miércoles, 15 de mayo de 2019

La guerra del Fútbol entre Honduras y El Salvador

1. El nombre.

La Guerra del Fútbol o también la guerra de las Cien Horas fue un conflicto armado que enfrentó a Honduras y El Salvador entre el 14 y el 18 de julio de 1969. El nombre de Guerra del Fútbol hace referencia a dos partidos de este deporte que, en el marco de la clasificación para el Campeonato Mundial de Fútbol de 1969, se celebraron en las dos capitales a finales de junio, a pocos días del estallido del conflicto. Análisis posteriores, como el del periodista polaco Ryszard Kapuscinski, incidieron en este factor como una forma de llamar la atención sobre un conflicto que, en el contexto de la Guerra Fría y de una guerra de Vietnam en auge, aparecía como un problema muy menor.
Resulta fácil de entender que dos Estados no entran en guerra por un simple partido de fútbol; los encuentros fueron  una anécdota dentro de un contexto de enfrentamientos mucho más amplio y antiguo. En Honduras estaba en el poder el coronel Oswaldo López Arellano, un militar que había accedido a él mediante un golpe militar en 1963, luego maquillado por su vinculación con el Partido Nacional y su victoria en las elecciones de 1965. Su gobierno, una vez obtenido el perdón del gobierno norteamericano, se vinculó más estrechamente con otros países de la zona para sumarse a la estrategia anticomunista de Estados Unidos, pero, sin embargo, sus relaciones con El Salvador empeoraron.
La región centroamericana. Fuente: https://iberoamericasocial.com/la-guerra-futbol/

2. Las causas

Los enfrentamientos entre ambos Estados no eran nada nuevo y se remontan cuanto menos a 1967, año en que se produjeron ya campañas de prensa para desacreditar a los inmigrantes salvadoreños así como algunos choques fronterizos aislados.
En 1969 el gobierno hondureño se enfrentaba a serios problemas sociales provocados por la mala evolución de la economía. El aumento del paro desencadenó huelgas y manifestaciones de protesta por todo el país, sumándose al descontento, incluso, sectores, conservadores. También los campesinos hondureños comenzaron a reclamar tierras en propiedad. Para aquietar a estos últimos, el gobierno planteó un proyecto de reforma agraria, aunque un poco peculiar. Como se trataba de un gobierno al servicio de la oligarquía terrateniente, el decreto no planteaba ningún tipo de reparto de los latifundios o de las tierras de las multinacionales norteamericanas, especialmente de la United Fruit. El objetivo era entregar a los campesinos las tierras ocupadas por salvadoreños, a los que acusaba de una posesión ilegal.
La aplicación de la reforma agraria significaba que unos 300.000 salvadoreños debían regresar a su país. Ante ello, el gobierno de El Salvador, representativo también de su oligarquía terrateniente, temía admitirlos por el temor a un estallido social. Este fue, probablemente el motivo fundamental del conflicto, el que llevó al gobierno salvadoreño a iniciar la guerra.
El Salvador es el país más pequeño de Centroamérica pero tiene una elevada densidad de población (170 h/km2 en la época del conflicto, 313 en la actualidad). Por otra parte, se trata de un país agrícola y ganadero, pero en el que la propiedad está desigualmente repartida; la inmensa mayoría de las tierras estaba en manos de catorce familias de terratenientes mientras que dos tercios de los campesinos tenían menos de 0,4 hectáreas. Esta desigualdad había ocasionado la emigración de miles de campesinos salvadoreños a Honduras, donde, en aquel momento, aún había grandes extensiones de tierra sin dueño. Se trataba de una emigración ilegal pero que el gobierno hondureño había tolerado durante bastante tiempo.
Las relaciones entre los dos gobiernos se volvieron muy tensas. Es en este contexto de hostilidad se celebró el partido de ida que entre las dos selecciones nacionales de fútbol.
