos de ellos civiles víctimas de los bombardeos aéreos, mientras que más de tres millones de personas se han convertido en refugiados al tener que abandonar sus hogares.
Las causas de la guerra son eminentemente internas, sobre todo en un principio: el largo historial de conflictos entre las regiones del norte y del sur del país, el profundo tribalismo que aún subsiste, los rencores entre los líderes de las principales facciones, las divisiones religiosas, etc.
Pero también es cierto que la prolongación del conflicto se debe a que Yemen se ha convertido en otro peón interpuesto entre las rivalidades regionales de Arabia Saudita por un lado e Irán por otro. Y detrás de ellos están las grandes potencias: Estados Unidos apoyando a Arabia Saudí –aunque cada vez más crítico con ella por sus desmanes y sus pocos esfuerzos por solucionar políticamente el conflicto– y Rusia respaldando políticamente a Irán.
Por todas estas causas podemos calificar a Yemen como Estado fallido, al menos actualmente. No existe un gobierno que controle el territorio nacional y el país se halla dividido en multitud de regiones semiautónomas, constituidas sobre el tribalismo existente; el independentismo ha crecido en el sur y, por último, la presencia de Al Qaeda y del Daesh en la zona es otro elemento perturbador que se suma a la cruenta guerra civil.
People inspect damage at a house after it was destroyed by an air strike in Yemen's capital Sanaa, February 25, 2016. REUTERS/Mohamed al-Sayaghi
People inspect damage at a house after it was destroyed by an air strike in Yemen's capital Sanaa, February 25, 2016. REUTERS/Mohamed al-Sayaghi

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