El primer partido entre las dos selecciones se celebró en Tegucigalpa, donde ya se produjeron algunos enfrentamientos entre las dos aficiones, pero lo peor ocurrió en el partido de vuelta, en San Salvador, donde aficionados hondureños fueron agredidos y se insultó a sus símbolos nacionales. De esta forma, los partidos de fútbol sirvieron de motivo para enardecer las pasiones nacionalistas entre los dos países, pero no fueron el origen del conflicto, sólo un elemento catalizador más. En cualquier caso, las campañas de los respectivos medios de comunicación acrecentaban el odio mediante calumnias e insultos y una incitación a la violencia basada en un chauvinismo exacerbado. Se estaba preparando el caldo de cultivo necesario para el desencadenamiento de la guerra. Los dos gobiernos promovieron intensas movilizaciones patrióticas que obtuvieron un elevado grado de consenso nacional.
Propaganda antisalvadoreña en Honduras. Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_del_F%C3%BAtbol
Junto al problema señalado aparecen otros dos, quizás de menor importancia pero no irrelevantes. El primero era la nula integración de las economías regionales. El impulso creado por la formación del Mercado Común Centroamericano, organismo regional creado en 1960, languidecía y no había servido para una integración económica fructífera, por lo que las respectivas economías eran competitivas y los gobiernos impulsaron medidas proteccionistas a costa de los demás. La segunda fue la pervivencia de conflictos fronterizos entre ambos países provocados por la no aceptación de una delimitación común de la línea fronteriza.
Desacuerdos fronterizos entre Honduras y El Salvador. Fuente: https://books.openedition.org/cemca/696
La suma de estos factores hizo que el conflicto estallara. El Salvador, poseedor de un ejército de tierra más poderoso –el ejército de Honduras solamente contaba con 5.900 hombres y un material muy viejo–, fue el primero en atacar; el 14 de julio de 1969, lanzó un ataque contra Honduras y consiguió acercarse a la capital hondureña, Tegucigalpa. Sin embargo, la fuerza aérea hondureña –compuesta por 12 aviones Corsair, algunos T-6  aparatos de entrenamiento, y antiguos transportes Douglas C-47–, era superior a la salvadoreña, aunque esta había incorporado hacía poco varios cazas Mustangs P-51, más modernos pero para los que carecían de pilotos por lo que tuvieron que recurrir a mercenarios. En cualquier caso ambas aviaciones eran ya obsoletas en el momento del conflicto.Esta superioridad aérea fue aprovechada para bombardear la base aérea de Ilopango, destruyendo buena parte de la fuerza  salvadoreña y otros puertos y aeropuertos, cortando los suministros de petróleo al ejército de El Salvador. Estos ataque lograron frenar el avance salvadoreño.
Ofensivas salvadoreñas en el conflicto. Fuente: https://aviaciondeapie.org/2010/11/02/la-guerra-de-las-100-horas/
El desarrollo de la guerra mostró que tanto las Fuerzas Armadas de El Salvador como las de Honduras estaban más preparadas para ejercer la violencia interna sobre adversarios civiles que para enfrentarse a otros ejércitos. Un rasgo destacado y peculiar de este conflicto fue la abundante presencia de civiles en los frentes de combate, desempeñando no solamente tareas logísticas sino también de combate.
Tanque ligero M-3 salvadoreño avanzando. Fuente: http://www.elafter.com/foro/showthread.php?t=2225221
El conflicto diplomático perduró hasta 1980 cuando se firmó el Tratado General de Paz en Lima, que dejaba la disputa fronteriza en manos de la Corte Internacional de Justicia. La sentencia de esta última permitió que buena parte de los territorios en disputa, conocidos como bolsones, pasasen a territorio hondureño.
El balance del conflicto, aparte de las pérdidas humanas y materiales, puede centrarse en varias cuestiones:
  • El inicio de una carrera militar en la región por el miedo a que cualquier problema pudiera provocar una guerra.
  • El fracaso de la iniciativa del Mercado Común Centroamericano y de las posibilidades de una integración económica regional.
  • Quedó demostrada la capacidad de las oligarquías nacionales para desviar hacia afuera la atención popular ante los problemas sociales y económicos creados por las enormes desigualdades existentes en los dos países.
  • Cerca de la mitad de los 300.000 salvadoreños que residían en Honduras fueron obligados a regresar a su país.

3. Bibliografía.

Kapuscinski, Ryszard (2006) La guerra del  fútbol. Barcelona: Anagrama.
Nunfio, O. (1970) Radiografía de la guerra del fútbol o de las cien horas. Revista mexicana de Sociología, 32(3), 659-690. Recuperado de: https://www.jstor.org/stable/3539220?seq=1#page_scan_tab_contents
Pérez Brignoli, H. (1990). Breve historia de Centroamérica. Madrid: Alianza.
Pérez Pineda, C. (2008) Reflexiones sobre el estudio del conflicto Honduras-El Salvador, julio de 1969. Estudios. Universidad de Costa Rica, 21, 87-104. Recuperado de: https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/estudios/article/view/23777

domingo, 21 de abril de 2019

El conflicto libio: de la primavera árabe a la guerra civil


1. Primavera árabe y levantamiento armado

La primavera árabe fue un fenómeno que suscitó grandes esperanzas entre las poblaciones sojuzgadas de la mayor parte de los países del norte de África y del Oriente Próximo. Unas esperanzas que, salvo en el caso de Túnez y parcialmente de Marruecos, se malograron en el camino dando lugar a situaciones mucho peores que las que se proponían cambiar: guerras civiles (Siria, Libia), nuevas dictaduras (Egipto),… Pocas veces un proceso tan esperanzador acabó tan mal. Véase al respecto nuestra entrada: https://miradahistorica.com/2011/01/16/las-revoluciones-no-son-cosa-del-pasado/
Las repercusiones de la primavera árabe (también conocida como revolución del jazmín) llegaron a Libia de la misma manera que lo habían hecho a otros países del norte de África, pero su foco principal no surgió en la capital, Trípoli, sino en Bengasi, donde a principios de 2011 se produjeron diversas manifestaciones contra el régimen dictatorial de Gadafi. Esta ciudad se convirtió en el principal centro de oposición al régimen. Las manifestaciones se transformaron rápidamente en un levantamiento armado, algo extraño porque el país estaba sometido a un férreo control bajo la dictadura populista y filo-socialista de Gadafi, pero que se explica, como más adelante veremos, por la ayuda de algunas potencias occidentales. De las manifestaciones se pasó a la guerra civil sin solución de continuidad.
No fue casualidad que el conflicto empezase en el este de Libia. La región de Bengasi siempre había soportado mal el dominio del dictador, originario del oeste del país. La revuelta tenía antecedentes; ya en los años noventa del siglo pasado se originó allí una rebelión armada de cariz islamista que se sustentó en las profundas diferencias tribales existentes. No hay que olvidar que Libia es un país artificial, fruto de las divisiones territoriales postcoloniales.
Como Gadafi utilizaba su amplio poder aéreo para atacar a los sublevados, la Liga Árabe solicitó a la ONU la creación de una zona de exclusión aérea para proteger a los opositores y a la población civil en general. El plan había sido presentado por Francia, Reino Unido y Líbano, y finalmente apoyado con algunas reticencias por EE UU., para aplicarlo se emplearía a la OTAN. El gobierno socialista español también apoyó la resolución. Esta decisión dio lugar a un gran despliegue bélico porque los que se pretendía era no solamente evitar el despegue de cualquier aparato libio sino también atacar al régimen desde el aire y desde el mar, pero sin invadirlo por tierra. De esta forma los Estados occidentales comenzaron a bombardear Libia el 19 de marzo de 2011, dando por finalizada la misión a finales de ese año. Lo que había comenzado como una misión humanitaria para proteger a civiles se había convertido en un movimiento para derrocar a Gadafi mediante una guerra civil en la que el ejército regular apoyado por mercenarios se enfrentaba a los insurgentes apoyados por fuerzas extranjeras.

Despliegue militar occidental contra el régimen de Gadafi. Fuente: Wikipedia.

La actuación occidental se explica por la animadversión hacia Gadafi y su régimen, a pesar de que era un suministrador fiel de combustible, un promotor de importantes inversiones de capitales en países europeos y también un buen cliente económico, incluido el sector militar. Las extravagancias del líder, sus coqueteos con numerosos movimientos revolucionarios o grupos terroristas europeos y africanos, y su retórica antioccidental lo convertían en un país incómodo para los intereses occidentales.

Ataque contra fuerzas leales a Gadafi en 2011. Fuente: https://www.reuters.com/article/us-libya-decisions-4/special-report-the-wests-unwanted-war-in-libya-idUSTRE73011H20110401

Las causas del hundimiento del régimen de Gadafi son variadas e incluso contradictorias según las fuentes. Para unos Gadafi proporcionaba a su pueblo un cierto bienestar y colaboraba económicamente con los países africanos, pretendiendo aumentar su influencia en la región norte-africana, en competencia con Francia. Algo que este país no podía tolerar y que explicaría su posición claramente favorable al ataque de la OTAN. Sin embargo, según otros autores, existía un germen de descontento por varias razones: Gadafi, tolerado por su pueblo, pero no amado, no supo transformar su régimen y arrinconó al ala reformista de su gobierno. Tampoco existía ese modesto estado de bienestar al que aludía Botaya porque no se redistribuían equitativamente los beneficios del petróleo. Y, por último, la desatención a los jóvenes y su falta de perspectivas.
En pocos meses el régimen de Gadafi se derrumbó, caída que significó también su muerte al ser capturado por los rebeldes (20 de octubre de 2011). Se abrió entonces un gran vacío de poder en el que múltiples fuerzas, en un contexto en el que el tribalismo era poderoso, luchaban por imponerse sin que se pudiese hablar de un Estado libio. Desde ese momento la situación se caracterizó por la aparición de varios gobiernos enfrentados, de milicias descontroladas, de grupos yihadistas y de enfrentamientos tribales (tuaregs, tubus,…) .


Divisiones étnicas y regionales en Libia. Fuente: Wikipedi

2. El Estado fallido

El 7 de julio de 2012 se celebraron elecciones al nuevo Congreso General Nacional, órgano que sustituyó al Consejo Nacional de Transición, primer germen de estructura estatal surgido tras la desaparición de Gadafi. La victoria fue para la Alianza de Fuerzas Nacionales, de tenencia liberal aunque reconocía la Sharia  como fuente de derecho. Este nuevo Congreso concretó su objetivo en crear una constitución en el plazo de 18 meses. Tres meses después de las elecciones, el Consejo eligió a Ali Zeidan como primer ministro. Su gobierno se mostró incapaz de controlar a las milicias, de diferentes ideologías y orígenes tribales, sobre todo por la ausencia de un verdadero ejército nacional y de una policía estatal. La situación fue degradándose rápidamente. 
Paralelamente, el Congreso General fue radicalizándose y acercándose a los planteamientos islamistas, especialmente tras la elección de Nouri Abusahmain como presidente. Las ideas moderadas de Zeidan quedaron arrinconadas. En el este del país la influencia islamista también fue aumentand; los Hermanos Musulmanes egipcios, exiliados especialmente en la zona de Cirenaica, promovieron su movimiento mientras que Al Qaeda también ampliaba su influencia.
Así, en los primeros meses de 2014 el país se vio inmerso en múltiples conflictos de baja intensidad, pero descontrolados: fuerzas islamistas contra oponentes laicos, tribus contra tribus, ciudades contra ciudades. Una fragmentación creciente y explosiva. En este contexto, el 14 de febrero, el general Jalifa Haftar daba un golpe de Estado y exigía la disolución del Congreso General Nacional y la convocatoria de nuevas elecciones. Con el apoyo militar de varias unidades gubernamentales y de algunas milicias tribales atacó a las milicias islamistas en el este del país y tomó Bengasi. El 18 de febrero tomaron el parlamento de Trípoli. La propuesta del general Haftar obtuvo considerables apoyos militares y tribales, planteando la celebración de nuevas elecciones

Ataques y zonas controladas por el ISIS (2014-2016). Fuente: http://www.senat.fr/rap/r17-605/r17-605_mono.html

Estas nuevas elecciones –7 de julio de 2014– auparon al poder al gobierno moderado de Akila Saleh Issa, pero el gobierno anterior, que ahora estaba dirigido por una tendencia islamista próxima a los Hermanos Musulmanes se negó a entregarle el poder. Por ello el nuevo gobierno se instaló en Tobruk, desde donde intentó dirigir un país sumergido en el caos y en el que existían más de mil milicias distintas.
Desde entonces, el país ha quedado dividido en dos grandes alianzas: una en torno al gobierno de Trípoli, apoyado por la poderosa ciudad de Misrata, y otro en la región oriental en torno a las ciudades de Tobruk y Bengasi. En este segundo núcleo se impuso el general Haftar como hombre fuerte.

Milicias libias. Fuente: https://www.liberte-algerie.com/actualite/sud-de-la-libye-guerre-

 3. Los dos gobiernos. La guerra civil.

En diciembre de 2015, a través de la mediación de la ONU, se logró formar un nuevo gobierno de mediación dirigido por Fayez Al-Sarraj. Un gobierno débil amenazado por dos gobiernos alternativos: uno, islamista, en Trípoli y otro en Bengasi, encabezado por Haftar. Además el intervencionismo extranjero seguía activo; desde principios de 2016 Estados Unidos, Reino Unido y Francia habían mantenido una presencia armada en Libia –compuesta básicamente por drones y fuerzas especiales–. También Egipto había bombardeado puntualmente a grupos rebeldes. Este intervencionismo dificultaba las conversaciones de paz y la posibilidad de formar un gobierno unificado. En cualquier caso, la violencia proseguía en el país.

División política en 2015. Fuente: http://www.senat.fr/rap/r17-605/r17-605_mono.html

El gobierno del NGA es incapaz de gestionar el país porque el verdadero poder reside en las innumerables milicias. Entre ellas destaca la del general Haftar, la más poderosa. El general, un perfil semejante al del dirigente egipcio al-Sisi, comienza a ser visto como una posible solución al caos libio, aunque cuenta con pocos apoyos en el oeste del país donde temen que imponga un nuevo régimen autoritario. 
La división se ha mantenido hasta la actualidad. Incluso, en estos días, las fuerzas de Haftar están atacando Trípoli y controlan casi todo el país. El curso de los acontecimientos parece favorecer a Haftar, que ya controla el 77 % del territorio libio, incluyendo los principales yacimientos petrolíferos, mientras que el gobierno de Al-Sarraj solamente tiene bajo su poder el 6,5 %. 

División política actual de Libia. Fuente: https://elpais.com/internacional/2019/04/07/actualidad/1554651616_88

Las alianzas internacionales también se han definido respecto al enfrentamiento entre Haftar y al-Sarrat. Mientras el primero cuenta con el apoyo de Egipto, Emiratos Árabes, Arabia Saudí y las más novedosas de Rusia y Francia, el gobierno del NGA cuenta con el apoyo del resto de potencias europeas, especialmente Italia, Turquía y Qatar. Estados Unidos, por su parte, ha mantenido una posición menos definida. 

4. Las consecuencias del conflicto.

La preocupación europea por el posible desencadenamiento de una guerra es evidente. Las repercusiones económicas, humanitarias y políticas pueden ser enormes. 
La posibilidad de una caída de la producción petrolera es palpable –ataques a pozos, cierre voluntario de la producción como arma de presión,…–. La economía libia ya estaba hundida y una guerra solamente puede empeorar aún másuna situación ya catastrófica. También los migrantes atrapados en suelo libio se verían afectados por un indudable deterioro de su ya maltrecha situación, lo que puede impulsar el éxodo hacia Europa. Se calcula que actualmente hay en Libia casi un millón de personas esperando poder llegar a Europa.

Actividades petroleras en Libia. Fuente: http://www.senat.fr/rap/r17-605/r17-605_mono.html

Las disensiones en el seno de la Unión Europea se han hecho evidentes a causa del conflicto, en especial entre Francia e Italia. Cada una ha optado con más o menos claridad por alguno de los contendientes, en una competición por asentar su influencia en la zona: Italia como antigua potencia colonizadora y Francia por sus enormes intereses económicos en la zona. Las desavenencias europeas y el desinterés de la administración de Trump por el tema libio están abriendo la puerta a los interese rusos, que buscan la alianza con Haftar.
Una posible guerra civil generalizada en Libia más los problemas sociales en Marruecos y Argelia crean un contexto sumamente preocupante para Europa porque, entre otros aspectos, puede facilitar un resurgimiento del ISIS en Libia y un aumento de la influencia del islamismo radical. 
Bibliografia.
Charasse, P. (2011). Lecciones de la guerra en Libia. Le Monde diplomatique en español, 191. En: https://mondiplo.com/lecciones-de-la-guerra-en-libia
Sorroza, Alicia. (2011). Intervención en Libia: un puzzle de intereses europeos. ARI Real Instituto Elcano. En http://biblioteca.ribei.org/2080/
Fuente Cobo, I. (2014). Libia la guerra de todos contra todos. Boletín Del Instituto Español de Estudios Estratégicos46. En http://www.swp-berlin.org/fileadmin/contents/products/research_papers/2013_RP04_lac.pdf.
Gil, J., Lorca, A. (2011). Libia y Yemen: comunidad tribal y guerra civil. Estudios de Política Exterior. Retrieved from https://www.jstor.org/stable/23055012
González, R. (2019a). La ofensiva del general rebelde Haftar sitúa a Libia al borde de una guerra abierta. EL PAÍS. En:https://elpais.com/internacional/2019/04/07/actualidad/1554651616_882798.html
González, R. (2019b). Libia: Hafter, el poderoso señor de la guerra que asedia Trípoli. EL PAÍS. Retrieved from:https://elpais.com/internacional/2019/04/07/actualidad/1554659093_640057.html
Martín, J. (2019). El conflicto en Libia: una guerra silenciosa entre Macron y Salvini.El Confidencial. Retrieved from: https://www.elconfidencial.com/mundo/2019-04-08/el-conflicto-en-libia-la-guerra-silenciosa-entre-macron-y-salvini_1930010/
Ruiz, S. (2017). Libia, ¿puzzle irreconstruible? Estudios de Política Exterior. Retrieved from: https://www.politicaexterior.com/actualidad/libia-puzzle-irreconstruible/
Savio, I. (2019). Cerco al petróleo y choque Roma-París: los efectos para Europa de la guerra en Libia. El Confidencial: En: https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2019-04-12/amenaza-del-cerco-de-petroleo-los-efectos-para-europa-de-la-guerra-en-libia_1938038/
Tamames, J. (2016). El futuro de Libia continúa siendo incierto. Estudios de Política Exterior. En: https://www.politicaexterior.com/actualidad/el-futuro-de-libia-continua-siendo-incierto/

jueves, 31 de agosto de 2017

Conflictos por la hegemonía en el mundo áraabe: el enfrentamiento entre Arabia Saudí y Qatar


A principios del mes de junio se inició una crisis diplomática muy significativa en la península Arábiga. La ruptura de relaciones de Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Barhreín, Egipto, Yemen y las Maldivas con Qatar pone fin a la ilusión de liderazgo que este último país intentaba tejer. Además, estos problemas diplomáticos se relacionan con otras cuestiones que afectan a la región: el drama sirio, la cuestión iraquí, el papel de Irán o al lucha contra el Daesh.
Oriente Próximo. Fuente: hhtp://geographicguide.com
El lunes, 5 de junio, los países ante citados rompieron sus relaciones diplomáticas con Qatar, tras varios días de creciente tensión. Esta acción se justificó con dos acusaciones dirigidas contra el micro-estado qatarí: respaldar al terrorismo por su apoyo al islámico político y la de buscar el acercamiento a Irán. En concreto, se le exige que cese en su respaldo a los Hermanos Musulmanes y a Hamás, que cierre la cadena por satélite Al Jazeera y que sea más beligerante contra Teherán. Estos argumentos ya fueron utilizados durante la crisis de 2014, que también enfrentó a Arabia Saudí, Barheín y EAU con Qatar. Las acusaciones no tienen muchos visos de realidad dado que, como todo país pequeño, Qatar busca un equilibrio entre los bloques dominantes en la región: el bloque encabezado por Arabia Saudí –sunita– y el dirigido por Irán –chiita–. La ruptura diplomática se acompañó con el corte de todas las comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres. Ello representaba un grave problema para un país que importa un elevado porcentaje de los bienes que consume.
La situación geopolítica explica, en parte, la postura de Doha: la explotación compartida con Irán de su mayor reserva de gas natural; la búsqueda del paraguas militar norteamericano en vez del saudí; los lazos históricos con los Hermanos Musulmanes o el distanciamiento del CCG por la ineficacia de los procesos de regionalización, son componentes estructurales de la política exterior qatarí. Y esta se ha caracterizado, desde hace tiempo, por la independencia de sus decisiones y por la consecución de una capacidad de influencia muy superior a la que le permitiría el tamaño y la demografía del país.
Esta crisis ha sacudido profundamente al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), organismo creado en 1981, poco después de la creación de la República Islámica de Irán, la invasión de Afganistán por el ejército soviético (1979) y el desencadenamiento de la guerra entre Irán e Irak en 1980. El CCG se concibió como una respuesta a la inestabilidad de la zona y como un fortalecimiento de las monarquías árabes del Golfo Pérsico. A pesar de su enorme riqueza energética y financiera, su débil demografía y su vulnerabilidad militar respecto a sus vecinos (Irán, Irak, Egipto, Israel) les obligaban a estrechar sus relaciones. El CCG buscó también una cierta protección militar con los países occidentales, especialmente con Estados Unidos.
Desde su fundación, el CCG ha padecido diversas crisis, provocadas generalmente por la oposición entre Arabia Saudí y algunas de las otras monarquías. Riad siempre ha visto la península Arábiga como su área natural de influencia y donde más intensamente difunde su religión estatal –el wahabismo. Todo ello provoca desconfianza en las restantes monarquías y explica, por ejemplo, que el sultanato de Omán –un estado-nación con una fuerte identidad– siempre se haya mantenido lejos de los proyectos saudíes. Y, de hecho, este sultanato privilegia sus relaciones con Irán y Yemen, manteniéndose neutral en el conflicto que afecta a este último país.
Las consecuencias de esta crisis ya han parecido. La primera ha sido la caída del precio del petróleo, mientras que se estima poco probable una interrupción del suministro de gas –Qatar tiene las terceras reservas mundiales–, muy importante para Europa y Asia. Otra consecuencia es la ruptura del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), dividido en la forma de abordar los problemas regionales y, en especial, la postura frente a Irán. Ni Kuwait ni Omán han secundado las sanciones impulsadas por Arabia Saudí. Qatar cuenta con el apoyo de Turquía –con quien tiene un tratado de cooperación militar– pero también de Irán, que ve congratulada la división y crisis del CCG.
El origen de la actual ruptura se haya en la primavera de este año. Y viene de la mano del afianzamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudí –consagrado en el viaje de Donald Trump a este país el 20 de mayo–, viaje que puso fin al enfriamiento de las mismas que se inició después del 11-S de 2001 y de la proliferación de sospechas de apoyo al islamismo por parte del régimen saudí. En estos años de enfriamiento, Qatar había asumido el estatus de aliado privilegiado de Estados Unidos en la región –plasmado en la implantación de la base militar norteamericana más importante en la región (Al Udied)–. Por ello la “reconciliación” entre Estados Unidos y Arabia Saudí le perjudicaría, especialmente cuando esta se vertebra sobre los principios de la lucha contra la financiación del terrorismo internacional y la voluntad de contener a Irán.
Base aérea de Al Udied. Fuente: http://desarrolloydefensa.blogspot.com.es
Fortalecida por el respaldo estadounidense, Arabia Saudí pretende ahora colocar a Qatar en una posición subordinada, propia de un micro-estado, e impedir que su política exterior sea independiente de los criterios emanados desde Riad. Esta posición de independencia se había visto fortalecida por el papel financiero del país, que le había proporcionado un verdadero protagonismo internacional a pesar de su tamaño. La enemistad entre ambos Estados, que tiene algo de fratricida, adopta hoy la forma de competencia, a pesar de que comparten bastantes estrategias comunes (diplomacia basada en el Soft Power generado por su potencia financiera, influencias en las diversas redes islamistas, etc.).
No se puede dejar de lado el cambio en la política exterior de Arabia Saudí que ha emprendido el nuevo rey Salmán, una política exterior más agresiva y hegemónica que busca encabezar el islam suní; este hecho también ayuda a comprender  tanto su intervención en la guerra de Yemen como esta ruptura de relaciones.
Ante estas perspectivas, las opciones de Qatar pueden derivar hacia un fortalecimiento de sus apoyos europeos –principalmente Francia y Gran Bretaña– y un aumento de los vínculos con Rusia, apoyados en acuerdos de defensa y de explotación gasística. En cualquier caso, el conflicto de las monarquías petroleras encrespa aún más el complicado panorama de la política de Oriente Próximo.
Bibliografía.
Dazi-Héni, F. (2017). El extraño conflicto del Golfo. Le Monde Diplomatique en español, 261.
Espinosa, Á. (2017a). Contradicciones, ambigüedades y mentiras en la crisis con Qatar. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/27/actualidad/1498553230_656838.html
Espinosa, Á. (2017b). La disputa diplomática con Qatar amenaza el equilibrio de poder en Oriente Próximo. EL PAÍS. Retrieved from https://internacional.elpais.com/internacional/2017/06/10/actualidad/1497088773_409761.html
Valentini, V. (2017). Qatar. Les vicissitudes d’un micro-État du Golfe: perspectives théoriques de la crise. Diploweb.com La revue géopolitique. Retrieved from https://www.diploweb.com/Qatar-Les-vicissitudes-d-un-micro-Etat-du-Golfe-perspectives-theoriques-de-la-crise.html

domingo, 21 de mayo de 2017

Los jemeres rojos: cuando el sueño de la razón produce monstruos




Nos asombramos y escandalizamos, con razón, de la ferocidad que pueden alcanzar los regímenes totalitarios en su paranoia represiva. Enseguida nos vienen a la mente los campos de exterminio nazis o el Gulag siberiano de Stalin.  Ello es lógico tanto por la cantidad de víctimas que ocasionaron cada uno de ellos como por el predominio de una visión eurocéntrica en el análisis histórico más divulgado. Pero han existido otros genocidios que, con un criterio de proporcionalidad, han sido más terribles, baste ahora recordar tres: el genocidio de Ruanda, el de Camboya (o Kampuchea) y el Gran Salto Adelante de Mao Zedong.
1. Introducción histórica.
Camboya se independizó de Francia en 1953, conformándose como una monarquía bajo el reinado de Norodom Sihanouk. Se inició entonces un proceso de modernización económica y social que comenzó a truncarse con el inicio de la intervención norteamericana en el vecino Vietnam; cuando Sihanouk intentó preservar su país de la guerra fue respondido por EE.UU. con un golpe de estado que aupó al poder al general Lon Nol, más favorable a consentir su intervención en suelo camboyano para atacar al vietcong. En el contexto de la lucha contra la dictadura militar y los Estados Unidos surgieron los Jemeres Rojos, que acabaron tomando el poder el 1 de abril de 1975. Su base política fue el Partido Comunista de Camboya, creado en 1951 y que en los años setenta cambiaría su nombre por el de Partido Democrático de Camboya. La toma del poder de esta guerrilla significó la imposición de un régimen político dictatorial aunque, imitando a los regímenes comunistas de Europa, adoptó la denominación oficial de República Popular de Kampuchea. Pol Por fue su principal dirigente.
Entrada de los Jemeres Rojos en Phnom Pehn. Fuente: http://elordenmundial.com/
2. La ideología y la acción política.
El comunismo camboyano se inspiraba ideológicamente en la interpretación maoísta del marxismo y su objetivo era crear un modelo de sociedad basado en la explotación agraria y en el modo de vida rural. En su interpretación de la lucha de clases, el campesinado era la fuerza revolucionaria. El odio a la industrialización y al capitalismo provenía de la consideración de que la modernización y el progreso científico y tecnológico eran formas de colonialismo. Esta postura ideológica se mezcló con un nacionalismo xenófobo, principalmente antivietnamita y antinorteamericano.
Para lograr el objetivo señalado aplicaron un estricto control de los camboyanos mediante crueles métodos totalitarios que significaron la militarización de la población y la práctica cotidiana de detenciones, torturas y asesinatos.
El programa genocida se basó en estos fundamentos:
  • La creación de una sociedad agraria basada en los principios del igualitarismo extremo. Toda propiedad privada quedó prohibida, incluidos los objetos personales y la comida. Esta era proporcionaba por el Estado.
  • Se impidió la utilización de las máquinas fabricadas en el extranjero –que eran todas–, la lectura de textos en otras lenguas, etc. Se asesinó a toda la población que hubiese recibido cualquier tipo de formación; el país se quedó sin profesionales: médicos, maestros, ingenieros,… Se llegó a asesinar personas por llevar gafas. Se suprimieron las escuelas, las universidades, los hospitales, …
  • La vida urbana fue suprimida y las ciudades despobladas. Las personas capaces de trabajar, independientemente de su profesión, fueron enviadas al campo a cultivar la tierra de forma forzada.
  • Toda la población fue sometida a sesiones de reeducación mediante la enseñanza de la doctrina jemer. Si la persona no se reeducaba era asesinada.
  • Para fomentar el aislamiento del país se sembraron de minas antipersonales todas las fronteras.
Niños camboyanos trabajando en el campo. Fuente: https://s-media-cache-ak0.pinimg.com
3. El genocidio.
El genocidio camboyano afectó a todos los sectores de la población; incluso los mismos miembros de los jemeres fueron sus víctimas y las causas no fueron solamente las ejecuciones sino también las enfermedades, el hambre y los trabajos forzados. Cualquier sospechoso de oponerse a la revolución jemer o de haber recibido una formación técnica o universitaria era arrestado  y enviado a centros de detención donde muchos morían después de recibir torturas casi diarias –latigazos, descargas eléctricas, aceite hirviendo, …–. Se calcula, por ejemplo, que unas quince mil personas ingresaron en el campo S-21 Tuoi Seng, situado en Phnom Penh, y que solamente diez consiguieron salir vivas de él.
Osario de víctimas de los Jemeres en Phnom Penh. Fuente: http://elpais.com/
Algunos de los protagonistas de las detenciones eran niños que también combatían como soldados. Se anticiparon así a la creación de la figura de los niños soldados que se expandió desde finales del siglo pasado en los conflictos africanos. Este protagonismo les fue concedido porque los líderes jemeres pensaban que los niños no estaban contaminados por las influencias capitalistas y colonialistas y eran, por tanto, una generación “pura” que sería la responsable de sacar al país del subdesarrollo.
Khmer Rouge Guerrilla soldiers. Fuente: Daily Mail
Por el número proporcional de sus víctimas –entre millón y medio y tres millones, de una población de 12 millones de personas– nos enfrentamos a uno de los mayores genocidios documentados de la humanidad. Afortunadamente la política genocida duró poco porque gobernaron poco tiempo: sólo cuatro años, entre 1975 y 1979.
Las víctimas de tal genocidio no fueron solamente los opositores, técnicos o intelectuales. Se eliminó también a la población musulmana de la etnia cham, a las familias con ascendencia vietnamita, a los creyentes de otras religiones –todos los monjes budistas fueron obligados a abandonar sus monasterios y los trasladaron a campos de trabajo, donde se piensa que murieron unos 55.000–.
Zonas controladas por los jemeres rojos hasta 1998. Fuente: https://openendedsocialstudies.files.wordpress.com
El final del régimen de los Jemeres se produjo gracias a una intervención militar vietnamita en 1978. La proliferación de conflictos fronterizos y la llegada masiva de refugiados a Vietnam provocaron la invasión militar para la que contaron con la colaboración de opositores a los Jemeres
Perdido el poder, se refugiaron en las áreas boscosas del oeste del país desde donde iniciaron una guerra de guerrillas contra el nuevo gobierno pro vietnamita. El conflicto se prolongó hasta la muerte de Pol Pot en 1998.
El nuevo régimen posibilitó el descubrimiento y la investigación del genocidio del régimen Jemer. Veinticinco años después la ONU creó una Cámara Especial dentro de los Tribunales de Camboya con el objeto de perseguir y enjuiciar a los responsables del genocidio. Esta cámara, que comenzó a operar en 2007, está formada tanto por magistrados camboyanos como por otros internacionales y ya han sido varios los criminales enjuiciados y condenados.
Actuación del Tribunal Internacional. Fuente: AFP
5. El juego geopolítico.
Durante el conflicto vietnamita la guerrilla de los jemeres rojos colaboró con el vietcong en su enfrentamiento con Estados Unidos. La derrota estadounidense dejó aislada a la república del general Lon Nol y poco después de que se retiraran todos los ciudadanos estadounidenses de Camboya, las tropas de los jemeres entraron en la capital e instauraron su régimen, al que denominaron la Kampuchea Democrática.
En nuevo gobierno jemer tomó distancias con Vietnam y se acercó a China. Ello variaba la geopolítica tradicional de la península de Indochina, pues Vietnam no veía con buenos ojos la presencia de un aliado chino a su espalda. La tensión entre ambos países se plasmó en la invasión vietnamita de 1978, que fue bien vista por la mayoría de países. No obstante, la presencia de un aliado de la URSS en la misma frontera tailandesa tampoco era aceptada por Estados Unidos ni por China. Por ello las guerrillas de los jemeres recibieron armamento británico y norteamericano para sostener su lucha contra Vietnam, que permaneció en el país hasta 1989. En esa década Camboya se convirtió en el epicentro de la guerra fría en Indochina, enfrentándose Vietnam y la URSS por un lado, y los Jemeres Rojos, con la ayuda de Estados Unidos, Gran Bretaña y China, por otro.
En el año 1991 se formó un gobierno de coalición, presidido por el príncipe Norodom Sihanouk, y del que también formaron parte los Jemeres Rojos; desde entonces el país ha entrado en una vía de normalización internacional.
Bibliografía:
Affonço, D. (2010). El infierno de los jemeres rojos. Barcelona: Libros del Asteriode.
Aguirre, M. (2009). Camboya. El legado de los Jemeres Rojos. Madrid: El Viejo Topo.
Jemeres rojos (Sin fecha). En Wikipedia. Recuperado el 08/05/2017 de https://es.wikipedia.org/wiki/Jemeres_rojos
Rivas Moreno, J. J. (2015). Pol Pot y el genocidio de Camboya. Retrieved from http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/01/12/54b3a210ca4741563b8b457a.html
Salazar, F. (2016). El devenir del año cero, los Jemeres Rojos en Camboya. Retrieved from El Orden Mundial en el siglo XXI website: http://elordenmundial.com/2016/09/15/los-jemeres-rojos-camboya/
Excepcional interés tienen también las películas: Los gritos del silencio (1984), de Roland Joffé y Primero mataron a mi padre: una hija recuerda (2017) de Angelina Jolie

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